PERSPECTIVAS-TORO
EL TORO BRAVO: UNA HERENCIA HISPANA
por Mario Carrión
Con pasos lentos, seguros y marchosos y bamboleando un musculoso cuerpo de
donde protude un masivo morrillo que soporta una testuz armada con una
mortífera cornamenta, perfecta arma natural de defensa y ataque, el toro
ibérico rodeado por un harén de vacas marcha tranquilo en el campo, como a
sabiendas de que su genética bravura y las de sus compañeras, que pudiera
haber causado su extinción, por el contrario se convirtió en la razón de la
supervivencia de su especie.
El salvaje toro bravo o de casta, original de la Península Ibérica, y que
hoy subsiste en esplendoroso cautiverio en sus dehesas, las de Francia,
México y las de varios países de Hispanoamérica en donde la fiesta brava se
efectúa, nos ofrece un caso peculiar de la domesticidad de una especie
salvaje. El hombre, desde tiempos prehistóricos, ha manejado a placer el
reino de los animales, para ajustar la existencia de estos a sus
necesidades, unas veces domesticando las especies salvajes, otras
eliminándolas cuando han existido conflictos territoriales o coexistiendo
cuando estos conflictos han sido pocos o no existentes.
El toro bravo,además de ser un caso especial de supervivencia en una época cuando la
humanidad no sentía la responsabilidad moral de conservar las otras
especies, forma parte de nuestra cultura por el papel estelar que juega en
la tauromaquia y por su simbolismo que se refleja en nuestra lengua, arte y
folklore. Por estas razones el toro bravo es el sujeto de este artículo, en
donde elaboraré sobre sus orígenes, su evolución que va de ser un animal
salvaje regido por las leyes naturales, a ser una especie protegida por
razones comerciales. También mencionaré características que definen al toro
bravo, y analizaré algunos de los métodos de su crianza con los que se
intentan perpetuar, aumentar y modificar los genes bravos de esta especie.
Zoológicamente el ganado bravo se clasifica como perteneciente a la especie
bos-tauros del género bovino de la familia cavicornia, lo mismo que
cualquier otro ganado vacuno que hace milenios fue domesticado para
abastecernos de carne, leche y fuerza para el trabajo y el transporte. No
se sabe cuando en el desarrollo de la humanidad unas manadas de toros
fueron domesticadas y el por que otros grupos permanecieron en estado
salvaje. Fueron las innatas características de las diferentes manadas del
ganado salvaje lo que determinó su domesticidad o la proximidad territorial
de estas al hombre? No lo sabemos, pero el hecho es que ambos grupos de
toros bravos y mansos coexistían separadamente al mismo tiempo, y que esta
separación los dotó con una diversidad genética que los distinguirían a la
manera como los lobos se diferencian de los perros. La descendencia del
toro bravo actual se asocia con un tipo de ganado salvaje que placía desde
los tiempos prehistóricos por los campos de Europa.
Existen referencias a la bravura y al simbolismo místico y religioso de
estos animales en las diferentes culturas europeas, asiáticas y africanas.
A las manadas que se afincaron en la Península Ibérica los celtas los
llamaron auroch, que proviene de los vocablos celtas "aur"{salvaje} y
"och"{toro}. Ilustraciones de estos toros salvajes fueron ya plasmadas en
la Cueva de la Vieja de Alpera en Albacete, España, en la era paleolítica.
Hay pocas referencias históricas de las costumbres del toro bravo y del
aprovechamiento que de este animal hizo el hombre anteriormente al
advenimiento de las corridas de toros en España. Existen datos que aluden a
que los romanos cazaban a estos toros para que los gladiadores pelearan con
ellos en sus circos. También se utilizaban para ritos religiosos y para
alancearlos como entrenamiento para la guerra. La primera corrida histórica
aconteció en el año 1133 y desde entonces estas funciones se repetían a
menudo requiriendo un abastecimiento continuo de toros para poder
celebrarlas.
Se desconoce de como al comienzo de la era taurina se suplía esa demanda.
Se especula que al principio se hacían redadas para cazar vivas a las reses
y llevarlas a las plazas. Este método aparentemente no era suficiente para
suplir la demanda, y por primera vez la historia anota que en el año 1616
el ganadero Francisco Menese lidió toros en Madrid y que los señores
Antonio Moscadero y Francisco Reoli criaban ganado bravo en la provincia de
Toledo. Así esta fecha marca la aparición de los ganaderos de reses bravas,
que de aquí en adelante explotarían comercialmente la bravura y la
mejorarían por un procedimiento de selección genética. Hoy el toro bravo
constituye un patrimonio zootécnico exclusivamente hispano.
La crianza del ganado es el único caso de domesticidad cuyo proceso en vez
de amansar el instinto salvaje de una especie lo preserva y lo modifica.
Existe una polémica de como clasificar al toro bravo, si como animal
doméstico o salvaje. Es doméstico ya que, como los otros bovinos, las reses
de lidia dependen totalmente para su subsistencia del hombre, quien
determina el medio ambiente donde vive y su dieta manejando su evolución
por medios de manipulación genética, con el propósito de beneficiarse
económicamente de su bravura. Por otro lado se rompe el molde de
domesticidad, ya que sus criadores tienen que evitar que estos animales se
acostumbren al contacto con el hombre, con quien tarde o temprano se
tendrán que enfrentar en los ruedos. Para evitar ese contacto al ganado
bravo se le mantiene en el campo en grandes haciendas rodeadas por cercas
alambradas que retienen al toro dentro y al hombre, que no tenga una misión
que cumplir en la hacienda, afuera. En este aspecto la vida y la conducta
del ganado bravo se asemeja a los animales salvajes que hoy viven
protegidos en las reservas naturales, aunque a estos se les permite que
evolucionen naturalmente con la mínima intervención humana.
Durante la Edad Media y al principio de la Edad Moderna las referencias
sobre las ganaderías bravas son apenas asteriscos históricos. Sin embargo
con la fiesta de toros establecida en toda España en el siglo XVIII, la
importancia económica del ganado bravo aumentó y las ganaderías se
multiplicaron. Consecuentemente la historia de la ganadería brava toma
forma y los datos son más directos y comunes. Las estadísticas empezaron a
recopilarse en el 1768 cuando el Conde de Aranda, Primer Ministro de Carlos
III, ordenó a todas las autoridades del Reino que remitieran al Consejo de
Castilla una relación del "número de vacas y toros de lidia que existieran
en sus comarcas". En 1905 se creó La Unión de Criadores de Reses de Lidia
con la misión de defender los intereses de los ganaderos y mejorar la
casta brava del toro. Esta asociación publica anualmente un libro
mostrando el árbol genealógico, los cruces genéticos y otros datos
relacionados con cada ganadería brava española.
En la evolución del toro de lidia el término "casta", arriba mencionado,
tiene capital importancia. Es un concepto algo intangible que en los
estudios zoológicos del ganado bravo se define como "conjunto de sucesión
de individuos de la misma especie, de origen común y caracteres similares
transmisibles por herencia." Existen una variedad de castas de ganado bravo
cuya distinción se basa en el tipo, conformación y condiciones de lidia,
pero todas las castas tienen en común que sus miembros despliegan la
acometividad defensiva de su territorio y la ofensiva en terreno neutral.
Durante los tres últimos siglos se han reconocido varia castas. La navarra
que producía toros de poca alzada pero cornalones y nerviosos, las castas
castellanas de jijona y Paso Portillo y otras de diferentes regiones
españolas también que dejaron poco rastro en las ganaderías modernas. Estas
heredaron los genes bravos de los toros provenientes de la casta cartujana
de Andalucía. El ganado cartujano desarrolló más corpulencia y poseía una
alegre y codiciosa pero franca embestida, que satisfacía a los toreros por
su bravura con nobleza y a los públicos por esas condiciones más por la
emoción proveída por su corpulencia.
Los frailes cartujos, afincados en la
región andaluza fueron los creadores de esta casta y los primeros que en
sus grandes latifundios consistentemente criaron toros bravos para
llevarlos a las plazas hasta que muchas de sus propiedades fueron
confiscadas en el siglo XIX. Entonces sus ganaderías pasaron a manos
privadas de nobles y aristócratas, que eran quienes poseían los latifundios
que son necesarios para la cría de este ganado. Ya en ese mismo siglo
fueron famosas las ganaderías de Gallardo, Espinosa, Vázquez, Vistahemosa y
Cabrera de origen cartujano.
Analizando los árboles generológicos que
aparecen en los tratados taurinos, encontramos que la sabia brava que fluye
en la mayoría de las ganaderías modernas también es de casta cartujana,
mientras que la sangre de las restantes castas corre por las venas del
ganado de apenas una docena de ganaderías. Por ejemplo la legendaria y
famosa ganadería de Miura es de casta cartujana vía cabrera, y la hoy
popularísima ganadería de Juan Pedro Domecq es de origen cartujano-vazqueño
también.
Como parte de su cultura los conquistadores importaron a América la
tauromaquia llevando allí ganaderías bravas para proveer la materia prima
para las corridas. Curiosamente la razón de la importación de las primeras
cabezas de ganado bravo a México no estaba relacionada con la fiesta brava.
Unos años después de la conquista de México, los frailes dominicanos
estaban teniendo problemas para defender sus sembrados de las intrusiones
de los indios que poblaban el Valle de Toluca. Para defender esos campos
decidieron construir una doble cerca y encerrar entre ellas al ganado bravo
importado de España. Sin embargo en 1527, José Gutiérrez Altamira, primo de
Cortez fundó la primera verdadera ganadería mexicana en el Rancho Atengo,
en el mismo Valle de Toluca, con 24 toros y 50 vacas también traídas de
España. En la actualidad México es el país después de España que cuenta con
más ganaderías bravas. Aunque estas fueron formadas con ganado español y de
cuando en cuando ha habido algún cruce con el ganado original, el toro
mexicano ha mantenido tanta independencia genética que se puede decir que
existe una casta mexicana.
En Perú el ganado bravo fue implantado en 1540 y
en Colombia, Ecuador y Venezuela en este siglo actual, aunque en estos
últimos países existía un ganado criollo que tenía cruce bravo. A
diferencia de México el ganado bravo en América del Sur continúa teniendo
una dependencia genética de las castas españolas, pues vacas y toros
rutinariamente son importados para refrescar la sangre de las ganaderías
indígenas. También, desde hace una veintena de años, reses bravas de casta
mexicana, descendientes del auroch, el salvaje toro celta, ahora
naturalizadas americanas, pacen en haciendas californianas.
Pasemos ahora a exponer algunos de los métodos que los ganaderos
implementan para mantener la bravura innata de su ganado. Lo primero que se
necesita para criar toros son grandes haciendas cercadas y dividas en
diferentes cerrados. Siguiendo el criterio de cada ganadero las vacas son
separadas en grupos que comparten ciertas características genéticas para
ser cubiertas por un semental del mismo linaje para mantener estática la
casta, o bien por otro de diferente origen, con el propósito de introducir
un cambio genético que debería manifestarse en las crías del lote. Después
del destete, los añojos son herrados y separados hasta cumplir los dos años
cuando tendrán que pasar la prueba de bravura, llamada tentadero.
El tentadero de macho se hace a campo libre, donde el eral, después de haber
sido separado de la manada tiene por su propio albedrío que embestir al
picador con cierto preconcebido estilo y sin manifestar dolor. Su grado de
bravura determinará si vive una vida regalada por dos años más para morir
luego gallardamente en el ruedo, o si del tentadero va directamente al
matadero para ser vilmente apuntillado. Muchos ganaderosestán eliminando el
tentadero de macho, rigiéndose solo por el linaje familiar del animal para
lidiarlo en la plaza, ya que el resultado de su buena o mala lidia solo
afectará a la reputación temporal del ganadero, pero no a la casta de la
manada, pues los toros destinados a la lidia no padrean. En cambio la tienta
de las vacas y de los sementales es primordial para el futuro de la
ganadería.
La tienta de toros y vacas es muy similar. En una placita situada en la
hacienda se recrean las condiciones de una lidia real. Después de las
eralas pasar la prueba con el picador, los toreros las torean para que el
ganadero estudie sus condiciones. En los libros que el ganadero mantiene
con el historial de cada becerra se entran las notas de las reses. Si la nota de
la res es aceptable y las notas de sus antecesores también las fueron,
entonces a la vaca se le asigna a un semental para que por una docena de
años procreen otros tantos ejemplares para perpetuar la bravura de la raza.
Existen muchas variables que el criador de reses bravas tiene que
considerar para mantener el balance genético de su ganado. Un error en
selección puede destruir o retrasar una ganadería que necesitó varias
generaciones para formarse. Se dice que para sobresalir como ganadero de
toros bravos se requiere dinero, afición, muchos conocimientos, intuición y
sobre todo suerte. El ganadero tiene el poder de decidir si una res muere
en el matadero por mansa, o termina sus días en un harén bovino, para que
sus genes bravíos contribuyan a perpetuar la peculiar bobina casta hispana.
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