|
|
VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO: |
|
En VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO: NOVILLERO CON PICADORES, PRIMERA ETAPA 1952-3, TRIUNFOS Y CORNADAS relaté como durante esa etapa de mi vida profesional comencé a sentirme a estar en la gloria después de abrir la Puerta Grande de las Ventas en septiembre del 1952, y como inicié la siguiente temporada con considerables triunfos cuando la desgracia se cebó conmigo en la forma de cuatro cornadas consecutivas en apenas unos cuarentas días, las que me afectaron física y síquicamente. Completaba las memorias aludiendo a como entraba Año Nuevo 1954 confrontando un futuro taurino dudoso y difícil pero, como al mismo tiempo, siguiendo mi propia prescripción sicológica y con el apoyo del calor de mi familia, había recuperado el ánimo y estaba preparado para afrontar con paciencia, tesón y confianza los escollos que se presentaran en la temporada del 2004.
En este nuevo capítulo de mis vivencias rememoro mis andanzas taurinas que van desde que a partir de enero del 1954, cuando afrontaba un oscuro porvenir como torero, como un Ave Fénix taurina, comencé a resurgir de mis propias cenizas con considerable triunfos, hasta que me despedí de novillero en Sevilla el 24 de mayo del 1955, para tomar una triunfal alternativa seis días después en Cáceres.
Durante el invierno 1953-4 aprendí una lección básica aplicada a la vida de un torero, pues pude comprobar que ‘los amigos y partidarios del torero’ cambian en el trato dependiendo en el éxito de ‘su torero’. Noté que algunas personas, que unos meses antes me mimaban, ahora me trataban con cierta indiferencia o simplemente me ignoraban. Al mismo tiempo, en esos momentos bajos, descubrí también quienes eran los amigos y partidarios reales, como lo fue para mí el ganadero madrileño Emilio Arroyo quien, desde que yo era un simple aspirante a torero, me había ayudado, y entonces desinteresadamente continuó brindándome su apoyo.
Emilio Arroyó seguía creyendo en mí y, como
en los años anteriores, me tuvo como invitado en su finca de Moraleja (Cáceres)
desde febrero hasta que comencé la temporada en junio, dándome oportunidades
para tentar sus vacas y otras de sus amigos ganaderos, e incluso toreé un par
de sus toros a puerta cerrada. Allí llevé una vida espartana en el campo y en
un par de meses me puse fuerte como un toro y me encontré de nuevo a mí mismo
como torero. Ni siquiera me acordaba del dichoso traje de cordoncillos negros,
ni de que, según el semanario TORERIAS,
yo había batido “el récord de la fatalidad torera".
Con Manolo Martín Vázquez, mi apoderado, no
había tenido comunicación desde que yo había vuelto a la Macarena al concluir
mi campaña del 1953. Pero un día de enero del nuevo año Manolo se presentó en Sevilla para ver a su madre
y, como hizo hacía cuatro años, se presentó en mi casa a renovar el contrato, ya que quería
seguir apoderándome. Cualquier duda que yo tuviera sobre su administración se
me disipaba en esos momentos, pues creía que entonces yo no tuviera muchas
oportunidades para que alguien importante me apoderase. El que mi primo me
firmara un contrato por cuatro años me daba la impresión que era causado no
solamente porque él confiara en mí como torero, sino también porque él no
quería fracasar como apoderado, si yo
saliera adelante con otra persona. Además, que yo supiera, a él no lo buscaba
nadie para que lo apoderada. No obstante, especulé que tarde o temprano me buscaría
una oportunidad para torear, y entonces yo la aprovecharía, jugándome el todo
por el todo. Así que firmamos un contrato de apoderamiento por cuatro años y él
con su copia regresó a sus labores en su finca de Jaén, en donde estaría hasta
abril. Yo me fui para Extremadura para continuar mi larga espera
para torear de nuevo en público. Esto no sucedería hasta ya entrada la
temporada cuando el 17 de junio en Daimiel (Ciudad Real) toreé mi primer
festejo de la temporada del 1954.
Por fin llegó el
momento de enfundarme de nuevo el traje de luces para hacer el paseíllo en
Daimiel. Los novillos eran de Frías Hermanos y alternaba con dos novilleros
apenas conocidos, Teodoro Muñoz y Juanito Coello. Esa tarde no solamente
triunfé con el corte de cuatro trofeos, sino que me encontré fácil y puesto,
como si hubiera estado toreando todos los dias. Los periódicos del día 18
hacían eco de mi actuación de manera similar a la reseña que apareció en el YA de Madrid:
TRIUNFO DE CARRION. Daimiel
17.---Novillos de Frías. Mario Carrión faena valiente a su primero, pinchazo y
estocada (Oreja y vuelta.) En su segundo gran faena y estocada. (Dos orejas,
rabo y petición de pata.)
La repercusión
de este éxito no se hizo esperar, pues diez días después me vi anunciado en
Zaragoza, en donde el año anterior había tenido actuaciones notables, en una
novillada de categoría junto a “Chamaco”,
el torero más populista del momento,
y toreando un encierro de José Benitez Cubero, una de a las ganaderías más
apetecidas de entonces. Completaba el cartel Manolo Zerpa, quien hacía el debut
en esa plaza maña. Me extrañaba la conducta de “Chamaco” en la plaza. El
parecía estar continuamente en un trance, que no creo era natural en él sino
para perpetuar su imagen pública creada por él. Cuando le saludé antes de hacer
el paseíllo, bajó la cabeza descortésmente ignorando mi saludo. En el ruedo no se
comunicaba con sus compañeros escondiéndose detrás del enorme capote que lo
usaba como un telón. Actué con él en varias novilladas más, y lo único que le
oí emitir fueron monosílabos. Menos mal que con los novillos se arrimaba como
un león y entusiasmaba al personal con un toreo tremendista. Lo más importante
era que llenaba las plazas y en ese momento era el mandón de la novillería. Esa
tarde el único que cortó una oreja fue el debutante. “Chamaco” dio una vuelta
al ruedo al completar su última faena y yo di una al rematar cada uno de mis
utreros, estropeando un mayor triunfo por pinchar. De todas maneras reafirmé el
buen cartel con que contaba en esa plaza, como muestra esta parte de la crítica
que se publicó en el HERALDO DE ARAGON:
Como
primer espada figuraba Mario Carrión, que en la pasada temporada sufrió una
grave cogida. Frenaba el percance una lucida marcha del familiar de los Martín
Vázquez. El domingo Mario Carrión se mostró tal cual era entonces. Buen artista
con el capote, que maneja con suavidad y temple lo mismo en los lances a la
verónica que en los de adorno, por lo que escuchó repetidas ovaciones en sus
novillos y en los de los otros. Las dos faenas de muleta tuvieron el mismo
corte: buen mando, buen giro de la franela roja para llevar al toro embebido en
naturales de ambas manos, después de fijarlo suavemente por ayudados por bajo.
Y en las dos faenas ovaciones y música. Faenas de éxito y de corte de orejas,
si con la espada hubiera tenido Mario Carrión la misma habilidad que con el capote
y la muleta...[el premio] se quedó en ovaciones y vuelta al ruedo, lo que
hubiérase traducido en corte de orejas. Pero de todos modos, Mario Carrión,
al que
como a todos molestó el fuerte viento, ha demostrado que vuelve a la
circulación tan excelente torero como antes de su percance y de enfermedades
posteriores.
El día primero de junio hice mi debut en Barcelona, acompañando a “Chamaco” en el cartel, y uso el término acompañando, pues Barcelona entonces padecía de una fiebre chamaquista, y se llegaban a dar tres o cuatro novilladas a la semana con él como única atracción. A tal punto llegó el interés por el novillero onubense, que en la misma plaza, antes que se terminara el festejo por el altoparlante se anunciaba que “Chamaco” torearía tal o cual día con “dos más”. Pues esa tarde, con un mal lote de Lemamié de Clairac, yo me quedé como uno de esos dos más y, al igual que Victoriano Valencia, solamente pude estar voluntarioso, siendo aplaudido, y dejando toda la gloria para el onubense, de quien anunciaron al final del festejo que torearía dos días después con “otros dos más”. Era humillante oír ese anuncio para los que teníamos afición y ambición como Victoriano y yo.
Como mencioné al principio de estas memorias me encontraba con confianza en mí mismo, y en vez de conmiserarme por la falta de orejas, como hubiera hecho antes, en el coche de vuelta a Madrid, analizando y conversando con mi cuadrilla me di cuenta que nada diferente hubiera podido hacer para mejorar mi actuación en la urbe catalana. Entonces, me dije filosóficamente “otra vez será”.
Aquí quiero dedicar unas palabras a dos nuevos componentes de mi cuadrilla: Faustino Vigiola “Torquito” y Manuel
Muñiz.
Faustino”, como su hermano Serafín,
había sido un fino matador vasco que, al no acompañarle la suerte, se
había hecho banderillero hacia bastante tiempo. Estaba ya entrado en años y en
el ocaso de su carrera, y algo falto de facultades físicas, las que suplía con
un gran concepto de la lidia y una muñeca maravillosa que le hacia acariciar a
los toros con temple. Se convirtió en mi banderillero de confianza desde ese
año hasta que toreé mi última corrida en España. Apreciaba sus sabios consejos
tanto en la plaza como fuera de ella, los que me daba discretamente. Era un
caballero a quien siempre recordaré con admiración y cariño. Otro hombre
sincero, discreto y bondadoso era el joven picador Manuel Muñiz quien también,
primero solo y luego con su hermano Francisco, fue miembro de mi cuadrilla. Lo
mismo el maestro “Torquito” como Muñíz, a parte de actuar como mi banderillero y
mi picador, respectivamente, fueron grandes amigos y compañeros míos
La misma actitud de seguridad me hizo no
desesperarme al saber que después de haber toreado en Barcelonat no tenía
otra novillada firmada en
ese mes de junio. Entonces, supe que pronto se iba a ser realidad lo que soñaba
desde que me vestí por primera vez de torero, el hacer el paseíllo por el
amarillento albero de la Maestranza. Manolo, mi apoderado, me sorprendió
comunicándome que tenía una oferta de la empresa de Sevilla para que yo
debutara en la Maestranza el 4 de
julio. Pero había un gran pero, mi ansiado debut tendría que ser sustituyendo a
un torero herido. Me pareció casi un insulto la proposición de tener que
presentarme ante mis paisanos entrando en un cartel de rebote, pero le dije a
mi primo “di que sí, sí, sí, sí y más que sí, al menos que tengas una mejor
oferta concreta para otra fecha”. Obviamente no la tenía, pues me vi anunciado
para actuar en Sevilla ese día.
Unos días antes del festejo me fui a Sevilla
para estar con mi familia. Allí vi mi nombre de una manera prominente anunciado
en los renovados carteles “¡Gran novillada! PRESENTACION del famoso novillero, triunfador de la
temporada MARIO CARRION”. Que
alegría de verme anunciado, y al mismo tiempo me ponía de mala leche al pensar
en haber tenido que
esperar dos años, y tener sonados triunfos, para poder
torear en mi patria chica, y todavía tener que hacerlo sustituyendo a alguien
con menor cartel que yo. La mala leche no me duró mucho pues los resultados de
mi actuación endulzaron ese amargo sabor.
Hay cosas internas en el toreo, que aunque uno tiene conciencia de ellas no se para a pensarlas. Cuando mis primos toreaban en Sevilla, yo siempre esperaba que me regalaran entradas, y también observaba que cuando íbamos juntos caminando por el barrio conocidos y extraños les pedían entradas gratis, luego ellos se quejaban privadamente del abuso. Entonces, veía eso como algo natural, sin saber que esas entradas no eran de cortesía, sino por el contrario a ellos la empresa les descontaban de sus sueldos el valor de las entradas regaladas. Pues bien, en esos días antes de mi debut en la Maestranza me tocó a mí estar en el campo de regalar entradas, en vez de recibirlas. Las peticiones se multiplicaban hasta tal punto que era difícil salir de casa sin tener que prometer a bastantes conocidos que el mozo de espadas tendría entradas para ellos un par de días antes del festejo. Lo peor era que, como uno no podía recordar todas las promesas ni satisfacer todas las peticiones, cuando los solicitantes le veían a uno por el barrio después del festejo algunos tenían la desfachatez de quejarse vociferantemente por no haberlas recibido o por haber recibido una entrada de sol en vez de una de sombra. En todas las partes siempre había que regalar algunas entradas por cortesía, pero cuando se toreaba en casa, el asunto se desmadraba llegando a ser los regalos un gasto bastante considerable.
Para evitar las molestias y no preocupar a mi familia, siguiendo la tradición de los Martin Vázquez y de otros toreros, me hospedaba el día del festejo en el céntrico Hotel Inglaterra cuando toreaba en Sevilla, para allí vestirme de torero y esperar tranquilo la hora de la corrida.
Hace poco, cuando estaba con mi hermana Mari-Carmen en Sevilla, ella que bromea mucho conmigo, riéndose me decía “niño, no te lo ceerías si supieras lo que mamá y yo, aunque entonces yo era todavía una niña, rezábamos por tí mientras tú disfrutabas jugando con los toros y a lo mejor flirteando con las espectadoras”. Entonces, ella me recordó otra antigua tradición torera que se seguía en mi casa cada vez que yo toreaba. La entrada de la casa tenía un portón que durante el día permanecía abierto y la cancela que permanecía cerrada. Sin embargo, en los días de mis actuaciones desde la hora en que empezaba el festejo el portón exterior permanecía entornado hasta que se tenían noticias del resultado de mi actuación, cuando se abría. Era como una señal para que nadie molestara. Mientras tanto mi madre y mis hermana permanecía rezando por mi salud a todos los santos y vírgenes del cielo delante del altarcito que montaban para la ocasión. Mi padre probablemente se distraería leyendo durante ese tiempo, pues entonces para muchos hombres eso de rezar en casa era cosa de mujeres.
Mi presentación ante mis paisanos me dejó satisfecho, pues estuve tranquilo y a gusto en la plaza cortando un apéndice y siendo llevado en hombros hasta el hotel, que no estaba muy lejos del coso. Esto se leía en el ABC de Andalucia:
Señalado éxito del sevillano Mario Carrión en su presentación en la Maestranza.
Gracias a ello [La ausencia de Corpas a
quien yo estaba sustituyendo] el público pudo comprobar y admirar la clase
de un 
torero---Mario Carrión---llamado, en un futuro muy inmediato a figurar en
la línea de vanguardia... Las reses del señor Prieto de la Cal...fueron de mal
estilo ,broncas, a la defensiva, con súbitas arrancadas, coladas por ambos
lados, dispuestas siempre a cobrar pieza en el peligroso derrote... Si esto
supone, evidentemente, un serio obstáculo para la exhibición artística, es por
lo mismo, motivo de realce cuando el éxito se logra. Esto es, ni más o menos,
lo que ocurrió con el sevillano Mario Carrión, que por vez primera se sometía a
un examen de la cátedra del Baratillo. El tema fue difícil, pero el opositor lo
desarrolló con absoluto dominio. De aquí que el público saliera de la plaza con
el pleno convencimiento de que se hallaba en presencia de un torero...La
intuición y el conocimiento del aficionado se planteó enseguida una ecuación
simple. Si Mario es un buen torero con ganado difícil ¿qué será con la res
boyante?. Esta es la insumergible impresión que quedó en el ambiente. Mario es
un torero que tiene valor. No se arredra. Lo demostró en el terreno que pisó y
que no cedió a sus difíciles enemigos. Que es artista, lo puso de manifiesto en
el estilo del manejo de la capa y la muleta, en que hay gracia, suavidad y
gallardía. Y que es inteligente quedó patentado al darse inmediata cuenta de
los resabios de sus reses, esquivándolos para tomarlas por otro lado...Al
primero lo trasteó tranquilo, sin perderle la cara, haciéndole doblar bien.
Faena de mucha emoción, con el ¡ay! constante por inminencia de cogida y la
bravura de los pases de pecho. Labor de porfía valerosa, rematada con cuatro
pinchazos y rubricada con palmas al diestro y pitos al toro.
En el quinto, con grandes defensas y colándose
por ambos lados, Mario brindó a la plaza y logró una gran faena. Para eso se
brinda. Una fase previa eficaz...Ya hecho con la res, Mario Carrión a dos dedos
de los pitones, clavados los pies en la arena, desgranó una variada teoría de
pases excelentes. Redondos, de pecho, naturales por bajos, afarolados,
molinetes, parones, todo con suavidad y arte. Las ovaciones se continuaron unas
con otras. Tocó la música. Y cuando la res cuadró, no obstante de la res tener
la cabeza alta, Mario entró sediento de triunfo, clavando todo el estoque en el
morrillo. Le fue concedida la oreja y, mostrándola dio la vuelta al ruedo,
doblándose los aplausos al recoger la montera del centro de la plaza. Así
debutó Mario Carrión en su tierra.
Después de asearme y reponer fuerzas en hotel
regresé a mi casa en la Macarena, en donde ya había familiares, amigos y
vecinos felicitando a mi mi familia por mi éxito. Le dije a mi padre “Papá,
¿habrás gozado viéndome triunfar en nuestra tierra? Me contestó tímidamente
“Hijo mío, no te vi, me lo han contado”. Esto es lo que este asunto tiene de
anécdota. Resultaba que mi padre , quien nunca me había visto torear vestido de
luces, se animó y fue a la plaza acompañado de mi hermano Manolo, e incluso se pasó por el patio de cuadrilla
para darme un beso y desearme suerte cuando yo me estaba liando el capote de
paseo. Entonces, se despidió de mí diciéndome que se iba a ocupar su asiento en
el tendido. Por lo visto no se atrevió a presenciar a su querido hijo burlando el peligro, por lo que ni me vio
torear ese día ni nunca lo haría. Esto sorprendía, especialmente viniendo de un
valiente militar condecorado y herido en dos guerras.
Repetí en mi tierra el 18 de julio y el desenlace en esa ocasión fue descorazonador para mí, pues mientras que hacia el paseíllo tenía la certeza de que de nuevo, a poco que me embistieran mis toros, haría meritos para salir a hombros de la plaza de nuevo, especialmente a sabiendas de que los novillos llevaban el hierro de la prestigiosa ganadería santacolomeña de Joaquín Buendía. No sería así, pues, sin excepción, los novillo salieron, como muchas de las reses actuales, sin fuerzas, cayéndose a menudo y sin trasmitir un gramo de emoción. Por lo tanto, el público, con razón justificada no le dio importancia a lo que Jiménez Torres, el venezolano César Faraco y yo, los componentes del cartel, les hacíamos a los débiles utreros, aunque si apreció nuestra voluntad con corteses aplausos. No me hubiera gustado estar en el tendido esa tarde, pues aquello era el colmo del aburrimiento y para mi en el ruedo fue el colmo de la desilusión. La parte positiva era que aparentemente conservé mi buen cartel, pues la empresa en marzo del 1955 firmó dos novilladas a mi apoderado, a más dinero que querían pagar, una para la Feria de Abril y otra para despedirme de mis paisanos como novillero.
Entre esas dos actuaciones en la Maestranza el
11 de junio actué de nuevo en Zaragoza, en donde consolidé el cartel ganado en
mis tres buenas actuaciones anteriores, pero esta vez con corte de oreja, pues
la espada no me falló, como antes me había fallado en esa plaza. La terna de
los novilleros era la misma que en la del 27 de mayo, pero lidiando reses de
diferente ganadería. El titular de EL
RUEDO
resume de esta manera lo que sucedió en el ruedo aragonés:
NOVILLADA
EN ZARAGOZA. Toros de CONCHA Y SIERRA para CARRION, ZERPA Y CHAMACO. Carrión cortó una oreja, Zerpa pasó a la enfermería y Chamaco fue
ovacionado.
Después de mi segunda actuación en Sevilla
me quedaba dar la cara en Madrid para demostrar que después de mis cornadas del
año pasado, lo bueno que se estaba leyendo o oyendo decir de mis actuaciones en
esta temporada era
verdad, y no un decir de la prensa. En realidad, cuando mi
apoderado me comunicó que el primero de agosto volvería a Madrid, el anuncio no
me quitó el sueño, pues en la capital a diferencia de Sevilla, contaba con
muchos amigos y partidarios. Sentía una gran paz, y naturalmente cierta preocupación,
pues aunque estaba dispuesto a jugarme mi ser, si salieran novillos como los
que me salieron en mi segunda aparición en Sevilla, con ellos aunque te dejes
matar hay poco que se puede hacer, ya que los jodidos animales dan la falsa
impresión al público de no tener peligro.
Pero no seria ese el caso, pues esa tarde
madrileña salieron unos utreros con garras de José Tomás Frías con las
necesarias dificultades para que tuviera mérito la valerosa labor de los
toreros. El cartel lo componíamos Miguel Montenegro, el malagueño Manolo
Segura, que hacia su presentación, y yo. La novillada fue triunfal, no
triunfalista, Montenegro dio una vuelta al ruedo, Segura cortó dos orejas a un
novillo y yo corté una oreja a mis dos utreros. El malagueño abrió la Puerta
Grande por primera vez y yo por segunda.
La primera vez que lo logré en el 1952 el
hecho me impactó de una manera general, pues sabía la repercusión que eso
podría tener en mi carrera pero, en realidad, me figuraba que había hecho casi
todo bien, pero no era capaz de recordar los detalles de mi actuación, era
demasiado novato para ello. El reenfuerzo exterior me ayudaba a comprender la
importancia de esa salida en hombros. En cambio, en esta ocasión saboreé cada
minuto del suceso, habiéndome sentido torero desde que paré a mi primer novillo
hasta que completé un buen quite al último novillo de Segura. Sin falsa
modestia puedo decir ahora que entonces
me sentía consciente del mérito de lo que había realizado y no necesitaba
que otros me lo dijeran, y cuando al terminar la función me alzaron en hombros
no me sorprendió, porque sentía que esa salida había sido ganada a pulso.
Delante de mí tengo mi álbum del 1954 recopilado por mi padre con las crónicas
de esa tarde y me es difícil escoger la que mejor me juzgaba. Aquí va parte de
lo que se publicó en EL RUEDO:

En esta época de fenómenos---muy apreciables
sin dudas---extraña ver en el ruedo jóvenes vestidos de luces que no son mas
que toreros, pero toreros en toda la extensión de la palabra. Esto de no querer
ser más que torero...es ambición que solo comprenden quienes llevan muy metidos
en las venas ese delicioso veneno que
es la autentica y desatada afición. A fenómenos puede aspirar todo el mundo,
pues para aspirar a serlo basta con ser ambicioso y tener valor; a torero
aspiran solo los que torean, y solo llegan los que tienen valor, afición,
gracia, arte y una suma de conocimientos dificilísima de conseguir. Mario
Carrión es torero en toda las acepciones que la palabra pueda tener; pero singularmente
a la que hace referencia concreta, exacta y total a la finura, a la alada
gracia del toreo que es puro juego de facetas artísticas; a ese suave perfume,
a ese misterioso sabor que únicamente la solera selecta puede proporcionar...
Carrión no es más que eso torero.
El domingo toreó el sevillano el lote menos grato. El primero era bueno; pero embestía descompuesto porque una banderilla muy mal colocada le hacía cabecear repetidamente. El cuarto hizo cosa de poco bravo. Por fortuna para los espectadores el lote cayó en manos de Mario Carrión
Lo mejor que se hizo con el capote Mario se lo
apuntó. Lances largos, suaves, mandones...lances pintureros y alegre además. En
sus novillos, y en quites, los aplausos más fuertes, en justicia, fueron para Carrión.
La faena que cuajó, prodiga en naturales, fue hecha bajo el signo del valor. El
sevillano
anda ahora muy decidido y si continua así, será difícil que no
triunfe siempre que toreé. Fue muy alegre y emotiva esa faena
al primero, y
como mató el mozo de una entera, cortó una oreja y dio la vuelta al ruedo.
El cuarto salió suelto de los cuatro encuentros que tuvo con las plazas montadas. El bicho no era bravo, pero Carrión como a bravo lo toreó. Eso de torear un astado soso y nada codicioso como a un bicho de bandera solo pueden hacerlo los grandes toreros. Y Carrión lo hizo. Más de treinta muletazos, con la derecha unas veces, con la izquierda otras, por alto o por bajo...Una gran faena, coronada por un estoconazo a un tiempo que fue premiado con otra oreja y nueva vuelta al ruedo. Ahí queda el nombre de Mario Carrión en alto.
Volvería a actuar en la Ventas el 22 de agosto pero antes toreé tres festejos mixtos en Portugal y dos novilladas en Andalucía.
Comencé la gira actuando con mucho éxito en la novillada de la Feria de las Colombinas en Huelva el 5 de agosto. Formamos el cartel Victoriano Roger “Valencia”, el mexicano Alfredo Lezama y yo lidiando una buena novillada de Felipe Bartolomé. Los tres espadas tuvimos exitosas actuaciones cortándoles las orejas a un novillo y yo, además, di una vuelta al ruedo en el otro. Los tres abandonamos el ruedo en hombros.
Al día siguiente
de Huelva pasamos a Portugal para actuar en tres festejos en ese país hermano:
el día 8 en Figueira Da Foz, el 10 en Beja y el 15 en Caldas de Rainha. Como es
sabido en Portugal las corridas son mixtas y, por lo tanto, en esos tres
festejos actué junto a las grandes figuras del rejoneo portugués como Simao de
Veiga, Joao Branco Nuncio y Francisco Sepúlveda, los matadores lusos Paco Mendes y Antonio Dos Santos, y el novillero
español Juanito Bienvenida. En las tres corridas triunfé enfrentándome, no a
novillos, sino a toros cuajados los que,
aunque despuntados, al estar enteros sin picar había que estar en gran
forma física, para primero lidiarlos y dominarlos lo más posible, toreándolos
sobre las piernas, para hacerle luego
el toreo bueno, aunque no siempre con el temple con que se acaricia al ganado
picado lidiado en España. Sin cortar orejas, pues allí no se efectúa la suerte
suprema, gusté y di vueltas al ruedo en cinco de los seis astados que lidié.
Durante esa semana, aparte de haber disfrutado en el ruedo me dio tiempo para
hacer nuevos amigos y admirar ese bello país hermano al que volvería en las dos próximas temporadas.
Terminados esos compromisos, cruzamos la frontera por Ayamonte el día 16, vía Sevilla, y rumbo a Cazalla de la Sierra para torear allí el último festejo ante de presentarme de nuevo ante la afición madrileña. Dormí esa noche en mi casa sevillana para a la mañana siguiente seguir el viaje a Cazalla, que se halla cerca de la capital andaluza.
El martes 17 tendría otro éxito más en la novillada de la Feria de Cazalla, lo que me serviría para ir con la moral aun más alta a hacer el próximo paseíllo en las Ventas el domingo 22. En este pueblo toreé sustituyendo a Jaime Ostos. Para mí el sustituir a alguien me hacia pensar en la diferencia que un año hace, pues por esas fechas en la temporada anterior yo me moría de cólera sabiendo que en más de una veintena de novilladas alguien había toreado en mi lugar, mientras yo yacía herido en una cama en el Sanatorio de Toreros en Madrid. Mi sentimiento era ambivalente, pues aunque por un lado me entristecía que Ostos, en este caso, no pudiera actuar por estar herido, pero por otro lado egoístamente me alegraba de ser yo el que ocupara su puesto. En el toreo a menudo el mal de uno se refleja en el bien de otro.
Los novillos pertenecían a los Hermanos Quintanilla Vázquez y alternaban conmigo mi paisano y amigo el agitanado torero Antonio Gallardo y el onubense Manolo Zerpa. Este y yo obtuvimos trofeos y salimos a hombros. Este triunfo no tenia mayor importancia pues tuvo lugar en un pueblo, pero para mí tuvo un añadido valor, ya que muchos aficionados sevillanos habían venido a ver a Gallardo quien, aunque corto de valor, tenía la reputación de ser un torero de arte y pellizco, pero se encontraron conmigo.
Esa noche volví a dormir a mi casa en la
Macarena, y por la mañana mi familia y yo tuvimos el placer mientras desayunábamos de leer las buenas criticas
publicadas en los periódicos locales
que tenían titulares similares al que encabezaba la de EL
CORREO DE ANDALUCIA. Este decía en letras grandes, “Una gran tarde de
Mario Carrión que cortó una oreja en su
segundo. Manolo Zerpa y él salieron a hombros”.
El jueves al
anochecer, harto de comer arroz con leche me despedí de mis padres y hermanos.
Hago esta referencia a ese 
manjar blanco, porque este plato con mucha canela
era, y es, mi plato favorito, con el cual rompía mi dieta siempre que pasaba
por casa durante la temporada, pues mi madre me cocinaba una fuente que poco a
poco yo la vaciaba. Aun hoy cuando voy anualmente a pasar unos días con mi hermana
Mari-Carmen y mi cuñado Antonio Mihura duranate la Feria de Abril en Sevilla, mi hermana siempre me tiene
preparado una fuente de arroz con leche. La como con ganas, pero al mismo
tiempo que el dulce me satisface el paladar, el manjar me trae a la memoria el
recuerdo de mi madre, la que perdí víctima del cáncer cuando ella contaba
solamente 54 años de edad.
A mis padres, aunque trataban de ocultármelo, los notaba preocupados por mi pendiente actuación en Madrid, pues aunque no comentábamos mucho sobre los toros en casa, ellos estaban muy conscientes de la importancia que mi actuación en Madrid tenía parar mi carrera. Además, me conocían bien para saber a que yo iba como se dice en argot taurino “a por todas”, y eso creo les incrementaba la preocupación. Así que el adiós fue algo tenso. El jueves por la noche mi hermano Manolo y unos amigos me acompañaron a la estación de trenes, en donde tomaría el tren expreso para Madrid. Me gustaba, cuando era posible, viajar de noche en coche-cama para llegar descansado al lugar de destino. Entonces, el viaje de Sevilla- Madrid por tren o coche tardaba al menos ocho o nueve horas, cuando hoy toma poco más de dos horas viajando en el tren AVE.
Mi sorpresa en
Madrid era el saber que mi repetición y la de Manolo Segura, quienes juntos
habíamos abierto la Puerta
Grande, había causado que en el cenit del verano, el
22 de agosto, cuando una gran mayoría de los madrileños se hallaban respirando
el aire fresco de la sierra o tendidos en las arenas de las playas, en las taquillas se había puesto el
cartelito de “No hay billetes”. Otra cosa que me sorprendía era que mi
apoderado había conseguido que el cartel lo completara Ramón Barrera, un
novillero con más antigüedad que yo, por lo tanto yo no tenía que encabezar la
terna. El encierro era también de reconocida calidad, de Arturo Sánchez y
Sánchez de Salamanca. Ahora lo que hacía falta era que los novillos medio
embistieran y yo aprovechar la ocasión. Lo hice triunfando de nuevo ante mi
público, pero esta vez pagué un pequeño precio con sangre por el éxito, ya que
fui cogido por mi primer novillo al dar un pase de pecho cuando estaba cuajando
una gran faena.
Me mantuve en el ruedo hasta matar al novillo de una estocada, no pasando a la enfermería hasta después de dar la vuelta al ruedo con la oreja que me habían concedido, y que fue la única que se otorgó esa tarde. Así describía la herida el doctor Jiménez Guinea:
Mario Carrión sufre una
herida por asta de toro en el tercio
interior del muslo derecho, que en trayectoria vertical de diez centímetros
produce desgarros en los músculos semimembranosos
y semitendenosos. Pronóstico menos grave. Pasó al Sanatorio de Toreros sin
poder continuar la lidia.
Este sería mi último percance como novillero y la única vez que fui herido en una plaza de primera, y más que la herida, que no tenía importancia, me dolía el no haber podido enfrentarme con mi segundo novillo, del que luego supe que fue toreable, para redondear mi actuación con otra apertura de la Puerta Grande. Esta fue mi actuación de acuerdo con la crónica en

Sigue
en alza el “papel” de Mario Carrión. Está en su momento. Sobrado de valor y
arte ya que el capote ni la muleta tienen secretos para él. En una palabra,
apto para mayores empresas. Los primeros aplausos los escuchó al hacer un quite
por gaoneras en el que rompió plaza, modelo de quietud y garbo. Luego en el
primero de su turno, volvió a oír los halagos de las palmas al lancear a la
verónica y en quite primoroso. La faena a este novillo fue toda ella jaleada
por la elegancia y salero que puso en la labor. La inició con ambas rodillas en
tierra para pasarse el enemigo rozándole el corbatín en dos emocionantes pases,
que remata---de pie ya---con un soberano de pecho.
Enciende el entusiasmo en
los tendidos y vuelve con otro rodillazo y un cambiado de asombro. Cita con la
zurda, pero el burel no está claro por ese lado, por lo que pasa el trapo a la
diestra y dibuja cuatro redondos con el remate de un reluciente farol. Los olés
no cesan. Otra tanda igual que la anterior con adorno y, al ligar otro de pecho sale enganchado por
confiado y valiente. Como un jabato vuelve al novillo, al que le enjarreta una
pedresina superior y otro de pecho extraordinario. Dos maravillosos de la
firma, para cuadrar y entrar todo derecho y enterrar el estoque hasta la
guarnición. Se le concede la oreja, da la vuelta al ruedo entre aclamaciones y
después de saludar de nuevo pasa a la jurisdicción del doctor Jiménez Guinea...
Permanecí una semana en el Sanatorio de Toreros y reaparecí el 2 de septiembre en Daimiel (Ciudad Real) completamente restablecido tres días después de abandonar la clínica, El cartel lo encabezaba Angel Peralta, rejoneando solamente un novillo, al que le cortó las dos orejas y el rabo, y lo completaban Victoriano Roger “Valencia” y “Carriles”, quienes también obtuvieron trofeos, dos el primero y uno el segundo, y yo que corté tres orejas y un rabo. El rejoneador, “Valencia” y yo abrimos la Puerta Grande.
Para mí en
Daimiel los trofeos fueron lo de menos, pues esa tarde a mi segundo novillo, un
animal que hoy hubiera sido indultado,
le bordé la que creo habrá sido la faena más completa de mi vida, tanto que
lloraba como un niño chico de la emoción al dar una de las vueltas al ruedo.
Estaba emocionado por tres razones; una porque por primera vez en mi vida
torera me daba pena de haber tenido que matar a ese novillo, la otra que mi
primo y apoderado, que raramente, hasta ese 
momento, me había alabado mis
actuaciones y siempre “por mi bien” me criticaba cualquier pequeño defecto que
hubiera podido tener, al arrimarme a la barrera para entregar la muleta y la
espada a “Monterito”, mi fiel mozo de espada, me dijo, también con sus ojos
humedecidos y abrazándome “así como has toreado torean las grandes figuras del
toreo”; la tercera razón era que tanto ese novillo como los cinco restantes,
aunque se lidiaban todavía a nombre de los antiguos dueños Jordán de Urries, en
realidad pertenecían a mi padrino taurino y amigo Emilio Arroyo y yo los había
visto crecer ante mis ojos en la finca que Emilio tenia en Moraleja y, en
donde, como he apuntado anteriormente, yo pasaba los inviernos tentando,
entrenando. También, me satisfacía que
hubiera sido yo quien tres años antes
le recomendara a Arroyo que comprara esa ganadería cacereña de la que yo había
oído decir en Cáceres que se vendía por
apenas el precio de la carne. O sea, que en cierto modo mi gloria de esa tarde
y la del ganadero la compartimos mutuamente.
Mi alegría de ese día solamente se interrumpió por un pensamiento negativo, pues mientras me duchaba en el hotel después de la novillada, no pude evitar que mi mente se distrajera pensando en que era una pena que un novillo así no me hubiera salido en Madrid, en donde mis triunfos siempre habían sido con reses más o menos buenas, pero con las que había que pelearse.
A esta actuación le siguieron otras con los siguientes resultados:
Esta experiencia en Albacete me indujo a pensar en la psicología de la masa, bajo cuyo efecto la personalidad individual se ve afectada por la fiebre del grupo, y la bondad individual puede malograrse. En mis actuaciones durante diez años en los ruedos, he oído algunas protestas y he sido testigo de grandes broncas, pero afortunadamente nunca, ni antes ni después de lo relatado, he presenciado una conducta similar de la masa, en la cual por un momento verdaderamente temí más a un defraudado público que a las astas de mis novillos. Y esto no quiere decir nada negativo para Albacete ni para su gente, pues podría haber sucedido en cualquier parte.
Con respecto a la novillada de Albacete, hasta hoy creo, aunque mi apoderado lo negaba, que hubo trampa en el sorteo, pues la diferencia entre el volumen y el trapío de los lotes de Murillo y mío y el de “Chamaco” era enorme.
No sé cual sería la causa, pero la de Albacete fue la última novillada que toreé en septiembre. Esta pausa me provocó cierta desilusión, pues la hacía cuando me encontraba en mi mejor momento. Durante esos días una situación se desarrolló, la que fue una lástima que no hubiera tenido otro desenlace.
Me refiero a que hubo unas negociaciones con el empresario de las Ventas Livinio Stuyck para que yo toreara una novillada especial con novillos del Conde de la Corte ante que terminara la temporada, probablemente en un mano a mano con Pepe Ordóñez o con otro torero dinástico. Al no realizarse, le indiqué a mi primo que sería un golpe el que yo la toreara en solitario, pues me veía capacitado para ello. A él le pareció eso demasiado arriesgado. En cambio, yo pensaba que, para tener verdadera fuerza, tendría que hacer algo súper extraordinario, pues lo extraordinario no parecía ser suficiente para yo llegar a la cima. Este pensamiento negativo era causado porqué no me explicaba ese pequeño alto en el camino a final de septiembre al que me refería en el párrafo anterior. Nunca se me dio una explicación del porqué esa oferta no se realizó, y si hubo o no un malentendido con la empresa en las negociaciones. El caso fue que no toreé en Madrid esa temporada ni tampoco lo haría el año siguiente.
El 10 de octubre
cerré mi campaña 2004 actuando en la
novillada de la Feria del Pilar de Zaragoza, y la concluí en el mismo tono triunfal como la había
empezado en Daimiel en junio. Actuamos el catalán Joaquín Bernardó, a quien
también dos años más tarde le confirmaría su alternativa en Madrid, el aragonés
Antonio Palacio, y por delante actuaba mi amigo el rejoneador Bernardino
Landete, quien en 1955 formaría parte del cartel de mi alternativa y con quien
compartiría varios carteles en mis campañas americanas. Como ya he incluido
varias largas citas de la prensa relatando
algunas de mis faenas, abrevio incluyendo solamente la reseña del festejo de EFE que da una idea
de como dije adiós a la temporada:
Zaragoza 10. Cinco novillos
de Bohórquez y uno de Atanasio Fernández, grandes y dificultosos. El rejoneador
Bernandino Landete dio la vuelta al ruedo.Mario Carrión tuvo una gran
tarde, tanto al torear con la capa como en sus dos faenas que fueron jaleadas
por el público. Como mató muy bien a sus dos novillos, en el primero le fue
concedida la oreja con petición de la otra y salida, y en su segundo dio la
vuelta al ruedo entre grandes ovaciones.
A diferencia del final de la temporada del 1953, cuando al completarla me encontraba débil físicamente y desmoralizado síquicamente, y no tenía ganas de permanecer en Madrid más tiempo que el necesario, al volver de Zaragoza y antes de regresar con mi familia a Sevilla, ese año me quedé unos días en Madrid para, desviándome de mi vida espartana, divertirme con mis amigos y partidarios para celebrar el buen resultado de mi campaña. ¡Qué bien lo pasé esos días en Madrid disfrutando de la vida loca!
Volví a Sevilla para compartir mi buen estado de
ánimo con mi familia, y allí no tuve tiempo de momento para más celebraciones,
ya que continué con mi entrenamiento,
pues el primero de noviembre tenía que torear un festival a beneficio del Ateneo
para recaudar fondos para dar juguetes a los niños pobres el Día de los Reyes
Magos. Excepto por la rejoneador 
Beatriz Cuchet y el onubense Zerpa, los otros
componentes del cartel eran, como yo, novilleros sevillanos: “Carriles”, Pepe
Rivas, Juan Gálvez, Rafael Jiménez “Chicuelo” y Ruperto de los Reyes. Un plato
fuerte del festival era que los grandes rehileteros Julio Pérez “Vito” y
Antonio Luque Gago banderillearían mano a mano los siete novillos. No fue una
tarde de orejas y entre los sevillanos no hubo vencidos ni vencedores, ahora
bien el público se divirtió, y además hubo buenos beneficios económicos para
ayudar a la noble causa del festival. Las reses pertenecían a diferentes
ganaderías, incluyendo un Miura que se lo llevó “Carriles. A mí me tocó un
dificultoso toro enano cuatreño de Pablo Romero, con el que estuve muy lucido y
por encima de las condiciones del animal. Obtuve muy buena prensa y buenos
comentarios de la afición, y efusiva enhorabuenas de los conocidos. No obstante
el buen resultado de mi actuación, a mí me quedó cierto mal sabor de boca al no
tener respuesta al porqué no podía tener en la Maestranza la misma suerte que
tenía en las Ventas.
Los meses de noviembre y diciembre los pasé en Sevilla, como quien dice cargando las pilas antes de empezar a prepararme para la temporada del 1955, cuando esperaba tomar la alternativa.
Divagando sobre mi campaña durante la temporada del 1954, me enorgullecía de haber sido capaz de remontar mi carrera cuando nadie o poca gente lo esperaba, como también de haber toreado veintidos novilladas, a pesar de no haber reaparecido hasta mediado de esa temporada. Además, me alegraba de haber obtenido triunfos casi todas las tardes en las que actué, los que incluían el cortar tres orejas en Madrid en dos actuaciones y el abrir la puerta principal de las Ventas por segunda vez, como también me satisfacía el saber que había triunfado en Sevilla, Zaragoza, Murcia, Huelva y otras sitios importantes. Y sobretodo me sentía torero, buen lidiador y seguro en la plaza, hasta tal punto que raramente un cronista no se refería en su crónica a que yo ya estaba más que listo para la alternativa. Al K-Hito evaluar las campañas de los novilleros en esa temporada, refiriéndose a la mía decía:
El macareno Mario Carrión es un torero cuajado, sabroso, con
todas las pinturerías de la Resolana 11 ¡Un matador de toros!---dicen la gente
al verlo torear---. Y eso es, efectivamente, Mario Carrión. Al doctorado, pues.
Será la suya una de las primeras alternativas que se concedan en la temporada
entrante.
Así que desde que se inició el año 1955 yo ya solamente pensaba en ese momento cuando un maestro me entregara los trastos para convertirme en doctor en tauromaquia, aunque mientras tanto estaba dispuesto a torear algunas novilladas. Serían dos más. Ahora, basado en mis antecedentes taurinos en que, después de un unos fáciles principios como novillero sin caballos nada me vino fácil, empecé a especular si para doctorarme tendría que esperar tanto como lo hice para debutar con caballos.
En febrero, cuando mi apoderado hallaba encerrado en su finca en su papel de labrador, él no tenía una fecha fija para mi alternativa. Su idea era que tomara la alternativa en una corrida de la Feria de Abril en Sevilla. Lo de Sevilla no cuajó, en cambio los empresarios me firmaron dos novilladas a muy buen dinero y en buenas condiciones, una para la feria y otra para despedirme de novillero. En Madrid nos ofrecían una novillada para despedirme de mi público como novillero, la cual mi apoderado no creyó conveniente que yo la toreara. Sin embargo, para San Isidro la empresa no quería comprometerse con nosotros para mi alternativa hasta tener cerrado los contratos con las grandes figuras. Mientras tanto, la empresa de Cáceres, la ciudad que me había adoptado como suyo, nos ofreció que yo tomara la alternativa en su feria.
Así que Manolo apostó por lo seguro y firmó el compromiso para hacerme matador de toros el día 30 de mayo con Emilio Ortuño “Jumillano” de padrino y Pedro Martínez “Pedrés” de testigo. Esto eliminaba el torear en San Isidro ese año como matador de toros. Yo no tuve nada que decir de todo esto, ni se me consultó ni yo pedí explicaciones, mi único interés era doctorarme cuanto antes mejor y mientras tanto torear cuantas más novilladas mejor, donde fuera, como fuera y con quien fuera, para estar listo, primero para mis actuaciones en Sevilla y luego para recibir la alternativa.
De todas maneras desde mediados de enero ya me encontraba en la finca de mi amigo Emilio Arroyo preparándome y esperando noticias de mi apoderado. Estas no se hicieron esperar, pues Manolo me puso una conferencia para decirme que estuviera con Emilio Arroyo en Madrid para el sábado 26 de febrero, pues en esa fecha me daban un homenaje en el Hotel Palace para conmemorar mis triunfos en esa ciudad. En verdad, la noticia me halagaba y no quiero aparecer desagradecido, pero hubiera preferido que Manolo me hubiera dicho que ese día toreaba una novillada. Así se reportó el homenaje en ABC:
TAURINAS. Homenaje a Mario Carrión. 
Un grupo de amigos y
admiradores de Mario Carrión tributó esta tarde un homenaje al torero
sevillano, que tomará la alternativa en la temporada que ahora
comienza...Hablaron Pepe Almenar,
“K-Hito’, García Ramos y “Curro Meloja”, quienes hicieron historia de la
dinastía de los Martín Vázquez, a la que pertenece Mario Carrión, y elogiaron
las virtudes de este, ya casi matador de toros, que como novillero lució, junto
a las esencias de la escuela sevillana, el toreo profundo de la escuela
rondeña...Mario Carrión dio las gracias en emocionadas frases y dijo que el
único deseo era poder corresponder en los ruedos al cariño con el que público
le trataba...Al acto asistieron ganaderos, empresarios y los críticos taurino
madrileños. CIFRA
Desgraciadamente, no hubo otra oportunidad para actuar antes de Sevilla. Por consiguiente, comencé la temporada tarde el 24 de abril en la novillada de feria, y sin torear en otras partes. Luego, volví a la Maestranza el 22 de mayo para despedirme para siempre del público sevillano.
De la novillada de la feria, en la cual lidié novillos de Juan Guardiola Soto, junto a César Faraco y Ruperto de los Reyes, se reportaba en ¡OIGA! lo que sigue:
Negra la suerte del macareno
Mario Carrión. Le tocaron dos novillos bravos pero que desarrollaron sentido de
toros viejos. Mario...estuvo en novillero muy próximo a la alternativa en ambos
bureles. Unase al peligro de sus enemigos que la presidencia se volvió a
equivocar---una vez más---al cambiar a su segundo astado con un puyazo de
menos. No decreció el cartel de que el macareno, primo de los Martín Vázquez,
goza en Sevilla. Sus momentos lucidos con pañosa y franela fueron abundantes y
como mató pronto y decidido a los dos toros que la suerte le deparó, su clase y
deseo se aplaudieron con largueza. Una vez más la frase de Felipe II, ante el
desastre de la Armada Invencible, viene bien a la situación, Mario no vino a
Sevilla a luchar en contra de los desencadenados elementos. La mala suerte le
jugó una mala pasada. Pero él sigue siendo, como sabe toda la afición, un gran
torero.
En la novillada del 22 de mayo en la Maestranza que cerró mi etapa de novillero hicieron el paseíllo conmigo Luis Francisco Peláez y Ruperto de los Reyes para lidiar un encierro de José Escobar. Mi primer novillo era difícil pero a base de arrimarme conseguí ser aplaudido, pero en mi segundo, novillo bueno y de nobles arrancadas, me lucí de verdad, toreando a gusto desde que me abrí de capa hasta cuadrar al astado. Y digo hasta cuadrar, ya que con la espada, pinché dos veces y los trofeos se disiparon. A lo mejor el critico del ¡OIGA! llevaba razón en eso de “la negra la suerte del macareno” en Sevilla. En cualquier otra parte, incluso en Madrid, hubiera estado feliz con cuajar una buena faena sin trofeos como la de ese día, pero no en Sevilla. Mi ambición había sido haber abierto la Puerta del Príncipe de novillero para ser ‘un torero de Sevilla’ como lo era de Madrid, pero no pudo ser. Me sentía respecto a mi patria chica como esos hijos ignorados por los padres que ansían atraer su atención. Esto se escribió en el diario SEVILLA de esa faena y de mi toreo con el capote:


En su segundo instrumenta
seis verónicas de extraordinaria ejecución y belleza que se ovacionan
largamente, siendo obligado a saludar desde el tercio...Carrión hace un quite
portentoso con las dos rodillas en tierra que arrancaron atronadoras ovaciones
que le obligaron nuevamente a saludar desde el tercio, sonando la música en su
honor...El macareno despeja la plaza y realiza una faena extraordinaria,
citando con la muleta plegada en un majestuoso pase de pecho. Sigue entre
ovaciones y olés con ocho naturales monumentales cruzado totalmente con su
enemigo mientras suena la música. Continua genial y garboso con más naturales,
pedrecillas soberbias, y pases por alto majestuosos. La plaza le ovaciona
incesantemente mientras el diestro continua la faena dominador, templado y
mandón con pases de todas las marcas. Con el acero no tuvo suerte, despachando
a su enemigo de dos pinchazos y estocada defectuosa, perdiendo las orejas que
tenía merecidas, dando la vuelta al ruedo con saludos desde el tercio.
Aunque es verdad que no tuve triunfos repetitivos en mi tierra, sí tuve, muy buenas actuaciones, pero por cuestiones ajenas a lo que sucedió en la plaza nunca torearía allí como matador de toros. Al escribir estas memorias después de más medio siglo, todavía me duele el recordar este injusto hecho.
Con esta lucida faena en Maestranza el 22 de mayo de 1955, concluí mis actuaciones como novillero con caballos que comencé en Tánger el 27 de julio del 1953. Durante esa etapa saboreé el éxito como novillero puntero, toreando en 48 novilladas picadas, cortando cinco orejas en Madrid en seis actuaciones y abriendo su Puerta Grande en dos ocasiones además de obtener múltiples trofeos en plazas de importancias. Sin embargo también pagué un alto precio de sangre al sufrir cuatro cornadas en el 1953 que me hundieron en un bache del cual salí con gloria, como el que resucita entre los muertos, teniendo de nuevo éxitos que me calificaron para tomar la alternativa
Esta la tomé en Cáceres el
30 de mayo teniendo un éxito fenomenal...pero de ese asunto ya traté en otra
vivencia.
FOTOS
1. Un farol de rodillas en Zaragoza. 26-6-54.
2. Mi banderillero de confianza “Torquito” y yo preparado para el paseíllo. las Ventas.1954.
3. Cartel de mi debut en Sevilla. 4-7-54.
4 y 5. Remate de un quite por gaoneras y dando la vuelta al ruedo con la oreja en la Maestranza. 4-7-54.
6 El ganadero Emilio Arroyo y yo en al puerta de cuadrillas de las Ventas. 1-8-54.
7. Cartel de Madrid. 1/8/54.
8, 9, 10, 11 y 12. Cinco momentos de mi actuación en Madrid. 1-8-54.
13. Cartel de Beja, Portugal. 10-8-54.
14. Bailando con mi hermana Mari-Carmen en la Feria de Abril de Sevilla del 2005.
15. Mi madre poco más de dos años antes de
morir. 1960
16. Cartel de “No hay billetes” en Madrid.
22-8-54.
17,18 y 19. Tres momentos de mi actuación en
la novillada del 22 de agosto, 1954.
20. Hierro de la ganadería de Emilio
Arroyo.
21. Emilio Arroyo, Manolo Martín Vázquez y
yo en el campo.
22. Cartel de Zaragoza. 10-10-54.
23 y 24. Gaonera y natural en el Festival
del Ateneo de Sevilla. 1-11-54.
25 y 26. En el Hotel Palace de Madrid con
algunos asistentes a mi homenaje. 26-2-55.
27 y 28. Listo para el paseíllo y una
verónica en la novillada de la Feria de Abril de Sevilla del 1955.
NOTA: Las
siguientes VIVENCIAS aparecieron en
order cronólogico en
MMDT anteriormente a las tres VIVENCIAS relacionadas a mis experiencias como
novillero sin caballos y con ellos: