VIVENCIAS: UN FIN DE SEMANA EN UN NUEVA YORK TAURINO por Mario Carrión. Octubre, 2006

     

    Durante las más de cuatro décadas en las que he residido en los Estados Unidos he conocido a muchos aficionados norteamericanos, y todavía no deja de sorprenderme la pasión que ellos sienten por la fiesta brava, especialmente  considerando que habitan en un ambiente no taurino, por no decir antitaurino, en donde se hace difícil que encuentren oportunidades para compartir su afición entre ellos. No importa esas dificultades, porque la dedicación de estos apasionados aficionados les lleva a ir a ver toros a tierras lejanas y para mantener la afición candente fundan peñas taurinas, en donde organizan actividades para ocasionalmente vivir intensamente la fiesta.

    Otra vez más hace unos días he tenido el gusto de conocer a un grupo de entusiastas aficionados estadounidenses, y de compartir con ellos nuestra pasión al toreo durante un interesante fin de semana. Esto sucedió en el corazón de Nueva York  durante los días 15, 16 y 17 de septiembre del 2006, y a continuación relataré los antecedentes que causaron que yo me encontrara durante esas fechas en la ciudad de los rascacielos, y también los pormenores de las experiencias taurinas que allí compartimos.

    Todo comenzó en Sevilla en la primavera pasada al encontrarme allí con mi amiga Lore Monnig, la sin par aficionada neoyorquina, quien es presidenta del Club Taurino de la Ciudad de Nueva York (New York City Club Taurino, siglas NYCCT). Los dos estábamos en un salón de actos del Hotel Alfonso XXIII,  como invitados del jurado del premio “Toro Estrella” de la Cervecería Cruz del Campo, el que allí se reúne para elegir y premiar a la mejor ganadería del abono de la  Feria de Abril. Al concluir la sesión,  durante la tertulia que sigue, Lore casualmente mencionó que le gustaría que yo fuera a Nueva York para dar una conferencia taurina. Ahí quedó la cosa, pues al no ser una invitación formal mi contestación fue indefinida.

    Sin embargo, este agosto pasado Lore, en un e-mail, me hizo acuerdo de nuestra conversación en Sevilla con respecto a ir a Nueva York a hablar de toros en su club, y me invitó a que fuera a dar una conferencia. Acepté y acordamos la fecha, el tópico de la charla y en mi participación en otras actividades de sabor taurino.  Así que acordamos que el 15 de septiembre llegaría a Manhattan para hacer mi presentación esa misma tarde.

    Pero antes de continuar relatando mis experiencias taurinas en Nueva York, como ejemplo de la extrema dedicación que muchos aficionados norteamericanos tienen a la fiesta brava, voy a hacer unas referencias a las aventuras taurinas de Lore Monnig  y a las actividades del  Club Taurino de la Ciudad de Nueva York, del que Lore ha sido una socia fundadora.

    Lore presenció su primera corrida de toros en 1967. Estaba entonces de estudiante en Paris, Francia, y fue a España en una excursión turística. Debido a que una de sus compañeras cayó enferma con meningitis, la autoridad sanitaria no le permitió regresar a Paris, por lo que se vio forzada a permanecer en cuarentena en Madrid. Resultó que esto ocurría en el mes de mayo cuando en la capital española se celebraba una corrida diariamente por ser la Feria de San Isidro. La joven norteamericana, quien se había quedado prendada con el colorido y la emoción de la corrida que acababa de ver, pasó su tiempo en Madrid viendo museos por las mañanas y toros por las tardes. Afortunadamente, Lore le dio una larga cambiada a la meningitis, pero no pudo librarse del gusanillo de la afición a los toros, el que  se acomodó en su interior para provocarle una incurable afición al arte de Cúchares.   

    Algún tiempo después, todavía siendo una estudiante, atraída por deseo de ver más corridas y sus famosos encierros, acompañó a un amigo a Pamplona.  Repetiría esa experiencia sola o acompañada siete veces más, hasta que las obligaciones matrimoniales y laborales le atemperaron su pasión por el toreo, y las visitas a las plazas de toros españolas cesaron temporalmente.

    Sin embargo, se reencontró con el toreo en unas vacaciones que tomó en España con su marido en 1988, y desde entonces hasta ahora ha vuelto a España una vez y otra vez para aplacar su sed de ver toros y disfrutar del ambiente taurino, hasta tal punto que en la temporada del 1997 tomó unas extendidas vacaciones de siete meses para pasar la temporada taurina en Europa. Ese año ocupó un lugar en un tendido en 158 ocasiones para ver corridas, novilladas y festivales. Todo un récord.

    Mientras tanto, en casa, Lore en 1970 encontró un oasis taurino en  el Club Taurino de Nueva York del que se hizo socia y del que ha sido presidenta desde el 1995 hasta que en el 2003, cuando con el deseo de ampliar las actividades taurinas locales, ella y un grupo de aficionados fundaron el Club Taurino de la Ciudad de Nueva York.

    El NYCCT está asociado con la Federación de Clubes Taurinos de los Estados Unidos y cuenta con 165 socios, quienes han elegido a Lore Monnig de presidenta, a Pedro Carlos Fernández de vicepresidente, a Mary Ann Gray de tesorera y  a Jeffrey  A. Hare, de secretario, para que  rijan los destinos de la peña.

    Esta peña taurina neoyorquina ha estado muy activa en los tres años que lleva en existencia, siendo las siguientes actividades tres de las más notables: organización en Jerez de la Frontera, España, del 2005-Congreso de la Federación de Clubes Taurinos de los Estados Unidos, y las presentaciones en  2005 y 2006, en conjunción con unas instituciones de Chicago, de los programas de conferencias y exhibiciones titulados "Jornada Taurina Americana".

    Durante los nueve meses del presente año que han transcurrido, además de las reuniones regulares que toman lugar cada primer jueves de cada mes, se ha celebrado varias reuniones especiales. En enero y febrero el conocido crítico y autor José Antonio del Moral presentó una serie de conferencias sobre el periodismo y otros asuntos taurinos; también en febrero el veterano maestro Luis Francisco Esplá disertó sobre la pintura y los toros y sobre los terrenos en las suertes del toreo, y dio también una demostración de toreo de salón; en abril el periodista sevillano José Ignacio de Cossio y Pérez de Mendoza habló sobre el toreo en la Maestranza de Sevilla; en mayo el aficionado británico Tristan Wood presentó su libro DIALOGUES WITH DEATH (Diálogos con la Muerte), y en septiembre yo acabo de hacer una presentación, la que titulé “Clichés Taurinos” y cuyo contenido a continuación resumiré. También la peña publica una revista y colabora con varios socios que son aficionados prácticos.

    Antes de dar una sinopsis de mis experiencias taurinas el 15, 16 y 17 de septiembre  en Nueva York, quiero  observar que las actividades de NYCCT tienen lugar en el amplio y elegante salón de fiestas Alger Mansión, situado en la calle 45 Downing Street, al sur de Manhattan en Nueva York, el que es propiedad de Lore Monnig  y su marido, y que ellos desinteresadamente ponen a disposición de la peña.

     El viernes por la tarde, unas horas después de llegar a Nueva York, hice la presentación en el salón de la Alger Mansión ante un atento y nutrido grupo de socios e invitados del NYCCT.

    Esta era básicamente la tesis de mi charla  “Clichés Taurinos”:

      Oyendo y leyendo comentarios, opiniones y escritos sobre el toreo, he concluido que algunos meticulosos críticos, autores y conocedores aficionados, interpretando sólidos conceptos del buen toreo estrictamente como dogmas infalibles, y sin considerar variables que pudieran afectar la puesta en práctica de los conceptos, intentan abiertamente, o sutilmente, de imponer sus criterios a menos doctos o noveles aficionados. Al hacer esto, este grupo elitista les está robando a algunos aficionados, o a ocasionales espectadores, el placer de libremente disfrutar de lo que ven en las plazas de toros, y de descubrir por ellos mismos los secretos del toreo, para así formar sus propias conclusiones.

      Este grupo elitista tiende a basar sus valores en reconocidos y válidos principios taurinos. El problema es que al convertir el principio en dogma ignoran circunstancias que transcurren durante la lidia de un toro que impiden al lidiador la estricta aplicación del principio. No obstante, la ejecución de una suerte, a pesar de una posible trasgresión de un principio, podría ser deseable y positiva. Por ejemplo, se critica ‘el torear con el pico de la muleta’, sin considerar que durante el transcurso de una buena faena, es raro encontrar un diestro que no use aquí y allí el pico de la muleta, pues es necesario usarlo de cuando en cuando para corregir la trayectoria del toro. O sea que hay un buen y un mal uso del pico de la muleta. Otro ejemplo, se alaba ‘los pases largos’, enfatizando solamente la longitud de un pase, sin debidamente tener en consideración la trayectoria del astado mientras estaba embebido en la muleta, sobretodo al momento del embroque. ¿Rozaron las astas los tobillos del diestro o pasaron a medio metro o más de distancia del torero?. O sea que un pase largo y templado puede devaluarse si el espada decide vaciar el toro alejándolo de su cuerpo.

    En la introducción de la charla enumeré una larga serie de conceptos similares a los de los dos ejemplos, para luego identificarlos en las imágenes de un video que enseñé con escenas de mis actuaciones. A continuación elaboré verbalmente sobre las variables que puedan descalificar a estos principios como dogmas. Concluí la presentación haciendo una demostración de los conceptos presentados con la muleta en la mano. Gracias a la ayuda del aspirante a torero y buen amigo Jorge Luis Valcárcel, quien hizo el papel de un toro muy colaborador e inteligente, que no solamente obedecía a los toques de la muleta, sino que también respondía a mis sugerencias, cuando le decía “párate”, “sigue”, “aprieta”, “salte suelto”, etc, etc..., me fue posible ayudar a la comprensión del tema en discusión.

    Al completar mi presentación, Lore me  sorprendió al entregarme en nombre de la asociación un pergamino en el que se me nombraba socio honorario de NYCCT, además de un yérsey y una insignia con el escudo de la peña. 

     Antes, durante y después del magnífico banquete que nos ofrecieron, tuvimos una informal tertulia, que se extendió hasta pasada la medianoche. Entonces tuve ocasión de conocer y charlar con muchos de los socios de esta activa peña, comprobando que ellos también, como su presidenta, sienten por la fiesta brava gran pasión y entusiasmo, y que de cuando en cuando viajan a un país taurino, especialmente a España, para ver toros.

    El sábado mi día en Nueva York también tuvo sabor taurino. Por la mañana me reuní con Jorge Luis Valcárcel y Robert Weldon para torear de salón con ellos, con el propósito de ayudarlos, haciéndoles sugerencias de cómo mejorar lo que ellos ya hacían satisfactoriamente. Deberían haber acudido otros aficionados prácticos locales pero, al no poder hacerlo, se decidió grabar la sesión de entrenamiento para que ellos pudieran verlo en otra ocasión. Al terminar, almorzamos en el mismo local, y allí mismo Robert me hizo una entrevista para publicarla en la revista de la peña y en otros medios. Robert es un aficionado práctico neoyorquino y socio de NYCCT que ya ha toreado becerras y ha matado varios novillos en festivales de aficionados prácticos en México.

    Por la noche, fui invitado a una cena-tertulia en un restaurante local, en donde se reunieron más de una docena de socios de NYCCT para tomar unas copas, cenar y seguir la tertulia, que comenzamos la noche anterior, hasta pasada la medianoche. Me despedí de mis nuevos amigos aficionados pensando que el viernes y el sábado en Nueva York me encontré como en Sevilla, a pesar de que aquí el toreo había sido el de salón y que el inglés fue el idioma hablado por los tertulianos.

     El domingo Jorge Luis tuvo la gentileza de ser mi guía turístico para mostrarme algunos de los encantos de esa cosmopolita ciudad. Sin embargo, consumimos la mayoría del tiempo disponible visitando el Museo Metropolitano de Arte, uno de los mejores del mundo. Aun en esa meca del arte mi guía no pudo olvidar nuestra afición, pues hizo un punto de mostrarme toda la producción artística con motivo taurino que allí se atesora, como ejemplos los cuadros “Plaza Partida” de Goya, “Señoritas vestidas de torero” de Manet, “Par de banderilleros” de George Brasque y algunas obras del gran Picasso.

    Del museo directamente Jorge Luis me llevó a la estación de trenes Penn Station, que no se encuentra lejos del museo, en donde abordé un tren que en casi tres horas me depositaría cerca de mi casa en Maryland.

    En el tren divagué sobre los aficionados norteamericanos en general, y la pasión que sienten por los toros, sobre sus instituciones y actividades taurinas, temas que han sido recurrentes en mis escritos.

     En esos escritos me he referido a mis experiencias con los coleccionistas de literatura taurina agrupados en la Asociación de Bibliógrafos Taurinos de Norteamérica (TBA), con los aficionados que anualmente viajan a tierras extrañas para asistir a los congresos de la Federación de Clubes Taurinos de los Estados Unidos,  con los aficionados portugueses-americanos que implantaron el toreo en California, con Fred Renk quien introdujo las corridas incruentas en el sur de Texas, o con  un grupo de aficionados prácticos que gastan su dinero en torear festivales en los países taurinos. Y ahora añado a mis temas el relatar la experiencia de haber compartido un fin de semana taurino en Nueva York con los entusiastas socios del Club Taurino de la Ciudad de Nueva York, quienes han formado una peña taurina que, orientada por una dinámica junta directiva, no cesa en proveer actividades para que la afición a la tauromaquia de sus socios y amigos florezca en una ambiente en donde esas oportunidades escasean.

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