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LOS TOREROS DEL RELEVO SE AFIANZAN EN LA |
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Introducción
No existe mejor lugar para pasar la primera revista a los diestros que
serán los protagonistas de la recién comenzada temporada, y a los que aspiran a
serlos que en la bella Plaza de Toros de la Maestranza en el mes de abril.
Aquí, durante el ciclo de festejos taurinos de la feria de Abril en Sevilla, se
dan cita matadores de toros, novilleros y rejoneadores tratando de exhibir sus
mejores dotes toreras para ser juzgados por el
conocedor, exigente y docto público sevillano.
Y en la Maestranza, formando parte de ese docto público, como ha sido
mi norma en estos últimos años, me encontraba allí para presenciar y apreciar
las actuaciones de los 37 matadores de toros y los tres novilleros que formaban
parte de los carteles de dieciséis corridas de toros y una novillada. No ocupé
un asiento en el tendido ni en la corrida del Domingo de Resurrección por haber
llegado tarde a Sevilla, ni en las dos corridas de rejoneo por tener otros
compromisos.
El ciclo de festejos taurinos de la Feria de Abril del 2007 se
componía de una novillada, dos corridas de rejones y dieciseis corridas de
toros, incluyendo la corrida del Domingo de Resurrección. Esta corrida se dio
el 8 de abril y el continuado ciclo ferial se inició el viernes 13 de abril y
concluyó el domingo 29 de ese mes con una doble dosis de festejos taurinos: una
corrida de rejones matinal con las actuaciones de seis rejoneadores, y por la
tarde la tradicional corrida de Miura, en la que actuaba la misma terna que,
jugándose la vida, triunfó con ese mismo encierro en el abono del 2006.
Los 48 puestos de las 16 corridas fueron cubiertos por 37 espadas, de
los cuales “El Cid” y Sebastián Castella torearon tres tardes, Enrique Ponce,
“El Juli”, “Morante de la Puebla”, José María Manzanares, Miguel Angel Perera,
Sebastián Cortés y Alejandro Talavante actuaron en dos corridas, y los
restantes 28 matadores hicieron el paseíllo únicamente en una ocasión. En las
dos corridas de rejoneo actuaron nueve rejoneadores sin repetir ninguno, y en
la novillada tres novilleros.
Los carteles estaban bien terminados, pues no faltaban ninguna de las
figuras, como sucedió en la feria anterior, cuando el “El Juli” estuvo ausente
por desavenencias económicas. No obstante, como es la norma con una mayoría de
las empresas, no se recompensó debidamente incluyéndolos en mejores carteles, o
en más carteles, a diestros que en la feria del 2006 les cortaron trofeos a
toros de corridas duras, como por ejemplo, López Chaves a un ‘cuadri’, Iván
García a un ‘palha’, y “El Fundi”, Padilla
y Javier Valverde a ‘miuras’, mientras que
jóvenes toreros como “El Capea” y Eduardo Gallo, y veteranos como “Finito de
Córdoba”, quienes el año pasado pasaron
por el ruedo maestrante con más penas que gloria, fueron incluidos en
mejores carteles que los aguerridos triunfadores.
Con respecto a las ganaderías
lidiadas en el ciclo ferial abrileño, la empresa sevillana sigue el tren que
comenzó hace unos años de incluir en el abono varios encierros con la
reputación de duros, complementando otros encierros de las ganaderías
apetecidas por los toreros con más palanca. Este año de esas corridas fuertes
se lidiaron cuatro encierros: Cuadri, Cebada Gago, Palha, y Miura.
Además, también se corrieron toros con el hierro de Victorino Martín, a cuyo
encierro casi siempre algunas figuras se apuntan como un gesto de poderío.
Si a la atracción de los carteles que incluían lo mejorcito de toros y
toreros se le añade que el prestigio de la feria abrileña sevillana atrae a
aficionados de todo el mundo, no es de extrañar que la plaza se llenara en
catorce de los diecinueve festejos y
que en cinco hubiera tres cuartos de plaza cubiertos. En lo económico el ciclo
taurino de la Feria de Abril de Sevilla es siempre un negocio seguro, y la
edición del 2007 no ha sido una excepción.
Después de estos comentarios generales, paso ahora, cuando ya han
pasado unos días de haberse arrastrado el sexto ‘miura’ que cerró el ciclo
ferial abrileño, a expresar mis impresiones de lo más relevante sucedido en el
ruedo maestrante, haciendo primero breves resúmenes de la novillada y de los
festejos de rejones, para a continuación hacer unas observaciones sobre el
ganado lidiado en las corridas de toros, y luego concluir anotando mis opiniones sobre los maestros
que pisaron el albero maestrante con énfasis en los triunfadores.
Como una adición relacionada a estos juicios incluyo los apéndices A y
B con información objetiva, uno que contiene los resúmenes de las reseñas
aparecidas en la prensa; y otro que muestra los ganadores de los premios a la
excelencia que algunas instituciones sevillanas conceden.
Después de la primera corrida de abono, hubo cinco días sin toros,
hasta que el viernes 13 de abril el
ciclo ferial continuó con una novillada. Se lidiaron seis bien presentados
utreros de “Torrehandilla”, con tres de ellos pesando cerca de los quinientos
kilos. En general, el ganado fue manso, sobresaliendo por la bondad el primero
y el último, con los que Daniel Luque y Oliva Soto hicieron lo mejor de la
tarde. Luque mostró con capote y muleta, aunque no con el acero, que pudiera
funcionar en el escalón superior. Tiene ya anunciada su alternativa. Aprovechó
el buen lado derecho del utrero para ejecutar buenas series de templados y
largos derechazos. El futuro matador lidió con cabeza entendiendo bien las
condiciones del animal. Tenía el trofeo a su alcance pero la espada se lo robó.
Hubo petición y vuelta. Por el contrario, el sevillano Oliva no le dio la lidia
debida a su primer novillo; sin embargo, al último novillo de la tarde le hizo
una faena lucida, aunque sin redondearla. Toreó con chispa y sentimiento,
suscitando los más fuertes olés del festejo. También, gustó su artístico
veroniqueo. Ahora bien, la espada no fue su fuerte, y el premio en ese novillo
quedó en una cerrada ovación y se silenció su primera intervención. Sevilla lo
espera. “Agustín de Espartina”, con el peor lote, estuvo voluntarioso pero sin
dejar un buen rastro de su hacer en el ruedo. Oyó algunas palmas al concluir su
primera faena y silencio en la segunda.
El domingo 15 de abril se dio la primera corrida de rejones en la
que los veteranos caballeros Fermín
Bohórquez y Pablo Hermoso de Mendoza con el joven centauro portugués Diego
Ventura,
residente en Sevilla, rejonearon un encierro de Fermín Bohórquez.
Ventura fue el máximo triunfador, exhibiendo un total dominio de sus briosos
equinos y un estilo de rejonear, en el cual combina el clasicismo con la
espectacularidad. Obtuvo un trofeo de su primer toro y los dos de su segundo, y
por consiguiente salió a hombros por la Puerta del Príncipe. Esta actuación lo
calificó para ser el recipiente de los premios ‘mejor rejoneador’ que conceden
dos instituciones locales. Con maneras
más pausadas el maestro Pablo Hermoso de Mendoza dio sus acostumbradas
lecciones del rejoneo clásico, el que él mismo ha renovado. Le concedieron una
oreja de cada astado, y el presidente le denegó la segunda de su primer toro,
la que el público solicitaba. Por otro lado, Bohórquez estropeó con las armas
toricidas la buena labor que consiguió
componer con rejones y banderillas. Fue silenciado al completar sus
intervenciones. El bravo encierro lidiado fue ideal para el toreo a caballo.
En al corrida matinal del último día de feria alternaron los jinetes
Antonio Domecq, Rui Fernández, Andy Cartagena, Martín Burgos, Sergio Galán y
Leonardo Fernández. Se corrió un encierro de “Morube”, cuyos pupilos estuvieron
bien presentados pero tuvieron la tendencia a refugiarse en tablas, excepto el
primero y el sexto que fueron más bravos y repetidores. En el festejo se
cortaron solamente dos orejas, una se la llevó Burgos y la otra Cartagena, a
quien también le pidieron una segunda. Domecq dio una vuelta al ruedo y Rui y
Galán fueron silenciados. La labor de Hernández, el benjamín de los
rejoneadores, fue coreada con aplausos y olés, pero los fallos con los rejones
de muerte redujeron los posibles premios auriculares a una sonora y prolongada
ovación.
Toros
Comentar sobre el ganado lidiado en las corridas del ciclo ferial 2007
no es una empresa fácil, como no lo ha sido tampoco para los diferentes jurados
el seleccionar el mejor encierro de la feria. A tal punto que los premios
“Maestranza”” y “Puerta del Príncipe’ a la mejor ganadería se declararon
desiertos, y el de “Ganadería Estrella” de La
Fundación Cruzcampo, otorgado a la ganadería de Miura, fue elegido después
mucha delivaración y competición, con solamente un punto de diferencia
sobre los encierros de Palha y Núñez
del Cuvillo.
Así que generalizaré. La razón de
esta dificultad creo que es muy
sencilla, en general, excepto por las ganaderías de Miura y Victorino Martín,
que fueron fieles a lo que de ellas se espera, en los demás encierros hubo de
todo como en botica, algún toro de oreja, otros con obvio peligro, y los más
fueron mansotes y morosos. Ahora hubo un común denominador en casi todos los
encierros lidiados, incluyendo los encierros duros de Palha, Cuadri y Cebada
Gago, que consistía en que varios de los astados de cada encierro salieran sin
bríos y eran lentos, tardos, cansinos, que embestían casi por obligación, tal
como si estuvieran cansados, yendo y viniendo con paradas para reponer fuerzas.
El resultado era que durante la lidia se producían muchos tiempos muertos en
todos los tercios, aburriendo al público y a menudo a los mismos toreros. No
obstante, a muchos de estos animales no se les podía calificar radicalmente ni
como buenos o malos, o nobles o peligrosos ni tampoco como mansos o bravos.
Quizás el hierro que haya tenido uno de los peores resultados haya
sido el de la ganadería que más se esperaba, la de "Zalduendo". Con
este hierro se lidiaron dos corridas, y solo dos de sus ejemplares honraron a
la divisa, uno noble, al que “El Cid” le cortó una oreja, y otro muy bravo al
que Manzanares le bordó la faena de la feria. También, resaltaron en lo
negativo los encierros de Cuadri, “La Dehesilla”, Cebada Gago, José Luis Marca
y Puerto de San Lorenzo. El encierro más regular y más parecido a un encierro
de premio fue el de Núñez del Cuvillo,
al que se le cortó un total de cinco orejas.
Los matadores de toros
No debería haber duda de que los 38 matadores de toros que hicieron el
paseíllo por el ruedo de la Maestranza, cuando se enfundaban el ajustado traje
de luces en el hotel, soñarían con abrir la Puerta del Príncipe, o al no ser
así aspirarían a tener actuaciones impactantes, o al menos salir de la plaza
con algún trofeo auricular en el esportón. Ahora bien, lo que estoy seguro es
de que ninguno de esos diestros planeaba pasar por ese ruedo sin pena ni gloria
y, aun menos, con más pena que gloria. A continuación haré algunos comentarios
sobre los toreros afortunados que realizaron sus deseos de triunfar en la
Maestranza, para luego referirme muy de paso a aquellos menos afortunados
espadas que no alcanzaron la meta del triunfo.
Manuel Jesús “El Cid”, por cuarta vez, y Alejandro Talavante, por
primera vez, fueron los dos únicos diestros que salieron en volandas por la
Puerta del Príncipe.
“El Cid” actuó en tres corridas. Con Ponce y Castella abrió el abono
del Domingo de Resurrección cortándole una oreja al único toro bueno del
anodino encierro de “Zalduendo”. Como no presencié ese festejo me remito a
citar el juicio de Ignacio de Cossio que apareció en PORTAL TAURINO:
El honor de ese glorioso día
sevillano lo salvó uno de los nuestros llamado. Manuel Jesús. Pero creáme ni El
Cid con su portentosa diestra, con dos series largas y profundas, al mejor de
la tarde, y también con algún natural suelto, nos libro del estupor de la
tarde. Fernando Domecq Solís nos regaló desde Moheda de Zalduendo una corrida
infumable carente de clase y no menos de casta...
“El Cid” en el segundo
toro de su lote, al igual que sus compañeros en los suyos, fue silenciado. Sin
embargo, el silencio se convirtió en sonoros aplausos, sentidos olés y música durante las dos grandiosas faenas
que, como un gran arquitecto, les construyó a sus dos 'victorinos'. Faenas de
gran clase en las cuales el temple y el mando eran la norma en los largos
derechazos y naturales que fueron rematado con enjutos e interminables pases de
pecho, seguidos por inspirados
recortes. Las muñecas de seda de el de Saltera
siguen haciendo milagros, pues lo mismo castigan que acarician a los toros. El
primer toro era un animal de bandera, al que se le dio la vuelta al ruedo, y
luego fue premiado como “el mejor de la feria”, y el otro era un ‘saltillo’
dotado con la famosa listeza de los ‘victorinos’. A ambos los mató bien,
desorejando por partida doble al primero y al segundo le cortó una oreja y, por
consiguiente, abrió de nuevo el portal de los triunfadores. El binomio
Cid-victorino es una garantía para el triunfo. La tercera apariencia de “El
Cid” en la Maestranza fue anticlimática por la nula colaboración que recibió de
los astados de Juan Pedro Domecq, y también por olvidarse de usar los aceros
como lo hacia el famoso Cid medieval. La lidia del sexto toro transcurrió bajo
la lluvia con “El Cid” jugándose el pellejo toreando en un barrizal.
Resultados: silencio y gran ovación al abandonar el ruedo.
A Alejandro Talavante se le anunciaba en carteles estelares, su
presentación con el encierro de
“Torrealta” y la repetición con el de Nuñez del Cubillo. Había gran expectación
por verlo después de sus triunfos en Valencia y Madrid, pero no se ignoraba la
irregular manera con que concluyó la pasada temporada en España y América, por
lo tanto no se sabía lo que esperar. Las dudas las disipó al enfrentarse al
‘torrealta’ que lidió en sexto lugar. El astado era noble y bravo pero el
torero era mucho mejor. Nos cautivó con la excepcional manera de manejar la
muleta, ejecutando los pases haciendo pasar al
astado tan cerca que era difícil
separar con la vista a toro y hombre, era como un minotauro vivo. Los pitones
le rozaban los tobillos y, cuando parecía que no había manera de escaparse de
los pitones, con un sutil toque y una frialdad serpentina, Talavante alargaba
el brazo y, a cámara lenta, dibujaba un natural o un derechazo con un
clasicismo inesperado. Del tremendismo pasaba instantáneamente al clasicismo, y
de la entrega al mando. La plaza ardía con emoción y se quedó estupefacto,
cuando el joven reafirmó la reputación que le precedía de ser un matachín y,
como se dice que hace a menudo, apagó el fuego que había encendido matando como
pudo, y en vez de las dos orejas se tuvo que conformar con aplausos fuertes y
acompasados. Pero lo más grande, y aun más majestuoso lo realizó en su
repetición con dos buenos, pero parados, toros de Núñez del Cubillo, a los que
animó con su emotivo toreo, chispa y emoción, para de nuevo construir dos
grandes faenas. Esta vez, aunque mató sin estilo y técnica, se deshizo
eficientemente de los toros y paseó por el albero con una oreja del tercer toro
y con las dos del que cerró el festejo, para luego atravesar ese portal que solo
lo traspasan los grandes triunfadores. Raramente un torero entra en Sevilla tan
de repente como lo ha hecho este jovencito pacence. Esperemos que Talavante no
se malogre en su camino a la cima, pues en la fiesta necesitamos toreros con el
valor y carisma que él posee.
Por otro lado, el veterano Rincón, el joven Manzanares, el francés
Castella y el sevillano Morante también obtuvieron notas muy altas en el paso
por la Maestranza. Los cuatro espadas obtuvieron dos orejas y sus actuaciones
impactaron fuertemente en los aficionados.
Aparte de cortar orejas y de ser cada uno los artífices de una
brillantísima faena en uno de sus toros, Cesar Rincón y “Morante de la Puebla”
tuvieron gestas que por diferentes motivos serán recordadas por los testigos
por largo tiempo.
El colombiano, después de haber sido el triunfador de la Feria-2005 y
de haber tenido actuaciones sin relieves en el ciclo ferial del año pasado,
este año entró en el abono en solamente una corrida de toros en la que,
acompañado por Ponce y
Cortés, se despedía de la afición sevillana en esta su
veinticincoava campaña en activo. Me sorprendió que el público no tuviera la
delicadeza de hacerlo saludar al completar el paseíllo para reconocer la
despedida de este genial maestro. Se hubiera ido de la Maestranza sin ser
notado, a no ser por la gesta de que fue actor en el último toro que lidió en
Sevilla. El encierro de “Torrestrella” había salido difícil, y ni él bogotano
en el primer toro ni tampoco Ponce ni Cortés pudieron brillar con sus
descastados toros. Pero en el cuarto, el único toro bravo del encierro, el
maestro Rincón, espatarrado, se embraguetó con el animal que acometía con casta
para darle unas apretadas y templadas verónicas que fueron el preámbulo de una
emocionante faena con la muleta. Toreó de largo, dejando ver al toro, primero
con perfectos doblones para doblegar y amoldar al enemigo, para luego continuar
con unas series de pases por ambos lados. Entonces, después del toro haberle
avisado, este le arreó un par de cornadas que no penetraron las carnes de puro
milagro, pero si lo zarandeó como un pelele, dejando al espada medio inconsciente. El público, viéndolo en
malas condiciones físicas, le pedía a voces que se fuera a la enfermería, y sus
compañeros querían arrastrarlo allí. Sin embargo, con gran determinación y
responsabilidad, más apropiadas de un novillero hambriento que de un maestro
que tiene todo y no necesita nada, lo dio el todo, yéndose al toro para
proseguir la faena en los medios, con más temple y ligue que la que había ejecutado
hasta entonces. Un estoconazo recibiendo fue el colofón para que el público
entregado le dijera adiós, mientras que el torero parsimoniosamente recorría el
albero. ¡Que gloriosa manera de despedirse un gran torero!.
“Morante de la Puebla” toreó el viernes 20 y el lunes 23 de abril. La primera tarde de nuevo se
lidió un encierro de “Zalduendo”, del que cuatro toros fueron tan descastados
como los que salieron el Domingo de Resurrección, aunque con algo más de movilidad.
Dos de estos le tocaron al sevillano y este, excepto por un buen veroniquear y
un inspirado quite por chicuelinas, poco notable hizo esa tarde. Fue ovacionado
en su primero y en el otro silenciado. Repitió tres días después para
enfrentarse a dos toros de Núñez del Cuvillo, uno con dificultades y otro
bueno. Al primero no lo quiso ni ver y estuvo muy breve, oyendo una merecida
bronca. Tocó el clarín para dar la salida al quinto de la tarde, y lo nunca
visto en este cauto diestro sucedió, alzando la mano para que el torilero
atrasara la salida del animal, el de la Puebla caminó hacia el toril, para
allí arrodillarse y recibir a
portagayola al toro. Esta suerte, aunque peligrosa, ha dejado de ser gesta,
pues son muchos los toreros que la ejecutan con habilidad y regularidad para
emocionar al pueblo, pero en el caso de Morante la tensión en los tendidos
subió muchos enteros, como si se esperara el fin del mundo. El toro salió
somnoliento y obligó al maestro a esperarlo demasiado tiempo, siendo arrollado
al completar la suerte. Se incorporó y, a un toro ya enrazado, le bordó una
larga serie de perfectas verónicas y una media que ni pintada, convirtiendo la
plaza en un manicomio. Con la muleta Morante conjugó una faena clásica,
templada y honda adelantado la pierna y forzándose para alargar los pases, un
estilo al que no nos tiene acostumbrado el fino maestro. Luego vinieron los
kikirikies y otros toques de toreo sevillano, así como un molinete abelmontado
andando. Una estocada le puso las dos orejas en sus manos. Morante con la
inesperada gesta y los trofeos recobró el crédito del público sevillano que
poco a poco se le estaba acabando.
José MarIa Manzanares y Sebastián Castella actuaron dos y tres tardes,
respectivamente, y ambos han afirmado con sus triunfos en Sevilla que están
dispuestos a ayudar a tirar del carro de la recién comenzada temporada.
Manzanares entró en la corrida del viernes 20 en donde se lidiaba un
encierro de “Zalduendo" y le tocó en suerte el único toro verdaderamente
bravo de este hierro que se ha lidiado en la feria. Ahora bien, como sería la
calidad, la clase y la
hondura de la faena del alicantino que no nos permitió
fijarnos tanto en el toro. José Maria ejecutó una de esas faenas que borra todo
lo que sucede alrededor y que no permite al espectador otra cosa que gozar del
sublime arte que emana de las imágenes creadas por el torero con el material
bravo proveído por el toro. Manzanares se ganó los primeros aplausos al recibir
por verónicas al bravo animal y los aplausos no cesaron ni fueron opacados por
la música que sonaba desde que apenas inició la faena. Los derechazos y los
naturales fueron bordados, la muleta siempre plana, dejándola muerta en el
hocico del animal para engazarle un pase con otro, para luego cerrar las series
con un verdadero forzado de pecho o una trincherilla. Los pases eran largos,
ejecutados con la pierna ligeramente hacia adelante, sin esfuerzo o
retorcimiento, jugando las muñecas y acompañando el viaje con la cintura en una
semicircular moción hacia detrás de su cuerpo. Todo esto lo obtuvo con la firmeza
que ahora muestra el ‘nuevo’ Manzanares. Con un magnífico volapié envió al
astado al desolladero. Ni con el otro ‘zalduendo’ ni en su repetición con los
‘juanpedros’ encontró el joven torero material apropiado para repetir la
proeza, aunque sí estuvo decidido y buscando el triunfo con los tres restantes
toros. Manzanares, sin discusión, se ha ganado los trofeos concedidos por ser
el ejecutor de la mejor faena de la feria.
adversas, lo consiguió a base de tesón,
aunque no al alto nivel que es necesario para que su expresa ambición de abrir
la Puerta del Príncipe se cumpliera. Su primera repetición y su primer corte de
trofeo tuvieron lugar el viernes 21 de abril confrontando dos astados de
“Torrealta”, el primero noble pero parado y sin chispa, y el segundo infumable.
Con este no le valió ni su decisión ni su encimismo para caldear el ambiente.
Fue silenciado. En cambio, le puso la chispa que le faltaba al mansote que
abrió plaza, para completarle una emocionante faena que, aunque basada en su
valor estoico, no estuvo exenta de temple y buen hacer. El estilo de este
ambicioso diestro, quien antes era algo tremendista, se está trasformando en un
toreo estilístico que, sin perder el tono emocional, está mostrando por día más
clase, temple y profundidad. Mató de una estocada desprendida, y hubo oreja y
petición de una segunda. En su última corrida del ciclo ferial se lidiaron
toros de Juan Pedro Domecq, que fueron nobles, pero que, en general, estuvieron
faltos de casta, por lo que trasmitían poca sensación de peligro, restándole
emotividad a lo que “Finito de Córdoba”, Manzanares, e incluso el mismo
Sebastián en la lidia de su primer toro, hacían en el ruedo. Sin embargo, en el
quinto toro, el francés salvó la tarde, cortándole un apéndice auricular a un ‘juanpedro’ algo más encastado que sus
hermanos. Lanceó con elegancia para ganarse los primeros aplausos, y luego con
la muleta comenzó la faena con su popularizado pase cambiado por la espalda en los medios, para
continuar toreando con sentimiento por derechazos y naturales en el mismo
terreno. Sonó la música y, ya en los medios, prosiguió con más de lo mismo pero
invadiendo los terrenos del toro, hasta terminar toreando entre los pitones.
Mató bien y se fue de la Maestranza con otro trofeo en su haber y con el gusto
que ver al público flamear los pañuelos pidiéndole otro más. El pabellón
francés sigue ondeando alto en Sevilla y seguro que Castella lo izará alto en
casi todas las ferias de España, en donde se ha ganado un sitio estelar.
Julián López “El Juli” y Antonio
Ferrera volvían a Sevilla después de quedarse fuera del abono en el 2006, el uno por cuestiones
económicas y el otro por haber tenido un bajo en su carrera, y ambos
defendieron sus derechos de pisar el albero sevillano al cortar una oreja; y
José Prados “El Fundi”, al arrancarle
una oreja a un complicado ‘miura’, al igual que el año pasado hizo, pareció
advertir a la empresa que merece mejores oportunidades en Sevilla en el abono
del año entrante.
El éxito de Julián ha sido mixto pues, aunque con los morosos
'zalduendos’ el día de su reaparición en Sevilla estuvo todala tarde hecho un verdadero maestro, le faltó el suplir la chispa que los toros
carecían. Todo lo que hizo fue medido y cerebral, una exhibición de supremo
lidiador valiente, excepto al matar a su primero con un pinchazo, estocada y
descabello,
lo que hizo que fuese silenciado al doblar el toro. Brilló lanceando con
el capote, especialmente en un ajustado quite por chicuelinas. La faena a su
segundo se compuso de magistrales series de muy ligados y templados naturales y
derechazos y, al rematar al toro con un volapié bien ejecutado, se le concedió
una merecida oreja. En una tarde lluviosa y desapacible el madrileño se
despidió de la feria lidiando dos sosas reses de Victoriano del Río en un ruedo
encharcado. La primera res doblaba las
manos y el público no evaluó debidamente el intento de faena del madrileño,
silenciando su labor al matar mal de tres pinchazos, estocada y descabello.
Ahora bien, Julián se justificó con creces al insistir en completar la faena
toreando sobre lodo al quinto toro en medio de una tormenta. Hubiera obtenido
un trofeo a no ser que de nuevo fallara con los aceros. Se despidió a “El Juli”
con una atronadora ovación por haberse jugado el pellejo toreando bajo la
lluvia.
Antonio Ferrera consiguió el éxito con dos toros mansos de
la “Dehesilla” que tenían obvio
peligro. El diestro de Badajoz necesitó para lidiarlos toda la maestría que ha
acumulado enfrentandose por varios años con múltiples alimañas bravas. Sería muy fácil enfatizar solamente el
excepcional espectáculo que proveyó al banderillear a sus dos toros con
increíble
facultades y precisión en la colocación de los palos y las
ensordedoras ovaciones que agradeció desde el tercio al completar esa suerte. Pero, callar el resto sería una injusticia, pues Antonio templó
las oleadas de las bestias para convertirlas en controladas embestidas que
seguían a los engaños hasta donde estos los dirigían. Es verdad que no habían
florituras en las faenas y que las
series de pases eran a veces cortas, pero dudo que ningún ser viviente hubiera
brillado más con el material a mano. La maestría le falló a Ferrera al rematar
al primer ejemplar de su lote, por lo que se le silenció su labor. Sin embargo,
una media estocada penetró por los blandos de su segundo toro, y el maestro se
llevó el apéndice que premiaba su buena, valiente y sabia labor. El extremeño
está pidiendo a voces sitios en los carteles de las ferias taurinas europeas.
“El Fundi” se llevó la última
oreja concedida en la feria, y una de las más meritorias pues se la cortó a un
serio ‘miura’ que tenía un buen lado derecho pero, al mismo tiempo, poseía el
peligro característico de los animales que llevan ese hierro. Lanceó con
voluntad, se lució con banderillas, alternando con Padilla, y con la muleta le
construyó una faena derechista en
la cual sobresalieron dos series de templados y largos derechazos.
El dominio y la habilidad lidiadora del madrileño eran patentes y al ejecutar
un excelente volapié, el cual mereció los premios a la mejor estocada de la
feria, la oreja fue un hecho consumado. Su segundo ni tenía un buen pitón
derecho ni tampoco un izquierdo, o sea no tenía un pase, solamente un maestro
como el madrileño, acostumbrado durante tantos años de jugar con la muerte que
se anida en el testuz de estas fieras, era capaz de lidiarlo con poderío, e
incluso intentar sacarle un pase aquí y otro allá. Otra estocada dio cuenta del
listo animal, mientras que el público reconocía con una tremenda ovación la
excelente labor de este gran lidiador. A este toro le colocó tres arriesgados y
buenos pares de banderillas, con lo que provocó otra tremenda ovación. Ya va
siendo hora de ver a “El Fundi” en
Sevilla con un encierro con el que pueda demostrar que también puede hacer otra
clase de toreo. Si no es así nunca lo sabremos.
En la miurada también Juan José Padilla estuvo a punto de cortar una
oreja a otro imponente miura, la que un público emocionado pedía
mayoritariamente, pero la que el presidente sabiamente no concedió, aunque
contraviniendo el deseo mayoritario. Por ello el usía oyó una bronca al
completar el jerezano una aclamada vuelta al ruedo. Este acontecimiento merece
un comentario pues, aunque duele decirlo, la actuación de Padilla, al que le
tengo tremendo respecto, no era merecedora
de un trofeo en Sevilla. Algo raro le pasó al espada esa tarde pues, al igual
que “El Fundi”, es un magnífico y
valiente lidiador que a menudo triunfa con este tipo de ganado. Sin embargo,
dejó irse con la oreja a su primero, un toro que en otras ocasiones este
maestro le hubiera cortado al menos un trofeo. Al encastado animal, una bella
estampa de toro bravo, el público, probablemente impresionado por su fiereza,
pidió y consiguió que se le premiara con la vuelta al ruedo. Premio discutible
pues al toro no se le vio en su entera dimensión. Tal vez molesto por el
suceso, Padilla se fue y se colocó malamente demasiado cerca de los toriles
para así recibir a portagayola al quinto toro. Fue cogido y zarandeado saliendo
ileso de milagro, y desde ese momento el espada, perdiendo los papeles, se envolvió
en una especie de lucha libre con el toro con una inconsciente valentía, y
también perdiendo el concepto de lo que es la lidia. En cambio, sí se lució
colocando en lo alto tres pares de
banderillas. Varias veces fue arrollado durante el trasteo con la
pañosa, pero la tragedia que se preveía, afortunadamente, no llegó. Mientras
esto sucedía unas veces uno miraba inquieto hacia el ruedo y otras desviaba la
vista hacia el infinito para no tener que ser testigo de un triste suceso. Mató
de media estocada y el público respiró hondo mientras pedía la oreja para el
gladiador.
Sin cortar orejas también Domingo López Chaves y Fernando Cruz con encierros duros tuvieron
meritorias actuaciones, siendo la recompensa del primero una vuelta al ruedo
tras fuerte petición de oreja, y la del segundo la vuelta al anillo. Domingo,
quien anda por las plazas haciendo méritos para ocupar un mejor puesto en el
escalafón torero, dio otro toque de atención en la Maestranza. Lidió a dos
serios ejemplares de Palha con coraje, eficiencia y maestría y aun tuvo

oportunidades de dar pruebas de su sobrio toreo castellano. Mató a su primero
de una soberana estocada, siendo cogido espectacularmente. Con el traje
destrozado y él ileso, vio como el ´palha´ se derrumbaba mientras que el público
le pedía la oreja, la cual el presidente le denegó. El salmantino sigue
ganándose la estimación de los aficionados sevillanos. A Fernando, quien
reaparecía de la grave cornada que sufrió recientemente en Valencia, le tocó
pechar con dos astados de Cebada Gago, el primero con grandes dificultades, y
el sexto, el mejorcito del manso y temperamental encierro. Con aquel estuvo
decidido y fue silenciado, y al mejorcito lo toreó con gran clase y hondura,
construyéndole una faena derechista. Mostró poseer un toreo clásico y hondo,
aunque le faltó algo de ligazón y el rematar la faena con más fibra. En su
beneficio hay que decir que el toro se vino a menos. Mandó al animal al
desolladero de estocada y descabello. Se reconoció su fino hacer con una
aclamada vuelta al ruedo.
Hasta aquí he dedicado unos comentarios a los dos diestros que
abrieron la Puerta del Príncipe, a cuatro que cortaron dos orejas, a tres que
obtuvieron una y a otros tres que fueron premiados con una vuelta al ruedo sin
trofeos. De los restantes veinte y cinco matadores que actuaron en estas dieciséis corridas del ciclo ferial del 2007, unos tuvieron
actuaciones sin pena ni gloria y otros con más pena que gloria. En cambio,
todos compartieron la meta común de
tesoneramente buscar el elusivo
triunfo en la bella Maestranza y
de todos habría algo que
ensalzar o criticar. Ahora bien, si eso fuera por el mal ganado que les
tocó en suerte, o por la falta de acoplamiento con sus lotes, o por el mal uso
de los aceros, o por sus propias ineficiencias, el caso es que esos veintiseís
diestros no dejaron huellas triunfales en su paso por Sevilla. Para mi sería
una tarea exhausta el analizar las causas de los resultados de sus actuaciones,
por lo tanto me limito a añadir el Apéndice A al final de este artículo, en el
cual el lector puede consultar como, según la prensa, el público evaluó
objetivamente a los diestros al completar sus
actuaciones con aplausos, silencios o pitos.
Raramente haya habido un ciclo ferial taurino en Sevilla que haya
tenido un impacto tan significativo que probablemente se reflejará en el resto
de la temporada del 2007, y tal vez en el resto de la década, como este que
acaba de concluir. Ha habido ferias muy notables, más completas, ferias en las
que se dieron varias corridas con toreros y
ganaderos triunfantes, pero ninguna
ha habido que haya marcado una
diferencia generacional en la torería como el ciclo taurino que acaba de concluir.
Tal vez la triunfal despedida de Rincón y la falta de actuaciones
impactantes de las super-figuras como Ponce y “El Juli”, quienes hasta ahora
han sido los amos de la fiesta, y las actuaciones sin relieve de maestros
veteranos como “Jesulín de Ubrique”,
“Finito de Córdoba”, Rivera Ordoñez y
“El Cordobés”, quienes hasta no
hace mucho formaban parte de los carteles selectos de las ferias, hayan resaltado la
importancia de los grandes triunfos en la Maestranza de “El Cid”, Castella,
Manzanares y Talavante que con ello han reafirmado que están más que listos
para ser nuevos pilares de las ferias importantes del 2007.
Por otro lado, el ciclo ferial ha tenido altos y bajos. Los altos
fueron el ver a la mueva generación de los toreros ya mencionados triunfar a
lo grande, y ser testigos de la emocional
despedida de Rincón del público sevillano, un torero de los grandes; así como
presenciar incrédulo como el cauto Morante daba una larga cambiada a
portagayola; o admirar a “El Juli" y a “El Cid” jugarse la vida toreando bajo
una torrencial lluvia, o no menos importante el aplaudir en el arrastre lento
los restos de un ‘victorino’, un toro noble y bravío al mismo tiempo.
En lo negativo está el desencanto de tener que soportar la lidia de
demasiados toros mansos, parados y sosos con hierro de ganaderías tanto
comerciales como duras que hacían algunos
festejos interminables. También desilusionó el no ver triunfar de nuevo en la
Maestranza a Ponce, César Jiménez, Salvador Cortés, Miguel Angel Perera e Iván García como lo
hicieron en el 2006.
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APENDICE A:
RESUMENES DE LAS RESEÑAS DEL PROGRAMA TAURINO DE LA FERIA DE ABRIL 2006
En la tabla que sigue aparecen anotados los resultados de las actuaciones de los rejoneadores, novilleros y matadores que actuaron en la Plaza de la Maestranza de Sevilla en los diecinueve festejos del programa taurino de la Feria de Abril-2007. Los resultados han sido extraídos de las reseñas que aparecen en la prensa
Domingo , 8 de abril (Resurrección) Toros de “Zalduendo” para Enrique Ponce (silencio; silencio), “El Cid” (oreja; silencio) y Sebastián Castella (silencio; silencio). Entrada: lleno.
Viernes, 13 de abril. Novillos de “Torrehandilla” para Daniel Luque
(petición y vuelta tras aviso;
ovación), “Agustín de Espartinas” (ovación; silencio) y Oliva Soto (silencio; ovación). Entrada: 3/4.
Sábado, 14 de abril. Toros de José Luis Pereda-“La Dehesilla” para
Uceda Leal (silencio; silencio), Antonio Ferrera (ovación; oreja) y Antonio
Barrera (silencio; silencio), Entrada:
3/4.
Domingo, 15 de abril. Corrida de Rejones. Toros de Fermín Bohórquez
para Fermín Bohórquez (silencio; silencio), Hermoso de Mendoza (oreja y
petición de la segunda; oreja) y Diego Ventura (oreja; dos orejas; salida Puerta
del Príncipe. Entrada: lleno.
Lunes, 16 de abril. Toros de Herederos de Celestino Cuadri para
Fernández Pineda (ovación; ovación),
Serafín Marín (silencio; ovación) y Manuel Escribano (ovación;
silencio). Entrada: 3/4.
Martes, 17 de abril. Toros de Cebada Gago para Curro Díaz (ovación;
silencio), Fernando Robleño (silencio; silencio) y Fernando Cruz (silencio;
vuelta). Entrada: 3/4.
Miércoles, 18 de abril. Toros de Palha para Luis Miguel Encabo
(silencio; silencio), López Chaves
(petición y vuelta; salida al tercio) e Iván García (silencio; silencio).
Entrada: 3/4.
Jueves, 19 de abril. Toros de Victorino Martín para Pepín Liria
(ovación; ovación), “El Cid” (dos orejas; oreja; salida Puerta del Príncipe) y
Salvador Cortés (ovación; silencio). Entrada: lleno.
Viernes, 20 de abril. Astados de “Zalduendo” para “Morante de la
Puebla” (ovación; silencio), “El Juli” (oreja; silencio), y José María
Manzanares (silencio; dos orejas). Entrada: lleno.
Sábado, 21 de abril. Toros de “Torrealta” para Sebastián Castella
(oreja y petición de otra; silencio), Miguel Ángel Perera
(ovación; silencio) y Alejandro Talavante (ovación; ovación).
Entrada: lleno.
Domingo, 22 de abril. Toros de “Puerto de San Lorenzo” y “Ventana del
Puerto” para Luis Vilches, (ovación; ovación); Eduardo Gallo (silencio;
silencio) y “El Capea” (silencio; silencio). Entrada: lleno.
Lunes, 23 de abril. Toros de Núñez del Cuvillo para “Jesulín de
Ubrique” (silencio; silencio), “Morante de la Puebla” (pitos; dos orejas) y
Alejandro Talavante (oreja; dos orejas; salida Puerta del Príncipe). Entrada:
lleno.
Martes, 24 de abril. Toros de “Torrestrella” para César Rincón
(silencio; dos orejas), Enrique Ponce (silencio; ovación tras petición minoritaria)
y Salvador Cortés (silencio; silencio). Entrada: lleno.
Miércoles, 25 de abril. Toros de Victoriano del Río y “Toros de
Cortés” para Miguel Abellán (silencio; silencio), “El Juli” (silencio; ovación)
y “El Cid” (silencio; ovación). Entrada: lleno.
Jueves, 26 de abril. Toros de Juan Pedro Domecq para “Finito de Córdoba” (ovación; ovación), Sebastián Castella (silencio; oreja y petición de una segunda) y José María Manzanares (silencio; ovación). Entrada: lleno.
Viernes, 27 de abril. Toros de “El Ventorrillo” para César Jiménez
(silencio; silencio), Miguel Ángel
Perera (silencio; saludo al tercio) y Matías Tejela (saludo al tercio; saludo
al tercio). Entrada: lleno.
Sábado, 28 de abril. Toros de José Luis Marca para “El Cordobés”
(silencio; silencio), Rivera Ordóñez
(silencio; silencio) y “El Fandi” (silencio; ovación). Entrada: lleno.
Domingo, 29 de abril. Matinal de rejones. Toros de "Murube"
para Antonio Domecq (vuelta tras petición), Rui Fernandes (silencio), Andy
Cartagena (oreja con petición de la segunda), Martín Burgos (oreja), Sergio Galán
(silencio) y Leonardo Hernández (ovación). Entrada: lleno.
Domingo, 29 de abril. Toros de Miura para “El Fundi” (oreja; salida al
tercio), Juan José Padilla (división de opiniones; vuelta tras petición) y Javier
Valverde (silencio; silencio). Entrada: lleno.
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APÉNDICE B:
PREMIOS
Premios de “Real Maestranza”:
Al concluir el ciclo de festejos
taurinos de la Feria de Abril el jurado de la Real Maestranza de Caballería
otorgó los siguientes premios reconociendo la excelencia de lo acontecido en el
ruedo maestrante:
Premio “Ganadería Estrella” de La Fundación Cruzcampo
La Fundación
Cruzcampo otorga anualmente el trofeo “Ganadería
Estrella”, que premia a la mejor ganadería de las lidiadas en las corridas del
programa de la Feria de Abril de Sevilla, incluyendo la corrida del Domingo de Resurrección
que
tradicionalmente inaugura la temporada en la
Plaza de Toros de la Maestranza.
El premio “Ganadería Estrella-2007” ha sido adjudicado a la ganadería sevillana de "MIura" con 52 puntos, y fueron clasificadas en segundo puesto las ganaderías de Palha y Núñez del Cuvillo, empatadas a 51 puntos.
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