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VIGESIMA CORRIDA DE LA TEMPORADA DE LA PLAZA DE
TOROS MEXICO |
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Toros:
Seis de
Los Encinos, dos buenos para rejones que "merecieron" vuelta y
arrastre lento. Los otros cuatro para los de a pie fueron infumables por
mansos, débiles y deslucidos.
Toreros:
Pablo
Hermoso de Mendoza, salió al tercio en su primero después de cuatro pinchazos y
un bajonazo. En el cuarto mató de rejonazo contrario y trasero y cortó un rabo
que le regaló el juez Balderas. Jerónimo, al segundo de la tarde lo despachó de
dos pinchazos en lo alto y entera en el rincón para ser pitado. En el quinto
escuchó un aviso después de cuatro pinchazos y un golpe de descabello,
silencio. Octavio García, "El Payo", al tercero lo intentó matar
recibiendo, pero pinchó, luego hizo la suerte a dos tiempos y dejó una entera
tendida que bastó; salió al tercio. En el que cerró plaza pinchó tres veces y
luego dejó una entera en buen sitio, silencio.
La plaza México
registró la mejor entrada de la temporada, unas treinta y cinco mil personas,
para ver al monstruo del rejoneo, el navarro Pablo Hermoso de Mendoza, y a dos
toreros de a pie que interesan mucho: Jerónimo y El Payo. Se le tributó un
minuto de aplausos a la inolvidable Conchita Cintrón, la Diosa Rubia del Toreo,
fallecida el martes pasado.
Todo iba muy
bien. La tarde, que amenazaba lluvia y ventiscas polares, se compuso y aunque
el viento molestó un poco, toda la gente estaba dispuesta a aplaudir grandes
hazañas. Sin embargo, sólo el caballista lució porque sus toros embistieron,
los otros ejemplares de Los Encinos fueron de lo peor que se ha visto en esta
plaza en mucho tiempo, ¡y ya es decir!
Pablo Hermoso
tuvo una actuación gallarda y entonada en el que abrió plaza. Nos regaló
banderillas al quiebro, galopes de costado, recortes por dentro, pares a dos
manos, etc., todo con temple y maestría. Se puso pesado con la hoja de peral y
todo quedó en una salida al tercio. Si algo puede criticársele, es el adorno
barato al estilo de Diego Ventura. Ese asunto del teléfono desde el caballo,
cogerle los pitones al toro como si fuera un manubrio de bicicleta y obligar a
la montura a morderle los cuartos traseros al toro que va a doblar, sale
sobrando y es un poco ramplón y circense. Doña Consuelo Cintrón Verrill no debe
haberle aplaudido mucho desde su barrera celestial.
Pablo estuvo
mejor con su segundo, un toro noble y alegre de nombre "Conín". Aquí
el estellés echó mano de todo el repertorio con piruetas incluidas, demostrando
que es el mejor jinete del universo conocido. Recuerdo con gusto un par de
banderillas a dos manos que hubiera puesto verde de envidia al viejo Ponciano
Díaz. El rejón de muerte cayó en buen sitio y el del biombo no esperó ni dos segundos
para sacar el pañuelo verde. La gente, harta ya de tanta estupidez, montó en
cólera, obligando a Pablo a tirar el rabo y dar la vuelta al ruedo únicamente
con las orejas. Está visto que aquí le regalan los apéndices hasta a los del
tiro de mulillas.
El resto del
festejo careció de interés por el mal juego de los toros del señor Martínez
Urquidi. Quizá no estaban mal presentados, pero no tenían un gramo de fuerza,
ni un ápice de bravura. Jerónimo estuvo siempre digno, siempre porfiando, pero

sólo pudo lucir en un quite por chicuelinas antiguas y tafalleras en su
primero.
La gente, que en
su mayoría iba a ver a los caballitos, se metió muy duro con el torero de
Puebla, exigiendo faenas excelsas sin fijarse en las condiciones de sus
astados. Las ganas de agradar de Jerónimo quedaron patentes hasta en el pase
del imposible que le endilgó al quinto, pero con toros mansos, tardos,
quedados, con media embestida y la cabeza suelta, no hay nada que hacer.
El Payo estuvo
muy por encima de su primero. No olvidaremos el primer cambiado por la espalda,
magnífico por el aguante y el estoicismo. Pero, después la cosa perdió color
porque no había manera de lucir con ese bicho. En el sexto, el quite por
gaoneras fue extraordinario, ya que el torero queretano tragó como los grandes.
Con la muleta abusó de los gritos -defecto que también acusó en su primero- y
se pegó un arrimón de escaso mérito. Total que no hubo ni un muletazo completo
ante un toro que sólo se defendía.
*Fotos por Genaro Berumen: 1. y 2. Hermoso de Mendoza, 3. Jerónimo y 4. El Payo