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OPINIÓN: |
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La historia del toreo está repleta de episodios en los cuales un torero, o
la terna completa, se ha negado a torear, o mejor dicho a vestirse de luces, si
el pago estipulado en el contrato no ha sido abonado a sus representantes antes
de la doce del mediodía, como lo han exigido los diferente reglamentos
taurinos.
Esta cláusula protege a los toreros de los abusos de empresarios
irresponsables. No obstante, en casos especiales cuando la recaudación en taquilla
ha sido extremadamente pobre, y entre toreros y empresarios ha existido buena
voluntad, se ha llegado a un compromiso para que el festejo se dé tal como
estaba anunciado. En el caso contrario,
el festejo se ha suspendido de antemano con tiempo suficiente para anunciar que
las entradas se devuelven o que se va a dar con un cartel modificado. Ahora
bien, generalmente esos episodios ocurren en lugares perdidos del mundo y en
festejos de poca calidad. Yo mismo en mis años de novillero en los
ruedos estuve envuelto en un par de esas situaciones en pueblos de cuyos
nombres no quiero acordarme, en donde las empresas no cumplieron lo pactado, y
tengo que añadir que los problemas se resolvieron calladamente sin ocasionar
daño a la afición, aunque con las pérdidas
consiguientes para las partes envueltas.
Sin embargo, nunca había experimentado, leído u oído que una figura del
toreo, ya vestido de luces y por la causa que fuera, abandonara el patio de
cuadrillas cinco minutos antes de que sonara el clarín para hacer el paseíllo.
En cambio esto ha sucedido el sábado 19 de julio,
2008, en la Plaza de Toros de Roquetas
del Mar, en donde el genial artista sevillano “Morante de la Puebla” abandonó el patio
de caballos de la plaza unos momentos antes de comenzar la segunda corrida de
la corta feria de ese pueblo de Almería.
Según los datos publicados en la prensa y las divergentes
declaraciones públicas del empresario
de la plaza Fermín Vioque y del apoderado del torero José
Sánchez Benito y de otros personajes envueltos en el embrollo, esto es un
resumen del desagradable suceso que afecta a la seriedad profesional de las
personas participantes en el asunto.
Morante era la estrella del cartel de esa corrida, compuesto por Ruiz
Manuel y Salvador Vega, lidiando un encierro de Núñez
del Cuvillo. Se ha publicado que el sevillano
cobraba la alta suma de 137.000 euros y que, al no haber suficiente dinero
recaudado en las taquillas por la mañana, pues se habían vendido solamente
alrededor de 500 entradas, el empresario dio un adelanto al apoderado del
diestro y acordó pagar el resto antes de comenzar la corrida. Alegando a la
escasa asistencia, el empresario Vioque
intentó que el torero aceptara una reducción de sus honorarios. Al Morante o el
apoderado no aceptar la oferta, el de la Puebla decidió abandonar el coso junto
a su cuadrilla, dejando el festejo en el aire.
Dadas las inesperadas circunstancias, el
emprsario, después de dialogar
con los otros dos diestros, anunció por la megafonía al poco público presente
que la corrida se daría como un mano a mano entre Ruiz Manuel y Salvador Vega y que devolvería el costo de las
entradas en ese momento o después de terminarse el festejo. O sea que el
público podría presenciar la corrida gratis si así lo deseaba.
El festejo se dio con un gran
éxito de los dos espadas, ya que
aprovechando la nobleza del encierro de Núñez del
Cuvillo, Ruiz Manuel le cortó una oreja a los tres toros de su lote y Salvador Vega
una oreja al segundo y cuarto toro y dos al último animal lidiado en la
corrida.
José Sánchez Benito antes de abandonar Roquetas del
Mar denunció a la empresa por incumplimiento de contrato en el cuartel de la
Guardia Civil y también declaró en Canal Sur Radio que “la decisión de Morante
de marcharse es legal, porque no han cumplido lo firmado”.
Legal o no, tal vez hubiera sido
más conveniente para el espada torear y después denunciar a la empresa en el
juzgado por incumplimiento de contrato, cosa que ha sucedido en determinadas
ocasiones, y de esa manera hubiera evitado el escándalo mediático que ha afectado
negativamente a todos los envueltos en este raro suceso. Principalmente a Morante mismo, por haber llamado la atención
al hecho que sus pretensiones monetarias, al menos en este caso, no están de acuerdo con su poder de
convocatoria, y al empresario por dar la impresión de tener falta de recursos
para resolver situaciones imprevistas y, también, aparentemente carecer de
solvencia económica. Además, la
noticia de este suceso, que ha tenido amplia difusión mediática, realza en
cierto modo la pasividad de las autoridades de un pueblo progresivo y turístico
como lo es Roquetas del Mar, por no intervenir de alguna manera para promover
una solución entre torero y empresa, y así evitar que el nombre del pueblo
aparezca asociado con noticias negativas.
El primer capítulo de este asunto
ha concluido con la publicación de repetidas noticias relacionadas con el suceso y con
acusaciones públicas de ambas partes, pero sin que Morante aun tenga los euros de Fermín Vioque en su
bolsillo.
Ya habrá un epilogo judicial de esta historia de un torero que a última hora no quiso torear en la Plaza de Toros de Roquetas del Mar sin cobrar antes su dinero.
Cartel de Morante por Pedro Escacena
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