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ABRIL 2006 EN
SEVILLA: LA MAESTRANZA SE ENAMORA |
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La vejancona
Plaza Maestranza, remozada en este esplendoroso abril, ha citado a 38 de sus
pretendientes diestros para que en su amarillento albero le cortejen con sus
encantos toreros. Ignoró a los más, echó al lado por el momento a sus dos
amantes sevillanos, se sorprendió con la clase y el valor del francés Castella,
coqueteó con gusto con los jóvenes madrileños, el seriote Jiménez y el
simpático García; le sorprendió el talento de López Chaves y se volvió a
asustar con la temeridad de su admirado amigo Liria, y con la de los valientes Padilla, “El Fundi”, y Valverde, quienes se jugaban la vida para conquistarla.
Se enamoró platónicamente de Cayetano, el dinástico y mediático novillero, al
mostrarle éste que puede llegar a ser gente; y quiso entregarse locamente a
Cortés, el torero del vecino pueblo de Mairena de Aljarafe, a quien le tenía
echado el ojo desde el año pasado. Sin embargo, al final, eligió a Ponce, quien
en esta primavera le conquistó ante los toros,
no solamente con sus obvios dones de resplandeciente elegancia y de
suprema y madura maestría, sino con una fogosa, casi novilleril, valentía que
el maestro valenciano a menudo oculta.
Desde el 16 de
abril hasta el uno de mayo presencié como la mayoría de los 38 toreros se
esforzaba en encantar con su toreo a la Maestranza. Y ahora, después de haber
transcurrido unos días de lo visto, relataré mis impresiones de los hechos,
cantando lo grandioso, alabando lo notable y comentando muy a la ligera lo
olvidable ocurrido en el ruedo maestrante. No obstante, antes de referirme a
los hechos haré unas observaciones sobre el abono, y al completar mi relato
añadiré dos apéndices, uno que contiene
los resúmenes de las reseñas y otro que muestra los ganadores de los
premios que, al completarse el programa taurino de la feria, algunas
instituciones otorgan.
El programa
para la Feria de Abril 2006 de Sevilla comenzó el Domingo de Resurrección, el
16 de abril, y terminó el lunes el
primero de
mayo y durante esos días se celebraron
quince corridas de toros, una corrida mixta y un festejo de rejones. En estos
festejos actuaron 38 matadores de toros, ocho rejoneadores y un novillero.
La base de esta
parte del abono sevillano estuvo formada por cuatro matadores de toros, tres de
los cuales, César Rincón, “Morante de la Puebla” y “El Cid” actuaron tres
tardes y el maestro Ponce que hizo el paseíllo en dos ocasiones. De los 34
restantes diestros que completaron los carteles solamente “El Fandi” hizo
doblete.
La formación de
los carteles fue rara para Sevilla y algo injusta para algunos toreros como
Salvador Cortés, Rivera Ordóñez, César Jiménez, Pepín Liria, Serafín Marín o
Salvador Vega quienes, a pesar de triunfar en el abono de la anterior feria
abrileña, entraron en únicamente un cartel, al igual que aquellos diestros que
anteriormente no se distinguieron. También, a
mi ver, fue un desacierto el anunciar al veterano Rincón en
tres festejos quien, aunque
fue el triunfador de la Feria 2004, el año pasado actuó en dos corridas con más
pena que gloria. En cambio, fue un gran acierto el anunciar la presentación del
novillero Cayetano con el caballero Hermoso de Mendoza, quien reaparecía
después de un año de ausencia, y con el gran maestro Manzanares que tan buen
gusto dejó el año pasado. Este festejo que cerró la feria y el que la inició el
Domingo de Resurrección fueron los que más expectación habían creado. En el
abono de feria también se anunciaba el
debut de los matadores de toros López
Chaves, Miguel Angel Perera, Eduardo Gallo, “El Capea”, Ruíz Manuel, Sergio Martínez y Luis Bolívar. “El
Juli” fue el gran ausente del serial, aunque debo admitir que ni oí ni leí
comentarios lamentando su ausencia.
Respecto a las
ganaderías anunciadas hay que resaltar que hubo una ración mayor de la normal de los encierros
conocidos como duros: Miura, Palha, Cebada Gago, Cuadri y Victorino Martín. Lo
que tal vez explique el porqué tantos toreros prefirieron anunciarse solamente
una tarde con toros de los comerciales para así evitar el enfrentarse con astados
de fama dura.
A pesar de
todo, el público respondió al abono, pues llenó la plaza en todos los festejos,
excepto en la segunda, tercera y cuarta corridas en las que los espectadores llenaron tres cuartas partes
del cupo de la plaza.
Paso ahora a
comentar sobre las actuaciones del bogotano Rincón y los sevillanos Morante y
“El Cid’. Se dio el caso que estos tres matadores que toreaban en tres
festejos, abrieron juntos el abono el Domingo de Resurrección, encerrándose con
el flojísimo y manso encierro de Nuñez del Cuvillo. Este festejo, que tanta
expectación había creado, pues el bogotano volvía a Sevilla después de haber
completado en América una de sus mejores campañas, y además, se esperaba una
reñida competición entre el artista de la Puebla y el clásico artífice de
Salteras. Sin embargo, los ocho toros que salieron por los chiqueros, ya que uno
fue retirado por débil y otro por quebrarse un cuerno, convirtieron el festejo,
en el más tedioso y aburrido del ciclo, a pesar de que “El Cid” levantó algo los
ánimos luciéndose con el último astado de la tarde. Su faena tuvo un
interesante principio, ya que el torero instrumentó tres o cuatro cortas series
con ambas manos con la hondura y clase que es su marca, pero al pararse el
noble animal, el trasteo decayó y al matar de una estocada baja, hubo una leve
petición de oreja que quedó en una vuelta al ruedo. Otros buenos momentos de la
tarde fueron un buen quite por verónicas de Rincón y una docena de pases de pellizco que le dio Morante a su primero,
remató esa labor con una estocada caída. Eso fue todo, pues los tres espadas
oyeron silencio al concluir las restantes faenas.
“El Cid” de
nuevo pisó el ruedo el jueves 20 para lidiar el encierro de Victorino Martín,
de cuyo hierro solo lidió el tercero de la tarde, pues el escuchimizado sexto,
el único toro mal presentado del regordío encierro, fue devuelto y substituido
por un encastado y noble sobrero de José Luis Pereda. Fue a este toro con el
que el de Salteras tuvo su mejor momento en su paso por la Maestranza y al que
le cortó una oreja. Su faena fue nítida, compuesta por largos y templados
naturales y
derechazos con la muleta arrastrando la arena, rematando las series
con kilométricos pases de pechos. Sin embargo, la falta de ajuste y más entrega
en el hacer y una estocada caída evitó
que el aplauso de su público tuviera la intensidad de sus otras tardes
triunfales. Paseó una merecida oreja en la vuelta al ruedo. Su ‘victorino’ fue
noble, sin sacar la sabiduría clásica del hierro, y con él su faena estuvo compuesta
de series de pases demasiadas cortas para crear entusiasmo en los tendidos.
Mató efectivamente y fue aplaudido. En su última tarde la décima corrida del
abono, con los “juanpedros”, estuvo mejor con el primero de su lote que con el
astado que cerró plaza, ambos tuvieron noblezas pero estuvieron cortos de raza
y de fuelle. Su primera faena, basada en el toreo derechista, fue de más a
menos y, al concluirla de una estocada atravesada y descabello, fue fuertemente
aplaudido. Sin embargo, necesitó de cinco pinchazos y un descabello para
deshacerse del último toro que lidió en la feria. “El Cid” necesita triunfar a
lo grande en su encerrona en solitario en septiembre para seguir siendo uno de
los toreros favoritos de la Maestranza.
Ni Rincón ni
Morante pudieron levantar cabeza en sus consecuentes actuaciones. El bogotano
actuó en la séptima y la onceava corrida del abono con toros de selectas
ganaderías que en el ruedo no hicieron honor a sus divisas. Aunque el material
que tuvo no fue el mejor para triunfar, también es verdad que el maestro
bogotano no estuvo a la altura de las circunstancias, mostrando incluso en
varias ocasiones faltas de recursos y maestría. Al concluir su labor en ambas
tardes reinaba el silencio en los tendidos. Cuatros silencios que, sumados a
los dos de su primera actuación suman seis. César dejó la Maestranza con un
cartel muy disminuido.
Pero fue aun
mucho peor el caso del sevillano, quien en sus dos últimas actuaciones se
mostraba abúlico, pareciendo desinteresado de lo que sucedía en el ruedo y portándose como si estuviera
en otro mundo y ni el éxito ni el fracaso no le incumbiera. Su peor momento
tuvo lugar en la corrida sexta del abono, con “los zalduendos”, cuando
respondió al espectacular triunfo de Ponce macheteando malamente al “zalduendo” y rematándolo de pinchazo y
estocada. El ruido de la fenomenal bronca superó a los pitos que había oído en
su primero e igualó al que lo acompañó al abandonar la plaza. También fue
pitado en el primer “juanpedro” de su lote en la tarde de su despedida de la
feria el martes 23 de abril, y cuando hizo un esfuerzo por desquitarse en la
faena de muleta a su ultimo toro, después de haberle completado un bonito quite
por verónicas, y de haber comenzado luciéndose con la muleta, el animal se
estancó en la arena y dejó de embestir.
Mató de pinchazo y de cinco descabellos y oyó algunas palmas. No ha sido
una buena feria para el gran artista de la Puebla. De su Sevilla se va con un
cartel por los suelos...ahora bien su público seguirá esperándolo.
Paso ahora a
considerar las actuaciones de los dos espadas que hicieron el paseíllo dos
tardes: uno, el privilegiado maestro Ponce, quien con su exquisito toreo en
este abono ha escrito en el albero maestrante una pagina histórica difícil de
olvidarse, y el otro, “El Fandi”, del que lo que se recordará es el incidente y
la controversia de haber lidiado un toro en un barrizal, bajo una tromba de
agua y granizos más gordos que garbanzos.
La mañana del
domingo 23 fue lluviosa pero el cielo aclaró lo suficiente para que por la
tarde “El Fandi” acompañado de "Jesulín
de Ubrique” y Serafín Marín, quienes esa tarde hacían sus únicos actos de
presencia en el serial, hicieran el paseíllo para confrontar un encierro de “El
Torreón”’ que al estar muy escaso de casta y fuerza hizo que las actuaciones de
los toreros en los primeros cuatro toros que lidiaron fueran anodinas.
Sobresalieron la facilidad lidiadora de Jesulín, el esfuerzo de Serafín y el
banderillear del granadino a su primer toro. Comenzó a llover en el tercer toro
y para el cuarto el agua caía a tromba, mezclada con granizos que sonaban como
bombazos en nuestros paraguas. Por la razón que fuera, el presidente no informó
a tiempo de la suspensión del festejo y “El Fandi”, después de una acalorada
discusión con el de Ubrique, decidió medio lidiar, pues no se banderilleó al
toro que se hallaba en la arena. Lo mató prontamente, y los espectadores
empapados y con el agua cubriéndonos los tobillos, como pudimos y muy
lentamente, abandonamos los tendidos. A día siguiente el diario ABC citó a
Jesulín quien, sin pelos en la lengua, entre otras cosas, acusó al granadino de
ser “un inconsciente y chufla’ que actuó como
“un hijo de p---” al poner en peligro la vida de todos innecesariamente.
Palabras demasiado duras. Por otro lado “El Fandi” declaró que él había
cumplido con su obligación de enfrentarse con su toro que ya estaba en el
ruedo. La prensa criticó el hecho de que la plaza no tiene un sistema de
megafonía para difundir información pertinente al público y a los protagonistas
en el ruedo para así evitar problemas similares o peores al que tomó lugar esa
tarde. “El Fandi” repitió con mejor fortuna cinco días después. Esa tarde el
granadino lidió, sin controversias y sin granizos en esta ocasión, a un sobrero
con el hierro de “La Dehesilla” y a un toro noble pero parado de Parladé, del
encierro titular. El torero entusiasmó en los dos tercios de banderillas y
estuvo lucido con el capote en algunos momentos. En cambio, aunque puso mucha
voluntad, las faenas de muleta fueron aceleradas. Usó los aceros efectivamente
y fue aplaudido por su voluntad al
completar su labor y al abandonar el ruedo. Esa tarde el “El Fandi” fue testigo
del fracaso de Javier Conde quien fue fuertemente abroncado por su falta de
pundonor, al no querer ni ver a dos toreables ‘parladés’ y del grandioso
triunfo de Salvador Cortés, al que nos referiremos más adelante.
Relatar lo que
el maestro Ponce realizó en el albero de la Maestranza es difícil sin aparecer
emocional, pedante o exagerado, pues es difícil describir lo taurinamente
sublime con un vocabulario meramente descriptivo. Lo intentaré. El valenciano
actuó en dos corridas, con los ‘zalduendos’ el
21 de abril y cuatro días después con los ‘juanpedros’. Si leyéramos las
reseñas de los resultados de sus faenas de “vuelta, dos vueltas, silencio y una
oreja”, no nos impresionaríamos grandemente, ya que la espada se impuso a que
los resultados netos fueran más notables. Sin embargo, hay casos tan
excepcionales en los que los aceros no debieran ser los determinantes para
limitar un triunfo. No importa lo que las reseñas indiquen, pues los que
presenciamos el acontecimiento de la
primera tarde de Ponce les otorgaríamos al de Chivas simbólicamente las
cuatro orejas, un rabo y una apertura de la Puerta del Príncipe---Vi a Ponce
abrirla hace unos años y su actuación entonces, a pesar de ser grandiosa, no
tenia comparación con lo que el maestro ha conseguido hacerle a los dos
complicados ‘zalduendos’--- Su primer toro era áspero y bravío, quiso coger al
subalterno Tejero, pegaba hachazos a diestra y siniestra en el primer y segundo
tercio. Yo no hubiera apostado un euro por que allí iba a haber faena. No
obstante, me equivoqué porque el sabio maestro, revestido con una ansia
novilleril, le ejecutó a la bestia ocho o diez doblones para convertirla en
cordera. Lo que siguió fue una sinfonía torera, tan artística y emocionante
como maestra. El espada estaba fuera de sí, entregado y toreando tanto con el
alma como con la muleta. La banda, que ha sido tan parca y caprichosa en
hacerse oír durante todos los festejos tocaba sin parar. En los tendidos todos
éramos uno, estábamos tan conjugados con el artista como él con el toro. Una
estocada muy tendida y varios descabellos dejaron el premio en una tumultuosa vuelta
al ruedo. Si esto no fuera bastante lo que aconteció en su segundo toro superó
a todos los perímetros toreros de lo ya visto en su primero. De nuevo otro
astado con dificultades, el toro, que arremetía con hachazos y arreones, arroyó
al seguro maestro. Este se incorporó enrabietado para bordar con clase y
pellizco un quite por delantales. De nuevo con la muleta comenzó con doblones
poderosos y dominadores para domar al animal y convertir su espereza en temple,
para luego completar otra inolvidable, sentida e intensa faena para la que me
faltan epítetos laudatorios para describirla. Dos pinchazos le robaron las dos
orejas pero, con el público en pié aplaudiendo a rabiar, este maduro torero,
emocionado como un incipiente novillero, dio dos vueltas al ruedo, sabiendo que
Sevilla, al fin, lo había adoptado como suyo, aunque siempre lo había
considerado una extraordinaria figura del toreo. En su repetición con los
manejables pero descastados pupilos de Juan Pedro Domecq, vimos de nuevo en el ruedo al otro Ponce, el
mago que con sapiencia y habilidad lidiadora hipnotiza y mima a los toros para
hacerlos durar hasta robarles orejas. Eso le hizo al segundo de su lote al que
le cortó un apéndice, y a su primero, un manso que se emplazó y se negó a
embestir, ni con su magia pudo hacerle otra cosa que estar voluntarioso con él
y demostrar que allí no había nada que hacer. Fue respetuosamente silenciado al
rematarlo de una estocada desprendida. Es maravilloso pensar que una
super-figura que comienza su 16ª temporada conserva todavía el valor, la
ilusión y la frescura para alcanzar nuevas metas cuando ya parece que no le
queda ninguna a la que llegar.
Entre los 33
diestros que solamente actuaron en un festejo se encuentran Salvador Cortés, el
único que abrió la Puerta del Príncipe por obtener cuatro trofeos, el francés
Castella que desorejó por partida doble a un toro, y Liria, “El Fundi”,
Padilla, Valverde, López Chaves, Iván García, César Jiménez y Manzanares hijo,
que obtuvieron un trofeo. Curiosamente, de este ultimo grupo, excepto por
Jiménez que le cortó una oreja a un ‘torrealta’ y por Manzanares que se la
llevó de un "zalduendo"; los otros espadas se las cortaron a toros de los
encierros duros, que excepto por los ‘miuras’, en esta feria han salido en
general nobles además de bravos.
Salvador Cortés
ya sabía lo que era triunfar en la Maestranza, ya que en la feria anterior
desorejó a un toro en la tarde de su alternativa y en una corrida de verano
también había cortado un trofeo. Sin embargo, la empresa no le había dado el
buen trato debido al incluirlo en la feria en solamente un festejo, y no
precisamente en un cartel de los más selectos. El vino a demostrar el porqué se
merece más. En la 13ª corrida de abono el diestro del pueblecito sevillano de
Mairena de Aljarafe se encontró con dos serios, bravos y nobles astados de
“Parladé” y desorejó a ambos por partida doble. Lo consiguió como
debiera
hacerlo todo buen torero que quiera ser figura, jugándose el todo por el todo,
no de una manera suicida, sino con cabeza, haciendo las cosas bien y con
firmeza, clase y elegancia en su toreo. A su primero lo toreó con temple y
entrega llevando la muleta planchada y adelantándola sin exageraciones, para
enlazar pases en continuadas series de derechazos y naturales. Aderezó lo
fundamental con trincherazos y algún
que otro desplante o adorno. Sin dudarlo, se perfiló de frente y atacó por
derecho para consumar la estocada más perfecta de la feria, de la que el animal
salió fulminado a la salida de la suerte. Pensaría que un doble trofeo no sería
bastante para que la empresa le diera un mejor tratamiento, así que se fue al
portón del toril para recibir a portagayola al último toro de la tarde. No hubo
atropello sino limpieza en la ejecución de esa arraigada suerte, y la siguió lanceado
a pies juntos, con los aficionados en pie y la música sonando. Tuvo el
atrevimiento de dejar al toro casi sin picar para no restarle movilidad y para
que se viniera de largo. Entonces, como a su primero, le ejecutó una faena
igual o superior en calidad y emoción a la anterior, para firmarla con otro
estoconazo, del que Cortés salió
prendido con la taleguilla rota. Sin mirarse, vio doblar al animal para
luego acercarse a su hermano, el matador Luis Mariscal, a quien le había
brindado el toro. Este salió a los medios a devolverle la montera, y ambos se
abrazaron emocionados, dejando correr algunas
lágrimas. Un toque humano realzó una gran actuación torera. Dos orejas
más pasaron a sus manos y la Puerta del Príncipe se le abrió de par en par. Tal
vez esto haya sido un inicio de un nuevo idilio de la señorial Maestranza con
otro torero sevillano.
Sebastián
Castella actuó en el 7º festejo del abono con la corrida anunciada de
“Jandilla”, de la que solo se lidiaron
tres toros, pues el encierro fue remendado con un astado de “La Dehesilla” y
dos de “Zalduendo”. Al francés le tocó en suerte un extraordinario animal de
este último hierro, al que se le dio la vuelta al ruedo, y al que le cortó las
dos orejas. Lo recibió lanceándolo lucidamente para luego ejecutarle un
ajustadísimo quite de vistosas chicuellinas. El toro llegó a la muleta con
movilidad. Esperó impertérrito en el centro del ruedo las codiciosas arrancadas
del 'zalduendo', para cambiarlo repetidamente y ligarle varias trincherillas,
rematarlas con un pase de pecho. Se inició la música y Sebastián prosiguió su
hacer con muy ligadas series de lentos y templados naturales y derechazos en
redondo, rematados con adornos. Destacaba la firmeza y seguridad del torero y
el temple y majestad de su toreo. Una gran estocada coronó la obra provocando
la muerte de un encastado animal que se resistía a doblar, lo que hizo en el
centro del ruedo. Dos orejas fueron el premio para el torero y para el público
el placer de haber apreciado la transformación de un torero de estilo machacón
y encimista en un torero magistral, fino y artista. Anotemos aquí un incidente
impropio de una plaza de primera, el que quizás hubiera causado que el diestro
francés no rematara su tarde. Por error salió al ruedo en primer lugar el toro
quinto que le pertenecía a Castella. Entonces, ni Rincón, el primer espada,
quiso torearlo ni Castella quiso correr el turno, así que después de haber
pasado unos diez minutos, sin nadie en los tendidos saber lo que sucedía, el
“jandilla’ fue devuelto a los corrales, para luego volver de nuevo al ruedo
cuando le correspondía. El toro salió con mucho brío pero se rajó en el último
tercio, y Sebastián pudo demostrar con su decisión y valentía que allí no
quedaba nada por hacer más que lidiarlo y matarlo eficientemente. Fue
fuertemente ovacionado.
Esa misma tarde
también José Maria Manzanares hijo triunfó, aunque en menor grado que el
francés. En su primero, un descastado y
soso “jandilla” el alicantino estuvo decidido pero sin brillantez. En cambio en el que cerró plaza, otro noble
sobrero de “Zalduendo”, Manzanares toreó con excelentes maneras y decisión,
aprovechando las buenas pero pocas arrancadas que el toro
tenía por el lado derecho. Por consiguiente, la faena fue basada en ese lado. Fueron de especial
belleza los ajustados trincherazos a media altura con los que llevó al astado
de los medios al tercio en preparación para el acto final. Cobró una estocada
desprendida y en la vuelta al ruedo exhibió en su mano el apéndice que el
público pidió y la autoridad le concedió. Al fin, Manzanares ha justificado su
presencia en la feria después de desaprovechar las buenas oportunidades que en
Sevilla se le ofrecieron en las dos ferias anteriores.
El debutante
Domingo López Chaves que llegó a Sevilla sin anunciarse a bombos y platillos ha
salido triunfante de la feria con el encierro de “Hijos de Celestino Cuadri”
mientras que tres de los ‘nuevos en esta plaza’, Miguel Angel Pereda, Eduardo Gallo y “El Capea”, quienes llegaban con más ambiente y estaban colocados
en carteles selectos, no han encontrado el material, o no han superado las
dificultades, para hacerlo. Estos últimos tendrán que esperar otra ocasión para
que la docta afición Sevillana los juzgue. Domingo se enfrentó con dos serios
‘cuadris’ con un peso rayando los 600 kilos. El primero con la casta rabiosa
típica de la casa y el segundo con tal nobleza pastueña que parecía más bien de
“Domecq”, y con igual valor, decisión y sapiencia, a cada uno le dio su lidia.
En su primero, tuvo que basar su labor en el valor y la técnica, asustando cada
vez que las enormes astas, una vez y otra vez, le rozaban la taleguilla, pero
su firmeza nos daba tranquilidad. Terminó con una estocada baja, lo que le
restó algo de mérito a lo hecho, no obstante dio su primera vuelta por el
ruedo bético. Con su segundo, el salmantino mimó al noble bruto con los suaves
vuelos de su muleta y le construyó una clásica y sobria faena que motivo el
hacer tocar la música a la vaga y caprichosa banda sevillana. Resumió lo bueno
conseguido con una buena estocada. Los resultados: una oreja, otra vuelta al
ruedo y una buena sorpresa para el público sevillano que se ha encontrado con
buen torero castellano. Componían el cartel dos toreros de corte fino, Ruiz
Manuel que tambien hacia su presentación
y Antón Cortés. Ambos tuvieron algunos momentos lucidos pero ninguno
tuvo recursos para sacarles partido a los “cuadris”. La ganadería onubense
“Hijos de Celestino Cuadri” acaba de
cumplir su 50ª aniversario de antigüedad y esta era la primera corrida que
lidiaba después de esta efeméride. Como curiosidad añado que él que esto
escribe le dio la antiguedad al hierro al lidiar a “Brujito” en el ruedo de Las
Ventas el 8 de abril del 1956.
Iván García se
había ganado la entrada en la corrida de “Palha” por haber desorejado a un toro
en un festejo veraniego en la Maestranza. El legendario encierro portugués
resultó bravo y noble, con la excepción del difícil sexto toro que le tocó a
Iván. A este astado, en los dos primeros tercios se le dio una lidia fatal que
no ayudó a mejorar sus malas cualidades. Sin embargo, Iván se impuso con su
muleta, lidiándolo con firmeza y terminándolo con una buena estocada, para ser
ovacionado por su valor y eficacia. Su éxito ya había sucedido con el tercer
astado de la tarde, un serio y noble ejemplar
bovino. Aquí vimos un torero
largo dominando los tres tercios de la lidia. Con el capote, lanceó con buen
estilo y gracia, hizo quites variados y llevó al toro al caballo galleando.
Luego, completó un gran terció de banderillas y ejecutó con la muleta una faena
variada, modelo de ligazón y técnica. La labor iba camino de merecerse un doble
premio, pero el toro perdió gas, por lo que la última fase de su labor bajó
algo de tono y, al pinchar una vez antes de tumbar al animal de una estocada,
se ganó solamente un merecidísimo apéndice. Fue despedido con un nutrido
aplauso. El madrileño ha demostrado en Sevilla que es un torero en alza.
Componían el cartel el albacetense Sergio Martínez y Uceda Leal. Cuando este
último estaba a punto de culminar una jaleada faena de oreja a otro noble
“palha”, una banderilla se le clavó profundamente en el muslo, y tuvo que ser
retirado a la enfermería. Sergio Martínez, quien también debutaba en la
Maestranza, despachó sin lucimiento a este toro y a los de su lote, en los que
fue silenciado. Uceda Leal fue operado por el Dr. Vila de una herida
superficial.
En el 2005
Pepín Liria le plasmó a un bravo astado de “Palha” en el albero sevillano una
las mejores faenas de la feria y, al fallar con al espada, no pudo añadir un
trofeo más a los diecisiete que llevaba cortados en Sevilla. Sin embargo, la
empresa de Sevilla sigue desestimando lo que el diestro de Cehejín ha logrado
ante el público sevillano, que lo estima y respeta, y de nuevo le ha dado entrada
en la feria en otro cartel de un hierro de los duros. Este año entró en la
corrida de Victorino Martín. A diferencia del año anterior, en esta ocasión el
maestro ha tenido que triunfar, echando mano al valor y la técnica pues sus dos
"victorinos" no han sido nada fáciles. Con el primero estuvo en
maestro, echándole mucho valor para sacarle buenos pases sueltos a un toro que
se quedaba corto y buscaba el bulto. Se demoró en matar y no obstante fue
fuertemente aplaudido. El cuarto era una mole bien armada de cerca de 600
kilos, no precisamente en tipo "albacerrada". Sin pensarlo mucho lo
recibió a portagayola con una ajustada larga cambiada que caldeó el ambiente.
La faena fue poderosa y emocionante, pues a menudo las astas le rozaban las taleguillas
e incluso la chaquetilla. Sobresalieron en su hacer tres comprometidas y largas
series de derechazos en redondo. Terminó con el avispado pero ya derrotado
"victorino" de una estocada tendida que le hizo doblar. Otra oreja y
ya suman dieciocho. Hasta el año que viene, maestro, Sevilla te espera.
Después de hace unos días haber abierto la Puerta
Grande de Las Ventas, el madrileño César Jiménez venía dispuesto a
repetir la gesta en Sevilla, y
aunque en la Maestranza no lo ha conseguido, sí ha triunfado al cortarle una
oreja al pastueño toro de “Torrealta” y estar a punto de llevarse en el
esportón una segunda oreja del encastado sobrero de “El Toñanejo” que
lidió. A su primero, muy sereno,
comenzó la faena con un pase cambiado en los medios que motivó un ¡uy!, o un
¡ole!. Luego toreó con gran firmeza, elegancia, y sobretodo temple. Dejando la
muleta en la cara del animal tiraba de él y enhebraba derechazos y naturales
con la tranquilidad del que torea de
salón en su casa, y con estudiado desmayo hacía parecer demasiado fácil lo
difícil. Entró a matar como mandan los cánones, perfilándose entre los cuernos
y lentamente adelantando la muleta hasta cruzar limpiamente, dejando el acero
hundido en el hoyo de las agujas. Con el sobrero, que tenía más casta y genio,
lo retó con valor sereno, para sacarle
una faena menos ligada pero más vibrante que tal vez le hubiera merecido otro premio, más pinchó y la recompensa
quedó en salir al tercio a recibir sonoras ovaciones. Aplausos que oyó de nuevo
al abandonar el ruedo.
El penúltimo festejo del ciclo ferial, la
tradicional “miurada”, se celebró el último día del mes de abril, y si yo la
hubiera visto hubiera titulado la crónica “Tres valientes y tres orejas tres”,
pero no la pude ver pues un miura estomacal me envió a la cama tres horas antes
de comenzar la corrida. Mi cuñado Antonio Mihura (con ache) que asistió a la
corrida con mi hermana Mari-Carmen, al volver a casa me despertó y me dijo:
“Oye, enfermo, deberías de haber oído los ¡ay! que se le escaparon de su boca a
tu hermana durante las luchas de tres valientes con los “miuras”. ¡Que tíos!.
De verdad hemos pasado miedo”. La
prensa y las imágenes en televisión me
confirmaron sus impresiones pues en síntesis decían que seis “miuras” de 670,
664, 601, 630, 629 y 663 kilos se encontraron con tres valientes y curtidos
lidiadores, “El Fundi”, Juan José Padilla y Javier Valverde. quienes jugándose
el tipo les arrancaron una oreja a tres mansos y peligrosos “miuras”, y que en
el proceso sufrieron varias emocionantes volteretas. Valverde fue el peor
parado de esos achuchones, pues al entrar a matar al único toro que lidió,
sufrió una cornada de 15 centímetros en el muslo izquierdo que le impidió
continuar la lidia, y la que el Dr. Vila diagnosticó como de menos grave. No sé
si entonces sentí pena por haberme perdido presenciar un maratón de terror como
el de esa tarde que recreaba las épicas taurinas de primeros del Siglo XX.
Tampoco asistí
al maratón de rejoneo matinal del domingo, en el que actuaron siete
rejoneadores. Según la prensa fue un largo festejo de carácter triunfalista, en
el que se concedieron un exceso de trofeos. Estos fueron los resultados: Antonio Domecq
y Moura Caetano oyeron silencio;
Leonardo Hernández hijo oyó dos avisos por estar pesado con los rejones de
muerte y fue ovacionado por su total actuación; Joao Moura hijo dio una vuelta
al ruedo; y Rui Fernandes, Andy Cartagena y Diego Ventura fueron premiados con
dos orejas. No abrieron la Puerta del Príncipe debido a que el nuevo reglamento
exige que se corten tres orejas.
De los diestros
que no obtuvieron trofeos, pero que estuvieron cerca de conseguirlo, hay que
destacar entre otros a Antonio Barrera, Luis Viches, Matías Tejela y Miguel
Angel Perera, pero por los aceros el trofeo se quedó en un ‘casi oreja’. El que
estuvo mas cerca de conseguir un codiciado apéndice fue el sevillano Antonio
Barrera, quien se lució de lo lindo con un toro de "Valdefresno”, que
transmitió mucho, y al que le compuso una clásica faena, compuesta por
templadas series con ambas manos y, cuando ya estábamos listos para pedirle la
oreja, un pinchazo y un mal bajonazo
hicieron que los pañuelos se volvieran al bolsillo. No obstante, dio una vuelta
al ruedo.
Considerando que sería una tarea exhausta el
referirnos detalladamente a todos los diestros que en estas quince corridas del
abono del 2006 han pisado el albero tratando de cortejar a la bella Maestranza,
al final de estas memorias he añadido un apéndice en que se puede observar
como el público evaluó objetivamente a todos los actuantes tal como se reporta en
las reseñas que aparecen de la prensa. Pero antes, concluiré estas memorias
exponiendo mis impresiones de lo sucedido en el festejo mixto que cerró el
ciclo ferial, en el que admiramos la buena actuación de un novillero y nos emocionamos
al presenciar la inesperada retirada de un maestro que ha sido una gran figura del
toreo.
El lunes
primero de mayo había gran ambiente en los alrededores de la plaza antes de
comenzar el festejo, en el que se anunciaba que Pablo Hermoso de Mendoza
rejonearía dos toros de Bohórquez, que el maestro Manzanares se enfrentaría con
dos toros de “Alcurrucén” y que el dinástico y mediático novillero Cayetano
Rivera Ordóñez debutaría con dos novillos de "Zalduendo". El cartel
era interesante, pero el interés, casi morboso, recaía en el novillero, pues
aunque este todavía no se había ganado en los ruedos la excepcional categoría
que le precedía, se leía mucho bueno de él en la prensa taurina y mucho más en
la prensa rosa. Me senté en mi asiento del tendido y esperé con cierto
escepticismo la actuación de Cayetano, y debo confesar que lo que vi superó
a lo bueno que había leído o oído del nieto de Ordóñez. Los dos
novillos fueron
muy bravos y nobles, de los que pueden descubrir la calidad de un artista, pero
con ellos Cayetano demostró que posee dones de torero grande. Toreó firme,
seguro de sí mismo, sin preocuparse que a él se le estaba examinando con lupa.
Su toreo se basa en el temple y lo hace sin esfuerzo girando la cintura y
jugando las muñecas. Mató entrando de verdad y se llevó una oreja de cada
novillo. Si no obtuvo más trofeos fue porque le faltó enfadarse algo más con
los novillos, tal vez un poco más de teatro. Mi impresión no es haber
presenciado el nacimiento una figura, pues le queda muchas cosas que aprender,
un largo camino por el que andar y muchas pruebas que pasar. Lo que sí afirmo
es que detecto en Cayetano cualidades muy especiales para serlo, y que sus
finas maneras me recuerdan más a un Ordóñez que a un “Paquirri”. La actuación de
Hermoso de Mendoza fue correcta, pero un lote de astados apaguatados le
restaron emoción a su hacer y no le permitieron esas emocionantes exhibiciones
de rejoneo con las que usualmente nos deleita. Fue ovacionado al saludar desde
el tercio. Evaluar la
actuación de José Maria Manzanares no viene al caso, digamos solamente que el
maestro no estuvo motivado para vencer algunas dificultades de sus toros que
eran toreables. El público le abroncó en su primero, y estaba listo para
manifestar algunas protestas cuando el maestro salio al tercio al rematar el
segundo de su lote. Entonces ocurrió la sorpresa de la tarde y del año. Su hijo
se acercó y simbólicamente le cortó la coleta. El público emocionado aplaudía a
rabiar mientras la música tocaba un pasodoble y padre e hijo se abrazaban,
dejando resbalar por las mejillas lágrimas toreras. El maestro se retiraba después de 35 años en
activo. Luego, la apoteosis emocional, vuelta al ruedo con Cayetano después de
este terminar de liquidar a su segundo
utrero, y una salida por la Puerta del Príncipe llevado en hombros y acompañado
por su hijo, su cuadrilla y sus
compañeros, entre ellos “Espartaco” , Francisco Rivera Ordóñez, Padilla, “El Litri”, “El Tato”, Ponce, “Morante de la
Puebla”, Antonio Barrera y “El Cid”.
Esto fue un
final muy emotivo para un abono de feria que, a pesar de sus altos y bajos, ha
resultado muy interesante, y en el que la bella “Maestranza" vio retirarse
a Manzanares, uno de sus favoritos, se enamoró locamente del genial Ponce, se
infatuó con el sevillano Cortés, devaneó con el francés Castella y además le
echó el ojo al novillero Cayetano, quien quizás con sus suaves maneras y con
suerte pudiera ser su futuro pretendiente.
APENDICE A:
RESUMENES DE LAS RESEÑAS DEL PROGRAMA TAURINO DE LA FERIA DE ABRIL 2006
En la tabla que
sigue aparecen anotados con símbolos los resultados de las actuaciones de los rejoneadores, novilleros
y matadores que actuaron en la Plaza de
la Maestranza de Sevilla en los dieciséis festejos del programa taurino de la
Feria de Abril-2006. Los resultados han sido extraídos de las reseñas que
aparecen en la prensa y están expresados con los símbolos que siguen:
Símbolos: 2a= dos avisos; 3a=tres
avisos; b=bronca; pit=pitos; d=división de opiniones; s= silencio; ov=ovación,
aplausos o salida al tercio; v=vuelta al ruedo sin oreja; p=petición de oreja; o= una oreja; 2o =dos
orejas; r=rabo; sh-salida a hombros; pp=salida por la Puerta del Príncipe; y
h=herido sin poder continuar la lidia, y hc=herido continuando la lidia.
Entradas aproximadas: 1/2, 3/4 del
aforo, ll=lleno. Debido a que un aviso puede ser causado por una larga faena o por tardar en matar, no lo anotamos.
APÉNDICE B:
PREMIOS
Premios de la Real Maestranza:
Premio “Blanco y Oro” de La Fundación Cruzcampo
La Fundación
Cruzcampo otorga anualmente el trofeo “Blanco y Oro”, antes llamado “Ganadería
Estrella”, que premia a la mejor ganadería de las lidiadas en las corridas del
programa de la Feria de Abril de Sevilla, incluyendo la corrida del Domingo de Resurrección
que
tradicionalmente inaugura la temporada taurina en la
Plaza de Toros de la Maestranza.
El premio
“Blanco y Oro-2006” ha sido adjudicado a la divisa portuguesa de
"Palha" y fue clasificada en segundo lugar la ganadería onubense de
“Hijos de D. Celestino Cuadri”. El premio se entregará en Sevilla en el mes de
septiembre, en las vísperas de la Feria de San Miguel.