|
VIVENCIAS: |
|
En el verano del 2007
asistí en las afueras de Filadelfia, Estados Unidos, a una reunión de la
Asociación de Bibliófilos Taurinos de América, un acto en el cual los
bibliófilos nos reunimos de cuando en
cuando para confraternizar y tratar asuntos de nuestra asociación. Allí uno de los socios me sorprendió regalándome
el cartel que anunciaba un festival taurino para el jueves, 27 de septiembre
del 1956 en la Plaza de Toros de las
Ventas de Madrid, en el cual mi nombre aparecía entre los participantes.
El cartel no era un cartel
cualquiera, ya que tenía cierta relevancia histórica y para mi un sentimiento
emotivo. El programa anunciaba un festival en honor del legendario matador de
toros, ya entonces retirado, Nicanor Villalta, en el cual participaban,
formando parte de las cuadrillas y en otras actividades, varias decenas de
toreros retirados y activos, pertenecientes a varias generaciones.
Por consiguiente, no me
había olvidado de dicho festival y recordaba muy bien cual había sido mi papel.
Pues como podía haberme olvidado del hecho de que por única vez en mi vida
profesional había actuado, no como novillero o matador, sino como picador en el
ruedo de la primera plaza del mundo, y lo había hecho picando el novillo
lidiado por el excelente maestro
madrileño Manolo Escudero.
Tampoco podría haber olvidado que había sido
fuertemente aplaudido al colocar un puyazo en todo lo alto. Aun menos me
hubiera sido posible olvidar que esa tarde había hecho el paseíllo junto a
varios espadas retirados, a los que conocía y admiraba por leer u oír de sus
grandiosas hazañas en los ruedos antes de mis años en activo. Nunca, ni en mis
sueños, podría haber pensado entonces que algún día estaría con ellos en el
ruedo.
En cambio, con el tiempo,
no recordaba en la totalidad a todos los toreros que se nombraban en el cartel
y ahora, teniendo en frente de mí dicho cartel, y usándolo como referencia, voy
a refrescar mi memoria compartiendo con los que me leéis los nombres de todos
aquellos toreros que participaron en el festival desarrollando un papel más o
menos importante. Comprendo que algunos párrafos de esta vivencia no van a ser
otra cosa que listas de nombres de toreros. No obstante, creo que vale la pena
recordar esos nombres, pues en pocas ocasiones tantos nombres de toreros han
aparecido juntos en un cartel de un festejo dado en honor y beneficio de una
vieja gloria del toreo. Lo que en sí habla del cariño y el respeto que le
teníamos al maestro aragonés Nicanor Villalta. Pero antes de continuar anotando
esos datos, echaré mano del COSSIO para incluir aquí una pequeña semblanza de
esta gran figura del toreo.
Nicanor Villalta y Serris
nació en Cretas (Teruel) el 20 de noviembre de 1897. Cuando tenía ocho años sus
padres emigraron a México y allá paso su juventud y comenzó sus aventuras
taurinas, vistiendo por primera vez de traje de luces en Querétaro (Veracruz)
el 22 de junio de 1918. Al año siguiente volvió a España, en donde continuó
toreando de novillero sin grandes éxitos hasta que, al triunfar en su debut en
Madrid el 22 de abril de 1922, su carrera cambio para bien. Varios sucesos consecutivos lo llevaron a
tomar la alternativa el 6 de agosto en San Sebastián, actuando de padrino Luis
Freg y completando el cartel en una corrida de ocho toros los hermanos Marcial
y Pablo Lalanda. Al diestro aragonés no le tomó mucho tiempo el convertirse en
una figura importante de esos tiempos,
a lo que contribuyó sus repetidos triunfos en Madrid, en donde siempre
contó con muchos partidarios. En la
temporada 1923 actuó en 41 corridas y al año siguiente en 39; en 1925 y 1926
toreó 55 festejos, en este último año tuvo una tarde triunfal en Madrid el 6 de
junio cortando cuatro orejas. Baja algo de cartel en la temporada de 1927 en la
cual, debido también a una seria lesión, actuó solamente en 26 festejos. Vuelve
a la actualidad en 1928 toreando 52 corridas de toros y 40 en el 1929. Sigue
toreando en plan de figura en una cantidad considerable de festejos hasta el
1931 cuando su estrella paulatinamente comienza a eclipsarse, toreando
solamente 18 festejos en 1934 y uno menos en 1935, decidiendo ese mismo año
retirarse definitivamente de la vida activa en los ruedos. Hay que anotar que
durante su carrera actuó durante varios inviernos en Hispanoamérica siendo su
última excursión por esas tierras en el año 1933 en Venezuela. Se concluye en el COSSIO que:

...ha sido Villalta un
torero sobrio y seco como todos los de su tierra. Su figura excesivamente alta
no le favorecía para lograr adornos ni ensayar filigranas, y las pocas veces
que lo intentara, pisó los linderos de lo ridículo. El punto fuerte de su toreo
era el trasteo de la muleta. Especialmente en el pase natural con la derecha
logró una personalidad, no de toreo clásico ni de buen sabor, pero si de
bizarría y valor...Su mayor mérito, que no se reconoció hasta los últimos años
de su actuación fue el de estoqueador seguro. Se perfilaba sobre corto,
favoreciéndole su elevada estatura, para volcarse como una tromba sobre el
toro, y consumar la verdadera suerte del volapié. Tal como en sus tratados la
describen José Delgado o Francisco Montes.
Fue está forma de estoquear
lo que recuerdo más del maestro Villalta, no porque yo lo hubiera visto actuar
como matador, pues cuando el se retiró yo tenía poco más de un año de vida,
sino porque entre los años 1950 y 1955 el maestro en varias ocasiones a
petición de mi apoderado, me mostraba
como ejecutar esa difícil suerte. Resultaba que mi primo y apoderado Manolo Martín Vázquez y Villalta eran íntimos
amigos, y ellos más un pequeño grupo de taurinos se reunían diariamente en una
tertulia, y de cuando en cuando yo me unía a ellos por un rato para saludarlos y tomar café y, especialmente
para oír silenciosamente sus conversaciones que en si mismo eran verdaderas
lecciones de toreo. En varias ocasiones cuando Manolo pensaba que yo estaba
haciendo algo mal con la espada aprovechaba mi visita para decirle al maestro “Nicanor,
por favor, dile al niño, como se mata”. Entonces el gran Villalta
cariñosamente y sin dudarlo me explicaba como se mataba, según la explicación
que arriba acoté del COSSIO.
Añado que no recuerdo nunca
haber conocido a un genio del toreo, tan sencillo, bien portado, caballero,
noble y cariñoso como Villalta, y me sorprendió enormemente saber cuando se organizó el festival que el
estado económico del maestro Villalta dejaba algo que desear que por lo tanto
el festival era una necesidad. Esta situación no era anormal en los años
cincuenta cuando muchos grandes toreros de la primera mitad del siglo XX, al
envejecer, si no habían acumulado un capital, no podían contar con la ayuda
económica social que hoy tienen los
toreros retirados.
Volviendo al festival, el
cartel anuncia el festejo como ¡GRANDIOSO FESTIVAL TAURINO! De homenaje
y beneficio al ex-matador de
toros NICANOR VILLALTA, e informaba que tomarían parte los siguientes famosos
matadores de toros retirados y en activo más varios novilleros y subalternos:
Vicente Pastor, Manuel Mejías Rapela (Bienvenida), Nicanor Villalta,
Antonio Sánchez, 
Luis Fuente Benjarano, Francisco Royo (Lagartijo), Pepe
Bienvenida, Fernando Domínguez, Rafael Vega (Gitanillo de Triana), Manolo
Martín Vázquez, Rafael Albaicín, Antonio Bienvenida, Jerónimo Pimentel, Manolo
Escudero, Jaime Marcos (El Choni), Raúl Ochoa (Rovira), Paquito Muñoz, Luis
Sánchez (Diamante Negro), José María Martorel, Rafael Ortega, Jaime Malaver,
César Girón, Manuel Jiménez (Chicuelo II), Victoriano Posada, Mario Carrión,
César Faraco, Luis Parra (Parrita), Alfonso Merino, Antonio del Olivar, Juanito
Bienvenida, Gregorio Sánchez, Morenito de Talavera y los novilleros y
subalternos Francisco Vega (Curro Puya), Lorenzo Girao (Morenito de Córdoba),
Victoriano Roger (Valencia), Emilio González Garzón, Angel Jiménez (Chicuelo
III), Angel Parra (Parrita), Santiago Vielsa (Rivereño de Zaragoza), Gerardo
Roldán (Blanquito de Zaragoza) y Baldomero Ortega.
Luego en el cartel se especificaba los diestros que lidiarían los seis
magníficos novillos pertenecientes a los Sres. Escudero Calvo Hermanos
“Albaserrada” [Hoy propiedad de Victorino Martín] y los matadores, novilleros y
picadores que formarían sus cuadrillas. Este era el orden, según la antigüedad
de los matadores encargados de lidiar y matar los utreros:
Primer Novillo. NICANOR VILLALTA. Picadores: Rafael Ortega y Enrique
Salas “Salita”; banderilleros; Antonio Sánchez, Fernando Domínguez, Pepe
Bienvenida y José María Martorel; puntillero: Lorenzo Girao “Morenito de
Córdoba”.
Segundo novillo. Espada: LUIS FUENTE BENJARANO. Picadores: Manuel
Jiménez “Chicuelo II” y Gabriel Marques; banderilleros: Antonio Bienvenida,
Luis Parra “Parrita”, Gregorio Sánchez y Angel Jiménez “Chicuelo III”;
puntillero: “Ruperto de los Reyes”.
Tercer novillo. Espada: “GITANILLO DE TRIANA”. Picadores: Jaime
Malaver y Gabriel Marques; banderilleros: Rafael Ponce “Rafaelillo”, Rafael
Albaicín, Alfonso Merino y Francisco Vega “Curro Puya”; puntillero: Emilio
González Garzón .
Cuarto novillo. Espada: MANOLO ESCUDERO. Picadores: Mario Carrión y
Francisco Muñiz; banderilleros: Manolo Martín Vázquez, Victoriano Posada, César
Faraco y Victoriano Roger “Valencia”;
puntillero: Santiago Vielsa “Rivereño”.
Quinto novillo. Espada: JAIME MARCOS “EL CHONI”. Picadores: César
Girón y Angel Parra “Parrita”; banderilleros: Jerónimo Pimentel, Antonio del
Olivar. Pedro Barrera y Juanito Bienvenida; puntillero: Manolo Sevilla.
Sexto novillo Espada: PAQUITO MUÑOZ. Picadores: Raúl Ochoa “Rovira” y
Manuel Salas “Salitas”; banderilleros: Francisco Royo “Lagartijo”, Luis Sánchez
“Diamante Negro”, Emiliano de la
Casa “Morenito de Talavera” y Baldomero Ortega; puntilleros: Gerardo Roldán
“Blanquito”.
El cartel también informaba que los más veteranos maestros Vicente
Pastor y Manuel Mejía Repela “Bienvenida” actuarían como asesores artísticos
del festival y que el festejo había sido organizado por el conocido critico
taurino 
Carlos de Larra “ Curro Meloja” con la colaboración y apoyo de un
nutrido grupo de personalidades políticas y sociales.
El festival fue un éxito tanto económico como artístico, pues por un
lado se recaudaron bastantes fondos para ayudar en su vejez al gran diestro
aragonés, y por otro los toreros en activo de los cuarenta y los cincuenta
tuvimos la ocasión de actuar juntos a las viejas glorias, uno desarrollando un
papel estelar y otros, como yo, actuando como subalternos. Lo que observé y
viví en ese festejo, cuando apenas concluía mi segundo año de matador de
alternativa, fue una peculiar y memorable experiencia que nunca se repetiría en
mi carrera.
![]()