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RESUMEN CON DATOS Y
NUMEROS: |
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La Introducción:
La popular Feria de San Fermín que se celebra en
Pamplona, España, es la feria taurina más conocida y popular en el mundo no
taurino, principalmente por sus encierros matinales, los cuales son televisados
para el mundo como si estos fueran un espectáculo deportivo.
La edición
del 2006 comenzó el martes 5 de julio con una novillada picada que fue seguida
al día siguiente por un festejo de rejoneo, y concluyó el jueves 14 con una
corrida, en la que se lidiaron toros de Victorino Martín. En total, el abono
pamplonica se compuso de la novillada, el festejo de rejones y ocho corridas de
toros.
Veinticuatro matadores de toros actuaron en las ocho
corridas, sin ninguno hacer doblete. Las super figuras Ponce y “El Julián”
actuaron en Pamplona en únicamente un festejo como los demás diestros. Sin
embargo, faltaban en los carteles algunos toreros cuyos nombres aparecen
regularmente en los abonos de otras ferias importantes. Quizás, una de las
causas de estas ausencias sea que en el abono se anunciaban cuatro hierros de
los ‘duros’, Victorino Martín, Dolores Aguirre, Miura y Cebada Gago, los que no
son del gusto de esos toreros y, por consiguiente, no quedaban lugares en los
carteles de las corridas con los encierros más deseables de José Luis Osborne
Vázquez, “Alcurrucén”, “Marqués de Domecq” y "Fuente Ymbro". Así que en el ruedo de la Plaza de la
Misericordia se tuvieron que enfrentar a esos toros menos deseables varios
diestros lidiadores especialistas en valentías.
Otra posible razón del porqué ahora algunos diestros
notables tengan menos motivación que hace unos lustros para formar parte de los
carteles de esta dura ‘feria del toro’,
sería que antes se esperaba que un triunfo en Pamplona abriera las puertas para
entrar en algunas ferias del norte. En cambio, en la actualidad, para el mes de
julio los programas de los abonos de la mayoría de las ferias norteñas ya están
más que cerrados, por lo que un triunfo en San Fermín, aunque otorga prestigio,
no tiene la inmediata recompensa que tenía años atrás.
Con la intención de facilitar el conocimiento de lo más relevante sucedido en la Feria de San Fermín para aquellos que no han seguido paso a paso los acontecimientos, escribo este resumen. Después de está introducción, primero recopilo una estadística que muestra los carteles con los resultados de las actuaciones de los toreros y con la entrada que hubo en cada festejo, para continuar luego haciendo unos comentarios generales sobre el comportamiento de los toros y las actuaciones de los diestros.
Aprovecho
para aclarar que los datos de los resultados estadísticos están recopilados de
las reseñas que aparecen en la prensa y, a la vez, afirmo que mis comentarios son basados en mi personal
interpretación de lo leído, oído y visto en los medios de comunicación, ya que
yo no he estrado presente en los festejos taurinos de la feria navarra del
2006.
Carteles y estadísticas
Estas son las equivalencias de los símbolos que aparecerán en
paréntesis detrás de los nombres de los diestros que actuaron en las ferias.
Representan datos objetivos de las actuaciones tales como se reportaron en las
reseñas de la prensa:
3a=tres avisos; 2a=dos
avisos; b=bronca; pit=pitos; d=
división de opiniones; s=
silencio; ov=ovación, aplausos o salida
al tercio; v= vuelta al ruedo sin oreja; p= petición de oreja; o= una oreja; 2o
=dos orejas; r=rabo; pg= salida por la Puerta Grande; hc=herido continuando la lidia; y h= herido sin poder continuar
la lidia.
Computarizando los datos de la estadística de las
ocho corridas de toros, excluyendo la novillada y el festejo de rejoneo, se
concluye que las 48 faenas ejecutadas por los 24 diestros se avaloraron así:
Los datos muestran también que el diestro Salvador
Cortés salió a hombros por la Puerta Grande mientras que Antonio Ferrera que se
había ganado ese honor no lo hizo por estar gravemente herido en la enfermería.
También, Sebastián Castella fue herido de gravedad, y Uceda Leal y López Chaves
recibieron lesiones leves. Dos matadores oyeron dos avisos en un toro, Padilla
y Perera. Sebastián Castella,
Francisco Marco, Fernando Cruz y Eduardo Gallo fueron los espadas que
obtuvieron un trofeo.
La plaza, como es la norma en el abono ferial navarro, se llenó en las ocho corridas de toros y en el festejo de rejones mientras que en la novillada se completó cerca de tres cuartos del aforo.
Es curioso que, dado el ruido ensordecedor que reina
en el coso pamplonica, especialmente en
tendidos de sol, los periodistas puedan reportar en sus reseñas que
hubiera silencio al completarse una faena.
La novillada, que el miércoles 5 de
julio inició el ciclo
ferial, fue entretenida pues los novilleros David Esteve y Oliva Soto se arrimaron y obtuvieron un trofeo, y el
torero dinástico Ángel Teruel, sin cortar apéndices, tuvo detalles muy toreros,
pero hizo mal uso del estoque al pinchar en más de cinco ocasiones al tercer
utrero de la tarde. El valenciano Esteve estuvo a punto de abrir la Puerta
Grande pues el público que llenaba casi tres cuartas partes de la plaza le
pidió la oreja con fuerza al matar a su primer utrero, pero el usía le negó el
trofeo, y el premio quedó en una vuelta al ruedo. Sin embargo, paseó una oreja
en la vuelta al ruedo al terminar su segunda faena. Soto se ganó su oreja
toreando a base de valor al complicado quinto novillo. En cambio, después de
torear en su primero con buen estilo, falló con la espada. Los buenos y bien
presentados novillos de “Miranda de Pericalvo”
fueron bravos y nobles, excepto por el quinto y el sexto que ofrecieron
algunas dificultades a los noveles toreros.
El Jueves 6, con una plaza llena, el rejoneador
navarro, mostró otra vez más que es un genio del arte del rejoneo. Se impuso
con su técnica lidiadora, valor y extraordinaria doma de sus cabalgaduras a las
dificultades de su primer toro, que era manejable pero mansurrón, como fueron
la mayoría de los astados de “Murube”. Le
completó una labor arriesgada y emocionante, la que al rematarla con un
rejonazo le supuso el desorejar al animal. Ahora bien, la faena más redonda se
la compuso al noble quinto toro, al que lo despojó de las orejas y el rabo. El
joven Sergio Galán le echó casta al asunto y con el peor lote del encierro se
las avió para entusiasmar a la concurrencia, especialmente con su segundo toro,
al que le cortó dos orejas. Galán acompaño al navarro en la salida a hombros
por la Puerta Grande. Completó el cartel Antonio Ribeiro Telles, quien estuvo
voluntarioso, pero falló en conseguir el éxito que buscaba. Fue silenciado en el primer astado de su lote y aplaudido en su segundo.
El Día de San Fermín se corrió por la mañana el primer
encierro de la feria, el que resultó accidentado, pues seis corredores fueron heridos de consideración, tres de
carácter grave, por los toros del “Marqués de
Domecq”. También, en la capea que
sigue al encierro, un
joven estadounidense fue volteado por una vaca y, a consecuencia del accidente,
se pronosticó que podría quedar paralizado.
Por la tarde en el ruedo los toros,
en general, no mostraron poseer la misma agresividad que en las calles, pues tuvieron
falta de casta y fuerza, siendo el mejor el tercer astado, del que Eduardo Gallo se llevó la única
oreja concedida esa tarde. Gallo estuvo muy decidido con ese toro, ejecutando
una faena que cogió vuelo en la última parte de su ejecución, al ponerse el
salmantino entre los pitones para dar pases de adornos. Concluyó su hacer con
una buena estocada y, aunque la petición fue minoritaria, la presidenta le
concedió un trofeo. En el sexto, el toro más descastado del encierro, el
diestro no estuvo muy acertado en su lidia y poco notable logró hacerle. Fue
silenciado. Ni Serafín Marín ni José
María Manzanares tampoco consiguieron hacer grandes cosas para
recordar, aunque lo intentaron. La labor de los toreros transmitía poca emoción
a los tendidos, dada la falta de casta del ganado. Eso sí, ambos diestros estuvieron voluntariosos, e igualmente oyeron
aplausos al rematar una de sus faenas y silencio en la otra.
El sábado 8 el mal encierro de Dolores Aguirre estropeó la fiesta en la arena,
aunque no en los tendidos de sol. Los voluminosos y serios toros de la ganadera
mostraron ser descastados, mansos y bastantes complicados para su lidia. Algo
mejor fue el primero, con el que el diestro José Ignacio
Uceda Leal estuvo muy decidido, tratando de hacer el toreo bueno sin
completamente conseguirlo. El madrileño
comenzó la faena rodillas en tierra y al segundo muletazo fue cogido de mala
manera, pero continuó en la brecha, con las taleguillas destrozadas pero con el
ánimo intacto, intentando torear con clase y temple, pero el toro solo le
permitía mostrar su arrojo. Mató de pinchazo y estocada y dio una vuelta al
ruedo. Pasó a la enfermería, de donde salio más tarde para continuar su labor
como director de lidia y para confrontar a su segundo toro, un animal muy
quedado, con el que no había manera de lucirse. Se le aplaudió por su voluntad.
Menos opciones aun tuvieron para el triunfo Dávila Miura y Fernando Robleño,
quienes después de intentar lo imposible, hicieron uso de la eficiencia
profesional para concluir sus actuaciones sin tener un descalabro. Fueron
silenciados en sus respectivos lotes.
El domingo 9 TVE retransmitió para España y el
extranjero la corrida de Miura, así que los televidentes vimos como cada
voluminoso y muy bien armado ejemplar de esa legendaria ganadería, cuando la
cámara lo enfocaba en un primer plano, ocupaba la pantalla en su totalidad.
Eran clásicos ‘miuras’, toros bien armados, altos y agalgados que cargaban el
peso con facilidad. Todos menos uno rebasaron los seiscientos kilos, y uno rozó
los setecientos. Si la presencia de los toros fue amiurada, su conducta solo lo
fue en parte. Eran morlacos que tenían arrancadas como para confundir a los
toreros, ya que unas veces seguían el vuelo de los engaños, mientras que en
otras arrancadas ignoraban el objeto para buscar al hombre. En cambio, en
general les faltó ese brío o casta del ganado de este hierro que da la
sensación de un constante e eminente peligro. Toros para lidiarlos
defensivamente con un toreo sobre las piernas, y no para ejecutarles la faena
elegante y artística que el espectador moderno aprecia. De todo el encierro
fueron el tercero y el cuarto toros los que fueron, si no los más buenos, al
menos los menos malos. Con el cuarto el maestro “El Fundi” tuvo su mejor
momento con una faena inteligente en la que, jugándose el pellejo, consiguió
sacar algunos pases limpios para calentar el ambiente, y luego continuar con
pases variados, como afarolados y medios pases de pecho en cadena. Mató con
habilidad y dio una vuelta al ruedo. El de Fuentelabrada lidió con eficiencia
meritoria a su sabihondo primer toro, el cual estaba más interesado en su
cuerpo que en la muleta. Lo derribó una vez con un acertado gañafón, cuya
consecuencia fue nada más que un susto. Luis Vilches también dio otra vuelta al ruedo en el tercer toro. El
animal tenía arrancadas más templadas
que sus hermanos, aunque repetía poco y se quedaba corto en el último tercio,
por lo que dificultaba que en la faena hubiera ligue y hondura. El fino diestro
de Utrera tuvo rasgos temerarios, lo que no es su norma, pues recibió a su
primero con dos largas cambiadas y
comenzó su labor en ambos toros con pases por alto de rodillas. Vilches
en su primer astado se lució con el capote en un buen quite por verónicas. Con el que cerró plaza, un cornúpeta
resabiado que buscaba el bulto, estuvo eficaz, entregado y valeroso. El primer
toro de Padilla, con casi setecientos kilos, fue el clásico Miura, ya que
buscaba en todo momento al jerezano. Le puso difícil su labor, incluso en las
banderillas, ya que el diestro tuvo que saltar la barrera un par de veces para
librarse de un percance. Gracias al oficio del jerezano este no terminó en la
enfermería. Matar al animal fue un suplicio para el diestro, pues el toro se
defendía en tablas al sentirse herido, y el maestro anduvo alternando entre el
uso de la espada y el descabello para rematarlo. El toro cayó unos segundos
antes de que pudiera haber sonado el tercer aviso. Tampoco pudo lucirse con el quinto, excepto en el tercio de
banderillas, en el que sobresalió un buen par al violín. Tanto Padilla como
"El Fundi", en solitario o juntos, banderillearon a sus toros con más
o menos lucimiento, pues sus oponentes no facilitaron la ejecución de ese
tercio.
La corrida de Cebada
Gago dio espectáculo el lunes 10 y en ella, en términos deportivos, Francisco
Marco y Fernando Cruz empataron a una oreja en un toro y
a una vuelta con petición en el otro, mientras que el primer espada, López Chaves, con el peor lote del encierro, fue ovacionado en uno y silenciado en
otro. Los toros estuvieron bien presentados y, en general, dieron un juego
aceptable, siendo los mejores el excelente tercero y los manejables segundo y
sexto. El quinto se rajó a mitad de faena, refugiándose en tablas, y la nota
más negativa la dio el cuarto astado que tuvo peligro. La Casa de Misericordia de
Pamplona le concedió a esta ganadería el trofeo “Feria del Toro” que premia al mejor encierro lidiado
en la feria. Francisco Marco vino a su tierra con una gran disposición, como
pidiendo el sitio que no le dan, pues torea muy poco. Se hizo notar en el toreo
de rodillas que tanto gusta en Pamplona, pues dio dos largas cambiadas al
primero de su lote y recibió a su segundo a portagayola, y a ambos con la
muleta también los toreó de hinojos en diferentes ocasiones. No obstante el
navarro no olvidó ni el toreo fundamental con capote y muleta, ni el llevar una
lidia con buena técnica y medida, dando muestras de su progreso en la
profesión. No pudo rematar con una nota alta su faena al quinto, pues el animal
se puso a la defensiva, lo que le costó una segunda oreja, aunque dio una
aclamada vuelta al anillo. Mató habilidosamente a ambos enemigos, llevándose un
trofeo de su primero y teniendo petición de otro en su segundo. Fernando Cruz
en el tercero de la tarde toreó con la muleta con gran clase, temple y
elegancia, ejecutando con la mano baja series de templados derechazos que
licitaron los olés de los espectadores. Continuó con una buena tanda de
naturales y una segunda no tan bien realizada, pues el toro no daba para más.
Con un estoconazo coronó su buena labor y terminó su actuación con una oreja en
su haber. El que cerró plaza no tenía material para una gran faena, pues el
toro buscaba las querencias al salir de la suerte, así que el madrileño tuvo
que ejecutar un inteligente trasteo sin mucha ligazón, pero si relleno de
artísticos detalles. Remató la tarde dando una vuelta al ruedo al matar al
sexto de pinchazo y estocada. Cruz ha dado un toque de atención en Pamplona. A López Chaves
le tocó el peor lote y en sus dos toros estuvo valiente y tesonero haciéndose
aplaudir en algunos momentos. El primero lo hirió levemente al entrar a matar.
En este astado fue ovacionado y al matar al cuarto fue silenciado.
El martes 11 Sebastián Castella en
Pamplona, como lo hizo anteriormente en Sevilla y Madrid, escaló otro peldaño
más hacia la cumbre, aunque para ello tuviera que derramar su sangre. Esa tarde
se lidió el encierro de Osborne, compuesto de toros serios y astifinos, aunque descastados y flojos, en
general, que a menudo embistieron a medias arrancadas. Destacaron positivamente
el tercero que fue noble, y negativamente el primero y segundo que prontamente
se pusieron a la defensiva. David Fandila "El Fandi" y César Jiménez
acompañaron al francés en el cartel pero no en el triunfo. El granadino no tuvo
su tarde y sus faenas fueron sosas y sin conseguir un lucimiento notable. Ni
siquiera en los tercios de banderillas pudo estar tan espectacular como
acostumbra. Fue silenciado en ambas intervenciones. A Jiménez le tocó un lote algo mejor y, aunque el madrileño tuvo
sus momentos lucidos, especialmente en el tercer astado, sus faenas no
remontaron el
vuelo, y al no rematarlas bien con la espada, los resultados
fueron aplausos en su primero y silencio en el último astado de la tarde. Castella había abreviado su labor ante la
imposibilidad de lucimiento con el manso animal que salió en segundo lugar, y
fue ovacionado. Pero los aplausos no le llenaron sus ansias de triunfo, por lo
que no dejó escapar el éxito al confrontar al quinto de la tarde, animal que
embestía a destajo. Se puso en ese peligroso sitio en donde el toro o te quita
de en medio o pasa. Le pasó al principio en una tanda de naturales, pero cuando
ligaba unos derechazos el cornúpeta lo lanzó al aire. Se recuperó y, como si
nada hubiera pasado, aunque mermado de facultades, siguió toreando entre los
astifinos pitones pero, de nuevo al completar un circular por la espalda,
recibió otra voltereta. Siguió erguido en la cara del toro, haciendo el péndulo
con acrecentado y frió valor, hasta que después de sonar un aviso, remató al
morlaco de un pinchazo y estocada. Se le concedió una oreja pero no la segunda
que el público pedía. Se retiró a la enfermería por sus pies mientras que su
cuadrilla paseaba el trofeo por el anillo. Quien diría entonces que el valeroso
francés llevaba una herida profunda, la
cual el cirujano de plaza la describiría así: "una cornada en la cara posterior del tercio medio superior del
muslo derecho, con dos trayectorias, una ascendente de veinte centímetros, y
otra descendente de diez centímetros, que afecta solo a la musculatura, de
pronóstico grave".
El miércoles
12, Salvador Cortés, que este año entró
en unos de los carteles estrellas de la feria, con Enrique Ponce y Manuel Jesús
"El Cid", reivindicó en el ruedo navarro el éxito que el año anterior
tuvo en esa plaza, cuando fue merecedor de los premios de “Triunfador de la
feria” y de la “Faena más artística de la Feria”. El triunfo del sevillano tuvo
como contrapunto el fracaso ganadero de los Lozanos, quienes enviaron un fatal
encierro compuesto por tres toros de “Hermanos
Lozano” y tres de “Alcurrucén”, ambos hierros del mismo encaste. Cinco fueron mansos y
difíciles y uno, el
tercero, fue noble, pero esa cualidad estuvo rebajada por
embestir a media altura. Sin embargo, todos ejemplares tuvieron la seria presencia
que se exige en Pamplona. Con tales enemigos ni Enrique Ponce ni “El
Cid” pudieron sobreponerse a las dificultades de sus enemigos para tener
actuaciones notables. El valenciano estuvo en maestro lidiando con facilidad a
los toros de su lote, los que buscaban la presa humana más que los engaños. Sus
momentos más lucidos se realizaron con su segundo toro. Sin embargo, falló
demasiado con la espada en su primero y el público le mostró ruidosamente su
descontento. En su segundo oyó aplausos. "El
Cid" también se enfrentó con un
lote complicado y su hacer fue desde la entrega a la desconfianza, siendo
silenciado en ambas intervenciones toreras. Tampoco el sexto toro ayudó a Cortés, y con este animal estuvo decidido,
pero para entonces el sevillano ya tenía en el esportón las dos orejas que se
había ganado en su primero, y la Puerta Grande le esperaba abierta
para que por ella saliera. Al tercer astado el sevillano le había construido una faena completa,
toreando con valor, clase, estética y ligazón y, además mostrando una inteligencia lidiadora capaz de hacer
humillar a un astado que embestía con la cabeza a media altura. Su labor
mantuvo a los mozos de las peñas fijos en lo que sucedía en el ruedo, a finalizar
esa faena con una soberbia estocada, le pidieron con mucha fuerza las dos
orejas, con las que circuló triunfalmente
por el anillo. Otro gran paso adelante de Cortés, joven diestro que se
está ganando a pulso un lugar entre las figuras del toreo.
En
la penúltima corrida de la feria se lidió un encierro de "Fuente Ymbro”, cuyos pupilos sobresalieron más por sus cualidades externas que
por las internas, excepto por el primer toro, que contrastó por su
bravura con sus hermanos, y que fue reconocido con el premio “Trofeo
Carriquiri" que otorga La Casa de Misericordia de Pamplona al mejor toro
de la feria.
Los demás eran toros pasados de
peso, con dos astados, el segundo y quinto que sobrepasaron los seiscientos
kilos. Cumplieron con el caballo y, considerando su elevado peso tuvieron
movilidad, pero embestían sin humillar con la cabeza por las nubes y con poca
entrega, lo que hizo imposible que las actuaciones de Julián López "El Juli", Miguel Angel
Perera y Ambel Posada con el sexto tuvieran resultados positivos. El
festejo no se dio ni siquiera una vuelta al ruedo y las faenas de "El
Juli" en el cuarto, Perera en el quinto y de Posada en sexto fueron
silenciadas. A Posada, a quien "El Juli” doctoró esa tarde, no le quedaría un buen recuerdo de ese hito tan
importante en su carrera, ya que solo tuvo algunos sueltos detalles de clase
toreando al toro premiado como el mejor de la feria y, al no matarlo bien,
únicamente oyó algunos aplausos. Luego, le tocó copar con el peor toro del
encierro, un bicho de 620 quilos que se aquerenció y embistió a oleadas, y
Posada se lo quitó de en medio sin
poderse lucir. El maestro “El Juli”, aunque no salió triunfante, si usó su
maestría para sacarle una meritoria,
pero breve y desconectada faena, basada en el
lado izquierdo, al manso toro que se corrió en segundo lugar. Fue
aplaudido e incluso hubo una leve petición de oreja. Al no poder ejecutar una
ligada faena, el madrileño lidió al segundo de su lote con su sabia facilidad.
Silencio. Tampoco Perera caldeó el ambiente al lidiar a dos mansos. Su primera faena
fue de más a menos, ya que la comenzó con pases cambiados pero, al rajarse el
animal, el resto de su labor careció de ligazón. Al igual que el madrileño, el
extremeño fue aplaudido y hubo en las tendidos una minoritaria petición de
oreja. Alargó demasiado su intento de faena al quinto, hasta tal punto que al
demorarse con la espada le tocaron dos
avisos. Silencio
o indiferencia fue la respuesta del público. En fin, un festejo en el que
los toros decepcionaron y los diestros no entusiasmaron.
El viernes 14, se
cerraba la Feria de San Fermín con la lidia en esta plaza por segunda vez de un encierro de Victorino
Martín, y había expectación por ver si este hierro triunfaba o repetía el
fracaso ganadero que tuvo en su presentación la temporada pasada. El resultado ha sido mixto, pues los cuatro
primeros toros tuvieron peligro, el quinto fue más manejable
y el que cerró
plaza, fue un toro bueno que pesaba 495 kilos y al que se le
dio una vuelta al ruedo. La prensa, aunque alabando la calidad del toro, casi
unánimemente ha considerado este premio excesivo. Sin embargo, el foco de las
crónicas en los medios de comunicación no ha sido la referencia a esta vuelta
al ruedo, sino el triunfo de Ferrera,
el que ha estado revestido de un aspecto heroico y
sobrehumano. La terna la formaba los valientes lidiadores Pepín Liria, Luis
Miguel Encabo y el mencionado Ferrera.
Pepín intentó hacerle faena a su primero, pero ante la imposibilidad desistió
pronto, y a su segundo le sacó un par de series de naturales pero, al ser
trompicado, también abrevió. Se le silenció sus dos actuaciones. Tampoco Encabo
pudo hacer mucho notable en el segundo de la tarde, excepto lucirse con los
palos alternado con Ferrera; y al
quinto, después de banderillearlo con facilidad, lo toreó con suavidad,
componiéndole una faena algo intermitente la que, al no coronarla bien con la
tizona, el premio se quedó solo en fuertes aplausos. Ferrera con el tercer
astado se lució en
banderillas e hizo una faena porfiona, y cuando completaba
un derechazo fue prendido por la parte superior del muslo derecho recibiendo
una leve cornada. Siguió toreando sin inmutarse hasta terminar con su enemigo.
Salió de la enfermería, vestido con un pantalón vaquero y sin chaquetilla, dispuesto a enfrentarse al sexto toro para
buscar el triunfo a cualquier precio. El precio lo pagó, pues el cornúpeta le
infirió una seria herida en el muslo cuando daba una media vuelta para colocar
uno de sus originales pares de banderillas. El no se asustó con la herida, pero si la concurrencia que le pedía a
voces que se
retirara a la enfermería pero, haciendo un gesto heroico, permaneció en el
ruedo para ejecutar una espectacular y emocionante faena a un buen toro que iba
y venía con nobleza. Una buena estocada facilitó la creación de una escena
surrealista: un valiente torero con los muslos atravesados, vestido con un
pantalón vaquero y sin chaquetilla, con dos orejas y rabo en sus manos mientras
un público a gritos repetía “torero,
torero, torero..”. El extremeño pasó de nuevo a la enfermería y allí lo operaron
de dos cornadas, una leve y superficial, la primera, y la otra grave con dos
trayectorias de 22 y 14 centímetros. ¡El actuar en esas condiciones era una
increíble gesta torera y humana!
Así la Feria de San Fermín 2006
terminó con el heroico triunfo de Ferrera con el único ‘victorino’ bueno del
encierro. Esta actuación ha sido una de las escasas altas notas de una feria en
donde pocos toreros han sobresalido y demasiados toros no han embestido.