VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO:
      MI CORTA TEMPORADA DEL 1957 EN ESPAÑA, Y VUELTA A AMERICA
      por Mario Carrión. Septiembre, 2007

 

      MARIO CARRION COMIENZA SU TEMPORADA EN ESPAÑA EL 24

      A su regreso de la triunfal campaña torera que ha realizado con grandes éxitos en plazas del Ecuador, donde le fueron repetidos los contratos, hasta sumar doce actuaciones, el gran torero sevillano Mario Carrión, el de las inolvidables tardes en Madrid, comenzará en España sus actuaciones el día 24 [junio], festividad de San Juan, en la plaza de Osuna, y a continuación seguirá su triunfal carrera de torero, tan artista como pundonoroso, por las principales plazas y ferias de España, para culminar su toreo tan brillante y emocionante en los ruedos de la Maestranza y el de la Monumental de Madrid... Muchos triunfos deseamos a este espada que los alcanzó rotundos en tierras de América y ahora los renovará y engrandecerá en esta su campaña torera que empieza en un bello rincón de la Andalucía torera.

    Esta nota de prensa se publicó en el semanario DIGAME la primera semana de junio de 1957, cuando yo apenas hacía una quincena que había llegado de América. En la nota se pronosticaba optimísticamente el como debiera ser mi campaña española, que coincidía con los planes mentales,   que con cierta lógica, una vez y otra me había hecho cuando triunfaba en América. Sin embargo, leí con pesimismo lo publicado en DIGAME, pues me acababan de suceder hechos que auguraban dificultades para que esos planes se realizaran.  

    Doy marcha atrás en mis memorias para relatar los hechos recientes y los antecedentes culpables de mi pesimismo del momento.

    En el invierno 1956-7 había completado una extraordinaria campaña en el Ecuador, a donde fui contratado por dos corridas y, debido a los grandes éxitos que tuve, logré torear varios más festejos, y creo también que contribuí al renacimiento de la fiesta en ese país.

    Además, como digo en mis memorias   VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO. MI PRIMERA CAMPAÑA AMERICANA: EL ECUADOR 1956-7 ,   durante mi estancia   en ese acogedor país, en donde me encontraba solo, sin mi apoderado o miembro de mi cuadrilla que me orientara como manejar mis asuntos taurinos, económicos y personales, me vi obligado a determinar mi propio destino y, como consecuencia, sentía que había madurado como persona. Me daba cuenta entonces que de España en diciembre del 1956 había salido un muchacho acostumbrado a relegar en que otros tomaran las decisiones por él y a aceptarlas sin cuestionarlas, y que, por el contrario, en mayo del 1957 volvía allí un hombre que tendría que asumir la responsabilidad de tomar las riendas de su vida y aceptar las consecuencias.  

    Si hubo una nota negativa en esa experiencia americana fue que extendí mi estancia en ese país hasta ya entrada la temporada española, pues toreé mi corrida de despedida del Ecuador en Quito el 28 de abril. Ahora bien, el haber permanecido en el Ecuador más tiempo de la cuenta no fue una cuestión de mi preferencia, sino una determinación que tomé basada en el conocimiento de que mi apoderado no me tenía contratada ninguna corrida en España, por lo que preferí seguir actuando en el Ecuador que a estar en España cruzado de brazos. Siempre que me proponían una nueva actuación en el Ecuador le ponía un cable a Manolo Martín Vázquez, comunicándole que si él tenía un contrato en firme para yo comenzar la campaña española, entonces no aceptaría propuestas para continuar actuando en América, e incluso le decía que si ese fuera el caso con tiempo podría cancelar los contratos para volver a España.

    Yo no comprendía como mis triunfos americanos no estaban teniendo más repercusión en España, especialmente cuando la prensa había estado publicándolos regularmente, a la vez, que Manolo ampliaba esas noticias con una considerable campaña publicitaria pagada en la prensa, especialmente en las de Madrid,   Sevilla y Cáceres, los tres lugares que esperábamos pudieran ser las catapultas que lanzaran mi campaña del 1957. En Sevilla, se había rumoreado que haría mi debut como matador en la Feria de Abril, en Cáceres había presión local para que toreara allí en la feria, pues no había vuelto todavía después de haber cortado cuatro orejas y un rabo el día de mi alternativa en mayo del 1955, y en Madrid, por que yo esperaba siempre tener una oportunidad en esa plaza.

    Así que después de mi despedida en Quito, al no tener noticia de mi apoderado, quien se hallaba alejado del mundo taurino en su finca jienense, decidí que con contratos o sin ellos, era ya hora de volver a Madrid para reunirme con mi apoderado para que me diera una explicación de lo que pasaba y de lo que me quedaba por delante. La verdad que temía ese momento, pues presentía que la reunión no iba a ser fácil, pues yo ya no era la misma persona indecisa de hacia seis meses. En cambio, nunca me imaginé el derrotero que iba a tomar nuestra conversación ni las inmediatas consecuencias que me traerían.

    Al no tener compromisos para torear en España pensé que esa conversación podría espera unos días más, así que, en vez de viajar a Madrid directamente, por avión, cambié mi plan de viaje, decidiendo volar de Quito a Caracas y desde allí continuar por barco a Barcelona. La ventaja de este viaje era que me permitía visitar a un querido familiar en Caracas, y también hacer algunos contactos taurinos para ver si había alguna posibilidad para actuar en la próxima temporada invernal en Venezuela. Además con este cambio de ruta me ahorraba algún dinero del transporte, al no tener que pagar por el tremendo exceso de equipaje que tenía, ya que había acumulado montones de objetos típicos, que compraba o me regalaban, y no los quería dejar detrás. El familiar era mi primo Manolo Bazán, con quien me había criado en España como si fuéramos hermanos, y entonces poseía una tienda de artesanía española, la que le había comprado a mi otro primo, el matador de toro retirado Rafael Martín Vázquez.

    Durante mis tres días de estancia en su casa en Caracas, mi primo se encargó de hacer lo contactos con la prensa taurina en donde se dio la noticia de mi paso por la ciudad. Todavía me queda el recuerdo de lo que fue para mi una experiencia singular, el aparecer por primera vez en un programa de televisión, ya que me hicieron una entrevista en los estudios de Televisa de Caracas. Debo de aclarar que en 1957 la televisión comercial no existía todavía ni España ni en el Ecuador, por lo tanto eso de saber que, al mismo tiempo que se oían mis palabras, mi imagen iba a estar presente en las salas de estar de la gente, era un concepto novedoso para mí.

    Llegaría a Barcelona alrededor del 15 de mayo, no recuerdo exactamente. Mi intención era seguir directamente por tren para Sevilla, pues ansiaba estar con mi familia, pero al saber que mi apoderado se encontraba ya en Madrid, como tenia asuntos urgentes que solucionar con él, acordamos en una conversación telefónica que estaría un par de días en Madrid para reunirnos antes de proseguir para Sevilla.  

    En Madrid, la reunión con Manolo tuvo lugar en su piso, no precisamente un lugar neutral para ese encuentro, pues su casa me traía los buenos recuerdos de cuando vivía en ese hogar durante mi primera temporada como aspirante a novillero, y como mi primo y su mujer me trataron con mucho afecto. Después de saludar a su mujer y de conversar de una manera general sobre la familia, mi viaje y otros asuntos, nos quedamos solos sentados en el sofá del salón, y fuimos al grano. No podría reproducir nuestra conversación con detalles, pero sí la esencia del tema tratado. Naturalmente, mis primeras preguntas fueron que si él tenía ya algún compromiso inmediato para mi reaparición, y que sí había algo concreto para el futuro. La respuesta a la primera pregunta fue un rotundo no, y a la segunda un tal vez aquí o allí, pero nada tangible. A ese momento, me lamenté que parecía que mis éxitos en América y el eco que tuvo en la prensa española, más la considerable cantidad de dinero gastada en la publicidad no habían servido para nada. Más o menos me dijo que eso era lo que había. Hasta aquí ambos tratamos del asunto ateniéndonos sucintamente a los hechos. Pero, entonces, sucedió lo imprevisto. Manolo me pidió las comisiones por las corridas que yo había toreado en el Ecuador. Le recordé que cuando yo me fui me había dicho que como yo iba solo él renunciaba a las comisiones de las corridas que yo me buscara por mi cuenta después de las dos contratadas por él en España. Así que yo lo responsabilizaba por su promesa, y por lo tanto no estaba dispuesto a darle lo que no se había ganado, especialmente cuando él había estado en el campo durante ese tiempo atendiendo a sus asuntos particulares. Ahora bien, añadí que naturalmente yo estaba dispuesto a reembolsarle cualquier gasto incurrido en mi nombre. Entonces, se excusó y se fue a su despacho, de donde regresó con las cuentas de la publicidad que yo debería afrontar. Mientras yo ojeaba las cuentas me manifestó fríamente que nuestras relaciones administrativas habían terminado.

    Lo curioso del caso es que durante toda la conversación mantuvimos un tono civilizado y, en general, no hubo recriminaciones de una parte u de otra. En cambio, la reacción fue extraña por ambas partes, pues ni él ni yo comunicamos oficialmente a la prensa de nuestro rompimiento, como puede comprobarse en la nota que aparece como introducción a estas memorias que fue publicada después de nuestro encuentro. Tal vez no queríamos creer que la relación estaba terminada. Pero hubo más, ni él me dio ni yo se lo pedí que firmáramos una renuncia a los siete meses de contrato que nos unía. El resultado real era que yo me quedaba en el limbo, pues aunque no tenía apoderado tampoco estaba completamente libre para buscarme uno sin que este se envolviera en una situación confusa.

    Debo de decir que mi primo nunca más hizo mención de esas comisiones, pues en el fondo él sabría que no les pertenecían. En cambio, aunque Manolo dijo que dejaba de apoderarme, debido a que el contrato tenía efecto por siete meses más después del rompimiento, si él hubiera querido meterse en líos hubiera podido reclamarme judicialmente las comisiones de las corridas que toreara durante los siguientes siete meses, aunque esos festejos fueran contratados por otro apoderado, o por mí mismo. No lo hizo.

    Informo que Manolo después de nuestro rompimiento se distanció por algún tiempo de la profesión taurina, para unos años después ejercer de nuevo como apoderado por un breve periodo de tiempo, pero al no encontrar el éxito necesario para proseguir como taurino lo dejó para envolverse en otros negocios.

    Curiosamente, a mi primo yo no lo volví a ver más hasta el año 1974 cuando desde los Estados Unidos, donde resido, fui a España de vacaciones con mi mujer y mis dos hijos, y al pasar en Madrid unos días se me ocurrió llamarle para que nuestras familias se conocieran y en cierto modo hacer borrón y cuenta nueva de lo ocurrido hacia diecisiete años. Esa llamada también tuvo una consecuencia inesperada, pues aparte de que ambos obviamente nos alegramos de vernos, Manolo se puso en contacto con los antiguos socios de mi peña y entre Manolo, mi padrino taurino, el ganadero Emilio Arroyo, y algunos de los socios me organizaron un homenaje, que causó que se me hiciera una entrevista para El RUEDO. Durante el homenaje disfruté conversando con los antiguos amigos y seguidores que me habían animado desde que yo iniciaba mis pasos como torero por los pueblos madrileños. También fue muy significativo para mí que Jay, mi hijo mayor, quien entonces tenia catorce años y había crecido viendo a su padre alejado del mundo taurino y envuelto en el mundo académico, pudiera en esos momentos apreciar como todavía me recordaban en España como torero.

    Bueno, prosigo con mi historia después del rompimiento. Me sentía con la moral por los suelos, sin apoderado, y todavía amarrado a un contrato por varios meses, sin cuadrilla fija y sin una corrida firmada en la que pudiera desahogar mi frustración jugándome la vida con los toros. Al mismo tiempo, ese sentimiento de impotencia aumentaba por tener cínicamente que ocultar lo que sentía en esos momentos, y poner buena cara cuando los taurinos y conocidos con quienes me encontraba me felicitaban por mis éxitos americanos y me animaban a comentar sobre mis experiencias en el Ecuador.

    Ahora bien, aunque estaba loco por estar con mi familia, sabía que tenía que hacer algo más que sentir lástima por mí mismo. Así que hablé con mi padre por teléfono y les expliqué detenidamente la situación y la conveniencia de que con el consentimiento de él y de mi madre, yo retrasara por unos días mi regreso a Sevilla, hasta hacer algo para intentar salir de alguna manera de la encrucijada en que me encontraba. Naturalmente, como los padres siempre hacemos por los hijos, él me dijo que comprendía, y que hiciera lo que fuera necesario, que ellos me esperarían el tiempo que fuera para verme.

    Discretamente indagué entre algunos taurinos de mi confianza para que me recomendaran una persona con quien pudiera ponerme en contacto para discutir la cuestión de apoderamiento. Un amigo me recomendó que me pusiera en contacto con el taurino y matador de toros retirado Antonio Posada, quien había apoderado a su sobrino Juan Posada, el actual crítico del diario madrileño LA RAZON . Lo llamé y le dije que quería consultar con él sobre unos asuntos taurinos. Nos citamos para el día siguiente en un café madrileño y allá tuvimos una franca conversación.

    Yo le expliqué las circunstancias de mi rompimiento con mi primo y apoderado cuando todavía me quedaban algunos meses vigentes del contrato, y que estaba buscando a alguien que se encargara de mis asuntos. El veterano maestro me comunicó que él por cuestiones personales no estaba en esos momentos dispuesto a dedicarse de lleno al apoderamiento y que, aunque lo estuviera, mi especial circunstancia de no estar ni libre ni amarrado no era la más apetecible para meterse por medio.

    Simpatizamos y continuamos cambiando ideas, y entonces me dijo que podría representarme informalmente y sin compromiso hasta que yo decidiera que hacer con respecto al apoderamiento. Sus condiciones eran claras, él recibiría solamente las comisiones de las corridas que él me buscara y que me asistiría como pudiera en Madrid, pero que no tendría la obligación de acompañarme en los viajes.

    Seguimos la conversación y le manifesté que yo estaba dispuesto a torear cuando fuera en las Ventas, pues con un triunfo en esa plaza podría recuperar el tiempo perdido en la temporada. El me informó que tenia buenas relaciones con la empresa madrileña y que como yo tenia buen ambiente en Madrid no tendría problema para meterme en un festejo a finales de junio o en julio, una vez celebradas las corridas benéficas que incluían a los triunfadores de San Isidro. Rápidamente hice una composición de lugar, y razoné que una persona con la franqueza y la honradez de Antonio Posada era lo que yo necesitaba en esos momentos para no quedarme completamente solo en la tupida jungla del taurinismo español. Nos dimos la mano para cerrar el compromiso y se despidió diciendo que lo llamara al día siguiente, pues a lo mejor tenía buenas noticias para mí.

    “Antonio, lo llamo como usted me dijo, para saludarlo y oír lo que usted me tenía que decir”. Entonces me sorprendió diciéndome que si me interesaba las condiciones tenía una corrida para mi. Como no me iba a interesar el torear, primero porque las condiciones eran aceptables, y segundo porque aunque no las hubieran sido hubiera aceptado igualmente. Torear era mi pasión y mi misión. Me explicó que cuando yo hablé con él el día anterior, se encontraba en el proceso de ayudar en la organización de la corrida de la Feria de Osuna (Sevilla), y que al proponerles a los organizadores mi inclusión en el cartel, estos aceptaron.

    Me reuní con Posada dos o tres veces más hablando informalmente de mis aspiraciones y de tópicos generales mientras tomábamos café. Era una manera   para conocernos algo mejor. Posada se puso en contacto con la prensa, comunicándole de mi presencia en Madrid, y entonces varias notas como las que encabeza estas memorias fueron publicadas. También se publicaron unas entrevistas en MARCA de Madrid y en otras revistas, incluyendo el OIGA de Sevilla. Ni en las notas de prensa ni en mis entrevistas se mencionaba mi ruptura con mi   ex-apoderado, ni que yo tenía un nuevo representante, cosa que los periodistas ya sabían, pero prefirieron esperar hasta que yo o mi ex-apoderado rompiéramos el silencio, lo que, aunque sin ocultarlo, oficialmente nunca lo comunicamos a la prensa. Todavía no comprendo porqué no lo hicimos.   

    Así que, feliz con poseer mi primer contrato para la temporada y una solución temporal al problema de mi apoderamiento, al final de la primera semana de junio abordé el tren nocturno rumbo a Sevilla, a donde regresaba después de casi siete meses de ausencia. En Sevilla en la estación me esperaban mi padre, mi hermano Manolo, mi tío Antonio Bazán y un pequeño grupo de aficionados amigos, mas él fotógrafo Arjona, quien plasmó las imágenes del grupo y de mi padre y mía   abrazándonos   y besándonos, que aparecieron al día siguiente ilustrando las notas de prensa que informaban sobre mi llegada a Sevilla de América. Parecía que durante las tres semanas anteriores yo hubiera estado en la Luna.

    Ansioso de la compañía de mi familia, permanecí en Sevilla hasta el día antes de torear en Osuna. Que bueno sentirme de nuevo como un hijo de familia recibiendo la atención de mis padres y hermanos, todos envueltos en compartir el cariño que nos debíamos después de esos meses de separación.

    Lo diferente de esta estancia en Sevilla, era que desde aquí en adelante, tal vez ya no me mercería que me llamasen ‘‘el torero de la Macarena”, pues mis padres habían vendido la casa de la Resolana en donde nací, para comprar un piso moderno en Nervión. Era un movimiento social en boga,   por el cual las personas con medios abandonaban las casas viejas, difícil de mantener, para irse a vivir más cómodamente a nuevos edificios de apartamentos. Al no estar el piso terminado temporalmente residimos en un piso alquilado. Noté el cambio, pues echaba de menos que al asomar la cabeza por la puerta ya no me encontraba rodeado con gente que había conocido toda mi vida.

    Vamos ahora al toro. El 23 de junio, junto a mi cuadrilla, dejé Sevilla para dirigirme a Osuna para cumplir con mi tardío primer compromiso de la temporada. Iba mentalizado para jugarme el todo por el todo pues, aunque Osuna era lugar con poca relevancia taurina, para mí tenía una desmedida importancia, donde me proponía duplicar mis triunfos americanos después de mi inesperado paro. Iba dispuesto a probar en su ruedo que me merecía estar presente en más festejos de lo que estaba. Además, razonaba que un triunfo tan cerca de Sevilla podría animar a la empresa sevillana a incluirme en una de las tres o cuatro corridas que todavía quedaban por celebrarse ese año en la Maestranza.

    Al día siguiente en Osuna, rompiendo mi rutina de aislarme los días de corrida, por la mañana asistí a una pequeña ceremonia en la cual los directivos de una peña taurina jienense me entregaron un pergamino nombrándome socio de honor de la peña. Después de darles las gracias por haber viajado a Osuna para hacerme ese honor y para verme actuar, socialicé un rato con los socios y amigos, antes de retirarme a mi habitación para descansar y mentalizarme para confrontar lo que me esperaba en los chiqueros. Reporteros de los medios de comunicación estuvieron presentes en la ceremonia.

    Por la tarde y ante una plaza casi llena, hice el paseíllo acompañado por otros dos diestros andaluces, Bartolomé Jiménez Torres, de Ecija, y Mariano Martín “Carriles”, del barrio sevillano de Triana, a quien en septiembre yo le confirmaría   la alternativa en Madrid.   Los toros llevaban el hierro de Fermín Díaz Tresgallos. Con mi primer toro me lucí con el capote, y con la muleta ejecuté una inspirada faena rematada por una buena estocada. Ya tenía asegurado algún trofeo, pero al tener que descabellar por el toro amorcillarce y no doblar, la petición de oreja no fue concedida por el usía, quedándose el premio en una vuelta al ruedo. Mi segundo era un toro bravo y salí dispuesto a que no lo arrastraran por el ruedo con las orejas intactas. Comencé la faena toreando con unos pases por alto de rodillas para calentar al público y, ya de pie, después de unos ligados derechazos, cuando comenzaba a torear por naturales, el animal hizo un extraño, revolviéndose inesperadamente para engancharme y herirme. La asistencia me llevó a la enfermería.   Allí el médico me operó de lo que él creía era un puntazo de cinco centímetros y se deshizo de mí enviándome a Sevilla. En Sevilla uno de los más famosos cirujanos taurinos, Ramón Vila, cuyo hijo es ahora el cirujano jefe de la Maestranza, me operó y dio el parte que sigue describiendo mi lesión para la prensa. Esta información contrastaba diametralmente con la emitida por el llamado médico de Osuna:

      Procedente de Osuna ingresó en la Clínica de la Señora de los Reyes el diestro Mario Carrión con heridas por asta de toro en cara anterior tercio medio del muslo derecho que interesa piel y tejido celular, sigue un trayecto envainado en sentido ascendente de unos12 cm. En cara antero externa de la pierna derecha otra herida de unos 15 cm. de longitud que   interesa piel y tejido celular, atraviesa la aponeurosis y penetra   en la masa muscular del departamento antero externo, produciendo destrozos en ellos y llega al ligamento interóseo y hemorragia muscular profusa. Pronóstico grave.

    Por segunda vez en mi carrera, esta vez en Utrera, un médico, de cuyo nombre no quiero acordarme, diagnosticó erróneamente el daño que me ocasionó un pitón de un animal bravo. Esta fue la última cornada que sufrí en España y la penúltima de mi vida profesional, y la única vez en la que estuve hospitalizado en Sevilla. Este último hecho dio lugar a que mi madre pasara mucho tiempo en la clínica cuidándome como si fuera mi enfermera, y que con la intermitente presencia de toda mi familia y amigos a mi me diera la impresión de encontrarme en el salón de mi casa y no en la cama de un hospital.  

    Estuve internado unos diez días y se esperaba que tuviera un período de recuperación de al menos dos semanas después de abandonar la clínica debido a los extensos daños musculares. Así que dadas las desafortunadas circunstancias, al hablar con Antonio Posada acordamos que sería más conveniente no intentar que me incluyeran en un cartel en Madrid hasta siquiera agosto, e intentar reaparecer antes en algún lugar de menos responsabilidad.

    Mientras tanto me fui a reponerme a la finca de mi amigo el ganadero Emilio Arroyo, que estaba situada a poca distancia de Moraleja (Cáceres), y en ese pueblo reaparecí tres semanas después del percance en un festival lidiando dos novillos el día 15 de julio. En el festival me dieron cuatro orejas y dos rabos, aunque hay que decir que me mereciera o no esos trofeos, de todas maneras me los hubieran regalado, ya que en ese pueblo muchos de sus residentes no solamente eran partidarios míos sino también amigos personales, pues llevaban unos sietes años tratando conmigo, ya que pasaba parte de esos siete inviernos recluido en la finca del mencionado ganadero.

    Tendría que esperar exactamente un mes más antes de ponerme delante de serios toros. Lo que sería en Ecija (Sevilla) el 15 de agosto. Esta espera me debería haber desesperado, al pensar que hasta entonces nada me había salido bien en esa temporada, pues hasta ese momento en dos meses solamente había toreado una corrida de toros y un festival, y encima había recibido una grave cornada de la que me estaba reponiendo. Sin embargo, entones confronté la situación con entereza y paciencia, sin perder ni el entusiasmo ni la afición, ya que entrenaba como si tuviera firmada un centenar de corridas. Probablemente, con la madurez había añadido a mi personalidad un fatalismo moruno, ya que me había hecho a la idea que cuando algo no me salía bien no tenía sentido el desesperarse, sino lo importante era el tener la certeza que uno había hecho todo lo humano posible para conseguirlo... y que lo seguiría haciendo. Así que en aquellos momentos disfrutaba con buen humor de las cosas   agradables que la vida me proporcionaba, las que, a pesar de los recientes tropiezos, eran muchas.

    Nada salió para Madrid para agosto, pues en las Ventas durante ese mes se iban a dar solamente novilladas. En cambio, toreé otra corrida el 15 de agosto en Ecija (Sevilla). En el cartel estábamos anunciados Enrique Vera, Jiménez Torres y yo, pero Vera, por estar lesionado, fue sustituido por el veterano diestro Cayetano Ordóñez.   Los toros eran de Rafael Espinosa de los Monteros, y cuatro fueron manejables y dos tuvieron dificultades. Como me iban las cosas no tengo que decir quien se llevó el lote malo. Era el mío y, a pesar de ello, mis faenas trascurrieron entre aplausos, pero la espada no me funcionó, tocándome ver triunfar a mis dos compañeros mientras yo me tenía que conformar con fuertes aplausos. Al relatar la actuación de Ecija, me gustaría poder escribir que ‘pegué un petardo’, como se dice en el argot taurino cuando un torero actúa muy mal, pero no puedo, pues mentiría, ya que estuve muy valiente sin acordarme en absoluto de la   cornada de Utrera. Ahora bien, en mi situación, y en la de muchos otros diestros que no son figuras, el estar bien no significa nada, hay que repetidamente cortar orejas para llamar la atención, como en el fútbol, para ganar un partido, una buena jugada no importa, es necesario meter goles. Esto se leía en la reseña de CIFRA:

    Mario Carrión, en su primero, realizó una faena valiente, matando de un pinchazo, una entera tendida y descabello. (Palmas y pitos al toro). En su segundo, luchó con las malas condiciones de la res, que estaba metida en tablas y derrotando mucho, logrando varios pases al natural y en redondo. Mata de dos pinchazos.(Palmas) .  

      Unos días después me comunicó Posada que la empresa madrileña le había propuesto que yo toreara en Madrid el 8 de septiembre. Me advirtió que el encierro de Escudero Calvo era muy serio. Como ya había hecho anteriormente con mi ex-apoderado cuando confirmé mi alternativa con los ‘cuadri, le pregunté que si el empresario le había dado otras opciones . Me contestó que no. Entonces, le dije “adelante, acepte la oferta, pues no puedo darme el lujo de esperar más para volver a Madrid, además ya una vez enderecé mi carrera en Madrid lidiando el encierro de Cuadri, el que sobre el papel ofrecía pocas garantías para el triunfo”.

    Sin embargo, los toros de Cuadri de mi confirmación fueron ángeles comparados con los diablos que salieron por los chiqueros la tarde del 8 de septiembre.

    El cartel era extraño, pues yo confirmaba dos alternativas, la del sevillano Mariano Martín “Carriles” y la del aragonés Fermín Murillo, con Josechu Pérez de Mendoza rejoneando un toro por delante. Para los toreros de a pie se anunciaban seis toros de Escudero Calvo Hermanos, los antiguos ‘albacerradas’, que se lidian hoy con el hierro de Victorino Martín.

    Del encierro anunciado se lidiaron solamente cuatro toros, pues uno fue desechado en el reconocimiento y sustituido por un gigante sobrero de Juan Cobaleda, el que a la vez fue sustituido por otro sobrero de Pietro de la Cal. Igualmente, el sexto titular fue sustituido por un sobrero del Marqués de la Rivera, que fue, para suerte de Murillo, el único toro lidiable para los de a pie.

    El festejo comenzó con buenos augurios, con los aficionados que casi llenaban el coso divirtiéndose con el buen rejonear de Pérez de Mendoza, y también terminó con Murillo aprovechando las buenas cualidades del sobrero para cortarle una oreja, que le significó el inicio de su carrera triunfal . El resto del festejo fue una batalla campal, con cinco toros con más de cinco años, ágiles y avispados, los que estaban poseídos por una enorme curiosidad para saber lo que se escondía detrás de los engaños. Esta habilidad mandó a la enfermería muy gravemente herido al banderillero José Prieto Chaves y menos grave a “Carriles”. Yo tuve que terminar con el regalo que me dejo mi paisano. De tal forma que tuve que lidiar tres toros seguidos, el tercero, cuarto y quinto, pues en el primero tuve que confirmar la alternativa a “Carriles” y en el segundo a Murillo. Al terminar mis labores, digo labores porque aquello no fue toreo sino trabajo, oí aplausos en tercer toro, silencio en el cuarto y pitos en el quinto. Los silbidos me llegaron al alma, pues era la primera vez que el público madrileño protestaba mi   hacer.

    He aquí parte de lo que escribía en EL RUEDO el cronista “Barico” quien, después de poner énfasis en criticar a los toros, en el párrafo final expresa un sentimiento, el que no creo fue totalmente compartido por los espectadores, pero que ahora lo comprenderían fácilmente esos temerarios diestros a quienes la suerte les ha deparado luchar a menudo con los sabios astados de las denominadas corridas duras:

           

      Excelente presentación de los toros de Escudero Calvo, fueron difíciles y uno, el segundo, peligrosísimo. Se comprende que los lidiadores de categoría no quieran lidiar reses así...El toro de Prieto de la Cal también fue difícil y, el de Marqués de Ribera manejable. El de rejones de Prieto de la Cal, muy bueno...En las cuadrillas hubo de todo: muy bueno y rematadamente malo. En ocasiones era disculpable el desconcierto que reinaba entre los subalternos...Pocos matadores de toros pueden sumar en su haber el mérito de haber despachado una corrida como la que mataron Mario Carrión, Mariano Martín “ Carriles” y Fermín Murillo.

    En fin, este desenlace no era precisamente el que había anticipado desde mi vuelta a España de América, y ya la única actuación que me quedaba antes de concluir la temporada era una en la Feria de Villafranca de Xira, Portugal, cuyo resultado no tendría repercusión en España. La importancia radicaba para mí en que mantendríami buen cartel en el vecino país, y en que me ayudaría a alzar mi moral que, después de lo de Madrid, andaba temporalmente baja. Esto lo conseguí, pues en Villafranca tuve un triunfo notable, como muestra está reseña de la agencia noticiera EFE:

      EN VILLAFRANCA DE XIRA. Lisboa. 7---En Villafranca se lidiaron toros de Atalaya, que cumplieron. Mario Carrión dio la vuelta al ruedo en sus dos enemigos. Armando Soares fue premiado también con vueltas al ruedo en sus dos toros. Los rejoneadores Francisco Mascarenha y Manuel Conde   fueron ovacionados.

    Después de mi actuación en Portugal, ya en España no me quedaba más que pensar en mis actuaciones en América. Así que regresé primero a Madrid para arreglar algunos asuntos pendientes y, como no, al no tener que estar en forma para torear, divertirme por unos días con mis amigos, pues lo necesitaba. Después me fui a Sevilla para pasar con la familia un mes y medio antes de volver a Ecuador en noviembre, para cumplir allí con los contratos pactados.

    Tranquilo en Sevilla, deliberé sobre la discrepancia que existía entre los resultados reales de mi corta campaña española y lo que yo había esperado de ella. Llegué del Ecuador en mayo de 1957 con la gran asperanza de continuar la carrera ascendente como matador de toros, la   que con   sonados triunfos comencé en 1955 y continué en el 1956 en España. Luego proseguí esa ascensión con la buena campaña invernal americana 1955-6.

    ¿Y que conseguí en España en 1957? Encontrarme con que mi apoderado no me tenía ninguna corrida firmada para mí, romper con él en el momento menos apropiado, continuar actuando sin otro apoderado oficial, torear no más de una corrida por mes sin conseguir grandes triunfos, padecer una cornada grave y, lo que fue de más trascendencia para mi, el pasar por Madrid sin pena ni gloria con un encierro imposible para el triunfo.

    Cuando un torero no es figura, el mantenerse toreando poco sin grandes triunfos, aunque se tengan muchos partidarios que digan que toreas con arte como el que tengas buena prensa, no es progresar sino regresar pues, cada año que transcurre sin uno romper en figura, las oportunidades para llegar a ser una disminuyen.

    Yo caminaba por esa cuerda floja en octubre de 1957. En cambio en lo positivo sentía que poseía cualidades intrínsecas para ocupar una posición mejor de la que ocupaba en ese momento, y   me encontraba con la afición y la determinación intactas y dispuesto a reactivar mi carrera comenzando en Ecuador en diciembre de ese mismo año. Eso será el tema de mi próxima VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO si me da por escribirla.

         Fotos:

          1.  Siendo entrevistado en TELEVISA en Caracas, Venezuela. Mayo, 1957.
          2.  Manolo Martín Vázquez en el slon de su casa.
          3. Sally, mi esposa y mis dos hijos Jay y Allen en Madrid, 1974.
          4, Recorte de DIGAME  con foto de mi padre  y yo en la Estación de Trenes de Sevilla a mi lllegada del Ecuador.
          5. En la misma estación con mi padre, mi hermano Manolo, mi tio Antonio Bazán y unos amigos.
          6, En Osuna con los socios de una peña taurina de Jaén entrgándome un pergamino que me nombraba socio honorario. 24-6-57.
          7. Con mi madre en la Clínica de la Virgen de los Reyes en Sevilla. Junio, 1957
          8 . Cartel de Ecija (Sevilla). 15-8-57.
          9. Hierro de la gandería de Victorino Martín
          10, 11 y 12. Tres momentos de mi actuación en las Ventas. 9-9-57.
          13 Confirmando la alternativa a Fermín Murillo. 9-9-57.
          14. Confirmando la alternativa a "Carriles". 9-9-57.

          15
          . Cartel de Villafranca de Xira, Portugal. 6-10-57.

         

        NOTA. Las siguientes VIVENCIAS   aparecieron en order cronólogico en MMDT
        :

        • VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO. 1948-1952: MIS PRIMEROS BALBUCEOS EN EL MUNDO DEL TOREO
           
        • VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO: NOVILLERO CON PICADORES, PRIMERA ETAPA 1952-3, TRIUNFOS Y CORNADAS
           
        • VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO: NOVILLERO CON PICADORES 1954-5, HACIA LA ALTERNATIVA
           
        • VIVENCIAS: UNA EXPERIENCIA TAURINA MEDIO SIGLO DESPUES DE MI ALTERNATIVA
           
        • VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO: DE MI ALTERNATIVA A LA CONFIRMACION
           
        • VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO: TEMPORADA 1956, DE ESPAÑA A AMERICA
           
        • VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO: MI PRIMERA CAMPAÑA AMERICANA, EL ECUADOR 1956-1957

                                                                         

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