LA TAUROMAQUIA ECUATORIANA VISTA POR
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anunciadas. Que poco nos figurábamos cuando abrazábamos al "Pando" que en esa bendita tierra íbamos a encontrar tal éxito en sus ruedos, que sembraría la semilla para que la fiesta renaciera en este rincón andino, y que allí conoceríamos a dos mujeres que causarían el cambio de nuestras vidas.
de corazón, y con ella y nuestro hijo emigramos a los Estados Unidos, donde hemos vivido por 38 años, y en donde yo cursé una carrera universitaria y dediqué 30 años de mi vida a la enseñanza y luego al periodismo como hobby. Así para celebrar nuestro primer encuentro a las faldas del Pichincha hace cuarenta años y para yo ser fiel testigo del progreso de la fiesta taurina ecuatoriana, decidimos volver a ese encantador país que, por razones sentimentales y profesionales, tanto ha significado en mi vida.
del centro de la ciudad. La distancia evitaba a menudo que se llenaran los tendidos en los pocos festejos que se celebraban en las primeras ferias. La plaza se halla hoy en pleno centro, pues la ciudad se ha expandido al crecer su población, de menos del medio millón de habitantes en los años cincuenta a más de dos millones en la actualidad. Su feria del "Señor del Gran Poder", en diciembre, se ha convertido una de las más importantes de América, donde cada año aparecen las figuras más relevantes de España. Este año se anunciaron siete corridas y dos novilladas, y en todas, la plaza se ha llenado. Una variable que ha permanecido constante a través de los años. ha sido la actitud de su alegre y apasionado público taurino, que aprecia y premia el esfuerzo del torero. En el ambiente en la ciudad esos días se respiraba toros. La prensa dedicaba espacio a la tauromaquia, la televisión programaba coloquios y resúmenes y las emisoras de radio transmitían los festejos en directo. En las calles, hoteles, taxis y en todas partes se hablaba de toros.
Gesto de torero, especialmente si se considera que ya en su primero había cortado una oreja. Salió a hombros por la 'Puerta Grande', por consiguir otro trofeo. El jurado otorgó los premios de la feria a los ganadores ya mencionadoa y a "El Juli, quien fue nombrado el "Triunfador de la Feria".
En Guayaquil, el panorama taurino difiere, ya que el toreo solo tiene una minoría de seguidores y las corridas no crean un ambiente festivo en la ciudad. Los medios de comunicación no promueven la fiesta taurina. Por lo menos, no lo hicieron para anunciar los dos festejos del 12 y 13 de diciembre a los que asistí. Tampoco se reportó lo sucedido en las dos corridas. En los cincuenta, sin embargo, aunque no existía una gran afición, había curiosidad y se creaba expectación en la prensa y radio sobre los festejos. El resultado era, que la pequeña "Plaza Macarena" a menudo se llenaba, lo que en la actual no sucede. Ahora, por el contrario, la ciudad tiene una original plaza, aun sin completarse, quizás única en el mundo por su estructura. La novedad consiste en los palcos que circundan el callejón. Cada palco es de propiedad privada. Tiene una terracita cubierta por una cornisa que está separada por una cristalera de otro palco interior aclimatizado. Este tiene bar y televisión y muebles cómodos. Los dueños tienen derecho a un número de entradas gratis y aprovechan las corridas para atender y festejar con los amigos. Encima de los palcos están los tendidos, con una capacidad actual para unos siete mil espectadores. Aún falta por terminar una segunda andanada. Un inconveniente de la plaza es el estar situada en Durán, a las afueras de la ciudad. Aquí anualmente se dan algunas corridas sueltas y una feria en octubre con carteles bastantes atractivos. Las corridas a que nos referimos a continuación fueron televisadas para todo el país por Teleamazonas.
Concluyo que la quincena que pasé en el Ecuador me ha dado ocasión de comprobar como la semilla taurina que yo ayudé a plantar, con Victoriano Posada, y los ecatorianos "El Pando" y Manolo Cadena en esa tierra, a mediados de los cincuenta, ha germinado y florecido. El panorama taurino antes de esa época era tal que solo de cuando en cuando se daban corridas, con la frustración de la buena afición. El lejano mundo taurino ecuatoriano, escondido en los Andes, contaba poco, pues no existían ni ferias ni temporadas anuales. Esas temporadas iniciadas en el año 1956 se hicieron regulares y permanentes, y esas plazas que acomodaban a solos unos millares de personas, han sido reemplazadas por otras más amplias, y en ciudades donde no se existían otras ya se han construido. Hoy la Feria del Señor del Gran Poder de Quito es mundialmente conocida; en Ambato, Riobamba y Guayaquil se organizan ferias con toreros de interés; y en Cuenca e Ibarra también se dan una que otra corrida. Las ganaderías se han multiplicado, y aunque algunas necesitan refrescar la sangre, el germen bravo está establecido. También hay toreros nacionales que prometen. En fin, la fiesta brava vive y crece hoy en esa tierra donde encontré tanta satisfacción profesional y personal.