En esta sección aparecerán resúmenes de lo suceda en algunas ferias tradicionales celebradas en la geografía española como las de Valencia, Castellón, Sevilla, Madrid, Pamplona, Bilbao, Zaragoza, Jaén y otras de importancia.
Estos resúmenes estarán basados en una interpolación de lo reportado en las varias publicaciones que regularmente aparecen en el Internet. En ellos no se encontrarán análisis míos de lo sucedido en esas ferias, ni tampoco mis críticas subjetivas sobre las actuaciones de los diestros o sobre la calidad del ganado lidiado. Esto no quita que en de cuando incluya algunas opiniones e interpretaciones propias. Una excepción será el resumen de la Feria de Abril de Sevilla, el que consistirá en un reportaje basado exclusivamente en mis observaciones.
Los resúmenes seguirán un preconcebido formato. Primero aparecerá una breve descripción del abono, con fechas, enumeración de los protagonistas y un comentario general sobre el carácter de la feria. Luego seguirá una sinopsis de las corridas y se concluirá el resumen con datos objetivos referentes a los resultados de las actuaciones de los diestros, expresados con símbolos, en un formato similar a las reseñas que se publican en la prensa. Estos son los símbolos que aparecerán en paréntesis detrás de los nombres de los diestros:
En la Maestranza de Sevilla y en las Ventas de Madrid, las dos plazas de toros más importantes del mundo, se celebran en el otoño dos breves ferias. La Feria de San Miguel de Sevilla es la más corta y se celebra durante un fin de semana a últimos de septiembre. Esta feria es un hito que marca el final de la vorágine taurina veraniega. La Feria de Otoño madrileña se da durante los dos primeros fines de semana de octubre y en ella da comienza el lento ocaso de la temporada que morirá en Jaén una quincena después.
La importancia de estas miniferias se basa más en la categoría de las plazas en donde se realizan que en la calidad de los carteles, pues las superfiguras y otros toreros triunfadores de la temporada generalmente no están interesados en participar en sus abonos.
No obstante la empresa de la Maestranza tiene algo de ventaja sobre la de Las Ventas para programar carteles mejores rematados parsu feria otoñal, pues el abono para la temporada sevillana tiene la peculiaridad de que la empresa tiene que anunciar todos los carteles del año en marzo antes de ponerse a la venta el abono. Esto le permite negociar al principio de la temporada con los toreros importantes para que toreen en ambas ferias sevillanas. El problema es que si los toreros anunciados para septiembre no triunfan en la Feria de Abril, o están haciendo una campaña de regular para abajo, entonces los carteles de septiembre son menos atractivos que cuando se anunciaron a principio de la temporada. Para los toreros anunciados la ventaja es que si no triunfan en abril tienen otra ocasión para buscar el éxito. Por el contrario, si triunfaron, entonces, están obligados a actuar en septiembre aunque no les interese.
En cambio, la Feria de Otoño de Madrid ofrece un reto a los empresarios para su organización, ya que ni las superfiguras ni otros diestros que han triunfado fuertemente durante la temporada quieren al final de la campaña confrontar serios toros ante una exigente afición. Los empresarios, entonces, tienen que usar la imaginación para presentar una feria con carteles, si no estelares, al menos atractivos. Generalmente, cuentan con notables diestros veteranos que tienen buen ambiente en la capital y con algunos toreros que necesitan triunfar en Madrid para dar un empujón a sus carreras, quienes, juntos algunos diestros modestos que han triunfado en las corridas veraniegas, están dispuestos a enfrentarse con las corridas duras que se lidian en las Ventas durante la feria.
El sevillano Dávila Miura salva la Feria de San Miguel
La edición del 2004 de la Feria de San Miguel sevillana ha sido aun más corta que la del 2003, ya que este año no se dio un festejo de rejoneo como el año anterior, reduciéndose el abono a dos corridas, celebradas el sábado 25 y el domingo 26 de septiembre.
Los dos carteles eran atractivos. El sábado volvía a la Maestranza Matías Tejela, uno de los triunfadores de la feria abrileña, y se presentaba como matador el fino torero malagueño Salvador Vega, quien estaba obteniendo una serie de éxitos en otras plazas, y quien no había podido hacer acto de presencia en abril por haber estado recuperándose de la grave cogida que sufrió en Zaragoza. Completaba el cartel el francés Sebastián Castella que aunque defraudó a los aficionados sevillanos en abril, estaba completando una exitosa campaña en otras plazas. De los tres diestros anunciados para el domingo solamente Dávila Miura había salido airoso en el abono abrileño, mientras que "El Cid" y Jesús Millán entonces habían tenido actuaciones sin lustre. No obstante, el interés por la corrida se había incrementado para ver a "El Cid", después de sus recientes espectaculares triunfos en Albacete y otras plazas importantes.
Los aficionados, ilusionados por ver triunfar a este plantel de jóvenes maestros, llenaron tres cuartas partes del aforo del coso maestrante en los dos festejos. Los diestros mostraron voluntad buscando el triunfo, pero dos encierros antitaurinos frustraron las ilusiones de los espectadores y los intentos de agradar de los toreros.
El sábado se lidiaron cinco de toros "Parladé", todos bien presentados pero faltos de fuerza y bravura y que en general no permitieron el triunfo de la terna. Algo mejor fue el sobrero de Gerardo Ortega, lidiado en primer lugar, que embistió con nobleza pero que también se apagó pronto en la muleta. Luis Nieto en el DIARIO SEVILLA juzga el comportamiento del encierro y el resultado del festejo de la siguiente manera: "Los parladé -hierro de Juan Pedro Domecq- fueron la negación del toro bravo y la causa por la que se aburrió el público que acudió a la Maestranza. Los parladé sacaron de sus casillas a los espectadores, a los toreros y hasta al lucero del alba. Porque llegó la noche y todavía había quien blasfemaba en el Templo del toreo por la grandiosa y magnífica corrida...¡Vaya ganado!"
Sebastián Castella sigue sin entrar en Sevilla y, al igual que en la Feria de Abril, no se apreció su innegable entrega y su toreo de cercanía, que resultaron en faenas largas y algo frías. Destacó en los cambios por la espalda con que comenzó la faena a su primero y la buena estocada con la que lo envió al desolladero. Fue silenciado al concluir sus dos actuaciones. A Matías Tejela le tocó pechar con lo peor de lo malo del encierro, dos toros parados con los que le fue imposible reverdecer sus laureles obtenidos en abril en esta plaza. Lo más relevante lo consiguió en el astado que cerró plaza, al que le consiguió sacar un par de buenas tandas de derechazos. Oyó silencio en su primero y aplausos por su voluntad en el último astado de la tarde. Salvador Vega salió algo mejor parado que sus compañeros, pues aunque con el material a manos el triunfo era una quimera, al menos dejó una buena impresión en su presentación ante la docta afición sevillana. Con el capote lanceó con clase y arte a sus dos enemigos. Sin embargo, con la muleta no logró faenas completas, aunque sí consiguió dar algunas muestras de su depurado y artístico estilo. Fue volteado por el segundo toro cuando intentaba dar un pase de pecho. Oyó las más fuertes ovaciones de la tarde tanto durante sus trasteos como al completar sus intervenciones.
El domingo, tal como sucedió el día anterior, una mala corrida se encargó de echar por tierra el segundo y último festejo la Feria de San Miguel, menos mal que hubo un toro noble y repetidor que permitió al diestro sevillano Dávila Miura ser el salvador de su feria, como también lo fue en la edición del 2003. Los toros pertenecían a la ganadería "Hermanos Tornay". Los toros eran serios y astifinos, pero estuvieron cortos de casta y fuerza, excepto por primer astado que fue bueno. El sexto que resultó manso para el caballo y fue condenado a banderillas negras, castigo que la crítica catalogó como injustificado pues el toro había tomado un puyazo. Jesús Millán destacó básicamente por la voluntad que derrochó durante toda la tarde, pero no pudo entusiasmar al público con su hacer, debido la poca transmisión de sus enemigos, y al no rematar bien sus trasteos con la espada, sus faenas fueron silenciadas. La serie de verónicas ejecutada al recibir a su primer toro fue la nota culminante de su actuación. Se esperaba que "El Cid" se desquitara de su gris actuación el pasado abril y siguiera en Sevilla la racha de triunfos que últimamente lleva obteniendo. Sin embargo el torero de Salteras poco espectacular pudo hacer con el manso tercero ni con el buey que cerró la feria. Consiguió dar unas buenas tandas de lentos y hondos muletazos con la derecha a su primer toro y mostrar su técnica y valor en la lidia del último toro. Fue ovacionado al completar sus actuaciones. Dávila Miura abrió la tarde dando la nota más alta del fin de semana taurino sevillano. Eduardo pronto se dio cuenta del buen pitón derecho de su primer astado, y sin más comenzó la faena de muleta con derechazos de hinojos en los medios. Con el público caliente por el arriesgado comienzo, continuó con otras dos tandas en redondo con temple y mando, para luego torear por naturales con igual temple corrigiendo con su aguante las arrancadas inciertas del animal. Mató de una media estocada y paseó por el redondel el único trofeo concedido en la feria. Hay se terminó la tarde, pues Eduardo, como sus compañeros, con el toro segundo de su lote solamente pudo mostrarse firme y valiente, por lo que fue fuertemente aplaudido.
La Feria de San Miguel se resume con dos concisos pronunciamientos: uno, un fracaso ganadero y el otro, el triunfo en su tierra del sevillano Eduardo Dávila Miura.
LA Feria de Otoño de Madrid: La última de los Lozano
El abono de la Feria de Otoño de Madrid estuvo dividido en dos etapas. La primera constó de dos festejos, una novillada, celebrada el sábado 2 de octubre, y una corrida de toros realizada al día siguiente. La segunda etapa se inició el sábado 9 de octubre con un festejo de rejones y continuó con tres consecutivas corridas, la última celebrada el 12 de octubre, el Día de la Raza.
El abono no presentaba ni sorpresas ni novedades y, como es ya la norma, las grandes figuras brillaban por su ausencia. Los carteles de las corridas estaban basados en los diestros "El Cid" y Serafín Marín que habían cortado trofeos en la Feria de San Isidro, y en Miguel Abellán a quien, sin obtener trofeos, se consideraba uno de los triunfadores en esa feria. Se completaban los carteles con los madrileños Useda Leal, Luis Miguel Encabo y Fernando Robleño, el murciano Pepín Liria y el francés Sebastián Castella, quienes tuvieron también destacadas actuaciones en la feria de primavera, y con Luis Vilches y Fernando Cepeda, a quienes se les incluía por haber triunfado en las corridas estivales. Además, como ya es una tradición, también estuvo presente en la feria veterano Luis Francisco Esplá, con quien siempre cuenta la empresa, con el beneplácito de la afición, para que lidie una corrida de Victorino o de Adolfo Martín, este año fue esta última. La inclusión de estos dos hierros era uno de los principales atractivos del abono.
El primer tramo de la feria tuvo un resultado mixto, pues el público,que en la novillada ocupaba tres cuartas partes del aforo de la plaza y en la corrida la llenaba, el sábado disfrutó viendo salir a hombros a un novillero madrileño, y el domingo se decepcionó con el mal juego de la corrida de Adolfo Martín, una de las preferidas por los aficionados que asisten a Las Ventas.
En la novillada "Morenito de Aranda", Álvaro Justo y Juan Ávila lidiaron seis bien presentados utreros de Román Sorando, que fueron nobles en general, aunque algo faltos de raza y fuerza. Destacó por bueno el primero del lote de Alvaro Justo, encastado y repetidor y desentonó el novillo que abrió plaza por su sosería. La tarde fue de Álvaro Justo, pues el joven novillero gustó a la concurrencia, toreando con capote y muleta con elegancia y naturalidad al buen novillo segundo. Su primera faena fue completa y ejecutada con calidad y estética. Las series de suaves y ligados naturales y derechazos estuvieron complementados con emocionantes pases de pecho y con algunos pases de adorno. También la faena a su segundo tuvo calidad, mostrando el joven firmeza para adaptarse a las inciertas arrancadas del novillo. A ambos los remató de un espadazo y de ambos se llevó un apéndice, el primero tuvo más mérito que el segundo. Salió de la plaza a hombros. "Morenito de Aranda" tuvo una actuación sin mayor relieve en su primero, y al matarlo de una buena estocada fue ovacionado. A su segundo le compuso una faena que no remontó hasta la segunda mitad. En esta mitad de su labor destacaron tres buenas series de profundos naturales y, al matar bien, hubo una minoritaria petición de oreja que,al no concedérsela, se quedó en una vuelta al ruedo. Juan Ávila se llevó el peor lote y, aunque se mostró valiente, su labor estuvo desentonada, no teniendo repercusión en los tendidos. Al matar a su primero de dos pinchazos y estocada caída y al sexto de pinchazo y estocada, se le guardó silencio en ambas ocasiones.
El domingo se corrieron cinco toros de Adolfo Martín y un sobrero bis de "El Pizarral", lidiado en primer lugar, que resultó manso y tuvo mucho peligro. El primer toro titular había sido devuelto por endeble, así como el primer sobrero de "el Pizarral". Cuatro de los 'adolfos' blandearon y estuvieron a la defensiva, haciendo difícil el hacer de los espadas. En cambio el tercero sacó bravura y nobleza. Quizás el mal estado del piso, que estaba duro y resbaladizo, contribuyó en parte a la conducta defensiva de los animales por falta de estabilidad. De todas maneras, el encierro dejó mucho que desear, tanto por la falta de bravura y fuerza como por la desigualdad de la presencia. Luis Francisco Esplá, Pepín Liria y Luis Vilches fueron los encargados de enfrentarse con esta desagradable corrida. Luis Francisco Esplá y Pepín Liria fueron silenciados en sus respectivos lotes. El maestro Esplá no estuvo ni tan en maestro ni tan decidido como otras veces para imponerse a las dificultades y el peligro de sus dos astados. Pepín Liria estuvo decidido, firme y en torero, pero falló con los aceros. Luis Vilches, al llevarse el bueno del encierro, fue el único espada de la terna que estuvo al borde del éxito. El sevillano otra vez dejó en Las Ventas muestras de su depurado estilo de torear con capa y muleta al tercer astado, aunque no del buen manejo de la espada. Con el capote oyó los primeros oles con un agitanado lancear, que remató con una bella media verónica. Vilches con la muleta toreó asentado y con gracia, desde los mandones doblones que ejecutó pasando por unos largos naturales y terminados con enjutos pases de pecho de pitón a rabo. Cuando tenía al menos una oreja en su poder, se le olvidó como matar y el gran triunfo que necesita se evaporó aunque, como recompensa, se oyeron muchas palmas. En su segundo mostró decisión, sacándole algunos lucidos pases, pero otra vez la espada lo traicionó. Esta vez oyó solamente silencio. Y con este silencio se completó el primer tramo de la feria.
El segundo tramo de la feria, el más largo, se inició con la corrida de rejoneo el sábado 9 de octubre y, como en la corrida del domingo anterior, un mal encierro casi se carga el espectáculo. Menos mal que un único buen astado del encierro se encontró con un gran maestro portugués del rejoneo. Los toros, que tenían presencia, llevaban el hierro de la ganadería de Julio de la Puerta. Cinco de los astado mansearon y se vinieron abajo durante la lidia, evitando que Rui Fernandes, Alvaro Montes y Sergio Galán pudieran ejecutar labores bien rematadas, aunque los tres intentaron lucirse y tuvieron sus buenos momentos con esos enemigos. Montes pechó con el peor lote. Resaltó en sus actuaciones el recibir y burlar con la garrocha a su primer cornúpeta y el ejecutar un par de banderillas al violín a su segundo. No estuvo acertado con los rejones de muerte y además se notó que algunas de sus cabalgaduras estaban algo verdes para la lidia. Fue ovacionado al finalizar su cometido en ambos toros. Galán estuvo muy decidido toda la tarde, se lució con los rejones de castigo y en banderillas a dos manos con las cortas, e incluso haciendo el adorno del teléfono a uno de sus toros, pero ambos animales se rajaron pronto y el caballero no estuvo muy certero con los rejones de muerte. Fue fuertemente ovacionado. Rui Fernandes también tuvo una actuación irregular en su primer toro, siendo silenciado. Sin embargo con el encastrado cuarto astado completó una emocionante y espectacular faena, mostrando excelente dominio de sus monturas y de las suertes del rejoneo. Su hacer no cesó de ser aplaudido desde que recibió al animal a potagayola hasta que lo remató de un certero rejonazo. Las consecuencias fueron el corte de dos orejas y una salida por la Puerta Grande, la segunda de la feria. La plaza se cubrió en tres cuartas partes de su aforo.
El festejo de la fría tarde del domingo duró casi tres horas y durante ese tiempo los espectadores, que casi llenaban la plaza, vieron retirar por falta de fuerza a tres toros de los nueve que salieron por los chiqueros, una gran faena de Manuel Jesús "El Cid', pinceladas de gran toreo de Fernando Cepeda y un vano esfuerzo de Serafín Marín para sacar algún partido de sus enemigos. Se lidiaron dos toros del encierro originalmente anunciado de Núñez del Cuvillo, segundo y sexto, dos de Ramón Flores, tercero y quinto, uno de "Joselito", el cuarto, y otro de Martín Arranz, el primero. Los astados dieron un juego variado, siendo los más manejables el primero y el tercero, y el peor el sexto, que tuvo peligro. "El Cid" cortó la única oreja de la tarde, que luego resultaría ser el único trofeo obtenido por un matador en la feria. El de Salteras le hizo una emocionante faena al bravo y temperamental astado de Nuñez del Cuvillo que salió en segundo lugar. En la faena predominó el toreo derechista en redondo, con pases largos y muy templados. En su segundo toro el público protestó la condición en que quedaron las astas del manso animal al estrellarse en las tablas, por lo que el espada decidió abreviar. A ambos astados los mató de una estocada. Aparentemente "El Cid" ha encontrado la tizona del famoso Cid medieval. Rafael Campos de España escribió del diestro lo siguiente en MUNDO TORO: "Lo de EL CID es un inmenso placer pues este sevillano, con su 'Babieca simbólico', galopa hacia la cumbre del Toreo, su manera de decir el mistérico arte es fabulosa y ahora que además los mata su hacer se torna excelente para los que saben y también para los que están; cortó una meritísima oreja a su primero y con el quinto, inservible, acabó pronto y escuchó palmas". Fernando Cepeda, aun sin obtener trofeos, dejó una grata impresión en la plaza, pues raramente se ve torear a la verónica a cámara lenta como este diestro de Gines lo hizo. También, toreó excepcionalmente con gracia, clase y empaque con la muleta en partes de sus faenas. Sufrió una voltereta en su primero, de la que salió con las taleguillas rotas y el cuerpo intacto. Tuvo que salir al tercio al completar sus intervenciones para recibir unas fuertes ovaciones. Serafín Marín, con un mal lote, hizo gala de su valor y deseos de agradar, exponiéndose hasta tal punto que en el último toro el público le pedía que lo matara. Silencio y palmas fueron los veredictos finales para el catalán.
La aburrida corrida del lunes dejó poca cosa para el recuerdo. Se lidiaron cuatro toros de "Puerto de San Lorenzo" que dieron un juego desigual, tendiendo a la mansedumbre, y dos sobreros de "Astolfi", uno complicado y otro, el sexto, con mucho peligro. En este toro sucedió lo más emotivo del festejo. El francés Sebastián Castella fue el actor de los momentos más emocionantes de la tarde. Asustó a los espectadores, jugándose la vida y mostrando indiferencia al peligro, lo que levantó unos grados de temperatura en una tarde y un ambiente fríos. Toreó poniéndose entre los pitones a merced del toro, y cuando fue cogido espectacularmente, al incorporarse continuó en el mismo sitio con el mismo valor y determinación. También había estado valiente con su primer enemigo, y en ambos se ganó las más fuertes ovaciones de la tarde y la admiración de los aficionados al ver tanta entrega. Sus compañeros, los madrileños Uceda Leal y Miguel Abellán estuvieron técnicos y decididos, consiguiendo algunos breves momentos de lucimiento, pero no consiguieron calentar el ambiente y fueron silenciados por sus paisanos.
Hasta el martes los resultados de las corridas del abono no eran muy brillantes ni para los matadores ni para los ganaderos, pero al público que llenaba la plaza le quedaba la esperanza que, como en tantas otras ocasiones, Victorino Martín viniera al rescate. No fue el caso, pues los 'albacerradas' no estuvieron a la misma altura que otras veces. Sus toros fueron desiguales de presencia, apenas cumplieron con los caballos y en el último tercio, en conjunto, sacaron genio y tuvieron un obvio o sordo peligro. A estos astados los lidiaron como pudieron Luis Miguel Encabo, Antonio Ferrera y Fernando Robleño. De la terna, Encabo fue el mejor parado. Este torero estuvo muy por encima de sus toros, mostrando plena madurez y oficio para lidiar con valentía dos toros que tenían marcado peligro, especialmente el cuarto. Después de unos lucidos lances y un quite, la faena de muleta a su primero fue intensa, pero al toro buscar el refugio de los chiqueros, antes de doblar sonaron dos aviso. Su segundo lo cogió, sin herirle, al intentar banderillear por los adentros. El tercio de banderillas tuvo mucho mérito El soberano reconoció su arrojo y maestría y lo hizo saludar al arrastrarse sus toros. Encabo se ha afianzado como gran lidiador capaz de domar cualquier alimaña. Ferrera cumplió sin demasiado esfuerzo con su difícil y soso primer toro y no se acopló debidamente con el quinto de la tarde, que fue el menos malo. Fue pitado en ese toro y silenciado en su primero. Robleño estuvo mucho tiempo en la cara de sus toros, mostrando más valor que eficacia. Intentó hacer faena en donde no las había. Se libró de milagro de los muchos gañafones que le tiraban sus contrincantes. Silencio fue también lo que oyó el madrileño en sus actuaciones. Y con silencio a un valiente torero concluyó la Feria de Otoño en Las Ventas.
La feria sin duda fue un éxito económico. Sin embargo, a los hermanos Lozano les hubiera gustado figurativamente salir por la Puerta Grande como premio a la organización de su última feria en Las Ventas, pero no hubo bastantes méritos para ello, pues no muchos toros embistieron bien en las cuatro corridas de toros y solamente un torero de los doce matadores que actuaron, "El Cid", obtuvo un trofeo. ¿Cómo hubieran deseado los empresarios que en su despedida las corridas hubieran tenido los mismos buenos resultados artísticos que los de la novillada y del festejo de rejones? Pues el novillero Alvaro Justo y el rejoneador Rui Fernandes, como ya se sabe, abrieron la Puerta Grande que se les cerró a los matadores.
Reseñas simplificadas de las dos ferias otoñales
He aquí los resultados sintetizados de las actuaciones de los diestros en la Feria de San Miguel y la de Otoño madrileña, según aparecen en las reseñas de la prensa.
El mes de septiembre es el más torero de la temporada taurina española, pues durante este mes, aunque no se celebra ninguna feria en plaza de primera categoría en España, excepto por la miniferia de San Miguel de Sevilla, se dan varias ferias de considerable importancia y decenas de otras ferias de menor rango.
Varias de las ferias más notables de septiembre toman lugar en la Comunidad de Castilla-León. La Feria de Palencia abre el ciclo del calendario taurino de septiembre de la región castellana-leonesa, la de Valladolid lo sigue y la Feria de Salamanca lo cierra. A continuación resumiremos lo sucedido en esta última feria, después de anotar la especial circunstancia de la región salmantina que acrecienta la importancia de su abono taurino.
La provincia de Salamanca debería denominarse 'la región del toro', pues en sus tierras pastan más toros bravos por kilómetro cuadrado que en ninguna otra provincia española. La ganadería brava es un componente importante de la economía comarcal, por lo que en la provincia residen muchas personas que, directamente o indirectamente, están relacionadas con la cría del toro y el negocio taurino. Lógicamente este personal tiene un conocimiento de la tauromaquia, especialmente del toro, que sobrepasa la norma. Me atrevo a afirmar que en cualquier festejo dado en la Plaza de la Glorieta proporcionalmente hay mas aficionados entendidos que en cualquier otra plaza española. Dada esta circunstancia, no sorprendería que la feria salmantina fuera una 'feria torista' como la de Bilbao o Pamplona, exigiendo el torazo a la moda y la lidia de corrida de las llamadas duras, y que su público fuera tacaño con los toreros a la hora de premiar sus actuaciones. Sin embargo, este no es el caso, por el contrario, el público se conforma con que se lidie un toro con el trapío y volumen justos con tal que tenga bravura, mientras que muestra benevolencia al juzgar la actuación de los diestros. En cambio, la feria se puede considerarse 'torista' por la manera como un sector de público conocedor del toro juzga la bravura y otras cualidades intrínsecas del animal durante su lidia, y lo aplaude o pita durante su arrastre También, pudiera afirmar que el público salmantino es más indulgente al juzgar a los toreros que a los ganaderos, como comprueba la cantidad de trofeos que se otorgan a los diestros.
El abono de la Feria de Salamanca 2004 se componía de una novillada, que abrió el ciclo el domingo 12 de septiembre, más seis corridas que se dieron de lunes a domingo, y un festejo de rejones que cerró la feria el martes 21 del mismo mes, después de un día de ayuna taurina. Como un aperitivo ferial, el miércoles 8 de septiembre se celebró una novillada sin caballos, en la que el novillero aspirante Juan Antonio Siro fue el triunfador de la tarde, al cortar dos orejas.
La empresa mostró cierta creatividad al componer los carteles, combinando los diestros de la cantera local con las grandes figuras Enrique Ponce y "El Juli", el veterano maestro César Rincón y con las más jóvenes promesas del momento. Solamente en una corrida de toros de las seis del abono no aparecía un torero de la tierra y en otra el cartel lo formaban tres toreros de la tierra charra.
Bien sabido es que Salamanca es 'tierra de toro', pero la cantera local aunque ha producido algunos buenos toreros como Victoriano Posada y Julio Robles y las grandes figuras "El Viti" y "El Niño de la Capea', hasta recientemente no ha sido pródiga en la producción de toreros. Sin embargo últimamente varios buenos toreros de la tierra, como Juan Diego, Alvaro de la Calle, Domingo López Chaves, Javier Castaño y Javier Valverde que de novilleros iban en el camino de emular a "El Viti" o a "El Capea", hasta ahora se han quedado cortos de la meta. De nuevo la afición local ha puesto su esperanza en dos jóvenes espadas que han llegado a la alternativa por dos derroteros distintos. Uno, Eduardo Gallo, se ha ganado la alternativa triunfando en plazas de importancia como Las Ventas, mientras que el otro, Pedro Gutiérrez "El Capea", ha conseguido el doctorado después de algunos éxitos, pero sin presentarse en Madrid y beneficiándose en parte del nombre dinástico. Aunque en realidad en sus cortas carreras novilleriles no ha habido una competencia directa entre estos toreros en el ámbito nacional, en Salamanca se ha creado un ambiente de contención taurina entre ambos jóvenes, que la empresa sabiamente ha aprovechado para hacer de esta presunta y quizás prematura competencia el plato fuerte del abono. Ambos se han presentado independientemente como matadores en una corrida con un cartel estelar, para luego enfrentarse en un mano a mano.
El martes 16 Pedro Gutiérrez "El Capea" fue el primero de los dos jóvenes espadas en hacer su presentación como matador en su tierra. Entró en un cartel de gala, pues actuó junto a los grandes maestros César Rincón y Enrique Ponce, lidiando toros de la casa, cuatro de Carmen Lorenzo y dos de Verónica y Pedro Gutiérrez. El ganado resultó desigual de presentación y de comportamiento. El mejor lote le tocó en suerte al debutante. Pedro a su primero, después de lidiarlo bien con el capote, le compuso una buena faena que fue de menos a más, sobresaliendo el toreo izquierdista. Mató de una estocada algo caída y se le concedió una oreja. Al último de la tarde, que era noble pero blandeaba demasiado, el salmantino le compuso una faena elaborada, la que parecía más bien el producto de un experto maestro que de un joven torero. Sin embargo, la labor resultó algo fría. Fue ovacionado. A César Rincón le correspondió el lote más complicado y el colombiano no pudo resolver los problemas que le presentaron sus enemigos, y además mató mal a ambos toros, de tres pinchazos y estocada a su primero y de siete pinchazos y dos descabellos a su segundo, por lo que fue abroncado en este y pitado en el otro. Enrique Ponce, tuvo su mejor momento en el segundo de la tarde, al que le completó una faena magistral, la que estropeó al rematar al animal de pinchazo, estocada contraria y descabello. La oreja que merecía la labor muleteril se difuminó, quedándose la recompensa en una aplaudida vuelta la ruedo. Poco pudo hacer el valenciano con el enclenque quinto astado, el que rodó por la arena en varias ocasiones. Mató pronto y su labor fue silenciada. A pesar de la atracción del cartel, la plaza se cubrió solamente en tres cuartas partes de su cupo.
Acudió más público a ver la presentación de Eduardo Gallo, ya que la plaza casi registró un lleno. Su presentación en la Glorieta estuvo a punto de malograrse pues el nuevo matador de toros salmantino no pudo torear dos días antes en la plaza de Aranda de Duero (Burgos) por resentirse de una lesión en el tobillo. Con la lesión o sin ella el miércoles 15 Gallo hizo el paseíllo en la Glorieta entre Javier Conde y "El Juli" y luego abandonó la plaza en hombros por su Puerta Grande. El joven torero fue todo entrega toreando tanto con el capote como con la muleta a sus dos toros Con el percal toreó con arte por verónicas y ejecutó quites vistosos por faroles, rogerinas, de frente por detrás y galleo. Con la muleta toreó reposadamente con buen estilo y temple, haciéndolo todo con un valor seco y con un claro deseo de querer ser figura del toreo. La faena a su primer toro fue la más lograda y, al matar de una estocada, se le concedió una oreja y se le pidió la segunda. También pasaportó bien al último astado y se llevó otra oreja. "El Juli' tuvo una importante actuación con su primer toro, un animal que llegó al último tercio entero y con algunas dificultades. El madrileño, después de dominarlo, lo toreó con clase y hondura para matarlo efectivamente y llevarse una oreja. También a su segundo, el peor toro del encierro, lo lidió habilidosamente hasta conseguirle sacar varias tandas de bien rematados muletazos. En cambio, falló con la tizona, no obstante tuvo que salir al tercio para agradecer la fuerte ovación del público. Javier Conde dio la nota negativa de la tarde. Al primero, usando la licencia de no esforzarse que se toman los toreros llamados artistas, no quiso ni verlo y una fuerte bronca sonó en la plaza al deshacerse del burel. Con el cuarto, un animal falto de fuerza, el malagueño intentó congraciarse con el público, pero solo pudo lucirse en unas verónicas y con algunos pases sueltos. Se silenció su labor. Se lidiaron toros de "El Pilar", que no ofrecieron grandes dificultades en general, siendo el tobillero primero y el incierto segundo los más complicados y el tercero el de mejores condiciones para la lidia.
Con el gran ambiente dejado por Eduardo Gallo y Pedro Gutiérrez "El Capea" en sus respectivas presentaciones como matadores de toros ante sus paisanos, el público llenó la plaza el sábado para presenciar el anticipado mano a mano entre los dos neófitos espadas. En los tendidos había expectación y cierta tensión entre los paisanos de los dos toreros, quienes tomaban partido por uno o por otro protagonista del duelo al sol que iba a reñirse en el ruedo. En el encuentro, con toros colaboradores para el triunfo, no hubo vencido, porque ambos jóvenes pusieron toda la voluntad del mundo para triunfar, empatando en entrega y trofeos, y los espectadores salieron de la plaza satisfechos y hablando de toros. El público premió las actuaciones de Gallo y "El Capea" de idéntica manera: una oreja, ovación y dos orejas. Se lidiaron tres astados de "Garcigrande" (1º, 3º y 4º) y otros tres de Domingo Hernández, (2º, 5º y 6º). Destacaron el primero, el segundo y especialmente el que se lidió en último lugar. No es el caso de repetir aquí lodo lo bueno que la prensa ha comentado sobre las actuaciones de ambos espadas, que triunfaron toreando con marcados diferentes estilos, aunque con similar entrega. Gallo se lució en los recibos capoteros y ejecutando variados quites, y con la muleta, además de ejecutar pases con clasicismo y temple con cierta tendencia a la verticalidad, cuando el toro no le venía recurría al emocionante toreo 'ojedista' de cercanías aguantando, templando y alargando las ya cortas arrancadas de los astados. "El Capea" sobresalió también en la ejecución de verónicas, especialmente las medias de marca paterna, y en quites, e incluso, espoleado por la competición, ejecutó faroles de rodillas. Con la muleta basó su toreo en el temple y el mando de los pases esenciales, teniendo la tendencia decontusionar el cuerpo para alargar los pases. Ambos usaron las espadas eficientemente. En conclusión, los dos jóvenes espadas compitiendo entre ellos justificaron con creces lo que la afición local esperaba. Directa competición y partidismo es algo que se está echando de menos en la fiesta y se aprecia, aunque tenga solo un tono local.
Como ya indicamos a los matadores de toros salmantinos Juan Diego, Alvaro de la Calle, Domingo López Chaves, Javier Castaño y Javier Valverde y a los novilleros Alberto Revesado y Daniel Martín "El Dani" también la empresa les abrió huecos en los carteles feriales. Veamos como estos aprovecharon las oportunidades para lucirse ante sus paisanos.
Juan Diego toreó el lunes 13 en compañía de Salvador Vega y José María Manzanares, lidiando cinco toros de Hermanos García Jiménez y uno de "Peña de Francia". El encierro fue manso en general y tenía una irregular presentación. Dos toros fueron manejables, el primero y el último, a los que el salmantino y el alicantino les cortaron una oreja respectivamente. Juan Diego aprovechó las buenas condiciones de su primero para ejecutarle una faena coloreada por la belleza y la estética del toreo clásico que este elegante torero es capaz de hacer. Mató de media estocada y se ganó un merecido trofeo. Con el manso cuarto estuvo valiente y al intentar sacarle faena fue volteado, con el susto como sola consecuencia. Persistió valientemente en vano intentar el lucimiento en la puerta de los chiqueros, en donde el toro se había refugiado. El astado fue pitado en el arrastre y su matador aplaudido. El otro trofeo lo consiguió Manzanares en el sexto toro. Le dio la distancia propia al astado, para luego encelarlo y ejecutarle tandas de bellos y hondos naturales y derechazos. Consiguió una buena estocada que le puso en la mano una oreja del noble animal. La labor de Manzanares en el tercero transcurrió bajo algunas protestas promovidas por la falta de trapío del toro y al concluir la faena hubo división de opiniones. El lote menos apropiado para el triunfo se lo llevó Salvador Vega, quien estuvo más decidido y centrado en su primero que en su segundo. Fue ovacionado al concluir su primera faena, en la cual hubo pequeñas muestras de su toreo artístico. En su segundo, al disiparse los pitos dirigidos al toro en su arrastre, hubo un silencio en los tendidos para juzgar la faena del malagueño. Hubo media entrada en la plaza.
El viernes 17 fue el turno del joven diestro salmantino Javier Valverde de probar que no ha perdido las ilusiones de ocupar el puesto alto en la torería que prometía hace un par de años. La prueba ha debido de ser convincente para los espectadores que llenaban tres cuartas partes del aforo del coso, pues el diestro consiguió cuajar a un noble toro de Javier Pérez-Tabernero una de las mejores faenas de la feria, llevándose el único trofeo concedido esa tarde. El trasteo fue de menos a más, subiendo de tono conforme avanzaba la faena. Terminó toreando soberbiamente con temple y hondura, tanto con la mano derecha como con la izquierda. Concluyó la labor con ese toreo encimista que es su sello, pisando un peligroso terreno entre los pitones, en donde él parece encontrarse a gusto. Mató de una estocada tendida y descabello y se le concedió una merecida oreja, que hubieran podido ser dos. El cuadro cambió en su actuación con en el último toro, el que tenía poca fuerza y se quedaba muy corto en los vuelos de la muleta. La faena fue porfiona y machacona por el deseo de agradar. La completó con una buena estocada que necesitó del descabello. Fue ovacionado. Los otros cuatro toros de Javier Pérez-Tabernero fueron mansos y no dieron opciones para el triunfo ni a Enrique Ponce ni a César Jiménez. El maestro de Chivas con su poderío e inteligencia lidiadora consiguió obtener algunos buenos pasajes en sus faenas, pero sin poder redondearlas. Fue aplaudido al completar sus dos intervenciones. Al cumplir su labor a Ponce se le concedió permiso para dejar la plaza para emprender su viaje a Francia. César Jiménez ofreció algunas ráfagas de buen toreo pero tampoco logró completar una faena integra. Oyó un aviso en cada toro de su lote y fue aplaudido en su primero y silenciado en el otro. Jiménez sigue sin tener suerte en la Glorieta.
Domingo López Chaves, Álvaro De la Calle y Javier Castaño, los tres restantes matadores de toros regionales anunciados en el abono, actuaron el domingo 19 en la última corrida de toros a pie del abono. Se encerraron con seis toros de la ganadería de "Hoyo de la Gitana" que fueron desiguales de presentación y dieron un juego variado. Destacó por su nobleza el sexto y estuvieron faltos de casta el segundo, tercero y cuarto y de fuerza el primero, mientras que el quinto tuvo peligro. A Álvaro de la Calle le tocó el peor lote y, aunque estuvo voluntarioso, no pudo sobreponerse a las dificultades de sus toros. Mató mal y fue silenciado en su primer toro y pitado en el segundo. En cambio, sus compañeros estuvieron a punto de cortarle la oreja a uno de sus toros. López Chaves estuvo muy en torero toda la tarde y cuando le estaba cuajando una buena faena a su primero, el toro se vino abajo y también la labor del torero. Fue aplaudido. Su mejor actuación la realizó en el cuarto, un astado que tenía algunas complicaciones, pero al que Domingo lo entendió bien, ejecutándole una honda y meritoria faena que no transmitió lo debido. Hubo petición, la que fue ignorada por el presidente. El diestro dio una aclamada vuelta al ruedo. También, el presidente denegó otra oreja a Javier Castaño en el sexto toro. A ese toro lo recibió con tres largas cambiadas y con la muleta comenzó por estatuario y siguió lucidamente con la derecha. La faena bajo algo de tono al dar unos naturales y al alargar su labor con un machacón toreo encimista. Dio una vuelta al anillo. Con el tercero anduvo muy decidido, pero falló de mala manera con el estoque. Fue ovacionado. Los salmantinos no acudieron en masa a la plaza para animar a sus paisanos, pues solo ocuparon media plaza.
Aun menos espectadores acudieron a la plaza para ver a los dos novilleros salmantinos Alberto Revesado y Daniel Martín "El Dani" que actuaron en la novillada picada que abrió la feria domingo 12 de septiembre. Completaba la terna "Morenito de Aranda" para lidiar seis novillos de Adelaida Rodríguez. En general los utreros ofrecieron oportunidades para el lucimiento que no fueron debidamente aprovechadas por los espadas. "El Dani" fue el mejor parado, pues después de lucirse con el capote hizo una faena afanada al primero de su lote que originó una leve petición de oreja. No entendió a su segundo y, a pesar de estar valiente, fue silenciado. Revesado completó una buena faena pero la emborronó con la espada, y al completar tanto esa faena como la siguiente solamente el silencio se oyó en los tendidos. "Morenito de Aranda" hizo una discontinuada faena, agraciándola con toques pintureros, pero también la estropeó con los aceros. Fue ovacionado. Apenas cumplió en el cuarto y se silenció lo discretamente hecho.
El jueves se celebró la única corrida en la cual el nombre de ningún torero de la tierra aparecía en el cartel. La terna estuvo compuesta por "Finito de Córdoba", "El Fandi" y Matías Tejela, quienes deberían haber lidiado seis toros de "Valdefresno". No fue así, pues el encierro fue un desastre, ya que salieron al ruedo nueve toros de tres diferentes ganaderías. Se corrieron tres de dicho hierro, dos de José Ignacio Charro, y uno de "Hermanos Fraile Mazas". Todos estaban bien presentados y fueron manejables, pero con tal endeblez, excepto por el quinto, que hicieron monótona casi toda la labor de los toreros durante las dos hora y media que duró el aburrido festejo, a pesar de los esfuerzos de los tres espadas. El público no se manifestó ni de una manera ni de otra al enjuiciar las faenas de "Finito" y Tejela. "El Fandi" animó algo la tarde en algunos momentos de la entusiasta faena al quinto y, especialmente, en la ejecución de los dos tercios de banderillas, y aun en el pareo estuvo por debajo de su norma de excelencia. Fue aplaudido al completar sus quehaceres con ambos cornúpetas. La asistencia a la plaza apenas llegó a media plaza.
Después de un día sin darse ningún festejo taurino, la feria se cerró el martes 21 de septiembre con la corrida de rejones. La plaza casi se llenó para ver a Luis Domecq, Pablo Hermoso de Mendoza y Sergio Vegas rejonear cinco toros de Sánchez Cobaleda y uno de "Filoso Landaluce Hermanos". Domecq tuvo una sobria actuación en su primero que no entusiasmó a la audiencia. Su hacer subió de tono en la lidia de su segundo astado, en el cual tuvo petición de oreja y dio una vuelta al ruedo. Vegas no estuvo lucido. El público protestó fuerte cuando sus subalternos estrellaron al toro en contra de las tablas, lo que hizo que el toro tuviera que ser devuelto a los corrales, y abroncó al caballero al concluir su intervención con el sobrero. La cosa se enderezó en la lidia de su segundo, en el que fue ovacionado. La tarde fue del centauro navarro, pues Hermoso de Mendoza mostró otra vez porque es un fenómeno del arte de rejonear. Triunfó con un toro mansurrón y con otro bueno para el caballo. En su primero tuvo que usar toda su sapiencia lidiadora y el dominio de sus monturas para clavar rejones a un toro refugiado en las tablas. Aunque mató de un rejonazo bajo, se le concedió un trofeo. Con el quinto su actuación fue completa, alardeando de la excepcional doma de sus caballos al clavar rejones y banderillas. Los dos apéndices que le concedieron de este toro le abrieron la Puerta Grande de la Glorieta.
A continuación incluimos aquí una tabla que sumariamente reduce los resultados de los ocho festejos del abono al mínimo común denominador:
La empresa de la Glorieta, al organizar el abono de la feria, apostó fuerte en favor de la torería local y a posteriori, observando la tabla incluida arriba,, vemos que fue una apuesta ganadora tanto en lo artístico como en lo económico. De los treces trofeos concedidos en las seis corridas solamente "El Juli" y Manzanares se llevaron un trofeo por coleta mientras que los otros once apéndices fueron ganados por los toreros de la tierra: cinco Gallo, cuatro "El Capea" y una cada uno Juan Diego y Valverde. También, de las tres vueltas al ruedo sin cortar trofeos dadas durante la feria, los locales López Chaves y Castaño pasearon por el anillo. Además de las cuatro veces que la Puerta Grande se abrió durante la feria, dos veces la traspasó Gallo y una "El Capea" y la otra el centauro Hermoso de Mendoza. Con respecto a la asistencia del público, plaza se llenó en tres corridas, en la de la presentación de Gallo, en la del mano a mano de este con "El Capea" y en la de rejones. O sea que, usando la terminología deportiva, se puede decir que los toreros de Salamanca ganaron.
Agosto es el mes más taurino del año en España, pues feria tras feria se suceden en toda la piel de toro del territorio nacional. Sin embargo, son las ferias de norte, como las de Vitoria, Coruña, Gijón, Pontevedra, San Sebastián y, especialmente la de Bilbao, en donde la acción taurina se concentra, acaparando nuestra atención.
La temporada taurina en el norte de España llega a su cenit en Bilbao, en donde en la segunda parte del mes de agosto se celebra la feria conocida en castellano como Corridas Generales y en vascuence como Aste Nagusia. Esta feria, por su tradición taurina y por la repercusión de los triunfos de los toreros en el mundo del toreo, podría considerarse como la tercera en importancia, después de la Feria de San Isidro madrileña y de la Feria de Abril sevillana.
La Feria de Aste Nagusia tiene especiales características. Primero, es una feria de 'el toro', pues se exige que en sus corridas se lidie el toro con edad, peso y trapío. Otra particularidad, especialmente apreciada por los toreros, es la ecuanimidad de su público, que no es dado a reacciones extremas, pues recompensa adecuadamente los éxitos de los espadas y aprecia comprensivamente sus esfuerzos, cuando las condiciones de los cornúpetas no son apropiadas para el triunfo. Otra cualidad de la feria, no muy obvia, es que, a diferencia de otras ferias como la sevillana y la madrileña, no se ha dejado llevar por la tendencia a la inflación en el aumento de festejos del abono. El abono de las Corridas Generales ha permanecido relativamente constante desde los años cuarenta. Antes el abono consistía en una semana de festejos y ahora se dan solamente un par de ellos más, mientras que el abono de la Feria de Abril consistía de cinco o seis festejos y ahora tiene unos dieciséis; y el de San Isidro comenzó con una semana de festejos y actualmente se da una corrida diariamente durante casi un mes. La ventaja del modelo bilbaíno para el abonado es el no verse obligado, como en Madrid o en Sevilla, a asistir a corrida con carteles mediocres, pues a la empresa le es posible confeccionar los mejores carteles con el elenco de toreros existente en el momento.
El abono de las Corridas Generales de Bilbao 2004 se abrió el sábado 14 agosto con una corrida de rejoneo y se cerró el domingo 22 del mismo mes con un festejo, en que se lidió ganado del afamado ganadero Victorino Martín. Entre esas fechas se dieron siete corridas de toros más. Los 24 puestos de las ocho corridas de toros fueron ocupados por diecinueve diestros, de los cuales Enrique Ponce, "El Juli", "El Fandi", César Jiménez y Antonio Barrera torearon en dos corridas cada uno, mientras que los catorce restantes matadores solamente actuaron en una. Barrera entró en la corrida del día 17, substituyendo a Matías Tejela, por haber triunfado en la primera corrida de toros de la serie. Tejela estaba recuperándose de la cornada recibida en Beziers y, curiosamente, el madrileño tampoco pudo hacer su presentación en la anterior feria bilbaína por también haber estado herido. Los carteles eran atractivos en general, en los que aparecían los consagrados maestros César Rincón, Ponce, y "El Juli" arropados por un grupo de prometedores jóvenes toreros, que se están haciendo notar en el nuevo siglo, más un par de maestros más maduros que se hallan en plan de recuperación. El público respondió llenando o casi llenando la plaza en tres corridas, cubriendo tres cuartos del aforo en cinco festejos y media plaza en una tarde.
El sábado 14 se inició la feria con una corrida atípica de rejoneo. Adjetivamos al festejo como atípico por el voluminoso encierro "Los Espartales" que se lidió y porque no se realizó el habitual triunfalismo de este tipo de festejos. Fermín Bohórquez, Pablo Hermoso de Mendoza y Sergio Galán no lograron ni siquiera obtener un trofeo. Los toros pesaron un promedio de más de 600 kilos, siendo el más voluminoso el cuarto astado que pesaba 670 kilos. El sentido común nos dice que seria muy difícil que toros con este peso tuvieran la movilidad necesaria para hacer vistoso el toreo a caballo. Así pasó con los tres primeros toros que se agotaron muy pronto y no permitieron el pleno lucimiento de los caballeros, aunque los tres últimos ejemplares aguantaron algo más, pero no lo suficiente. Además, la corrida estaba escasa de casta. No obstante la falta de triunfo no puede solamente achacársela al ganado, pues los centauros contribuyeron a ello con el mal uso de las armas toricidas. Hermoso de Mendoza es el que estuvo más cerca de abandonar el coso de Vista Alegre con un trofeo, pero lo perdió, al tener que descabalgar para matar al toro de pinchazo y estocada. Hubo una leve petición de oreja que, al ser desestimada, el resultado se quedó en un fuerte aplauso. Además hubiera obtenido otro trofeo en su segundo pero falló con los rejones de muerte, siendo de nuevo ovacionado. Bohórquez y Galán tuvieron también momentos lucidos, especialmente en sus segundos toros, pero ambos fallaron con los rejones de muerte. Galán fue ovacionado en sus intervenciones y Bohórquez fue silenciado en su primero y ovacionado en el otro. Hubo tres cuartos de plaza llena.
El domingo 15 se dio la primera corrida de toros con solo la mitad de la capacidad de espectadores ocupando los tendidos, en la que Miguel Encabo, Domingo López Chaves y Antonio Barrera se enfrentaron con una dura corrida de "Cebada Gago". El encierro fue serio de apariencias, con toros armados con astifinos puñales por pitones que, excepto por el sexto, ofrecieron dificultades y peligro para su lidia por su bravío genio. A pesar de estas dificultades todos los astados fueron aplaudidos en el arrastre y la Junta Administrativa de la Plaza de Toros de Vista Alegre otorgó al encierro el premio a la 'corrida más brava y completa' de la feria. El toro con mejores condiciones para hacer el toreo bueno le tocó en suerte a Barrera. El sevillano estuvo valiente, comenzando la faena emocionantemente en el centro del ruedo toreando con la mano derecha. En la faena hubo emoción, templanza y ligazón y, al matar de una estocada algo caída, se aseguró la primera oreja concedida en la feria. En su primero no pudo conseguir lucimiento, fue silenciado. Poco más de importancia sucedió en los otros cuatro toros. Encabo lidió con maestría y facilidad a sus dos toros, robándoles algunos que otros buenos muletazos. Sobresalió en banderillas y también con la espada en un fenomenal volapié. El público recompensó su labor con fuertes aplausos. López estuvo muy entregado, pero con menos experiencia que el madrileño y el sevillano, pasó algunos momentos de apuros, sobretodo en el segundo de su lote. En su primero, arrimándose temerariamente, se sobrepuso a sus hachazos para sacarle muletazos buenos, pero sin conseguir ligazón. Falló con la espada. El diestro fue aplaudido en su primer toro y silenciado en el otro.
El lunes 16 los tres jóvenes espadas "El Fandi", Antón Cortés y José María Manzanares se enfrentaron con seis toros de "Torrealta". Esta tarde fue el turno de Manzanares de ser el único espada en abandonar el coso de Vista Alegre con una oreja en su haber, además de dejar un sabor de buen torero. El triunfo ocurrió en el tercer toro de la tarde, un bravo y noble 'torrealta' de impresionante presencia. La faena de Manzanares tuvo elegancia, temple y hondura, en la que los largos pases con ambas manos fluían encadenados para ser rematados con cadenciosos remates. Mató de una estocada desprendida y cortó una oreja de ley. Esta faena mereció que se le otorgara el Trofeo 'Saber y Toros' a la mejor faena. Manzanares estuvo también a gran altura en su segundo, un toro falto de fuerza, al que le ejecutó una gran estocada, pero al amorcillarse, tuvo que rematarlo con el descabello. Al abandonar la plaza fue fuertemente aplaudido. El diestro alicantino necesitaba este triunfo en su debut en Vista Alegre, pues este joven privilegiado artista no está realizando esta temporada lo mucho que de él se esperaba. El resto del buen presentado encierro no estuvo a la altura del tercero, el primero fue manejable pero descastado, y los otros tres deslucidos, y con ellos "El Fandi" brilló en algunos momentos y Antón Cortés no se confió en ningún toro de su lote, siendo sus actuaciones evaluadas por el respetable con silencios. "El Fandi" con el primero, un toro soso, estuvo variado con el capote y ejecutó un soberbio tercio de banderillas y con la muleta se mostró decidido, obteniendo algunos pases templados, sin que la faena tomara vuelo. En el quinto, un toro con más dificultades, cumplió sin más. Aplausos y silencio, respectivamente, fueron los resultados.
El martes estaban anunciados el veterano maestro colombiano César Rincón, el artista malagueño Javier Conde, que hacía su presentación como matador en Vista Alegre, y Matías Tejela para lidiar una encierro de Javier Pérez Tabernero. Sin embargo, por estar Tejela convaleciente de una reciente cornada, el madrileño fue substituido por Antonio Barrera, quien se había ganado la inclusión en ese buen cartel por cortar una oreja a en la primera corrida de toros del abono. El encierro sobre el papel ofrecía garantías de embestir, pero por el toril salieron seis cornúpetas descastados y difíciles que desanimaron a Rincón y aún más a Conde, pero no a un determinado Barrera. El sevillano estuvo por encima de sus dos enemigos. A su primero, un flojo y peligroso animal, le ejecutó una maestra y firme faena, aguantando sus medias arrancadas y llevando al toro toreado, alargando las breves embestidas. Al sexto lo recibió con lances pausados que provocaron olés. Luego, inició la faena de muleta, con un par de series de pases templados hasta que el animal comenzó a defenderse, rematando la faena con unas ajustadas manoletinas. A su primer toro lo remató de un pinchazo hondo y descabello y fue ovacionado, y al segundo con una estocada algo caída, ganándose una bien merecida oreja. Barrera, quien lleva tres temporadas tratando de abrirse paso en España, después de sus éxitos en México, finalmente está enrachado pues al triunfo de Bilbao le han precedido los de Barcelona, Santander y San Sebastián. Es verdad que al maestro Rincón no le ayudaron sus toros, pero tampoco él estuvo ni decidido ni a gusto con sus enemigos. Mató prontamente a ambos de un estoconazo defectuoso, y su labor fue silenciada en su primer astado y oyó algunos pitos en el otro. Por otro lado, Conde no se impuso a las obvias dificultades de su lote, se tapó algo con la muleta en su primero y lo pasó mal con la espada al terminar con dos pinchazos y una estocada trasera y baja. Hubo un silencio que se convertiría luego en una bronca cuando el artista malagueño no intentó lucirse con su difícil segundo, al que se lo quitó de en medio de una estocada conseguida a paso de banderillas. La bronca se repitió al espada abandonar el ruedo.
El miércoles la plaza registró el primer lleno respondiendo al poder convocatorio de "El Juli" y de César Jiménez, quien fue declarado 'el triunfador máximo' de las corridas Generales 2003. Encabezaba el cartel Uceda Leal y el encierro llevaba el hierro de "San Martín". La expectación se convirtió en decepción debido al mal juego de los astados, que lo único bueno que tenían era la presencia. La crítica taurina ha usado toda clase de epítetos negativos para evaluar el mal juego del ganado como 'palurdo', 'áspero', 'desrazado' y 'soso', entre otros muchos términos de igual talante. Lógicamente con este material el espectáculo careció de brillantez. Juan Posada quizás resuma las actuaciones de toros y toreros con este párrafo de su crónica en el diario LA RAZON: "Los toros de San Martín, de la casta santacolomeña, defraudaron. Desrazados, algunos incluso sin fuerza, no ofrecieron oportunidades para triunfar a los tres diestros. No obstante, hay que destacar la entereza de ánimo de El Juli que, sin triunfar, se mostró muy digno con sus dos toros y así lo apreció el público. Uceda Leal también puso de su parte y ejecutó muy bien la suerte de matar entre las pocas cosas que pudo conseguir. El joven César Jiménez desilusionó a la gente que ya sabía, por otras ocasiones, de su decisión y ganas de triunfo. Ayer, la sombra de sí mismo, se ganó el rechazo del público bilbaíno, simplemente por su falta de interés". Sorprende la grisácea actuación de Jiménez, un diestro que raramente sale de las plazas sin llevarse un trofeo y, en cambio, esa tarde dejó el ruedo vasco acompañado de las protestas de su público. Tal vez esta reacción negativa de los espectadores tenga una connotación positiva para el joven madrileño pues, generalmente, se abronca a las figuras cuando estos no producen lo esperado. El público evaluó a los tres espadas al rematar a sus faenas de la siguiente manera: con silencio y ovación a Leal, con ovaciones a "El Juli" y con silencio y bronca a Jiménez.
El jueves por única vez en la feria se puso en las taquillas el cartel de 'no hay billetes'. Con razón, pues el cartel, para lidiar el encierro de 'Torrestrella" reunía a Enrique Ponce con "El Juli", quien se despedía de la feria, y los dos iban acompañados por Salvador Vega, uno de los triunfadores de la feria anterior. Ponce venía de triunfar en sus dos primeras corridas en Málaga y Játiva, al reaparecer del percance de Alicante. Esa tarde la expectación no fue una decepción, por el contrario se realizó en una buena tarde de toros, pues el ganado fue bravo en general, Vega estuvo a punto de abrir la Puerta Grande, "El Juli" cortó una oreja y Ponce pudo haber conseguido otra. Se lidiaron cinco bravos y nobles toros de "Torrestrella" y en segundo lugar uno de "Marqués de Domecq", el que desentonó con el resto al ofrecer dificultades para su lidia Destacaron por su bravura el buen tercero y el extraordinario sexto. Ponce fue recibido con grandes aplausos por la gesta de dar la cara en Bilbao cuando bien pudiera haber retrasado su reaparición. Molestado por el viento, le cuajó una faena maestra a su primero, en la que destacaron elegantes derechazos, una serie de circulares impecables y unas clásicas trincherillas. Pinchó antes de cobrar una estocada. El cuarto toro se vino abajo en la brega, no obstante el valenciano le hilvanó una faena exprimiéndole las pocas arrancadas que le quedaban al animal. Fue fuertemente ovacionado al concluir sus quehaceres. La casta de "El Juli" no le permitía irse de vacío de la feria, así que el madrileño se entregó en sus dos toros, en el primero haciéndole una faena seria, en la que destacó un toreo basado en lo esencial, desposeído de florituras y compuesto de pases naturales y derechazos largos y templados y rematados con el de pecho. Pinchó antes de cobrar la estocada y fue ovacionado. Sin embargo, en su segundo tuvo que basar la faena en el valor pegándose un verdadero arrimón, y al matar de un gran volapié se ganó una oreja. El madrileño también se había lucido en sus intervenciones con el capote. Vega ya había dejado su tarjeta de buen torero en el ruedo bilbaíno con su buena actuación en la feria del 2003, pero esta tarde ha dejado una con sabor de figura. Es cierto que le tocó en suerte los dos mejores 'torrestrellas', pero también lo es que los toreó con el genio de artista y de valiente que lleva dentro. En ambos interpretó el toreo con clase, llevando a los toros toreados con la muñeca y la cintura, adelantando la pañosa para llevar al toro en una trayectoria semicircular y así engarzar pase tras pase. Pero no todo fue clásico, sino que aliño lo esencial con toques de pases inspirados y personales. Abrochó sus faenas con una estocada por toro, llevándose un apéndice auricular de cada uno. El público pidió la segunda oreja del toro que cerró plaza, pero el presidente al negarla le cerró la Puerta Grande. Sin embargo, la acción del presidente no evitó que se le concediera el Trofeo del Hotel Ercilla como 'triunfador de la feria' y que recibiera otros importantes trofeos por completar la mejor faena de la feria.
Después de la buena tarde de toros del jueves, la mejor del abono, la feria entró en un bache, en el que la hundió los dos malos encierros del viernes y sábado. El viernes Enrique Ponce, Dávila Miura y César Jiménez, con una plaza casi cubierta de gente, lidiaron una corrida de Samuel Flores. El encierro era grande y gordo, incluso para la norma de Bilbao, a tal extremo que el quinto, lidiado por Davila Miura, pesó 716 kilos. El exceso de carne fue indirectamente proporcional a la bravura, pues esta fue escasa y mala. La excepción fue el cuarto toro, que sacó nobleza y suavidad, permitiéndole a Ponce dar una nota brillante en una tarde obscura. El valenciano se recreó toreando a este animal, completándole una magistral faena que hubiera sido recompensada con una oreja a no ser de tener que descabellar después de una estocada. Dio una aclamada vuelta al ruedo. Zabala de la Serna en su crónica en ABC comentó que: "Ponce es una bestia. Un animal nacido y hecho para el toreo. Un superdotado del temple. Del valor. Un valor que transmite por la serenidad en la cara del toro. No hay un gesto ni un aspaviento que traduzca al público lo que pasa por dentro, que algo debe de pasar. Dos meses inactivo y está en la plaza como sí tal cosa. Más: es capaz de plasmar una faena de lentitud y belleza como la del cuarto, un samuel andarín que embestía al paso, noble pero para aguantarle con la muleta tersa, ralentizada a través de un prisma que todo lo eterniza." Dávila Miura estuvo decidido pero sin poder sacar partido de ninguno de sus mansurrones y difíciles animales, siendo silenciado en el primero de su lote y oyendo algunos pitos al terminar con el mastodonte segundo. Jiménez quiso hacer olvidar al público su grisácea actuación del jueves, aunque no lo consiguió. Tuvo la esperanza de conseguirlo al iniciar su faena de rodillas y luego con determinación ejecutar algunos pases que fueron aplaudidos, pero la faena no tomó cuerpo. Mató de una estocada, pero por tardar el animal en echarse y el puntillero fallar sonaron dos avisos. No obstante se reconoció su esfuerzo con una ovación. En su última intervención con un toro de peores condiciones que el primero, su hacer fue silenciado. El joven espada tendrá que esperar hasta el 2005 para reconciliarse con el público bilbaíno que lo vio triunfar en la feria del 2003.
Si los 'samueles' ensombrecieron la tarde del viernes, el encierro de "Alcurrucén" oscureció aún más el penúltimo festejo del abono. Los toros estaban bien presentados, y eran grandes, hondos, astifinos y serios. Estas fueron sus únicas cualidades, pues por el contrario, fueron mansos, deslucidos y dieron un juego complicado, embistiendo con, cara alta y con arrancadas cortas. La prensa calificó el encierro como el peor de las siete corridas lidiadas hasta el momento, catalogándola como 'mansa hasta la desesperación'. Los jóvenes espadas Miguel Abellán, "El Fandi" y Serafín Marín tuvieron la mala fortuna de enfrentarse a ellos. De los tres diestros "El Fandi" fue el que proveyó los momentos más interesantes de la tarde, recibiendo las ovacione más sonoras de los espectadores que llenaban tres tercios de la plaza, especialmente, por la ejecución de los tres magníficos pares al segundo astado de la tarde. Con la muleta se apreció más la variedad de lo conseguido con entrega y entusiasmo que la calidad intrínseca de lo hecho. Al primer toro lo mandó al desolladero de una buena estocada y al segundo de dos envites algo bajos. Fue ovacionado en sus dos actuaciones. Por el contrario, Abellán y Marín casi nada notable pudieron hacer en sus lotes y el silenció reinó cuando despacharon brevemente a los cuatro poco colaboradores astados con los que se enfrentaron. A veces la brevedad es un mérito.
El domingo 22 de agosto se cerró la Feria de Aste Nagusia 2004 con la siempre esperada corrida de los 'victorinos' y, aunque este hierro siempre crea expectación, los aficionados solamente ocuparon tres cuartas partes del aforo de la plaza. El cartel lo componían "El Fundi", el lidiador más veterano especialista en corridas duras, "El Cid" uno de los diestros que en la actualidad más triunfos ha obtenido con los toros de Victorino Martín, y el valiente espada madrileño Fernando Robleño. El encierro estuvo bien presentado, aunque algunos astados estaban pasados de peso como el cuarto, que pesó 616 kilos. Sin embargo, la corrida desilusionó, no por el volumen sino por el comportamiento y por el peligro que sacaron, ya que cuatro toros mansearon en demasía en el primer y último tercios, el cuarto toro incluso saltó al callejón. Por el contrario, el segundo fue manejable y el quinto fue un toro muy bravo y noble, al que el Club Cocherito de Bilbao premió como 'el toro más bravo de la feria'. A "El Cid" le tocó el 'victorino' bueno y otra vez el binomio 'cid-victorino' se resolvió positivamente, pues el sevillano lo toreó de maravilla y ayudó con su templada muleta a que el toro se llevara el merecido premio. Zavala de la Serna juzgó así en ABC la actuación de "El Cid": "El Cid cortó una oreja. Una oreja de Bilbao ya es, y ésta fue de ley. Le costó al victorino penúltimo en principio tomar la muleta sobre la diestra. Cambió pronto de mano el torero y se centró en unos naturales que crecieron de menos a más. Izquierda cara. Dos tandas conectaron con la música y el gentío, como no podía ser de otra manera. Tiró de las embestidas ya más cortas, que se acercaban a las espinillas, en otras dos más; todavía cerraría con unos derechazos de categoría. Gusto y empaque, flexible cintura para acompañar los viajes que se enroscaba con su figura. No le falló la tizona y se embolsó el citado trofeo". "El Cid" también en su primero dio pruebas del manejo de la muleta con su mágica muñeca para ejecutar una faena basada en la derecha, pero una bajonazo emborronó lo mejor hecho: fue aplaudido. Los otros cuatro toros, los malos, se encontraron con dos valientes, "El Fundi" y Robleño, quienes no se amedrentaron y, sin darse por vencidos, con su querer hacer estuvieron por encima de sus enemigos y mantuvieron un tenso interés en los tendidos por lo que sucedía en el ruedo. Uno de los momentos más tensos, sucedió cuando elprimer toro con un derrote seco derrumbó a "El Fundi" y por poco lo degüella. La cosa afortunadamente quedó en el susto. Los dos espadas fueron fuertemente aplaudidos al concluir sus actuaciones, pues el público apreció la determinación y la habilidad lidiadora para salir airosos e ilesos del encuentro. La nota baja de cuatro descastados 'victorinos' y la nota alta de la muleta de "El Cid" templando un bravo 'victorino', fueron el cierre apropiado de una feria en la que los altos y bajos se han alternado.
A continuación puede verse como el público evaluó las actuaciones de los rejoneadores y matadores que hicieron el paseíllo en los nueve festejos del abono de la Semana Grande bilbaína. Los datos fueron publicados en las reseñas de la prensa y, por brevedad, anotamos estos resultados por medio de los siguientes símbolos:
Teniendo en cuenta tanto los comentarios sobre los festejos feriales como las estadísticas expuestas arriba, se concluye que en el festejo de rejoneo no se cortó ningún trofeo y que en las ocho corridas se concedieron siete orejas, no muchas si se considera que se lidiaron un total de 56 toros. "El Juli" obtuvo un trofeo en dos corridas y "El Cid" y Manzanares una en una, mientras que Barrera se llevó un apéndice en cada una de sus dos actuaciones y Vega cortó una oreja a cada toro en su única presentación. Solamente Ponce dio una vuelta al ruedo sin obtener trofeos. Por otro lado, los resultados artísticos y ganaderos de los nueve festejos han sido bastantes irregulares, haciendo que la feria tocara picos y valles, ya que en cuatro festejos no se concedieron trofeos, uno se concedió en cuatro corridas y tres apéndices en una corrida.
El en el ruedo suceden cosas que no pueden cuantificarse en las estadísticas, y eso queda en la memoria colectiva de los aficionados. Apostamos que de la feria bilbaína concluida quedará el recuerdo de un Ponce que tuvo el pundonor de venir a la feria a dar la cara, de un Barrera que entró de relleno en los carteles y ha salido de Bilbao como uno de los grandes triunfadores y de un 'Cid' que otra vez ha dado lecciones de como torear a un 'victorino'. Pero, principalmente debería recordarse las inspiradas actuaciones de Salvador Vega, un artista valiente, y de José María Manzanares, un artista que administra su inspiración, y también debería tenerse en mente el buen juego del encierro de 'Torrestrella", al que obviamente los jueces que dan los premios a 'los mejores' olvidaron, quizás porque en la corrida se lidiaron solamente cinco toros con ese hierro.
La Feria de San Fermín de Pamplona es la fiesta popular española más conocida en el mundo, en parte gracias primero, al escritor norteamericano Ernest Heminway, quien ha usado esas fiestas de julio en Pamplona como el teatro donde las acciones de sus personajes se desarrollan, y luego a Hollywood que ha llevado al celuloide las obras del Nobel autor.
A la Feria de San Fermín informalmente se le conoce como 'la feria del toro', porque es el toro bravo el principal protagonista, no solamente en las corridas de toros sino también en los 'encierros', capeas y otras celebraciones populares que, durante más de una semana, toman lugar en Pamplona. Sin embargo, son en las corridas y en sus encierros donde el toro ibérico es rey, por lo que Pamplona tradicionalmente presenta anualmente una de las ferias taurinas españolas de mas prestigio. Los festejos taurinos en Pamplona tienen un carácter muy particular, pues San Fermín es una fiesta comunal en las que por unos días y noches la gente se divierte tocando música, cantando, bailando, bebiendo, comiendo y luciendo gran humor y alegría. Este animado público llena lo tendidos de la amplia Plaza de Toros de la Misericordia tanto como para ver torear como para continuar el jolgorio, cuando lo que suceda en el ruedo no sea nada especial. Es un público que disfruta con el toro grande y cornalón y aprecia sobremanera la temeridad y decisión de los diestros valientes.
El abono taurino de la Feria de San Fermín-2004 se inició con una novillada el lunes 5 de julio que fue seguida al día siguiente por una corrida de rejones. Luego, desde el miércoles de julio, el Día de San Fermín, hasta el miércoles 14 se dieron ocho corridas de toros, las que fueron precedidas por los famosos 'encierros' matinales.
Los carteles del abono reflejaban el tren renovador de la fiesta con la ausencia de varios conocidos matadores veteranos y con la inclusión de los nuevos valores que aspiran al estrellato, aunque se notaba la ausencia de los jóvenes Salvador Vega, José María Manzanares hijo y Leandro Marcos. A causa de estar recuperándose del percance de Alicante, el maestro Enrique Ponce, unos de los pilares del abono, no pudo comparecer a la cita en la corrida que cerraba la feria, y fue substituido por Javier Conde. Todos los toreros anunciados actuaron solamente en un festejo, excepto por "El Juli", Dávila Miura, "El Fandi" y Matías Tejela que torearon dos corridas. Con referencia las ganaderías, aunque todos los encierros lidiados, incluyendo los comerciales, incluían toros serios, se corrieron tres de las corridas consideradas duras con toros aptos para diestros valientes: Cebada Gago, Dolores Aguirre y Miura. Y en cuanto a la asistencia a la plaza, el abono de este año, como en los años precedentes, ha sido un éxito rotundo, pues los tendidos se llenaron en todos los festejos, excepto en la novillada, en la que se cubrió la mitad del aforo del coso.
A continuación pasamos a comentar en términos generales lo sucedido en los diez festejos del abono.
El ciclo de festejos taurinos se inició el lunes 5 de julio con una entretenida novillada. Actuaron Luis Bolívar, Eduardo Gallo, dos novilleros a las puertas de la alternativa, y el novel Santiago Ambel Posada, quienes enfrentaron con utreros de " Miranda de Pericalvo". El encierro estuvo bien presentado y fue manejable, solamente el segundo ofreció dificultades para lidia. Gallo, tanto en este novillo como en su segundo de mejor calidad, estuvo muy decidido e hizo gala de sus buenas maneras. Mató de una estocada a ambos utreros, pero por estos demorarse en doblar, los trofeos se le esfumaron. Fue ovacionado en uno y dio una vuelta en el otro. Bolívar comenzó su labor en ambos novillos con largas cambiadas y con la muleta hizo faenas variadas y bien concebidas, toreando de pie y de rodillas. Mató bien y obtuvo un apéndice de cada novillo. Gallo y Bolívar mostraron que ambos están listos para la alternativa. Posada cumplió sin más en su primero. Sin embargo, con el buen novillo que cerró plaza dio una gran sorpresa al hacer ese toreo de verdad que deja recuerdo. Dio la primera nota con el capote con unos lances de manos bajas. Luego con la muleta ligó tandas de pases con ritmo, cadencia y arte. Sobresalieron unos naturales de orfebrería. Mató bien y se le concedieron las dos orejas. Si repite esta clase de toreo hay esperanza para este joven torero de la dinastía Posada. El y Bolívar abrieron la Puerta Grande.
También, dos caballeros salieron a hombros por la misma puerta en la corrida de rejones. Con llenos en los tendidos en una tarde lluviosa, se corrieron toros de "Murube" que, aunque mansurrearon a veces, dieron un buen juego, aprovechado por los veteranos centauros Fermín Bohórquez y Pablo Hermoso de Mendoza, y por el joven rejoneador Sergio Galán, quienes divirtieron al público con una exhibición de excelente arte ecuestre, lidia a caballo y espectacular rejoneo. Bohórquez fue silenciado al doblar el primer astado, pero se desquitó en su segundo cortándole una oreja. El navarro Hermoso de Mendoza otra vez más fue profeta en su tierra, obteniendo dos orejas de su primer enemigo y otra con fuerte petición de una segunda del quinto toro de la tarde. Sergio Galán que, de promesa ha pasado a ser una gran figura del rejoneo, también se llevó otros tantos trofeos y con el navarro salió a hombros por La Puerta Grande.
El Día de San Fermín por la mañana cinco de los toros de "Torrestrella", pues la corrida se había remendado con un astado de "Los Millares", fueron los protagonistas del emocionante primer 'encierro' del 2004, el que se completó sin serios incidentes. Y por la tarde, bajo un sol reluciente y con los tendidos llenos con un publico que animadamente celebraba el Santo Patrón de Pamplona, los matadores Dávila Miura, "El Fandi" y Serafín Marín hicieron el paseíllo en el ruedo navarro para encargarse de lidiar y darle muerte en el ruedo a esos animales que por la mañana habían dados grandes sustos en su recorrido callejero. El de "Los millares", lidiado primer lugar, fue blando y deslucido y los 'torrestrellas' fueron descastados y, al igual que el primero, tuvieron las fuerzas justas, siendo el sexto el mejor para el torero. Poco notable pasó en los cuatro primeros toros, siendo lo más relevante el toreo de capa y el tercio de banderillas de "El Fandi", hasta que en el quinto y sexto toro el granadino y el catalán obtuvieron la atención de los mozos para que le dieran una oreja. En cambio, después de arrastrarse los cuatro primeros astados, el público ignoró a los diestros con silencios momentáneos. Dávila Miura estuvo porfión con un lote que no se prestaba al lucimiento, aunque en su segundo tuvo sus mejores momentos, los que emborronó al matar de tres pinchazos y una estocada. En el quinto "El Fandi´ volvió a lucirse con el capote y, especialmente en banderillas, al colocar un indescriptible doble par, que podría denominarse algo así como 'violín en dos en uno'. Con la muleta estuvo valiente y variado pero sin poder redondear una faena sólida. Mató bien y paseó un trofeo por el ruedo. Marín no se acopló con su primero y en su segundo estuvo muy decidido para completar una faena que tuvo sus altos y bajos, pero que subió de tono con los circulares finales. La terminó con una soberbia estocada, que de por sí le valía la oreja.
El jueves comenzó la guerra con la primera corrida para valientes, con la lidia de los astados de Cebada Gago, a los que les hicieron cara Pepín Liria, Luis Miguel Encabo, y Gómez Escorial. Sería este último el único espada que saldría a pie de la plaza, mientras que sus compañeros yacían en la enfermería con sendas cornadas. El encierro por fuera tenía una impresionante presentación, con toros musculosos y bien armados. Sin embargo, por dentro los toros tenían una mala casta que se manifestaba en arrancadas peligrosas, las que convertían cada pase en un cara o cruz, entre salir airoso de la suerte o sucumbir en el trance. Menos mal que se encontraron con tres profesionales que estuvieron en control de la situación, excepto cuando al entrar a matar Liria y Encabo fueron empitonados y Gómez Escorial volteado. Liria salió a jugársela y le tocó al mismo tiempo la cara y la cruz en su apuesta. Al único toro que mató lo lidió con entera entrega y maestría, robándole pases que no tenía. Al cobrar una buena estocada, Liria salió seriamente herido y el público pidió la oreja que el presidente concedió. Su cuadrilla paseó el trofeo, mientras que el maestro era llevado a la enfermería. Encabo estuvo decidido y toreó a los tres toros mostrando sus buenos conocimientos de la lidia de esta clase de toros. Hizo varios quites con el capote, banderilleó lucidamente a sus tres toros, y con la muleta estuvo bullidor con el que mató por Liria, dando una vuelta al ruedo. Cumplió con el peligroso cuarto, en el que fue silenciado, y tuvo momentos muy lucidos con el que cerró plaza, al que consiguió sacarle varias tandas de pases ligados. Al matar fue herido en el muslo derecho y tuvo que entrar a la enfermería para ser operado de una grave cornada. Gómez Escorial estuvo valiente en sus dos enemigos, como probó al recibir a ambos a portagayola con una larga cambiada. Con la muleta estuvo porfión con un valor frío, que caló en el público. También fue cogido, sin ser herido, al entrar a matar al quinto toro de la aguerrida tarde. Su labor fue premiada con ovaciones en su primer toro y con una vuelta al ruedo en el otro.
Después de la emoción que hubo en la plaza el jueves, creada por el peligro de los 'cebadagagos', el viernes se lidió un encierro de "Núñez del Cuvillo", cuyos pupilos, en general, fueron mansos y carecieron de fuerzas, aunque algunos fueron manejables. Destacó el sexto, el que no fue debidamente aprovechado. "El Fandi", quien cumplía su último compromiso en la feria, el francés Sebastián Castella y el recién alternativado "Jesuli de Torrecera" fueron los encargados de despachar la corrida. El granadino, como es su norma, estuvo bullidor y con deseo de agradar, proyectando la emoción que no transmitían sus toros, y en el intento se ganó una voltereta. Destacó en banderillas, siendo muy aplaudido. En cambio, con capote y muleta no estuvo al mismo nivel que en su primera actuación con los 'torrestrellas'. Fue ovacionado en el astado que abrió plaza y dio la vuelta al ruedo en su segundo. El diestro francés, quien debutaba como matador ante los pamplonicas, se encontró con dos toros apagados, con los que tuvo que recurrir a ese toreo de cercanía, el que con un valor sin límite efectúa. Con su primero no se acopló en demasía, aunque el toro no permitía mayor lucimiento. Sus mejores momentos tuvieron lugar en el quinto de la tarde, al que después de recibirlo con temerarios pases por la espalda, le consiguió ligar una par de series de buenos derechazos. Luego le expuso mucho con la izquierda, por donde el toro apretaba. Fue volteado dos veces y siguió en la brecha sin inmutarse. Hubiera obtenido un trofeo a no ser de haber pinchado antes de cobrar una estocada, por lo que el premio quedó en una vuelta al ruedo. El debutante sevillano fue ovacionado en sus dos actuaciones, pero su labor total no entusiasmó, pues poco notable pudo hacer con el marmolillo que en primer lugar le tocó en suerte, y no aprovechó completamente la nobleza del segundo, aunque sí ejecutó algunas series de armoniosos pases, antes de recetarle una gran estocada.
Durante el fin de semana se lidiaron los duros encierros de Dolores Aguirre y de Miura, y ningunos de los doce toros permitieron a los seis diestros el lucimiento, y aun menos el corte de trofeos. Los resultados en las dos corridas fueron negativos tanto como para los dos ganaderos como para los seis diestros que lidiaron sus toros, especialmente para "El Cálifa", quién fue herido por su primer astado. Los otros cinco diestros vieron como sus esfuerzos de salir airosos de la situación eran en vano. Echaron de menos las palmas que anhelaban, pues el público se manifestó con silencios, alellos completar nueve de sus faenas. En total, el público presenció un fin de semana taurino con poco lustre.
El sábado se luchó la segunda batalla de corridas duras y también hubo otra baja. Esta vez los toros llevaban el hierro de la ganadera Dolores Aguirre y "El Califa" era la víctima. El encierro no pudiera haber sido peor, pues los toros fueron mansos, con un peligro que hacia latente la cornada en cualquier momento de la lidia. El primero no perdonó a "El Califa" al que alcanzó, apenas cuando comenzaba su faena de muleta, dándole una tremenda voltereta que le envió a la enfermería con una lesión vertebral. Con el valenciano completaban el cartel el navarro Francisco Marco y el madrileño Fernando Robleño. La corrida se quedó en un mano a mano, en el que el madrileño le ganó por un pelín al navarro. Robleño dio la vuelta al ruedo al matar a su primer enemigo y fue silenciado en los otros dos astados Al navarro, a pesar de su determinada voluntad, se le notó la falta de placeo y también, al igual que Robleño, falló demasiado con la tizona. El público juzgó sus intervenciones con silencios.
El domingo se corrieron cinco toros de Miura y un sobrero de "Villamarta", el cuarto, por romperse una pata el titular. Los astados no tuvieron el peligro de los de Dolores Aguirre, pero presentaron bastantes dificultades para la lidia. Fueron sosos y se pararon pronto durante el último tercio. Ahora bien, estuvieron bien presentados. Con este material el veterano Juan José Padilla y los menos expertos López Chaves y Luis Vilches tuvieron pocas opciones para el triunfo, y lo más destacado fue la voluntad que los tres pusieron en el intento. Padilla se lució toreando de capa a su primero y en los dos tercios de banderillas, pero con la muleta no consiguió conectar con los espectadores, como tantas veces lo había hecho antes en Pamplona. Con la espada pinchó y descabelló varias veces a su primero y estuvo acertado al matar al de "Villamarta". López Chaves asustó con su temeridad al recibir con largas cambiadas a sus toros y al comenzar de hinojos la faena al segundo de la tarde. Con la muleta estuvo valiente y mal con la espada. José Luis Vilches tuvo algunos destellos de su fino estilo con capote y muleta, pero no hubo conjunción en su hacer. El mal uso de la espada le restó mérito a sus intervenciones. El jerezano y el sevillano igualmente fueron aplaudidos en un toro y silenciados en el otro, mientras que López Flores únicamente oyó silencios.
El lunes 12 la feria entró en la recta final de tres corridas con los carteles más atractivos. Ese día se celebró el festejo del abono que mejor recuerdo ha dejado. Se lidió un bravísimo encierro de "Jandilla", se cortaron cinco orejas, dos por coleta Eduardo Dávila Miura y Miguel Abellán y una Matías Tejela, se dio la vuelta al ruedo al quinto toro, y el sevillano, el madrileño y el mayoral de la ganadería salieron a hombros por la Puerta Grande. Además, los mozos hicieron largas pausas en las juergas de los tendidos para unirse con sus aplausos y vítores a la fiesta brava que se celebraba en el ruedo. Los toros tenían trapío y casta. Sobresalieron por su excelente bravura y nobleza el cuarto y el quinto. El tercero estuvo en discordia con sus hermanos, pues por su genio presentó dificultades a Tejela. Dávila Miura cumplió sin más con una faena desconectada a su primer astado y fue silenciado. En cambió, en el cuarto se vio al sevillano completamente entregado, haciendo un toreo ligado y templado. Completó tandas de muletazos, especialmente con la derecha, tomando al toro de largo y llevándolo largo. Mató bien y los dos apéndices fueron suyos. Tampoco Abellán se lució en su primero, pero en el excelente quinto rayó a gran altura. Comenzó la faena con un bombazo, recibiendo de rodillas a muy larga distancia al animal, para ligarle media docena de derechazos de rodillas y continuó con el toreo clásico con valor, dominio y arte. Después de caldear aun más el ambiente con emocionantes pases de rodillas, mató bien y desorejó por partida doble a la noble bestia. Tejela en el tercero abrevió y fue silenciado. Este toro volteó y le lesionó el hombro al banderillero Carlos Avila. El madrileño inició su labor con pases por la espalda, y prosiguió con series de pases ligados con ambas manos. Luego, la faena bajo de tono y al matar de una estocada trasera, se le concedió una merecida oreja.
Se debe anotar que los toros de "Jandilla" protagonizaron 'el encierro' de la feria más peligroso, pues en el hubieron dieciocho heridos, ocho de ellos por asta de toro, de los 52 del total de heridos y accidentados en los ocho 'encierros' de San Fermín 2004. También, la Casa de Misericordia de Pamplona premió la ganadería de "Jandilla" con el "Trofeo Feria del Toro 2004" como la mejor ganadería y con el "Trofeo Carriquiri 2004" a "Olivarero", lidiado por Dávila Miura, como el mejor toro de la feria. Refiriéndose a este encierro y al resultado de la corrida, Zabala de la Serna escribió en ABC:
Después de una corrida como la del lunes 12, era muy difícil que se repitiera el acontecimiento en el resto de los festejos de la feria. Así que lógicamente los trofeos y las emociones fueron menos en las dos últimas corridas del ciclo. El martes actuaron Uceda Leal, "El Juli" y César Jiménez, lidiando un encierro de Marqués de Domecq. Los toros tuvieron el común denominador de cumplir en el primer tercio, para luego comenzar bien el último y apagarse conforme las faenas avanzaban. El quinto toro fue el mejor y el sexto el más complicado. Fue precisamente a este toro al que Jiménez le cortó el único trofeo concedido en el festejo, completándole una faena encimista y bullidora, compuesta por una combinación de pases de pies y de rodillas, rematada por media estocada y descabello. En el tercero, un toro endeble que reculaba mas que embestía, estuvo decidido, pero sin lograr lucimiento. Tardó en matar y fue silenciado. También hubo dos peticiones más, una para Uceda Leal, que se definió en una vuelta al ruedo y otra para "El Juli" que se quedó solamente en fuertes aplausos. La prensa criticó la falta de criterio de la presidencia al conceder trofeos. Uceda Leal recibió al primero con elegantes verónicas y luego el maestro embebió con la muleta al rezagado animal, para hilvanarle varias series de largos y suaves derechazos y luego enviarlo al desolladero de una buena estocada. Al cuarto también lo mató bien pero, como no hubo maneras de lograr faena con el manso animal, se le juzgó con silencio. "El Juli" tuvo sus mejores momentos en el segundo de la tarde, con el que se lució en los lances de recibo y en un quite muy vistoso. Los buenos principios de la faena de muleta no calaron en los tendidos, pero luego en al segunda parte entusiasmó con un toreo de cercanías. Mató de un estocanazo y la petición mayoritaria fue ignorada por la autoridad. En el quinto poco pudo hacer con el manso astado y al fallar con la espada en los tendidos hubo silencio. En Pamplona como en otras plazas los espectadores se han manifestando con cierto antagonismo hacia "El Juli", ya que ya que protestaron cuando se negó a banderillear sus toros, cuando brindó al público uno de sus toros y cuando abandonó la plaza.
En la última corrida de la feria se lidió un encierro de Juan Pedro Domecq, de la que sobresalieron los toros primero, quinto y sexto y los otros no ofrecieron mayores dificultades. Encabezaba el cartel Javier Conde, que debutaba en Pamplona, y repetían "El Juli" y Matías Tejela. Al terminar su labor con su primer toro, su tercero en la feria, "El Juli", quizás tararearía para sí mismo 'pobre de mi, pobre de mí/ me voy sin trofeos de San Fermín'. Pues con él buscó el triunfo sin obtenerlo, y su sobria labor fue silenciada. Sin embargo, en el quinto astado, con la magia de su capote y muleta y sin clavar siquiera una banderilla, convirtió el silencio que oyó en su primero en fuertes ovaciones y en el corte de una oreja. El madrileño lanceó artísticamente a ese noble y encastado toro y le ejecutó un ajustado quite por gaoneras. A continuación, su ligada faena fue obra de maestro, haciendo un toreo clásico basado en varias series de templados y largos derechazos y naturales, completándolos con pases de adorno. Un efectivo volapié le supuso la concesión de un trofeo y la leve petición de otro. El madrileño al fin justificó su presencia como gran figura en los Sanfermines. Javier Conde gustó en el buen toro de su presentación en el coso de la Misericordia y no tanto en el cuarto. En este último, un morlaco de 685 kilos, que no tenía malas intenciones, el malagueño no se esforzó y, al matar mal, el público lo castigó con algunos pitos. En cambio, en la lidia del noble animal que abrió plaza, su alma de artista se hizo presente. Construyó una faena haciendo gala de su barroco y original estilo, que entremezcla series de pases clásicos con originales artísticos y teatrales adornos. Mató de estocada baja y hubo petición y dio una vuelta al ruedo. Tejela no pudo repetir el gran triunfo que tuvo el año anterior con astados de esta misma ganadería. En su primero poco pudo hacer con un toro reservón. Mejoró su actuación con el toro que cerró la feria. El diestro de Alcalá lo recibió de rodillas con arriesgadas verónicas. El valiente trasteo con la muleta emanó emoción, pues el toro embestía como un tren por la falta de castigo en el caballo. Destacaron dos tandas de templados y ligados naturales. Tal vez hubiera habido lugar para algún trofeo pero, al fallar repetidamente con el descabello, el diestro recibió silencio. Y así concluyó la Feria de San Fermín 2004, en la cual el toro grande y hermoso sigue siendo rey de la mañana a la noche.
Concluyamos con estas estadísticas, para que a simple vista se puedan saber los resultados de las actuaciones de los rejoneadores y toreros en los diez festejos del bono. Los resúmenes han sido extraídos de las reseñas que aparecen en la prensa. Están expresados con los símbolos que siguen:Llenos de esperanza y con el sueño de encausar sus carreras el 8 de mayo los matadores José Luis Moreno, "Rafaelillo" y López Chaves hacían el primer paseíllo de los 29 que hasta el seis de junio se harían en el ruedo de la Monumental de las Ventas durante la larga y tediosa Feria de San Isidro. Como en demasiados festejos del ciclo del abono madrileño, los deseos de los diestros no se consumaron, pues una difícil corrida de José Escolar convirtió los deseados cortes de orejas en sustos, frustraciones y silencios. Este tono grisáceo del festejo inicial matizó en gran parte un abono que desde que aparecieron los carteles fue objeto de la critíca de del gran público y la prensa.
En verdad pocos de los carteles de las 23 corridas anunciadas estaban bien rematados y varios se asimilaban más a los carteles veraniegos que se anuncian en Las Ventas para dar oportunidades a rezagados toreros que a combinaciones propias para San Isidro, la feria considerada como la más prestigiosa del mundo.
En parte la dificultad de montar un abono tan extenso como el de Madrid se debe a que el escalafón actual de matadores de toros se halla en un estado de transición. Actualmente existen pocas figuras consagradas que interesen en Madrid, y por otro lado los diestros aspirantes a serlas aun se encuentran en el camino. Si a esto añadimos que Enrique Ponce y "El Juli', los supremos lideres del momento, limitan sus actuaciones en Las Ventas, y que otros diestros importantes, quienes ya tienen prácticamente la temporada hecha evitan el venir a Madrid, entonces las dificultades para rematar el abono se multiplican.
Aun así en el público quedaba la impresión de que la que la empresa no se había esforzado para remontar los obstáculos para completar un mejor abono. Se notaba la falta de los jóvenes valores César Jiménez y José María Manzanares para confirmar sus alternativas. El primero achacaba su ausencia a que la empresa no aceptó sus exigencias económicas, y la ausencia del segundo era voluntaria. Tampoco la empresa llegó a un arreglo económico con Javier Conde. Los imponderables también cooperaron a disminuir la atracción del abono, pues dos artistas fueron incapaces de cumplir sus compromisos, "Morante de la Puebla", quien iba a actuar en tres corridas, decidió retirarse temporalmente de los ruedos por su estado psíquico, y Salvador Vega, anunciado en dos corridas, no pudo actuar por estar recuperándose de una grave cogida. También Luis Francisco Esplá, debido una lesión tuvo, que ser substituido en una corrida, aunque unos días después recuperó la actuación perdida al sustituir a Morante.
Ahora bien, a pesar de las muchas criticas que los empresarios de Las Ventas recibieron al anunciar los carteles del abono de San Isidro que incluían 3 novilladas y 3 corridas de rejones, además de las 23 corridas de toros, incluyendo la Corrida de la Prensa, el público ha llenado o casi llenado la plaza en 22 festejos y en el resto se ha cubierto más o menos tres cuartas partes del aforo. O sea que tanto en los pocos festejos con los carteles más caros como en los más con carteles veraniegos, la plaza siempre ha tenido una excelente entrada. La empresa has dado a conocer que en 17 corridas se puso cartel de "no hay billetes" en las taquillas y que se había vendido el 97% del boletaje total. Esto nos hace pensar que el espectáculo taurino en San Isidro rompe el dogma económico que propone que el productor debe satisfacer a la clientela presentándole un producto de buena calidad con el fin de incrementar las ganancias. Por lo tanto, considerando que después de todo para los organizadores de la Feria de San Isidro el abono es un asunto comercial, uno se pregunta ¿qué incentivo van a tener los Lozano para invertir más capital para presentar mejores carteles en el abono si con eso no van a obtener mayores beneficios?. El romanticismo no es parte del comercio.
En el abono se anunciaban 29 festejos taurinos: 23 corridas de toros, 3 novilladas y 3 corridas de rejones. Los 69 puestos de las 23 corridas de toros estuvieron cubiertos por 44 matadores. Cinco de los diestros actuaron en tres festejos: los madrileños Uceda Leal, Luis Miguel Encabo, Miguel Abellán y Matias Tejela, y el catalán Serafín Marín. Dieciséis coletas hicieron el paseíllo en dos ocasiones: Luis Francisco Esplá, Manuel Caballero, Eugenio de Mora, Dávila Miura, "El Zotoluco", "El Califa", Antonio Ferrera, Juan Diego, "El Juli", "El Cid", Fernando Robleño, "El Fandi", Javier Valverde, Antón Cortés y Sebastián Castella. Y César Rincón, Enrique Ponce, "Finito de Córdoba" y otros 21 matadores actuaron solamente en una corrida. El novillero Andrés Revuelta inesperadamente se doctoró el 13 de mayo, ceremonia inesperada, pues el toricantano entró en la corrida substituyendo a Salvador Vega. También, Leandro Marcos y Sebastián Castella confirmaron el doctorado el 18 y 28 de mayo, respectivamente.
En las tres corridas de rejones y en las dos novilladas ningunos de los rejoneadores ni ningunos de los novilleros hicieron doblete.
Antes de hacer algunos comentarios sobre lo más relevante acontecido en el ruedo de Las Ventas, a continuación presentamos unas tablas, en las cuales por brevedad se resumen de una manera codificada los datos obtenidos de las reseñas publicadas en la prensa madrileña. La información de las reseñas, a diferencia de las crónicas, no matiza las actuaciones de los actuantes, pero si reporta fríamente los hechos concretos. Por consiguiente, al dar un vistazo a esta información nos podemos hacer una idea de como fueron las actuaciones de cada diestro en particular, o considerando conjuntamente estos datos podríamos conceptuar si esta edición de la Feria de San Isidro fue buena mala o regular. Estos son los códigos y las tablas les siguen:
Analizando cuantitativamente los datos que aparecen arriba se concluye que en las 23 corridas de toros se lidiaron 138 toros y que a la muerte de estos las faenas que les ejecutaron los diestros fueron evaluadas por el público de la siguiente manera: 1 con dos orejas, 5 con una oreja, 6 con vueltas al ruedo sin cortar trofeos, 28 con aplausos, ovaciones con o sin salidas al tercio, 81 con silencio, y 17 con pitos o bronca. También se observa que en las corridas de los días 16 y 23 de mayo y en la del 3 de junio todas las faenas fueron silenciadas o pitadas; que en los festejos del 8, 9, 13, 15 y 28 de mayo y en la del primero de junio únicamente una faena fue ovacionada y las demás silenciadas o pitadas. Por el contrario, solamente en cuatro corridas se concedieron trofeos.
Estas cifras dan una impresión bastante negativa del resultado de las corridas de toros, pues han sido muy pocos los trofeos concedidos o las vueltas dadas por los diestros y muy abundantes los silencios o las expresiones de desagrado con los que el público ha expresado su descontento. Sin embargo, como el toreo siendo un arte no se puede jugar solamente con cantidades, pasemos ahora hacer algunos comentarios con énfasis en lo positivo que aconteció en Las Ventas.
El joven Matías Tejela ha sido el único matador que abrió la Puerta Grande en San Isidro. Esto sucedió el 19 de mayo, en la primera corrida de las tres que en ese mes actuó en Las Ventas. Compartía el cartel con Juan Diego y "El Fandi", lidiando toros de "El Ventorrillo". El ambiente en los tendidos estaba enrarecido con un público que en los cuatro toro lidiados esa tarde más en las siete corridas anteriores había visto poco interesante, hasta que "El Fandi" cambió el humor llevándose una oreja del quinto toro. El intento de faena de Matías a su primer toro fue protestado por un sector del público y el diestro oyó algunos pitos al deshacerse del enemigo. Pero el cuadro cambió dramáticamente pues el madrileño a un bien armado y ofensivo animal, le plantó cara completándole una gran faena. Su toreo era del bueno, como el que hizo en la Feria de Abril en Sevilla, presentándole al astado la muleta plana en la mano derecha, enganchándolo, ajustándose con él en el embroque y finalmente llevando al animal largo para ligarle otros pases con la misma verdad. Si los derechazos fueron buenos los naturales los superaron. Una gran estocada puso las dos orejas en sus manos, las que le abrieron de par en par la Puerta Grande. Luego, ni en la Corrida de la Prensa ni en la del 28 encontró el material adecuado para duplicar el triunfo y tres de sus faenas fueron silenciadas y una fuertemente aplaudida. Sin embargo, siempre mostró su determinación y dio muestras sueltas de su buen toreo con capote y muleta. Tejela en San Isidro ha dado otro paso firme hacia el estrellato como ya había dado otros esta temporada en las ferias de Valencia, Castellón, Sevilla y Nimes.
De los matadores de toros solamente Serafín Marín, "El Fandi", Sergio Martínez, "El Cid" y Fernando Robleño salieron de San Isidro con una oreja en su haber, aunque un par de diestros más tuvieron petición de una oreja pero no se les fue concedida.
Serafín Marín, como Tejela, actuó en tres corridas, los días 15, 25 y 27 de mayo. En su primera actuación se encontró con dos blandos astados de 'Carriquiri" con los que estuvo muy valiente, teniéndoles que torear a media altura y con temple para evitar que sus antagonistas doblaran las mano, por lo que las faenas carecieron de emoción. Su labor fue silenciada en ambos. En el sexto toro se destacó en un gran quite por gaoneras, suerte que la está haciendo parte de su repertorio, y en dos tandas con la derecha antes que el animal se rajara. Tampoco el 27 en la Corrida de la Prensa las cosas le fueron mucho mejor al catalán, aunque su faena al de "El Puerto de San Lorenzo" fue ovacionada . A su primero, un sobrero de "Albarrea" que gazapeaba, intentó sacarle faena, pero solamente consiguió dar pases sueltos, y en uno de los intentos el toro lo buscó, pegándole una voltereta de la que salió ileso. Mató mal y otra vez su hacer fue silenciado. No obstante dos días antes en la buena pero floja corrida de "Nuñez del Cuvillo", Marín había mostrado al público que no se ha equivocado en adoptarlo 'como torero de Madrid' ya, que como en Sevilla en abril, volvió torear con capote y muleta con el valor, elegancia y clase que le caracterizan. Se ganó una oreja en su primero con una faena iniciada con emocionante estatutarios y concluida con ajustadas manoletinas, y entre medio compuesta con varias bien logradas tandas de derechazos. Con la izquierda la faena bajo un poco, pues el toro perdió gas, pero una desprendida estocada de rápido efecto le hizo ganarse un trofeo. No pudo redondear la tarde, ya que le tocó un toraco parado, con el que abrevió, después de intentar valientemente de sacarle faena. Marín, aun sin tener triunfos espectaculares en Madrid esta feria, no ha defraudado por lo que sigue su curso en un camino ascendente.
"El Fandi" actuó las tardes del 15 y 19 de mayo. En la primera tarde le correspondió lidiar dos sobreros de Ramón Flores que tuvieron aun peores condiciones para el toreo y similar flojedad que los titulares de ""Carriquiri". Con ellos el granadino estuvo muy dispuesto. Recibió a uno con una larga cambiada y se lució con el capote en ambos, especialmente al ejecutar unas verónicas. En los dos tercios de banderillas puso a los espectadores de pie en los tendidos, siendo fuertemente ovacionado. Sin embargo, con la muleta no hubo maneras de consolidar faenas y fue silenciado al rematar a sus oponentes. En su segunda actuación con toros de "El Ventorrillo", en su primer toro también fue silenciado. Ya se iba de la feria sin tocar pelo, pero después de estar lucido con el capote, de nuevo banderilleó con su peculiar estilo, pero al salir de un par fue cogido espectacularmente, recibiendo en un puntazo. Permaneció en el ruedo, y entre la emoción del percance y una faena emotiva, coronada por una buena estocada, se produjo una petición de oreja mayoritaria que fue concedida. En cambio, al dar la vuelta al ruedo con ella en la mano un sector del público protestó la concesión. Una cosa que no se puede protestar es la tremenda voluntad de agradar y valor de "El Fandi".
Sergio Martínez, un torero que apenas torea, entró en la feria en la corrida de "El Conde de la Corte", buscando una oportunidad para salir de su modesta posición en la que halla en el escalafón. La oportunidad le al tocarle lidiar a "Director', un toro bravo y noble que con el capote no dio señales de serlo, pero que luego rompió a mejor en el último tercio. Sergio le dio distancia, y se mostró firme para ligar una faena con ambas manos, basada en la verticalidad y un estilo sobrio. Al matar con facilidad se le concedió una meritoria oreja y el toro se arrastró entre fuertes aplausos. Su segundo toro fue toreable, aunque sin la calidad del primero. El albaceteño estuvo decidido, pero no lo aprovechó como lo hubiera hecho si hubiera estado algo más placeado. Mató de una estocada y en los tendidos reinó el silencio, aunque luego fue aplaudido al abandonar la plaza. En conjunto una buena actuación que le puede servir para que se le abran las puertas de algunas plazas.
"El Cid" y Fernando Robleño casi se van de la feria sin dar una nota alta pero, en la corrida de Victorino Martín que cerraba el ciclo de San Isidro 2004, el sevillano dio un dos de pecho al entonar una sinfonía de toreo al natural, y el madrileño interpretó con garras una sonata de valor. "El Cid" en su primera actuación en la cuarta aburrida corrida de la feria se encontró con dos descastados y parados bueyes de la ganadería de Astolfi, contra los que se estrelló su voluntad de agradar. El público le reconoció su buena intención aplaudiéndole al matar a su primero de un estoconazo y le guardó un comprensivo silencio en su segundo. Igualmente, Robleño dio de sí todo lo que tenía con dos bien armados toros de Samuel Flores, los quecarecían de casta y poder. Estuvo firme y voluntarioso, pero las faenas fueron desconcertadas. Mató pronto y fue aplaudido por su decisión en sus dos intervenciones. A los dos les quedaba que tirar el último cartucho en el fin de fiesta con los 'victorinos' y ambos dieron en la diana, aunque "El Cid" apuntó mejor.
El Cid triunfó a lo grande con los 'victorinos', un toro bueno y otro que exigía determinación y valor parar mandar en él. A su primero, que pesaba 601 kilos, le compuso tal extraordinaria faena que si no llega a pinchar tres veces antes de cobrar la estocada hubiera abierto la Puerta Grande y acaparado todos los premios de 'triunfador de la feria'. En lo sabía él, pues cuando daba la clamorosa vuelta al ruedo le brotaron unas lágrimas de sabor agridulce, dulce por reconocer haber completado una apoteósica faena y triste por saber lo que había perdido. Sin embargo no todo fue pérdida, pues en su segundo toro, el que tenía algunas dificultades, también le construyó una faena, que combinaba un clásico toreo, dotado de pureza y temple con los alardes de gran valor para conseguirla. Y en esta ocasión "El Cid fue un cid con la tizona, rematando su labor con un estoconazo, y también esta vez paseó en triunfo una merecidísima oreja de las dos que el público pidiera. Esta actuación le ha valido el completar el cartel de la Corrida de la Beneficencia. El crítico Vicente Zabala en el diario madrileño ABC alabó así la labor del sevillano:
Robleño también se llevó un trofeo con una decidida faena a su primero, un noble manso que terminó embistiendo bien por ambos lados. La faena fue de menos a más. El diestro fue derribado al comenzar el trasteo, continuó dubitativo, pero luego reaccionó con el valor que es su marca, y su labor subió algo de tono, resaltando en su hacer el toreo derechista. Una buena estocada ayudó a la concesión de una oreja. El sexto, el último lidiado en esta feria, fue un animal que repetía pero se quedaba corto, buscando los tobillos del diestro. El madrileño cumplió con él sin complicarse la vida y mató mal por lo que oyó silencio al ser arrastrado el animal, aunque luego al abandonar el ruedo le sonó mejor el palmoteo de los espectadores.
Sin obtener trofeos se destacaron Miguel Abellán, Antón Cortés y Curro Díaz.
Miguel Abellán, quien en la pasada temporada se quedó fuera de San Isidro, en esta edición actuó en dos corridas del abono y en la Corrida de la Prensa. En el primer festejo, el 13 de mayo, estaba anunciado un encierro de Sánchez Dalp, pero se lidiaron toros de circo ganaderías diferentes, y todos fueron descastados y dieron un pésimo juego. El madrileño estuvo bien toreando de capa y anduvo valiente con la pañosa. Fue ovacionado en su primer toro y silenciado en otro. El día 20 alternó con Manuel Caballero y "El Juli", lidiando otra descastada corrida de Gavira, con la que sus compañeros de cartel poco de relieve. Se silenciaron sus actuaciones. En cambio, Abellán, un torero de clase, echó manos al valor para reclamar su sitio en el escalafón. En sus dos toros no solamente asustó con su valentía, sino que también toreó muy bien a los dos mansos que le tocaron en suerte. Poco después de comenzar la faena, su primer enemigo lo zarandeó peligrosamente, haciéndole jirones las taleguillas. Prosiguió como si nada hubiera pasado, logrando excelentes naturales y otros pases, pero sin poder cuajar faena. Dio una vuelta al ruedo. En su segundo se lució veroniqueando y en un bonito quite por chicuelinas. Con la muleta completó una faena más profunda que la anterior a un toro que se refugiaba en tablas, pero al pinchar tres veces el trofeo se le evaporó. Otra vuelta al anillo fue la recompensa. En la Corrida de la Prensa volvió a ganarse el público por su decisión y fue el triunfador del festejo con la emocionante faena que, jugándose la cornada, le hizo a un avispado astado de "Nuñez del Cuvillo". De nuevo su esfuerzo le costó otra voltereta. Mató de un buen volapié. Hubo petición de oreja, aunque no mayoritaria, y el prospecto trofeo se quedó en una aclamada vuelta al ruedo, su tercera en la feria. Con la a casta y decisión que se le ha visto en sus actuaciones en San Isidro, Abellán parece estar dispuesto de defender a capa y espada su puesto ante la presión de los 'toreros del relevo'.
Dos toreros se han hecho notar con sus expresiones artísticas en sus actuaciones en Las Ventas. Los dos son espadas que torean poco, y que necesitan esta notoriedad. Uno es Antón Cortés, quien hace un par de años ya dio muestras de su arte en Las Ventas, y el otro, Curro Díaz que ha sido una verdadera sorpresa.
Antón Cortés en la corrida del 12 de mayo ejecutó una interesante faena a un bravo toro de "El Puerto de San Lorenzo". Toreó con ambas manos con gusto, calidad y templanza y la oreja con la que ya contaba se esfumó al pinchar cuatro veces antes de acertar con la espada. Se le aplaudió con fuerza. En su segundo estuvo valiente pero también falló con la espada y el silencio fue la respuesta del público. La primera faena le valió para coger la substitución de Salvador Vega en el festejo del 18 de mayo. Esta fue una corrida decepcionante en la que salieron nueve toros de cinco hierros diferentes con los que los alternantes pudieron hacer poco lucido. No obstante, el albaceteño tuvo buenos momentos en uno de sus toros y estuvo valiente. Fue volteado de mala manera al entrar a matar a su primero, pasando la enfermería para salir luego a lidiar el quinto toro. Fue aplaudido en sus intervenciones, pero no pudo repetir una faena tan lograda como la de su primera tarde.
Curro Díaz es un torero de Linares, quien apenas ha toreado desde su alternativa, entró en la corrida torista de Celestino Cuadri del día 31 de mayo por haber estado bien en una corrida agosteña en Las Ventas. Compartió el cartel con "El Califa" Y Dávila Miura, dos expertos en esta clase de ganado. Sin duda, nadie hubiera apostado que el novicio hubiera sido el que mejor parado saliera del evento. Curro lidió en primer lugar un buen toro del ganadero onubense, que fue de menos a más. Inició su faena, la que fue algo breve, con unos artísticos y efectivos pases ayudados por bajo rematados con un pinturero cambio de mano, que causaron quizás los más sonoros oles de la feria. Luego continuó toreando con ambas manos muy ceñido y bien plantado, ligando pases de pellizco con singular hondura y gusto que sorprendieron a la concurrencia. Mató feamente, pero aún así hubo una mayoritaria petición de oreja que el presidente desestimó. Sin embargo recorrió el redondel acompañado por clamorosos aplausos. El toro sexto fue casi ilidiable y con él nada artístico pudo hacer Curro y oyó silencio. Con estas actuaciones Cortés y Díaz se han ganado el volver a Madrid el 13 de junio, tres