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DECIMOCTAVA
CORRIDA DE LA TEMPORADA DE LA PLAZA TOROS MEXICO |
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Toros:
Seis de San José, gordos, feos y mansos, salvo
el cuarto que parecía un novillote. El primero y el segundo se hicieron
acreedores a un arrastre lento absurdo y el cuarto fue pitado.
Enrique Ponce, mató de estoconazo trasero al segundo
y le cortó el rabo. Al cuarto lo despachó
de media trasera y salió al tercio. Arturo Macías, tres pinchazos y tres
cuartos para salir al tercio en el tercero de la tarde. Al quinto le tumbó el
rabo matando de gran estocada saliendo cogido de la suerte. Joselito Adame
confirmó alternativa. Cortó una oreja al que abrió plaza después de un pinchazo
en todo lo alto y extraordinaria estocada entera que se oyó. Al que cerró plaza
le despenó de otra estocada a ley y dio vuelta al ruedo clamorosa porque el
juez le negó un apéndice.
La tarde era de toros, hacía sol y se llenaron los
tendidos de numerado. El cartel tenía un atractivo especial por la presencia
del ídolo Enrique Ponce, por la confirmación de Joselito, una de las esperanzas
más serias de México, y por la repetición de Macías,
quien sin arrugarse le
había peleado las palmas a José Tomás hace algunos domingos. Debe haber habido
unas treinta y tantas mil personas con boleto pagado en el embudo de la avenida
Insurgentes.
Salió el primero, un toro berrendo, basto, bizco y
feo, que además era bastante zoquete. Joselito Adame no reparó en nimiedades y
demostró que se quiere comer el mundo a puños. Se fue a porta gayola y pegó dos
medias largas de rodillas muy ajustadas. Ya de pie lanceó por verónicas y
chicuelinas que remató con una larga cordobesa completa, haciendo que el
público le aplaudiera fuerte.
El quite fue por zapopinas (lopecinas, según Juli)
que le salieron increíbles por el temple y el ritmo. Remató su quite por
revoleras y se gustó toreando a una mano con el capotillo. El muchacho
hidrocálido de diecinueve años tomó los palos y clavó un gran tercer par de
poder a poder. Brindó la muerte del toro a su apoderado, mentor y amigo Roberto
Fernández "El Quitos". Aquí hay alguien agradecido y bien nacido.
Toreó al natural con empaque, pero lo mejor fueron
varias tandas de derechazos a pies juntos y en redondo, llevando al burel muy
templadito. La afición se puso de pie para aplaudirle con ganas. No se puede
torear más ajustado y con más sentimiento. Cuando, después de un pinchazo
bueno y honrado mató al toro de entera espectacular, afloraron los pañuelos y a
Gilberto Ruiz Torres (mal presidente donde los haya) no le quedó más que
conceder un merecidísimo apéndice.
El segundo de la corrida, de nombre
"Notario", fue el toro que Ponce sueña. El de san José era gordo y
débil, pero embestía suave y templado. Don Enrique, que es un maestro, le toreó
a placer desde el primer tercio. Las verónicas y los mandiles hacían
desgañitarse a los "istas". No le cuento cómo puso a la plaza con la
muleta: fue aquello la apoteosis. El valenciano se regodeó en pases largos y
artísticos por ambos pitones.
Pero, lo mejor fueron las poncinas, unos muletazos rodilla en
tierra que tienen mucho de la dosantina y que conllevan un cambio de mano para
culminar en un pase de vuelta entera. Parece ser que Ponce ya había instrumentado
ese muletazo dos veces en la Madre Patria, pero dudo que aquellos bichos le
hayan ayudado con tanto entusiasmo.
No debemos olvidar que, durante una tanda de inicio,
alguno de sol le gritó: ¡Agarre bien la muleta! Eso hizo que Ponce se
encorajinara y decidiera demostrar que también se arrima como los buenos, y que
no abusa del pico cuando va su honra de por medio. Se perfiló y cobró una de
las mejores estocadas, si no de su carrera, sí de las que ha atizado en La
México. Júbilo general y un rabo soltado con velocidad por el del biombo.
Le tocó su primer turno a Macías, un torero también
aguascalentense, que no se deja amilanar por nadie. Sin embargo, el toro que
hizo tercero parecía un cochino de las ancas al cuello y una vaca de ahí en
adelante; por añadidura tenía muchas dificultades por rebrincado, débil y
taimado. Arturo quitó por saltilleras y luego brindó al respetable. Se arrimó
enormidades y toreó siempre como si el morito fuera bueno. Lo intentó todo y
logró muletazos sobrios y de valía. Lo que no se me olvida son dos cambiados a
un centímetro que pusieron la piel de gallina a más de uno. Cerró la faena en
toriles a base de joselillinas (también llamadas bernadinas) muy ajustadas. Si
no hubiérasele pasado el toro de faena le hubiera tumbado por lo menos una
oreja.
El cuarto del festejo fue un animal anovillado que
no se prestó al lucimiento de Ponce. El torero puso voluntad y hasta llegó a
encararse con los que le insultaban desde la comodidad de sus localidades. Eso
hizo que los incondicionales le corearan una faena quizá meritoria, pero sin
mucho objeto. La salida al tercio fue más la resaca de las dos orejas y rabo de
su primero que el justo premio a su labor.
Arturo Macías se enfrentó a un quinto que tenía poco
trapío, se frenaba y no parecía tener gran cosa de fondo. Afortunadamente, el
de Aguascalientes venía tan decidido que hizo lucir al toro.Quitó por cuatro gaoneras de cortar el aliento,
revolera y brionesa. Con la muleta nos sorprendió con dos pases cambiados
por la espalda pese a que el bicho se le frenó a un metro. Siguió ejecutando
una obra de arte y valor con magníficos derechazos en un palmo, cambios de mano
para engarzar un natural de vuelta entera, y todo sentado en los riñones.
La gente le gritaba: ¡Torero, torero! Y el niño
seguía toreando con clase, reposo y convicción. Pensando mucho, Macías buscó la
igualada y se entregó llegando con la mano al pelo. El toro hizo por él y le
derribó buscándolo en la arena, para ir a morir de inmediato. Nuevamente, no sé
si la faena era de rabo, pero si el señor autoridad había ya concedido uno a
Ponce por algo bastante similar, ¿entonces? Aclaro que ambos rabos fueron
pitados, pero más el de Macías.
Joselito Adame es, probablemente, lo que necesitamos
en México. Tiene alegría, ángel y sapiencia. Así salió a torear al sexto, al
que remató con el capote pegándole una
media cadenciosísima. Quitó por
chicuelinas ligadas con la tafallera y cinco (¡cinco!) lances a una mano: se
dice fácil... Se superó en banderillas y el tercer par al sesgo por fuera fue
para decir ¡Olé! bien fuerte.
Hizo una faena de firmeza, seguridad y dominio,
aunque el toro -manso como sus hermanos- ya había cambiado de lidia y quería
morir rápido. Un desdén, dos naturales inconmensurables y un par de redondos
por la derecha no dejan lugar a dudas: ¡Torero habemus! Mató muy bien, mató a
ley, pero el protagonismo del cieguito del palco le robó la oreja. Eso no
engaña a los buenos taurinos, quienes le pidieron la vuelta y le ovacionaron
con fé.
Señalo como colofón que Joselito Adame brindó la
muerte de su segundo a la esposa del presidente de México, a doña Margarita
Zavala. Es un buen síntoma que la mujer del primer mandatario de México haya
ocupado su barrera de sol para compartir esta tarde grande con la afición.
Recordemos que, si la fiesta de toros va por buen camino, el país se apunta.