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VIVENCIAS: |
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Primeramente definiré, para aquellos que lo
desconozcan, los términos “NATC” y “O.
P. Houston Award” que forman parte del raro título de esta vivencia.
En los Estados Unidos desde hace más de medio siglo
han existido peñas taurinas, cada una actuando independientemente, pero en 1962
el presidente de la Peña Barrera Taurina de El Paso, Texas, Edmundo de Anda,
concibió la idea de instituir una federación de las peñas norteamericanas para
coordinar las actividades de las peñas y promover la afición a la Fiesta Brava
en los Estados Unidos. La idea se realizó en 1963, con la fundación de la
Federación de Clubes Taurinos de Estados Unidos, que se conoce como NATC, el
anacronismo en inglés de
The National Association of Taurine Clubs of the United States of America.
La actividad principal de la NATC, desde el 1963, es
la celebración anual de un congreso. En estas convenciones se toman
resoluciones que conciernen el interés común de las peñas, se asiste a
espectáculos taurinos, y se aprovecha para establecer vínculos con los
aficionados y taurinos de la localidad en la que acontece la convención.
También, en uno de los actos del congreso se conceden el trofeo O. P. Houston
Award y otros premios a personas que hayan contribuido al bienestar de las
peñas americanas, o a impartir el conocimiento y la apreciación del arte
taurino en los Estados Unidos.
La mejor manera de definir lo que es el O. P. Houston
Award es traducir la leyenda que aparece en el trofeo otorgado durante el
Congreso NATC-2006, celebrado en el mes de abril en Aguascalientes, México, que
dice:
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La Federación de Clubes Taurinos de los
Estados Unidos presenta el O. P. HOUSTON AWARD por Meritorio Logro en el Mundo de la
Tauromaquia. a MARIO CARRION Este trofeo
se concede a una persona, quien, durante la existencia de NATC haya contribuido
con un servicio especial al Mundo Taurino y haya trasmitido a otros una vista
esclarecida de la historia y arte de la Fiesta Brava |
En la traducción he revelado el yo ser el recipiente
de la edición del 2006 de este prestigioso trofeo. Esto no fue sorpresa para
mí, pues existe un proceso para elegir el recipiente del trofeo, el cual ya se
había llevado a cabo en el Congreso de NATC celebrado el año anterior en Jerez
de la Frontera (Cádiz), España, y a mi se me había comunicado oficialmente que
la membresía había votado a favor de mi nominación entre los candidatos al
trofeos. Lo sorprendente para mí fue la manera casual como supe que una peña
taurina americana, con la que yo apenas había tenido contacto, me nominara para
el premio; y además el realizar que la causa de esta nominación era el
reconocimiento de que con mi labor había contribuído a informar sobre la
tauromaquia en América y a propagar el concepto de que en los Estados unidos
existe una pequeña pero dedicada afición que protagoniza y apoya actividades
taurinas.
Lo que yo haya logrado en ese particular no ha sido
otra cosa que el tratar de matar el gusanillo de mi afición informando sobre un
sujeto que me apasiona, y el de tratar de infundir en otros el amor que yo
siento por el toreo desde el 1949 hasta el 1959 como torero, y desde entonces
como un conferenciante y escritor aficionado.
Lo que a continuación menciono quizás dé una idea de
lo que han sido mis actividades informativas relacionadas con la tauromaquia
desde que, recién retirado de los toros, llegué con mi familia a Maryland en
junio del 1960, con el propósito de completar una carrera universitaria para
darle un nuevo rumbo a mi vida.

Entonces, intencionalmente quise poner el toreo fuera de mi mente para evitar distracciones,
pero un reportero de THE SUN, el diario más importante d Baltimore, no sé como,
indagó sobre mi pasado en los ruedos, y me convenció para que le permitiera
escribir un artículo sobre mi vida en la revista del suplemento dominical de
ese diario. El extenso artículo se publicó el 5 de agosto del 1962. Estaba muy
bien escrito, poseyendo un toque humano pero, al mismo tiempo, tenía un cariz
sensacionalista, el tema del cual era algo como ‘torero famoso,después de
durante diez años de jugarse la vida enfrentándose con toros en los ruedos, se
retiró del toreo por amor a su esposa e hijo’. Una fotografía mía vestido de luces cubría la portada de la
revista y varias otras fotos toreando y con la familia ilustraban el articulo.
El articulo tuvo eco y fue reproducido parcialmente
en otras publicaciones nacionales, con el resultado que, sin buscarlo, me
llovieron invitaciones para hacer presentaciones sobre el toreo en centros de
enseñanza, culturales y sociales, e incluso fui invitado a participar en el
popular programa de televisión “To Tell the Truth” (Decir la verdad).
En la universidad en mi primer curso de literatura
inglesa, dado mi rudimentario conocimiento del inglés, tenía problemas para
inspirarme en un tema para escribir un trabajo requerido, cuando el profesor,
quien había leído el artículo en THE SUN, me aconsejó que “me ayudaría el escribir sobre algo que me gustara”, y
sabiamente me sugirió el tema Hemingway
y los toros, autor que no aparecía en la lista de los autores requeridos. Así
comencé escribiendo de toros y desarrollando una curiosidad académica sobre la
literatura taurina y, desde entonces, no he desperdiciado una ocasión para
escribir, tanto en español como en inglés, sobre temas taurinos.
Luego en 1986 junto con unos amigos y patrocinados
por la Casa de España de Maryland, publicamos la revista hispana LA TERTULIA,
la que luego seguiríamos publicando independientemente desde 1990 hasta el 1998
con el nombre de COLOQUIO. Fui el editor de ambas publicaciones y, aunque
ninguna de ellas era taurina yo, de cuando en cuando, incluía artículos y
crónicas sobre los toros. Algunos de esos escritos aparecen en esta página
Web.
En los ochenta me hice socio de la peña Taurine
Bibliophiles of America---TBA---, a cuya revista LA BUSCA contribuí
regularmente con juicios críticos de libros de toros. También mi
asociación con TBA me sirvió para hacer mis primeros contactos con la afición
americana y entablar amistad con muchos de los socios. La otra peña a la que he
pertenecido era la Peña Taurina de Maryland, la que fundamos con un grupo de
amigos y que estuvo activa por algunos años.
Ahora bien, la gran oportunidad para predicar sobre
el toreo se me abrió cuando el director del portal Web LAS PAGINAS HISPANAS,
que trata con la influencia de la cultura hispana en los Estados Unidos, me
pidió en el año 1991 que diseñara y manejara una sección dedicada a los toros,
la que titulé LA TAUROMAQUIA. Esta sección del portal, aun existe en el
Internet, aunque languidece sin entrar nuevo material desde que yo la dejé en
el 1988 para crear MI MUNDO DEL TOREO.
Ahora abundan páginas Web taurinas de carácter
profesional y de aficionados en el Internet, pero en el 1991 fuimos pioneros de
la información taurina en ese medio. También, tuve ocasión de informar sobre
las actividades taurinas americanas, como los toros en California y Texas, las
peñas taurinas, las convenciones de NATC, los aficionados prácticos o las
escuelas taurinas, cuando me nombraron corresponsal para los Estados Unidos
del portal taurino
BURLADERO.COM.
Varios de mis escritos que aparecieron en esos medios
y en MMDT han sido reproducidos con mi
permiso en revistas publicadas por diferentes peñas americanas y, como he
descubierto en Googgle, sin mi permiso e incluso sin mi firma, en múltiples
páginas Web.
Una consecuencia inesperada por escribir con cierta credibilidad en mi página cibernética, que alcanza una audiencia universal, ha sido la cantidad de mensajes privados que me llegan solicitando información, o pidiendo consejo o ayuda con respecto a escribir o producir algún proyecto de tema taurino. Esto me alaga, pero a la vez me ocupa demasiado tiempo ya que, no siendo una enciclopedia a taurina, a menudo tengo que buscar datos para proveer una respuesta correcta.
Veamos ahora de la manera tan casual como supe que yo
estaba nominado para el O. P. Houston Award. En abril del 2005 cuando estaba en
Sevilla para ver las corridas del abono de la Feria de Abril llamé a Sally, mi
esposa, para ver como las cosas iban por allí. Sally no es aficionada a los
toros y me permite hacer un anual peregrinaje taurino a mi Sevilla para ponerme al
corriente de lo que sucede en el toreo. Me comunicó que había leído en el
boletín del Club
Taurino de Nueva York, que
había llegado en el correo, que Rose Prebil, la presidenta de la Peña Taurina Sol y Sombra de San Francisco,
me había nominado para dicho premio. La noticia me sorprendió porque, aunque
tengo varios amigos socios de esa peña, yo no conocía personalmente a Rose, ni
había tenido parte activa en la peña, otra que el haber dado permiso para que
publicaran en su revista algunos artículos míos y el haber estado presente en
el congreso que su peña patrocinó en Zacatecas, México. Le pedí a Sally que me
confirmara la noticia, pues por un momento me imaginé que era el club de los
bibliógrafos del que soy socio el que me nominaba. Sally me confirmó que su
información era correcta.
Unos días
después me encontré en Sevilla con Lore Monnig, la presidenta del New York City
Taurine Club, quien iba en camino a Jerez de la Frontera, en donde su club
estaba patrocinando el Congreso de NATC-2005 y me dijo que había recibido la
información oficial de mi nominación.
De vuelta en Maryland, Hugh Hosch, secretario de NATC,
me comunicó oficialmente que en Jerez los delegados de las peñas me habían
elegido como el recipiente del galardón y que el premio se me entregaría en un
acto durante el próximo congreso que, organizado por la peña californiana Los
Aficionados de Los Angeles, se celebraría en
Aguascalientes, México, del 20 al 26 de abril, 2006.
Como esa fecha coincidía con la de la Feria de
Sevilla y como, de costumbre, yo estaría en esa ciudad, me excusé informando
que no me sería posible estar presente en Aguascalientes para aceptar el
premio. Sin embargo, tuve la buena 
suerte que mi amigo Jim Toland, que reside
en Maryland, se ofreciera a recibir el premio y a decir una palabras de agradecimiento
en mi nombre.
El sábado 20 de mayo, Jim Toland, habiendo yo
vuelto de España y él de Aguascalientes, nos invitó a cenar a su casa a
Sally, a unos amigos y a mi con el motivo de entregarme el trofeo O. P. Houston Award que desde
Mexico me había traído a Maryland, lo que hizo como si fuera una ceremonia de
alternativa, con Pepe Céspedes, hijo del matador Paco Céspedes, hermano del
novillero del mismo nombre y mi guru del Web, de testigo..
Este
atractivo premio ya se encuentra expuesto en nuestra casa. Me sirve para
recordar que los socios de NATC, lo mejor de la afición americana, han
reconocido el mérito de mi labor en predicar la grandeza del arte de torear y
en informar sobre las actividades taurinas norteamericanas... y también que
cuando se hacen las cosas, sin otro motivo que por el placer de hacerlas, a veces uno tiene recompensa. ¡Gracias Federación de Clubes Taurinos de Estados
Unidos!