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VIVENCIAS: |
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Quien me hubiera podido decir
entonces, cuando el 15 de junio del 1952
actuaba con el novillero mexicano Manolo Loera López en una novillada
sin caballo en Francia, que cincuenta y cinco años después yo hubiera escrito
el prólogo de su libro de poesías TARDE DE TOROS*, en el cual se recopila la
mayor parte de la producción poética de este ex-novillero y taurino convertido
en poeta.
Sinceramente, aun ahora cuando escribo este relato me cuesta creer que
fueron reales las coincidenciales circunstancias que hicieron posible que yo
fuera invitado a escribir dicho prólogo. La culpa, como veremos luego, se la
echo al Internet.
Para empezar, también
la novillada celebrada en Francia en la que Manolo
López, así se anunciaba Loera, “Agustinillo” y yo compartimos el cartel
era muy extraña. Ese festejo pudiera
haber sido anunciado como “Toreo en Jaula, una novillada surrealista, producida
por Salvador Dali”.
La novillada era más bien una distorsionada exhibición taurina “sans
mise a mort”, o sea sin la muerte de los toros, y organizada como homenaje y
beneficio de los veteranos excombatientes de la Segunda Guerra Mundial. El espectáculo nocturno tomó lugar el
15 de junio del 1952 en
el Vélodrome D’hiver de Saint Etienne, una ciudad francesa situada fuera
del sector taurino francés. En el centro del velódromo se instaló una jaula
circular, similar a los de los circos, en cuyo interior se erigieron
burladeros, cubriéndose el piso de madera con una capa de barrosa arena. En el
exterior de la jaula, rodeando el improvisado y pequeño ruedo, se colocaron
sillones. Esos asientos cercanos fueron ocupados por gente importante, con
las mujeres bien maquilladas y vestidas elegantemente. El festejo tuvo su
aspecto surrealista desde que en un acto patriótico se cantó el himno nacional
mientras se celebraba una especie de ceremonia que incluía a un grupo de
veteranos excombatientes mientras que
los tres espadas entramos en la jaula como si fuéramos domadores de leones.
Conforme aparecíamos nos presentaban por los altoparlantes y desde ese momento
narraban nuestros movimientos en el seudo-ruedo, explicándole a la inexperta
audiencia lo que hacíamos y sugiriéndole cuando tenía que decir olé y aplaudir.
Lo inesperado sucedió luego, ya que los mansos utreros empezaron a
escarbar defensivamente, embarrando a los espectadores sentados cerca a las
rejas con una lluvia de arena impregnada de excremento animal. El resultado fue
que las elegantes espectadoras asustadas se retiraron a lugares más seguros,
aunque para entonces sus caras estaban ya embarradas y sus descotados vestidos
sucios. Algo parecido también nos pasó a los toreros pues todos terminamos con
nuestras sudorosas caras maquilladas con barro. Así que el último recuerdo que
tengo del joven Loera, es el de un joven torero que, como “Agostinillo” y yo, con su cara tiznada, más bien parecía
un minero saliendo de una obscura y sucia mina.
Para mí la experiencia quedó grabada en mi memoria como una anécdota
poco torera. En cambio, tal vez hubiera olvidado a Loera a no ser que por esas
casualidades de la vida más de medio siglo después supe de él a través del
Internet.
Hace unos seis años leí en el Internet un sentido poema titulado El
origen del toreo y firmado por un tal Manolo Loera López. Me gustó mucho
por su irónica originalidad, y le envié un mensaje al autor, sin saber quien
era, pidiéndole permiso para incluir el poema en la sección Referecias
de MMDT como contrapunto a un articulo mío que exponía algunas teorías del
origen histórico del toreo. Cual fue mi sorpresa de que no solamente Loera me
dio permiso, sino que también se identificó como el Manolo López que tantos
años atrás había alternado conmigo en la surrealista novillada en Francia. El
apellido Loera me había despistado.
Después de intercambiar un par de mensajes perdimos el contacto de
nuevo, hasta
que hace unos tres años su hija Beatriz Loera Ruiz, quien estaba a
cargo del proyecto literario de su padre, me envió unos cuantos poemas para que
yo le diera mi opinión sobre ellos, al mismo tiempo que me comunicó que estaba
considerando publicar un libro que contuviera la acumulada obra poética que su
padre, por pura afición, había estando escribiendo durante muchos años. Mi
respuesta fue positiva, pues había disfrutado enormemente leyendo los sencillos
poemas, con los que con tanto amor, pasión y perspicacia su padre describía las
diferentes facetas de la fiesta brava. Era como una tauromaquia poética. Así
que poco después Beatriz Loera me sorprendió pidiéndome que escribiera el
prólogo para TARDE DE TOROS, como se titula el libro paterno. Petición que
acepté aunque haciéndole saber que la poesía no ha sido el fuerte de mi
educación literaria.
De todas maneras unos meses
después salió a la luz TARDE DE TOROS, conteniendo mi prólogo con el título La
poesía en TARDE DE TOROS, una
tauromaquia poética. Aquí
incluyo una reproducción de ese prólogo en el que, aparte
de expresar mi admiración por la poesía de Loera, en cierto modo hago un juicio
crítico de su obra. Pero antes de esta inclusión reproduzco una semblanza del
poeta que su hija incluyó en el libro resumiendo la interesante vida de su
padre. Luego a continuación de mi prólogo, concluiré la narración de esta
vivencia añadiendo varios poemas de Loera para que el lector aprecie cómo este
poeta mexicano siente intensamente la fiesta brava.
La señora Loera así se
refiere a su padre en el libro:
Manuel Loera López vio la luz el día 6
de octubre de 1928, en el poblado de Ojocaliente, del taurino Aguascalientes.
Desde muy temprana edad su destino le fue manifestado, cuando niño banderillaba
lagartijas y con el paso del tiempo se convertiría en novillero y andaría por
las plazas y pueblos de México, España, Portugal y Francia, luchando por ser
torero y alternando con las figuras de su tiempo; demostrando valor,
enfrentando a toros y a público de todo tipo.
No obstante, el mismo destino lo llevaría por otros caminos, esta vez
con rumbo a la vida privada y familiar. Sin embargo, su inquebrantable amor por
la fiesta lo mantuvo cerca de ella y así, se convirtió en camarógrafo taurino,
ganadero, empresario y, de unos años a la fecha, torero poeta.
Dio sus últimos capotazos en Calvillo, Aguascalientes, en el año de
1998, su más reciente paso por el ruedo llegó tan solo al burladero, un 10 de
octubre de 2004, en el ruedo de “La Florecita”; no ha podido torear más, pero
su devoción por esta fiesta maravillosa y contrastante, ha permanecido intacta
a través de todos estos años.
Hoy en día, al atardecer de su vida, tiene a bien presentarnos su obra
poética, así como muchas veces nos ofreció sus bellas películas y sus toros. En
estos poemas vierte sorprendentes vivencias, su pasión por la fiesta, el toro,
el campo, la lidia, dibujando estampas llenas de majestuosidad y colorido, en
las que presenta lecciones de arte taurino, a través de elocuentes palabras que
narran magnificas escenas y nos transportan a una época que difícilmente se
podrá repetir.
Si esto es lo que la
hija dice de su padre, lo siguiente es lo que expreso del poeta y su obra en el
Prólogo de TARDE DE TOROS (Págs.11-15) que titulé La poesía en TARDE DE TOROS, una tauromaquia poética:
El toreo es un arte popular
que posee cualidades intrínsecas y externas que, emitiendo fuertes hondas de
sentimientos, estimulan nuestra mente. Su colorido, su ritual tradicional casi
religioso, el drama inherente en la
artística contienda torera en el ruedo entre un inteligente ser y una
bella bestia, y sus protagonistas, el torero y el toro, han sido a menudo
fuentes de inspiración para creadores
de otras expresiones artísticas, como la pintura, la escultura, la música, el
baile, el cante y la literatura.
En el campo literario
hispano, ocasionalmente el toreo ha sido el tema de novelas y obras de teatro.
Sin embargo, ha sido en el género poético en donde el arte de “Cuchares” ha
encontrado su nicho junto con el éxito.
Existen numerosos poetas antiguos y contemporáneos en la
historia de la literatura que, corneados por el ardor del toreo, han convertido
en poesía temas toreros. La lista de estos artistas sería extensa, pero en mi
memoria están aquerenciados nombres de algunos poetas que con sus inspirados
versos me hicieron sentir el toreo en mi alma. Entre ellos se encuentran
Nicolás Sánchez Moratín, Rubén Darío, Manuel Machado, Rafael Alberti, Gerardo
Diego, y especialmente el poeta andaluz Federico García Lorca, mi favorito,
quien perpetuó e hizo universal en el poema Canto por Sánchez Mejías la triste
sensación que le produjo la trágica muerte, a causa de una horrible cornada,
del torero y amigo Ignacio Sánchez Mejías.
El académico español Andrés
Amorós, en su libro TOROS Y CULTURA racionaliza el porqué el tema taurino es
más recurrente en la poesía que en los otros géneros literarios. Afirma que:
La poesía es otra cosa. Ante todo, la sensibilidad del poeta parece
especialmente apropiada para captar de modo inmediato, sin más problema,
algunas de las bellezas del espectáculo. Me explico: comprender todo lo que hay detrás de una corrida
de toros no es fácil, suele exigir cierto grado de información además de un
trato asiduo y demorado con ese mundo. En cambio, son tantos sus aspectos
estéticos, que cualquier persona con un mínimo de sensibilidad captará alguno,
de acuerdo con su personal temperamento.
Amorós concluye que para
algunos poetas el toreo se convierte en el tema principal de su producción
lírica, mientras que otros poetas se han inspirado en el tema taurino
ocasionalmente para escribir un poema o para hacer alegorías taurinas al
referirse a otros temas.
Pero uno se pregunta que
pasa cuando un profesional del toreo con alma poética, que durante toda su vida
se ha desenvuelto en el planeta del toreo, ejerciendo primero como novillero y
luego como ganadero, empresario, camarógrafo taurino y aficionado práctico y
que, además, conoce el toreo como a la palma de su mano. Pues sencillamente que
este hombre, al no poder torear en los ruedos como soñaba, en su tiempo libre
alimenta al gusanillo de su afición interpretando el toreo poéticamente. Este
señor tiene un nombre y se llama Manuel
Loera López y, en el atardecer de su vida decidió que parte de su extensa
tauromaquia poética no se perdiera. Así que ha dejado plasmada su poesía en
TARDE DE TOROS para compartir con el lector su profundo sentimiento hacia el
toreo.
Su hija Beatriz me comentó
que el primer poema que su padre escribió hace ya más de medio siglo no tuvo
nada que ver con el toreo. Se inspiró en la soledad que el joven novillero
sentía al pensar en la amada mujer que había dejado atrás en México al viajar a
España, para allí buscar oportunidades de realizar su sueño de ser figura del
toreo. Fue en esa época cuando el torero-poeta y yo toreamos juntos una
novillada en Francia.
Su aventura poética quizás
hubiera concluido con esos versos románticos de un ardiente enamorado, pues pasaron muchos años antes que Manolo
Loera encontrara el tiempo y la inspiración para escribir poemas. El tener que
rehacer una vida y criar una prole de diez hijos no deja mucho tiempo para
poesía. Sin embargo, hace una veintena de años, ya establecido en su rancho
como ganadero, cuando bajo las estrellas en noches de luna llena contemplaba la
majestuosa belleza del toro bravo en el campo, de nuevo encontró la inspiración
para reanudar su aventura poética. El resultado fue Corrida de Covadonga, su primer
poema taurino, y desde entonces hasta el presente el poeta no ha parado de
explicar el toreo con sus expresivos versos.
Como puede comprobarse en
los títulos de los poemas enumerados en el índice de TARDE DE TOROS, no existe
un asunto relacionado con el toreo para el que Manolo Loera no haya encontrado
un hueco en su extensa obra poética. El canta la majestad del toro de casta en el campo y su fiereza en la
plaza; elogia la gallardía y gestas de toreros, tanto de diestros famosos como
de los menos relumbrantes subalternos, o de otros protagonistas que como, por
ejemplo, los médicos de plaza juegan un papel importante en la fiesta. Además
relata románticamente sus vivencias, corridas que presenció o imaginó, festejos
que toreó, lugares que conoció, e incluso halla poesía en objetos, actividades
y organizaciones taurinas en las que parecería no haberla.
La poesía de Loera es
sencilla y directa, exponiendo conceptos claros con un léxico popular rico en
terminología taurina. Como ejemplos bastan citar las referencias al toro bravo
en el poema El Rey
de la fiesta: “A ti, toro de casta, /que
con tu bravura nobleza y arrogancia das vida a ésta fiesta”; o al personal
médico en Los
médicos de plaza: “Más entonces aparece la divina providencia/vestida toda de blanco”.
Fue esta expresiva y bella
sencillez poética, la que también el lector encontrará en las páginas de TARDES
DE TOROS, lo que me motivó para añadir el poema
El origen del toreo de Manolo Loera López al artículo que aparece
en mi página Web sobre las divergentes e inconclusas teorías del origen del
toreo. El poeta inspiradamente concluye que el origen es divino:
Esta es mi humilde
opinión
del Origen del Toreo,
en una forma sencilla
para que tantos estudios y tantas explicaciones.
Si es una fiesta tan bella,
que el Señor mandó del cielo,
llena de arte y de luz,
impregnada de valor
y de grandes emociones...
Pongo punto final a estas memorias dejándoles con estos cuatro poemas
publicados en TARDES DE TOROS para que disfruten con las escenas del mundo
del toreo tales como líricamente las percibe el poeta Manolo Loera López,
el hombre que con otro nombre, junto a mí, hace más de medio
siglo, en una escena poco poética, se enfrentó con reses bravas en una jaula de leones instalada en
el Vélodrome D’hiver de la ciudad francesa de Saint Etienne.
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Muestras poéticas de Manolo Loera López publicadas en TARDE DE TOROS*

Hermosa tarde torera,
el sol brillando ya está,
no hace viento,
no hace frío
y la faena vendrá.
¡Venga estruendo de platillos!
castañuelas y metales,
y que la plaza se adorne
con la alegría de los cielos.
¡Y
que suene el paso doble!
En el patio de cuadrillas
los matadores están,
junto con sus subalternos
esperando el gran momento
¡En que el clarín sonará!
¡Ay que momentos de angustia!
que largo se hace esperar
sabiendo que en los toriles
la muerte, tal vez está.
Suenan por fin los clarines
la hora ha llegado ya;
al frente el alguacilillo,
los matadores detrás
subalternos, monosabios
y también los mulilleros
formando el despeje van.
¡Que solemne es el paseo
su belleza es singular
es el desfile del miedo
que vestido de oro y seda,
¡A buscar la gloria va!
Fiesta de grandes contrastes,
pues junto al miedo esta el arte,
junto al arte, esta el valor;
¡Y ahí en el centro del ruedo
frente a frente están los dos!
Explota el miedo del hombre
y de la fiera el furor;
rápido embiste la fiera
surge entonces el valor
y nace el arte taurino
¡Con su mágico esplendor!
Tabaco y toros

Tiempos de mi juventud,
qué recuerdos más hermosos;
en la Plaza del Toreo
de la colonia Condesa.
Vi llegar a los toreros,
en carros descubiertos,
era un momento solemne,
luciendo tan lindos ternos,
el sol los hacía brillar;
parecían de color luceros.
Se palpaba hermoso ambiente…
¡Olía a tabaco y toros!;
se reanudaba el convenio**.
Qué alegría y colorido,
el sombrero de carrete
volaba por los tendidos,
y al cinco para las cuatro
la banda ejecutaba
hermoso paso doble torero…
Sonaron los clarines
y se inició el paseillo,
volaron blancas palomas,
serpentinas y confeti de colores
Hermosa fiesta torera
la que allí se celebraba,
eran dos pueblos hermanos
que en el ruedo se abrazaban.
Las mujeres, al ruedo arrojaban
lindas rosas mexicanas,
rojos claveles de España.
Qué recuerdo más hermoso
quedó gravado en mi alma…
Bellos vestidos toreros,
el carrete volando por los tendidos,
lindas flores mexicanas,
rojos claveles de España…
¡Olor a tabaco y toros!
Ponciano,
Mariano y Atenco

Querido amigo mío,
te voy a contar por qué
escribo estas letras.
Ayer estuve en Atenco,
acompañando al gran Mariano Ramos
y vimos la faena de embarcar
nueve toritos bravos.
Mi mente voló a través del tiempo,
cerré mis ojos…
pude ver al gran Ponciano Díaz,
nacido en ésta hacienda,
realizando sus labores en el campo,
practicar el arte del toreo
y también la charrería.
Fue torero charro muy famoso,
figura de su tiempo.
Abrí mis ojos…
volví a la realidad
y vi sentado junto a mí
al gran Mariano Ramos;
cosas hermosas de la vida,
también charro torero,
artista colosal, gente sencilla,
figura de su tiempo.
Volví a cerrar mis ojos…
dejé volar mi mente
a través del tiempo y el espacio
y asistí al cartel más maravilloso de mi vida…
En la plaza de toros de la historia,
en el ruedo maravilloso de la fantasía:
"6
TOROS DE LA FAMOSA GANADERIA
DE
ATENCO." PARA "PONCIANO DIAZ" Y "MARIANO RAMOS 6"
Fue así que escribí estas letras:
Ponciano Díaz, gran charro torero,
famoso mexicano;
nació en Atenco
y el campo fue su escuela.
El toro bravo y el paisaje,
su inspiración charra y torera;
como Colón, cruzó los mares
en busca de la gloria y de la fama.
España se admiró de ver
un torero con bigote,
más a él no le importó
y ante la admiración del pueblo
y toreros españoles,
demostró su arte de charro
y torero mexicano.
¡Banderilló montado a pelo y a dos manos!,
pero el tiempo pasa inexorable
y el mundo acumula calendarios…
¡Surge el gran Mariano Ramos!,
el lienzo charro de la Viga
el escenario;
y siendo casi un niño,
charro completo lo consagra.
Teniendo la ilusión por ser torero
traspone las fronteras del lienzo de la Viga
y pasa a las ganaderías de toros bravos.
¡Nace el gran torero!
la plaza "México",
fantástico escenario,
se le entrega en sus grandes faenasy el pueblo con sus gritos de:
¡torero, torero, torero!
lo consagra.
Quedando en letras de oro
grabados, los nombres
de "Ponciano Díaz" y de "Mariano
Ramos"
Dos épocas distintas,
dos grandes mexicanos,
unidos en una misma historia,
salen en hombros de los aficionados
por la puerta maravillosa de la gloria.
El
rey de la fiesta

A ti, toro de casta,
que con tu bravura nobleza y arrogancia
das vida a ésta fiesta,
de arte, valor y elegancia.
Tu sacrificas todo
en aras de la fiesta brava;
tu matador recibe la gloria,
la fama y el dinero;
y tú, a cambio de tu muerte
un arrastre lento, o cuando mucho,
Eres el alma misma de la fiesta,
naciste para inmortalizar el arte verdadero,
bárbaro y bello,
los pintores se inspiran en tu sangre;
y en tu casta y nobleza, los toreros.
El público ve en ti
al enemigo del torero
y se emociona llegando hasta el delirio,
cuando el diestro te burla
con un templado lance
muy sencillo y de suave movimiento.
El picador se ensaña en tu morrillo
y hace que tu sangre brote a borbotones,
acortando tu vida...
y surgen las pasiones:
¡Asesino!, ¡Ratero!, ¡Sinvergüenza!,
Más esos gritos callan,
con la presencia del banderillero;
el hombre te cita
sosteniendo en sus manos
un par de palitroques,
tú acometes con furia
y él, con técnica y arte,
burla tu embestida
clavando en tu morrillo,
lacerado y sangrante,
el par de banderillas
de hermoso colorido.
Los clarines suenan en lo alto de la plaza
reclamando tu muerte;
el diestro brinda la faena al pueblo entero,
te cita valiente, decidido,
tú acometes con furia,
vendiendo caro tu destino,
y te burla con arte, con gracia y con salero.
Los ¡Oles! y las ovaciones
son presagio de muerte,
¡Y viene la estocada!
Mueres seis veces cada tarde,
¡Más eres inmortal, rey de la fiesta!
*Libro: TARDE DE TOROS por Manuel Loera López. Prólogo de Mario Carrión. Ediciones Arlequín. México, 2007
**Convenio.
Acuerdo entre las asociaciones profesionales de toreros mexicanos y españoles
que
regula el intercambio profesional. En ocasiones el convenio se rompía para
luego de nuevo volver
a ponerse en efecto.
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