VIVENCIAS:
    EL PROLOGO DE TARDE DE TOROS
    por Mario Carrión. Mayo, 2008.

     

    Quien  me hubiera podido decir entonces, cuando el 15 de junio del 1952  actuaba con el novillero mexicano Manolo Loera López en una novillada sin caballo en Francia, que cincuenta y cinco años después yo hubiera escrito el prólogo de su libro de poesías TARDE DE TOROS*, en el cual se recopila la mayor parte de la producción poética de este ex­-novillero y taurino convertido en poeta.

    Sinceramente, aun ahora cuando escribo este relato me cuesta creer que fueron reales las coincidenciales circunstancias que hicieron posible que yo fuera invitado a escribir dicho prólogo. La culpa, como veremos luego, se la echo al Internet.

    Para empezar, también la novillada celebrada en Francia en la que Manolo López, así se anunciaba Loera, “Agustinillo” y yo compartimos el cartel era  muy extraña. Ese festejo pudiera haber sido anunciado como “Toreo en Jaula, una novillada surrealista, producida por Salvador Dali”.

    La novillada era más bien una distorsionada exhibición taurina “sans mise a mort”, o sea sin la muerte de los toros, y organizada como homenaje y beneficio de los veteranos excombatientes de la Segunda Guerra Mundial. El espectáculo nocturno tomó lugar el 15 de junio del 1952 en  el Vélodrome D’hiver de Saint Etienne, una ciudad francesa situada fuera del sector taurino francés. En el centro del velódromo se instaló una jaula circular, similar a los de los circos, en cuyo interior se erigieron burladeros, cubriéndose el piso de madera con una capa de barrosa arena. En el exterior de la jaula, rodeando el improvisado y pequeño ruedo, se colocaron sillones. Esos asientos cercanos fueron ocupados por gente importante, con las mujeres bien maquilladas y vestidas elegantemente. El festejo tuvo su aspecto surrealista desde que en un acto patriótico se cantó el himno nacional mientras se celebraba una especie de ceremonia que incluía a un grupo de veteranos excombatientes  mientras que los tres espadas entramos en la jaula como si fuéramos domadores de leones. Conforme aparecíamos nos presentaban por los altoparlantes y desde ese momento narraban nuestros movimientos en el seudo-ruedo, explicándole a la inexperta audiencia lo que hacíamos y sugiriéndole cuando tenía que decir olé y aplaudir. 

    Lo inesperado sucedió luego, ya que los mansos utreros empezaron a escarbar defensivamente, embarrando a los espectadores sentados cerca a las rejas con una lluvia de arena impregnada de excremento animal. El resultado fue que las elegantes espectadoras asustadas se retiraron a lugares más seguros, aunque para entonces sus caras estaban ya embarradas y sus descotados vestidos sucios. Algo parecido también nos pasó a los toreros pues todos terminamos con nuestras sudorosas caras maquilladas con barro. Así que el último recuerdo que tengo del joven Loera, es el de un joven torero que, como “Agostinillo”  y yo, con su cara tiznada, más bien parecía un minero saliendo de una obscura y sucia mina.

    Para mí la experiencia quedó grabada en mi memoria como una anécdota poco torera. En cambio, tal vez hubiera olvidado a Loera a no ser que por esas casualidades de la vida más de medio siglo después supe de él a través del Internet.

    Hace unos seis años leí en el Internet un sentido poema titulado El origen del toreo y firmado por un tal Manolo Loera López. Me gustó mucho por su irónica originalidad, y le envié un mensaje al autor, sin saber quien era, pidiéndole permiso para incluir el poema en la sección Referecias de MMDT como contrapunto a un articulo mío que exponía algunas teorías del origen histórico del toreo. Cual fue mi sorpresa de que no solamente Loera me dio permiso, sino que también se identificó como el Manolo López que tantos años atrás había alternado conmigo en la surrealista novillada en Francia. El apellido Loera me había despistado.

    Después de intercambiar un par de mensajes perdimos el contacto de nuevo, hasta que hace unos tres años su hija Beatriz Loera Ruiz, quien estaba a cargo del proyecto literario de su padre, me envió unos cuantos poemas para que yo le diera mi opinión sobre ellos, al mismo tiempo que me comunicó que estaba considerando publicar un libro que contuviera la acumulada obra poética que su padre, por pura afición, había estando escribiendo durante muchos años. Mi respuesta fue positiva, pues había disfrutado enormemente leyendo los sencillos poemas, con los que con tanto amor, pasión y perspicacia su padre describía las diferentes facetas de la fiesta brava. Era como una tauromaquia poética. Así que poco después Beatriz Loera me sorprendió pidiéndome que escribiera el prólogo para TARDE DE TOROS, como se titula el libro paterno. Petición que acepté aunque haciéndole saber que la poesía no ha sido el fuerte de mi educación literaria.

    De todas maneras unos meses después salió a la luz TARDE DE TOROS, conteniendo mi prólogo con el título La poesía en TARDE DE TOROS, una tauromaquia poética. Aquí incluyo una reproducción de ese prólogo en el que, aparte de expresar mi admiración por la poesía de Loera, en cierto modo hago un juicio crítico de su obra. Pero antes de esta inclusión reproduzco una semblanza del poeta que su hija incluyó en el libro resumiendo la interesante vida de su padre. Luego a continuación de mi prólogo, concluiré la narración de esta vivencia añadiendo varios poemas de Loera para que el lector aprecie cómo este poeta mexicano siente intensamente la fiesta brava.

    La señora Loera así se refiere a su padre en el libro:

      Manuel Loera López vio la luz el día 6 de octubre de 1928, en el poblado de Ojocaliente, del taurino Aguascalientes. Desde muy temprana edad su destino le fue manifestado, cuando niño banderillaba lagartijas y con el paso del tiempo se convertiría en novillero y andaría por las plazas y pueblos de México, España, Portugal y Francia, luchando por ser torero y alternando con las figuras de su tiempo; demostrando valor, enfrentando a toros y a público de todo tipo.

      No obstante, el mismo destino lo llevaría por otros caminos, esta vez con rumbo a la vida privada y familiar. Sin embargo, su inquebrantable amor por la fiesta lo mantuvo cerca de ella y así, se convirtió en camarógrafo taurino, ganadero, empresario y, de unos años a la fecha, torero poeta.

      Dio sus últimos capotazos en Calvillo, Aguascalientes, en el año de 1998, su más reciente paso por el ruedo llegó tan solo al burladero, un 10 de octubre de 2004, en el ruedo de “La Florecita”; no ha podido torear más, pero su devoción por esta fiesta maravillosa y contrastante, ha permanecido intacta a través de todos estos años.

      Hoy en día, al atardecer de su vida, tiene a bien presentarnos su obra poética, así como muchas veces nos ofreció sus bellas películas y sus toros. En estos poemas vierte sorprendentes vivencias, su pasión por la fiesta, el toro, el campo, la lidia, dibujando estampas llenas de majestuosidad y colorido, en las que presenta lecciones de arte taurino, a través de elocuentes palabras que narran magnificas escenas y nos transportan a una época que difícilmente se podrá repetir.

    Si esto es lo que la hija dice de su padre, lo siguiente es lo que expreso del poeta y su obra en el Prólogo de TARDE DE TOROS (Págs.11-15) que titulé La poesía en TARDE DE TOROS, una tauromaquia poética:

      El toreo es un arte popular que posee cualidades intrínsecas y externas que, emitiendo fuertes hondas de sentimientos, estimulan nuestra mente. Su colorido, su ritual tradicional casi religioso, el drama inherente en la  artística contienda torera en el ruedo entre un inteligente ser y una bella bestia, y sus protagonistas, el torero y el toro, han sido a menudo fuentes de  inspiración para creadores de otras expresiones artísticas, como la pintura, la escultura, la música, el baile, el cante y la literatura.

      En el campo literario hispano, ocasionalmente el toreo ha sido el tema de novelas y obras de teatro. Sin embargo, ha sido en el género poético en donde el arte de “Cuchares” ha encontrado su nicho junto con el éxito.

      Existen numerosos  poetas antiguos y contemporáneos en la historia de la literatura que, corneados por el ardor del toreo, han convertido en poesía temas toreros. La lista de estos artistas sería extensa, pero en mi memoria están aquerenciados nombres de algunos poetas que con sus inspirados versos me hicieron sentir el toreo en mi alma. Entre ellos se encuentran Nicolás Sánchez Moratín, Rubén Darío, Manuel Machado, Rafael Alberti, Gerardo Diego, y especialmente el poeta andaluz Federico García Lorca, mi favorito, quien perpetuó e hizo universal en el poema Canto por Sánchez Mejías la triste sensación que le produjo la trágica muerte, a causa de una horrible cornada, del torero y amigo Ignacio Sánchez Mejías.

      El académico español Andrés Amorós, en su libro TOROS Y CULTURA racionaliza el porqué el tema taurino es más recurrente en la poesía que en los otros géneros literarios. Afirma que:

      La poesía es otra cosa. Ante todo, la sensibilidad del poeta parece especialmente apropiada para captar de modo inmediato, sin más problema, algunas de las bellezas del espectáculo. Me explico: comprender todo lo que hay detrás de una corrida de toros no es fácil, suele exigir cierto grado de información además de un trato asiduo y demorado con ese mundo. En cambio, son tantos sus aspectos estéticos, que cualquier persona con un mínimo de sensibilidad captará alguno, de acuerdo con su personal temperamento.

      Amorós concluye que para algunos poetas el toreo se convierte en el tema principal de su producción lírica, mientras que otros poetas se han inspirado en el tema taurino ocasionalmente para escribir un poema o para hacer alegorías taurinas al referirse a otros temas.

      Pero uno se pregunta que pasa cuando un profesional del toreo con alma poética, que durante toda su vida se ha desenvuelto en el planeta del toreo, ejerciendo primero como novillero y luego como ganadero, empresario, camarógrafo taurino y aficionado práctico y que, además, conoce el toreo como a la palma de su mano. Pues sencillamente que este hombre, al no poder torear en los ruedos como soñaba, en su tiempo libre alimenta al gusanillo de su afición interpretando el toreo poéticamente. Este señor tiene un nombre y se llama  Manuel Loera López y, en el atardecer de su vida decidió que parte de su extensa tauromaquia poética no se perdiera. Así que ha dejado plasmada su poesía en TARDE DE TOROS para compartir con el lector su profundo sentimiento hacia el toreo.

      Su hija Beatriz me comentó que el primer poema que su padre escribió hace ya más de medio siglo no tuvo nada que ver con el toreo. Se inspiró en la soledad que el joven novillero sentía al pensar en la amada mujer que había dejado atrás en México al viajar a España, para allí buscar oportunidades de realizar su sueño de ser figura del toreo. Fue en esa época cuando el torero-poeta y yo toreamos juntos una novillada en Francia.

      Su aventura poética quizás hubiera concluido con esos versos románticos de un  ardiente enamorado, pues pasaron muchos años antes que Manolo Loera encontrara el tiempo y la inspiración para escribir poemas. El tener que rehacer una vida y criar una prole de diez hijos no deja mucho tiempo para poesía. Sin embargo, hace una veintena de años, ya establecido en su rancho como ganadero, cuando bajo las estrellas en noches de luna llena contemplaba la majestuosa belleza del toro bravo en el campo, de nuevo encontró la inspiración para reanudar su aventura poética. El resultado fue Corrida de Covadonga, su primer poema taurino, y desde entonces hasta el presente el poeta no ha parado de explicar el toreo con sus expresivos versos.

      Como puede comprobarse en los títulos de los poemas enumerados en el índice de TARDE DE TOROS, no existe un asunto relacionado con el toreo para el que Manolo Loera no haya encontrado un hueco en su extensa obra poética. El canta la majestad del  toro de casta en el campo y su fiereza en la plaza; elogia la gallardía y gestas de toreros, tanto de diestros famosos como de los menos relumbrantes subalternos, o de otros protagonistas que como, por ejemplo, los médicos de plaza juegan un papel importante en la fiesta. Además relata románticamente sus vivencias, corridas que presenció o imaginó, festejos que toreó, lugares que conoció, e incluso halla poesía en objetos, actividades y organizaciones taurinas en las que parecería no haberla.

      La poesía de Loera es sencilla y directa, exponiendo conceptos claros con un léxico popular rico en terminología taurina. Como ejemplos bastan citar las referencias al toro bravo en el poema El Rey de la fiesta: “A ti, toro de casta, /que con tu bravura nobleza y arrogancia das vida a ésta fiesta”; o al personal médico en Los médicos de plaza: “Más entonces aparece la divina providencia/vestida toda de blanco”.

      Fue esta expresiva y bella sencillez poética, la que también el lector encontrará en las páginas de TARDES DE TOROS, lo que me motivó para añadir el poema

      El origen del toreo de Manolo Loera López al artículo que aparece en mi página Web sobre las divergentes e inconclusas teorías del origen del toreo. El poeta inspiradamente concluye que el origen es divino:

                   Esta es mi humilde opinión
                  del Origen del Toreo,
                  en una forma sencilla
                  para que tantos estudios y tantas explicaciones.
                  Si es una fiesta tan bella,
                  que el Señor mandó del cielo,
                  llena de arte y de luz,
                  impregnada de valor
                  y de grandes emociones...

    Pongo punto final a estas memorias dejándoles con estos cuatro poemas publicados en TARDES DE TOROS para que disfruten con las escenas del mundo del toreo tales como líricamente las percibe el poeta Manolo Loera López, el hombre que con otro nombre, junto a mí, hace más de medio siglo, en una escena poco poética, se enfrentó con reses bravas  en una jaula de leones instalada en el Vélodrome D’hiver de la ciudad francesa de Saint Etienne.

                        

        Muestras poéticas de Manolo Loera López publicadas en TARDE DE TOROS*

                  Tarde de toros

                  ¡Domingo, tarde de toros!
                  la plaza monumental
                  el público desfilando
                  rumbo a su localidad,
                  es un cartel de tronío,
                  es algo sensacional.

                  Hermosa tarde torera,
                  el sol brillando ya está,
                  no hace viento,
                  no hace frío
                  y la faena vendrá.

                  ¡Venga estruendo de platillos!
                  castañuelas y metales,
                  y que la plaza se adorne
                  con la alegría de los cielos.
                  ¡Y que suene el paso doble!

                  En el patio de cuadrillas
                  los matadores están,
                  junto con sus subalternos
                  esperando el gran momento
                  ¡En que el clarín sonará!

                  ¡Ay que momentos de angustia!
                  que largo se hace esperar
                  sabiendo que en los toriles
                  la muerte, tal vez está.

                  Suenan por fin los clarines
                  la hora ha llegado ya;
                  al frente el alguacilillo,
                  los matadores detrás
                  subalternos, monosabios
                  y también los mulilleros
                  formando el despeje van.

                  ¡Que solemne es el paseo
                  su belleza es singular
                  es el desfile del miedo
                  que vestido de oro y seda,
                  ¡A buscar la gloria va!

                  Fiesta de grandes contrastes,
                  pues junto al miedo esta el arte,
                  junto al arte, esta el valor;
                  ¡Y ahí en el centro del ruedo
                  frente a frente están los dos!

                  Explota el miedo del hombre
                  y de la fiera el furor;
                  rápido embiste la fiera
                  surge entonces el valor
                  y nace el arte taurino
                  ¡Con su mágico esplendor!

                   Tabaco y toros

                  Tiempos de mi juventud,
                  qué recuerdos más hermosos;
                  en la Plaza del Toreo
                  de la colonia Condesa.

                  Vi llegar a los toreros,
                  en carros descubiertos,
                  era un momento solemne,
                  luciendo tan lindos ternos,
                  el sol los hacía brillar;
                  parecían de color luceros.

                  Se palpaba hermoso ambiente…
                  ¡Olía a tabaco y toros!;
                  se reanudaba el convenio
                  **.

                  Qué alegría y colorido,
                  el sombrero de carrete
                  volaba por los tendidos,
                  y al cinco para las cuatro
                  la banda ejecutaba
                  hermoso paso doble torero…

                  Sonaron los clarines
                  y se inició el paseillo,
                  volaron blancas palomas,
                  serpentinas y confeti de colores

                  Hermosa fiesta torera
                  la que allí se celebraba,
                  eran dos pueblos hermanos
                  que en el ruedo se abrazaban.

                  Las mujeres, al ruedo arrojaban
                  lindas rosas mexicanas,
                  rojos claveles de España.

                  Qué recuerdo más hermoso
                  quedó gravado en mi alma…

                  Bellos vestidos toreros,
                  el carrete volando por los tendidos,
                  lindas flores mexicanas,
                  rojos claveles de España…

                  ¡Olor a tabaco y toros!

                  Ponciano, Mariano y Atenco

                  Querido amigo mío,
                  te voy a contar por qué
                  escribo estas letras.

                  Ayer estuve en Atenco,
                  acompañando al gran Mariano Ramos
                  y vimos la faena de embarcar
                  nueve toritos bravos.

                  Mi mente voló a través del tiempo,
                  cerré mis ojos…
                  pude ver al gran Ponciano Díaz,
                  nacido en ésta hacienda,
                  realizando sus labores en el campo,
                  practicar el arte del toreo
                  y también la charrería.

                  Fue torero charro muy famoso,
                  figura de su tiempo.
                  Abrí mis ojos…
                  volví a la realidad
                  y vi sentado junto a mí
                  al gran Mariano Ramos;
                  cosas hermosas de la vida,
                  también charro torero,
                  artista colosal, gente sencilla,
                  figura de su tiempo.

                  Volví a cerrar mis ojos…
                  dejé volar mi mente
                  a través del tiempo y el espacio
                  y asistí al cartel más maravilloso de mi vida…

                  En la plaza de toros de la historia,
                  en el ruedo maravilloso de la fantasía:
                  "6 TOROS DE LA FAMOSA GANADERIA
                  DE ATENCO." PARA "PONCIANO DIAZ" Y "MARIANO RAMOS 6"

                  Fue así que escribí estas letras:
                  Ponciano Díaz, gran charro torero,
                  famoso mexicano;
                  nació en Atenco
                  y el campo fue su escuela.

                  El toro bravo y el paisaje,
                  su inspiración charra y torera;
                  como Colón, cruzó los mares
                  en busca de la gloria y de la fama.

                  España se admiró de ver
                  un torero con bigote,
                  más a él no le importó
                  y ante la admiración del pueblo
                  y toreros españoles,
                  demostró su arte de charro
                  y torero mexicano.

                  ¡Banderilló montado a pelo y a dos manos!,
                  pero el tiempo pasa inexorable
                  y el mundo acumula calendarios…

                  ¡Surge el gran Mariano Ramos!,
                  el lienzo charro de la Viga
                  el escenario;
                  y siendo casi un niño,
                  charro completo lo consagra.

                  Teniendo la ilusión por ser torero
                  traspone las fronteras del lienzo de la Viga
                  y pasa a las ganaderías de toros bravos.

                  ¡Nace el gran torero!
                  la plaza "México",
                  fantástico escenario,
                  se le entrega en sus grandes faenasy el pueblo con sus gritos de:
                  ¡torero, torero, torero!
                  lo consagra.

                  Quedando en letras de oro
                  grabados, los nombres
                  de "Ponciano Díaz" y de "Mariano Ramos"

                  Dos épocas distintas,
                  dos grandes mexicanos,
                  unidos en una misma historia,
                  salen en hombros de los aficionados
                  por la puerta maravillosa de la gloria.

                  El rey de la fiesta

                  A ti, toro de casta,
                  que con tu bravura nobleza y arrogancia
                  das vida a ésta fiesta,
                  de arte, valor y elegancia.

                  Tu sacrificas todo
                  en aras de la fiesta brava;
                  tu matador recibe la gloria,
                  la fama y el dinero;
                  y tú, a cambio de tu muerte
                  un arrastre lento, o cuando mucho,

                  Eres el alma misma de la fiesta,
                  naciste para inmortalizar el arte verdadero,
                  bárbaro y bello,
                  los pintores se inspiran en tu sangre;
                  y en tu casta y nobleza, los toreros.

                  El público ve en ti
                  al enemigo del torero
                  y se emociona llegando hasta el delirio,
                  cuando el diestro te burla
                  con un templado lance
                  muy sencillo y de suave movimiento.

                  El picador se ensaña en tu morrillo
                  y hace que tu sangre brote a borbotones,
                  acortando tu vida...
                  y surgen las pasiones:
                  ¡Asesino!, ¡Ratero!, ¡Sinvergüenza!,

                  Más esos gritos callan,
                  con la presencia del banderillero;
                  el hombre te cita
                  sosteniendo en sus manos
                  un par de palitroques,
                  tú acometes con furia
                  y él, con técnica y arte,
                  burla tu embestida
                  clavando en tu morrillo,
                  lacerado y sangrante,
                  el par de banderillas
                  de hermoso colorido.

                  Los clarines suenan en lo alto de la plaza
                  reclamando tu muerte;
                  el diestro brinda la faena al pueblo entero,
                  te cita valiente, decidido,
                  tú acometes con furia,
                  vendiendo caro tu destino,
                  y te burla con arte, con gracia y con salero.

                  Los ¡Oles! y las ovaciones
                  son presagio de muerte,
                  ¡Y viene la estocada! 

                  Mueres seis veces cada tarde,
                  ¡Más eres inmortal, rey de la fiesta!

        *Libro: TARDE DE TOROS por Manuel Loera López. Prólogo de Mario Carrión. Ediciones Arlequín.  México, 2007

        **Convenio. Acuerdo entre las asociaciones profesionales de toreros mexicanos y españoles que
        regula el intercambio profesional. En ocasiones el convenio se rompía para luego de nuevo volver
        a ponerse en efecto
        .

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