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OPINION: EL SER
LO QUE SE ES |
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Durante el invierno del 2004 varios diestros cambiaron de apoderados, un proceso que sucede anualmente al concluir la temporada taurina española, en el que ritualmente ambas partes envueltas, antes de tirarse los trastos a la cabeza, declaran públicamente que rompen su compromiso de mutuo acuerdo y amigablemente.
Realmente, esos cambios administrativos se llevan a cabo cuando los diestros o sus apoderados suponen que sus labores no tienen la esperada artística o económica compensación. Por eso, de todos esos rompimientos me llamó la atención el leer que el joven diestro madrileño César Jiménez dejara a José Luis Marca, un apoderado con el cual se había hecho figura. No obstante, como nunca se sabe lo que transpira entre un torero y su apoderado, casos como el de César Jiménez suceden. Así que asumí que habría algún conflicto personal para que la relación administrativa entre ambas partes se disolviera.
Entonces se anunció que el nuevo apoderado del diestro sería Enrique Martín Arranz y que el retirado maestro José Miguel Arroyo “Joselito” actuaría algo así como de ‘consejero artístico’.
Pronto, se corrió la voz que el nuevo equipo del joven maestro iba a enderezar su carrera, la que a mi manera de ver, si nos atenemos a los avances profesionales de César en tres temporadas, no estaba tan retorcida. Por un lado, Arranz dio a conocer que Jiménez reduciría sus actuaciones en la temporada taurina del 2005, lo que parecía lógico considerando que Jiménez ha encabezado el escalafón de los matadores durante las dos últimas temporadas.
Por otro lado, las imágenes que aparecieron en los medios de comunicación de Jiménez y “Joselito’ entrenando y toreando juntos en el campo reenforzaban las noticias y los rumores de que de alguna manera daban a entender que, bajo la influencia de “Joselito", César iba a remodelar su estilo, añadiéndole más profundidad y clasicismo a su toreo. ¡Como si esas u otras cualidades intrínsecas particulares de un artista para interpretar el toreo fueran transferibles de un torero a otro! No obstante, este concepto parece que se asentó en la mente de la afición y la critica, y al comenzar la temporada taurina 2005 había expectación por ver y evaluar al ‘renovado’ César Jiménez.
Quizás mi sorpresa sobre los cambios de rumbo en la carrera y en el estilo torero del joven maestro estuviera aumentada por el juicio positivo que acababa de emitir sobre César Jiménez en el artículo SOBRE EL PROCESO DE TRANSICION DE LA TORERIA EN ESPAÑA, el cual publiqué en este sitio del Internet en diciembre 2004, unos días antes de leer en la prensa la noticia del rompimiento de César con su apoderado. De ese ensayo reproduzco aquí parte de lo que expresé entonces, y que aun mantengo, sobre la corta carrera del joven diestro madrileño.
César Jiménez...,después de una brillante carrera como novillero, pasó de ser un novillero puntero a principio de la temporada del 2002 a ser un matador de toros que formaba parte con las figuras de los carteles de ferias de la misma temporada. Este logro quedaría reafirmado y aumentado en las temporadas 2003 y 2004, las que concluyó siendo el líder del escalafón en el número de actuaciones...
En la temporada 2002 César actuó en 15 novilladas, obteniendo 21 trofeos, abriendo la puerta grande de las plazas de toros de Nimes (Francia), Valencia, Murcia y Madrid, en donde se encerró con seis utreros en su presentación y despedida de novillero. Se doctoró el 9 de mayo en Nimes, cortando tres orejas... Completó su campaña con un total de 39 corridas, en las cuales se mereció 73 trofeos. Además, en 22 ocasiones salió de la plaza en hombros por la puerta principal... Las actuaciones de Jiménez como matador fueron aun superiores a las de novillero, dando la impresión de ser un consumado maestro más que un matador novel.
Con tales
resultados en su primera campaña no era de extrañar que Jiménez comenzara la
temporada 2003 con su nombre incluido en los carteles estelares de todas las
ferias principales, menos una: San Isidro. Esta ausencia se ha
criticado
fuertemente, pues no se comprendía como su apoderado decidiera que un torero
que se encontraba en tan buen momento no confirmara su alternativa en Madrid,
en donde ya había triunfado de novillero. Tampoco en la siguiente temporada lo
haría, hecho que aún ha causado más críticas... Aparte de lo de Madrid, la campaña de César no tuvo otro fallo,
pues desde que en marzo en Olivenza (Badajoz), en donde saliera a hombros junto
a Cesar Rincón y “El Juli”, y después en Valencia abriera la Puerta Grande,
hasta que en Jaén en octubre cortara el último trofeo de su campaña, era rara
la plaza de España o Francia de la cual saliera sin un trofeo en su
haber... concluyó la temporada
encabezando escalafón de los matadores de toros con 94 festejos toreados y 150
trofeos...
Jiménez, ya situado entre los elegidos, en la temporada 2004 le quedaba por asegurar que ese era su sitio y otra vez lo certificó. Siguió siempre bien colocado en los carteles en todas las ferias de España y Francia y de nuevo triunfó en casi todas ellas, aunque quizás esta temporada algunos éxitos en algunas plazas de primera bajaron algo de intensidad que los de la anterior temporada, y también tuvo un pequeño bache en agosto. Esto algunos críticos lo aprovecharon para ponerle peros a lo que no los tiene. Pero la realidad es innegable, César no solamente superó el número de sus actuaciones del 2004, al torear 106 tardes, el que más, sino que también lo hizo en la cantidad de trofeos obtenidos tanto en plazas de primera como de segunda o tercera, en las cuales le concedieron 162 orejas y 6 rabos...
Concluía mi evaluación de este torero del relevo de la siguiente manera:
El caso de César Jiménez es extraño, pues él posee un toreo variado con capote y muleta con dosis de espectacularidad, como cambios, largas, toreo de rodillas, y en cambio no es un torero tremendista con el seguimiento popular. Quizás lo que hace en este aspecto, lo consigue con un valor seco y con tanta facilidad que raya en la frialdad. Por otro lado, su toreo, a pesar de sus alardes, se basa en un estilo clásico y elegante, ejecutado con gran ligazón y temple y un extraordinario conocimiento de la lidia. Con la espada es un cañón. Además ha pasado la prueba de sangre al volver a la batalla al reponerse de varias cornadas. Sin embargo, un sector de la crítica le achaca falta de profundidad y clase. Es mi criterio que tarde o temprano se le reconocerá su valía... Mientras tanto estas son las cartas del César madrileño con las que se ha ganado a pulso un puesto de figura en nuestra fiesta: tres temporadas de matador, 239 corridas toreadas y 391 trofeos conquistados, lo que resulta en un promedio de 1,63 trofeos por festejo.
Llegó la temporada del 2005 y era raro encontrar una crítica de las primeras actuaciones de Jiménez en la que no se hiciera comparaciones de la influencia de “Joselito” en el estilo de su joven colega. Si aun me quedaban dudas de la obsesión de los medios de encontrar a “Joselito” en Jiménez, se me disiparon cuando, sentado cómodamente en el sillón en mi sala, presenciaba la corrida de la Feria de las Fallas de Valencia que televisaba TVE. Durante las actuaciones de César, los dos comentaristas de TVE, a la vez que narraban lo que sucedía en el ruedo, comentaban reiterativamente si un pase, un gesto o cualquier otro detalle de la labor de César llevaba o no un sello joselitista, mientras que la cámara intermitentemente enfocaba tanto al diestro que triunfaba en el ruedo como al maestro veterano, quien desde un burladero entrebarreras observaba atentamente y silenciosamente la actuación de su pupilo.
Luego, vi torear a Jiménez en dos corridas del abono de la Feria de Abril de Sevilla. Tuvo dos tardes con opuestos resultados. En la primera actuación, con toros apagados de “Montalvo”, se mostró frío y facilón, toreando con un estilo acartonado. Parecía estar más preocupado por dar la impresión de maestría que tenerla. La frialdad la transmitió a los tendidos y la indiferencia y el silencio fueron la respuesta del público. En cambio, en su repetición cinco días después la maestría le fluyó naturalmente y su elegante, parsimoniosa y vertical manera de interpretar el toreo subió la temperatura en los tendidos. Con un “torrestrella”, toro bravo, noble y repetidor, César se transformó en un ‘césar del ruedo’. Le dio grandes distancias al toro y aguantó estoico sus enrazadas embestidas para enhebrar series de naturales y derechazos, lánguidos y templados. Cobró una estocada y, a pesar de haber pinchado una vez, se le concedieron dos orejas mientras que a los restos del toro se les daba una vuelta al ruedo. La prensa criticó la concesión del segundo apéndice después de un pinchazo, pero eso no pudo borrar el triunfo del madrileño.
Realmente, debo de afirmar que ni en la pantalla chica ni en La Maestranza, observé grandes diferencias esenciales en el estilo de torear de Jiménez. Sin embargo, me daba la impresión que el diestro parecía controlarse para no aderezar sus faenas con algunos alardes temerarios, al mismo tiempo que se esforzaba en acentuar un toreo asentado, relajado y sin enfadarse con los toros, rasgos similares al cuajado toreo joselistista de los últimos años en activo del veterano maestro madrileño.
A principio de la temporada ni el apoderado de Jiménez ni tampoco el mísmo se molestaron en acallar los dimes y diretes sobre el esfuerzo que se haría para darle ‘más profundidad’ al toreo de César. En cambio, ahora cuando se ha hablado demasiado del asunto y la atención de la critica se ha centrado en analizar y reanalizar el estilo del ‘nuevo’ Jiménez, "Joselito” acaba de hacer unas declaraciones en Mundotoro.com en las que niega su influencia en el toreo del joven maestro.
Este comentario de “Joselito” estaba relacionado con la encerrona en solitario de César Jiménez en Aranjuéz (Madrid) el 4 de septiembre. Así se expresaba el maestro:
Yo no veo ninguna copia ni reflejo de mí en César, eso es una gilipollez que dice la gente. Lo que pasa es que él es clásico, y yo era clásico toreando y soy un clásico en la vida, y ambos coincidimos en ese clasicismo, pero cada uno tiene su personalidad. Y si da dos verónicas como otros toreros clásicos, y también dicen que es una copia, pues todos los toreros clásicos seríamos copias de toreros.
Con estas palabras “Joselito” insinúa que si hay parecido en el estilo de él y de Jiménez no es por diseño sino por casualidad, pero la creencia general es que “Joselito” ha influenciado o tratado de influenciar al joven torero a remodelar su estilo, y que Arranz, su nuevo apoderado, está tratando de cambiarle el rumbo de su carrera. Sin embargo, en este momento, cuando la presente temporada está dando las boqueadas, uno podría preguntarse si la supuesta influencia joselitista ha afectado positivamente o negativamente al joven torero.
De momento es un hecho que César Jiménez ha toreado menos y aunque ha conseguido triunfar en muchas ocasiones, el diestro ha tenido menor relevancia en la temporada que concluye que en la anterior, ya que ha estado ausente de importantes ferias como, por ejemplo, las de Albacete, Arles, Badajoz, Bayona, Bilbao, Castellón, Granada, Murcia, Nimes, Salamanca, San Sebastián, La Coruña y varias más, y su nombre no aparece en el abono de las dos últimas ferias que cierran la temporada, Zaragoza y Jaén. El escalafón muestra que hasta el 26 de septiembre César ocupaba el puesto 17 entre los matadores de toros con 41 corridas toreadas y 69 apéndices cortados, mientras que en la temporada del 2004 fue el líder del escalafón, actuando 106 tardes y cortando 162 orejas y 6 rabos. Además, la crítica ha continuado juzgando al diestro algo injustamente en algunas ocasiones, como lo hizo el año anterior.
Sin duda, César Jiménez es un gran torero con cualidades que le han permitido conseguir en su corta carrera un puesto privilegiado en el toreo. Como todo torero hace bien en querer superarse, pero debería hacerlo siendo simplemente lo que él es, pues por muchos caminos se puede llegar a la cima del toreo.
Sin adentrarnos
muy hondo en la historia del toreo, ya desde el final de la Guerra Civil
Española hasta el presente han habido varias docenas de toreros que hicieron
historia exhibiendo diferenciados estilos de toreo, a quienes pudiéramos
clasificarlos como siendo torero revolucionario, tremendista, sevillano,
rondeño, castellano, clásico, largo, variado, dominador, lidiador o con
cualquiera otra etiqueta. Sin embargo, todos esos variados maestros, como por
ejemplo, Manuel Rodríguez “Manolete”, Carlos Arruza, Miguel Baéz “Litrí"
y
Julio Aparicio, los padres, Manolo Vázquez, Antonio Ordóñez, Manuel Benítez “El
Cordobés”, Santiago
Martín “El Viti”, César Girón,
Manolo Martínez, Francisco Rivera “Paquirri”, Juan Antonio Ruíz "Espartaco”,
César Rincón, José Miguel Arroyo “Joselito”, Enrique Ponce, José Tomás o Julián
López “El Julí", tienen en común que llegaron a ser grandes figuras del toreo
toreando a
su aire, sin tratar de querer ser otra clase de torero de lo que eran, y sin
permitir que otros le dictaran como ellos debieran torear. Vuel