CRISTINA SANCHEZ: MATADORA DE TOROS
Silencio sepulcral en el ancestral Circo Romano
de Nimes, Francia, convertida en una de las más bella plazas de
toros del mundo y hoy escenario de un acto sensacional. El legendario y
carismático Curro Romero, decano de la torería, que a los
sesenta y tres años aún a veces borda el toreo, con la muleta
y estoque en mano avanza majestuosamente hacia el tercio de la arena ,
donde se coloca erguido. A su izquierda, con capote en mano, se sitúa
José María Manzanares, la figura de más solera en
los ruedos, que este año se retirará después de veinte
y cinco años de ilustre carrera. Ambos veteranos se preparan para
repetir el ritual de la alternativa, el pasaporte dado a un neófito
torero para alternar en los carteles con matadores alternativados. Ambos
en sus largas careras han concedidos ese honor a docenas de novilleros;
sin embargo los dos maestros ansiosamente anticipan el suceso histórico
en el que en breve participarán. Con pasos seguros y gallardos y
con un gesto de determinación, una atractiva joven, vestida de rojo
y oro, mostrando una trenza sobre su nuca en vez de la tradicional coleta,
se les acerca.
Solo unos metros del largo camino, le queda a Cristina Sánchez para
llegar a ser protagonista principal en un mundo masculino, donde por siglos,
en el ruedo la mujer toreando ha sido a lo más una novedad efímera
y a menudo motivo de critica y mofa, y afuera adorno y premio. Muleta y
capote cambian de mano entre Curro y Cristina, parte del ritual, y por
televisión se oyen las palabras de bienvenida del padrino: "las
mujeres acariciáis mejor que los hombres y el toreo es acariciar...",
y a continuación padrino y testigo, rompen la tradición del
abrazo al sellar la ceremonia con sendos besos en cada mejilla de la nueva
matadora; mientras el público irrumpe con una sonora, emocionada
y sostenida ovación. Así como premio a una carrera novilleril
lustrosa, el sábado 26 de mayo del 1996 se consumó un momento
histórico que convirtió a Cristina Sánchez en la primera
mujer que recibiera la alternativa en Europa; a continuación vendría
lo que es lo normal en esta mujer, grandes faenas, corte de oreja en cada
toro y salida a hombros.
Así la evalúa Vicente Zabala en el ABC de Madrid: "Cristina
se saca el segundo de su lote a los medios con decisión. Le gana
terreno con buenos lances a la verónica, para luego ponerlo en suerte
galleando. La madrileña maneja el percal de maravilla. Embarca a
los toros y los lleva muy toreados en su capote. En el último tercio
salió a por todas para redondear el triunfo. Inicia la faena por
alto y remata la serie con un ligado pase de pecho. La matadora se crece
con la diestra y le enjareta la mejor serie de toda su labor. Sánchez
ha adquirido un gran oficio... le receta a su enemigo media estocada...
El público solicita unánimemente el segundo trofeo, que conduce
a la torera a ser izada en hombros al final del festejo". Y concluye "Cristina
Sánchez ha alcanzado todo un hito para una mujer... La joven torera
de Madrid va a tener un sitio en el toreo. Un sitio que ella se ha ganado
a base de sacrificios, mucha afición, mucha entrega y no poca dedicación...".
La mujer siempre ha representado un papel marginal en la tauromaquia, de
objeto más que de protagonista. La plaza de toros es el ideal escenario
para una mujer lucir sus encantos que son examinados con miles de machistas
y descaradas miradas. Es inconcebible ver un tendido sin mujeres atractivas,
o haciendo el paseo en el ruedo luciendo trajes típicos en adornadas
carrozas o bien a caballo de amazona, o en palcos tocadas con sus mantillas,
o en barreras desplegando los brillantes capotes de paseo que los toreros
les lanzan correspondiendo ellas con flores que les arrojan al triunfar.
Se habla del sacrificio de la madre y esposa del toreo, de los amores reales
o imaginados de este con famosas mujeres, los que la leyenda, la literatura,
el cine, las coplas y la prensa y televisiónn enfatizan. Pero cuando
la mujer ha tratado de ser sujeto del toreo, saltando del tendido al ruedo,
hasta antes de Cristina se quedaron cortas en el intento.
Ya a finales de siglo pasado existían cuadrillas de 'señoritas
toreras", que según los historiadores parece que de señorío
tenían poco, pues daban espectáculos denigrantes donde eran
el objeto de la mofa del publico. Los repetidos escándalos promovieron
al rey en 1910 a decretar una Orden Real prohibiendo a la mujer torear
en España. "La Reverta" era una de las más populares de estas
toreras, y al implantarse la prohibición continuó actuando
como "novillero" con el nombre de Agustín Rodríguez. Nunca
se llegó a saber su verdadero sexo.
Al terminar la Guerra Civil el dictador Franco reafirmó la prohibición,
que continuaría en efecto hasta el 1975 cuando unas novilleras,
que no llegaron a mucho, aparecieron en España. En cambio la mujer
era libre de jugarse la vida en los ruedos de México y de Hispanoamérica
donde varias toreras, con más o menos éxito, lo hicieron
como novilleras llegando varias a tomar una alternativa de no gran valía.
En general podemos decir que todas estas toreras no fueron aceptadas en
la profesión. Las plazas de importancias no se les abrían,
los aficionados, taurinos y críticos no las tomaban en serio y en
general los toreros evitaban alternar con ellas. A menudo las toreras competían
solo entre ellas. Otras veces al compartir el cartel con colegas masculinos
se anunciaban a parte, vestían diferente indumentaria y los cornúpetas
eran de menor peso y apariencia. No obstante sus carreras fueron meritorias
habiendo habido toreras con valor y arte que obtuvieron repetidos éxitos,
aunque no eliminaron la discriminación existente. Quizás
el problema común es de haber nacido a destiempo. Juanita Cruz,
mexicana, Betty Ford y Patricia McCormick, estadounidenses, y "Morenita
del Quindío", colombiana, - con la que actué en una corrida
mixta en Armenia, Colombia en 1959- torearon mucho y con éxito en
los años cincuenta. Raquel Martínez, mexicana residente en
California, tomó la alternativa en Tijuana en 1981 toreando mucho
con la española Maribel Atienza, que también tomó
la alternativa en México. En el rejoneo ha habido mujeres estrellas
como Conchita Cintrón, pero el torear a caballo se considera diferente
profesión.
He discutido el papel pasivo y activo de la mujer en los toros para poner
en perspectiva el paso dado por Cristina que al ser aceptada por público,
críticos taurinos y profesionales ha derribado barreras sociales
y culturales conquistando un mundo machista que parecía impenetrable.
Lo que transciende la tauromaquia. Veamos lo que y como esta tenaz joven
ha conseguido. Cristina nació en Madrid el 20 de septiembre del
1972. Desde niña quería ser torera, motivada por el ambiente
familiar ya que su padre era torero. Al principio su padre se opuso pues
conocía la dificultad del cometido, pero al su hija persistir la
ayudó.
Después del aprendizaje, en su primera temporada profesional en
1993, Cristina actuó en 34 noviladas cortando 51 orejas; 34 con
44 orejas el 1994; 34 con 61 trofeos en 1995 y completó 21 actuaciones
con corte de 20 orejas esta temporada antes de su alternativa en Nimes.
Se presentó en la Monumental de Madrid el 8 de julio del 1995 obteniendo
un clamoroso triunfo con corte de una oreja en cada burel y saliendo a
hombros por la Puerta Grande. El 3 de septiembre repetiría la gesta
en Sevilla, donde también cortó orejas y salió a hombros.
Dice el crítico Santi Ortíz que en Sevilla "el mayor logro
de Cristina fue hacernos olvidar su condición de mujer. Inmersos
en la faena... pendiente de su aguante sereno y de su saber estar delante
de la cara del toro, hasta el menos aficionado olvidó cual era el
sexo de quien vestía el traje de luces. En aquellos momentos hasta
el más recalcitante fauno del machismo le hubiese parecido esta
una cuestión baladí". Días después, el 24 del
mismo mes, la llenaron de laureles en la mayor y mas importante Plaza de
América: la Monumental Plaza México. Leamos lo que Lily Colin
escribió de su debut en el semanario Aplausos: "desde que hizo el
paseillo bellamente ataviada...captó la atención de los presentes,
lo que aparentemente costaría trabajo a este publico asimilar, una
mujer con mucho oficio, clase, valor, y por si fuera poco carisma, en ella
resulta absolutamente natural. Salida al tercio, ovación y una oreja
ganadas a ley consiguió la madrileña...". Y este año
de 1996 en la Feria de Sevilla en abril y unos días después
en San Isidro en Madrid, las ferias taurinas de más prestigio, Sánchez
también triunfó en sus despedidas de novillera de esos publicos.
Si sus éxitos profesionales han sido notables, no lo ha sido menos
la manera tan digna como los ha conseguido. Haciendose poco a poco profesional
en los ruedos, compitiendo en iguales términos con lo mejor de la
novillería; enfrentándose con toros serios; sin abdicar de
su condición de mujer ni usándola; sin recurrir a la prensa
para quejarse de las barreras discriminatorias o sin pedir el apoyo de
la ley o la opinión pública para remontarlas. Su aptitud
se define con la ocurrida respuesta que la joven dió a un curioso
reportero al instigarla a contestar que si encontraba discriminación
sexual en el toreo: "señor, el toro no pregunta por el sexo del
torero en la plaza"; a lo que yo añadiría ni tampoco discrima
para dar cornadas y truncar carreras. !Suerte, Cristina Sánchez,
mujer femenina, artista, valiente y torera!
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