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ENTREVISTA CIBERNETICA CON VICTORIANO
POSADA: |
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Nota del editor:
Hace algún tiempo se me ocurrió denominar a este tipo de diálogo como “entrevista cibernética” para diferenciarla de una entrevista clásica. La entrevista clásica se hace oralmente frente a frente o telefónicamente. En esa conversación el entrevistado contesta más espontáneamente, pero a menudo no cuenta con suficiente tiempo para responder razonadamente con datos específicos. Por el contrario, la ‘entrevista cibernética’, como el nombre implica, consiste en una entrevista hecha a través del Internet, en la cual el entrevistador y el entrevistado se comunican por escrito, dándosele la ventaja al entrevistado para que se tome el tiempo necesario para pensar en sus respuestas.
Antes que proseguir con
esta entrevista cibernética me voy a permitir el presentarle al lector al
matador de toros retirado Victoriano Posada, quien desde su retiro, reside con
su familia en Guayaquil, Ecuador, y además haré alusiones a como la carrera de este torero salmantino
y la mía se han cruzado en varias ocasiones. Las notas biográficas las he
resumido de la ENCICLOPEDIA LOS TOROS de José María
Cossío.
Victoriano Posada nació en
Salamanca el primero de abril del 1930 en el seno de una familia humilde.
Aunque de pequeño se despertó en él la afición a los toros, por las
circunstancias no seria hasta cumplir los 18 años cuando toreó por primera vez
en una novillada sin caballos el 15 de octubre del 1948 en Alba de Tormes
(Salamanca). De muy joven, motivado por su afición, se buscó un trabajo como
barman en el Bar Roco de Salamanca, local que era concurrido por ganaderos,
taurinos y aficionados, con el propósito de relacionarse con el mundo del toreo.
Esto le ayudó a darse a conocer y enterarse en donde se celebraban tentaderos.
Debutó en una novillada con
picadores el 8 de junio del 1952 en La Plaza de Toros de Vistalegre en Madrid
en donde toreó con mucho éxito varias novilladas, triunfos que continuó
logrando en varias plazas españolas más hasta terminar el año como uno de los
novilleros más prometedores para la siguiente temporada.

El 8 de junio del 1953 debutó en la Monumental
de las Ventas de Madrid compartiendo el cartel con el madrileño Luis Díaz y
conmigo. Los tres espadas, aun sin
obtener trofeos, dimos una buena tarde de toros. El éxito en ese ruedo le llegó
al novillero salmantino en su repetición en agosto. Su campaña fue triunfal,
sumando 42 novilladas, que hubieran podido ser más, al no sufrir dos serios
percances, uno muy grave en Zaragoza y otro grave en Calatayud (Zaragoza). En
esa temporada compartimos cartel en varias ocasiones.
Después de haber toreado
una docena de novilladas, el 23 de mayo del 1954 tomó la alternativa en Barcelona,
plaza en donde gozaba de gran cartel. Esa tarde César Girón actuó de padrino, y
Juan Montero de testigo, y se lidiaron
toros de Alipio Pérez Tabernero. Esa temporada sumó 19 corridas, siendo herido
de nuevo gravemente en Palma de Mallorca el 19 de septiembre. Al año siguiente,
Victoriano confirmó la alternativa de manos de Juan Montero en Madrid y
completó la temporada actuando en un total de 25 corridas.
En 
la temporada del 1956
suma 15 corridas de toros, entre ellas la del 8 de abril en Madrid, en la cual
me confirmó mi alternativa [desde entonces en broma yo siempre le llamo
“Padrino” y él a mí “Ahijado”]. En diciembre de ese mismo año él yo
volamos juntos de Madrid a Quito en donde comenzamos una exitosa campaña en el
Ecuador, la que se extendió hasta mayo del 1957, teniendo ambos grandes éxitos
(ver VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO. MI
PRIMERA CAMPAÑA AMERICANA: EL ECUADOR 1956-1957). Mantuvimos entonces una
fuerte competición en los ruedos a la vez que iniciamos una gran amistad que ha
perdurado a través de muchos años. Aunque el Cossío no lo menciona, se puede
decir que durante el invierno1956-7 contribuimos con nuestros éxitos al
renacimiento de la fiesta brava en esa nación sudamericana.
En mayo de 1957 Victoriano
marchó a México y yo a España para continuar nuestras carreras. Circunstancias
imprevistas causaron que el diestro salamantino toreara su última corrida como
matador de toros en la nación azteca. Pero dejemos que el maestro castellano
nos diga él mismo cuales fueron esas causas y, además, nos hable de otras
facetas de su vida como hombre de negocios y de cómo, al retirarse de su última
ocupación, se dedicó más intensivamente a plasmar con brochas y pinceles las imágenes de lo real en los
lienzos, con el mismo temple y arte con que usó la espada y la muleta.
M.C.: Victoriano, después
de que toreamos juntos en Quito, yo regresé España en mayo del 1957 para hacer
campaña en nuestra tierra y tú, en cambio, te fuiste a México para continuar tu
carrera. ¿Qué te sucedió en México?
V.P.: Fui contratado para
actuar en dos plazas mexicanas, una en Tijuana y la otra en Ciudad Juárez, y
tenía la posibilidad de hacerlo en La México, pero el día que actué en Tijuana
me dijo en el patio de cuadrillas Antonio Velásquez, quien también actuaba esa
tarde, que se había roto el convenio Hispano-Mexicano y que yo ya no torearía
más en territorio mexicano. Fue un golpe bajo que me desilusionó completamente,
y entonces decidiera retornar al Ecuador y preparar mi boda con la mujer que
amaba. Mis dos actuaciones en tierras mexicanas fueron en los meses de
junio o julio del 57. No guardo nada de esas corridas. Por eso es que no puedo
precisar fechas exactas y el resultado de mis actuaciones no fueron ni
buenas ni malas, simplemente diremos que cumplí y punto.
M.C.: De España yo volví a
Ecuador para torear en noviembre del 1957 ¿Cuándo volviste tú de México?
V.P.: Regresé de México a Ecuador
por el mes de agosto del 57 y el 26 de julio del 58 contraje matrimonio.
Lo que no entiendo es porque yo no fui a tu boda al casarte tú también allí, si
se supone que yo estaba en Ecuador. Yo no sé si tu estarías en Ecuador en
la fecha que yo me casé.
M.C.: Sentí el no poder asistir a tu boda, ya que me
encontraba toreando en Colombia, precisamente en Cali y la mía, que fue al año
siguiente, fue una ceremonia privada solo con la presencia de la familia. Que
yo recuerde no volviste a torear ni en Ecuador ni en España, ¿cuál fue la causa
para que esto sucediera?
V.P.:
Porque yo había prometido a mi
mujer y a la familia que una vez casado no volvería a vestir el traje de luces.
No obstante, en el viaje que hicimos a España casi rompo la promesa, pues
en nuestra luna de miel, que fue por septiembre, llegamos a Salamanca antes de
iniciada la feria de mi tierra, y la empresa me propuso que actuara en ella,
ya que pondría dos toros más en uno de
los carteles para que yo toreara. En principio dije que sí, pero viendo a mi
mujer sufrir y llorar a mares se me ablandó el corazón y desistí de hacerlo.
M.C.: O sea, que te
retiraste del toro y te asentaste en Ecuador ¿A qué te dedicaste en tu país
adoptado?
V.P.: Con la ayuda de mi
suegro montamos un par de gasolineras y ese fue el negocio próspero que tuve
por algo más de veinte años, hasta que decidí venderlas y retirarme de los
negocios.
M.C.: Sé lo difícil que es
apartase completamente del toreo, especialmente viviendo en un país donde la
fiesta está viva. ¿Seguiste envuelto de alguna manera en el mundo taurino del
Ecuador?
V.P.: Guayaquil es un poco
como Baltimore, donde tu vives, aquí a duras penas se da una corrida o dos, y
con mucha protesta por un público enemigo de la fiesta brava. No se habla ni se
escribe de toros, o sea que estamos casi a la par contigo. Otra cosa es Quito,
en donde se vive cada año una verdadera fiesta taurina y sí se habla de toros
todo el año.
M.C.: Viniendo de mí está
pregunta sobra, pues adivino tu respuesta ¿te fue fácil acostumbrarte a vivir
sin enfundarte el traje de luces?
V.P.: Muy duro “Ahijado”, a
mí me costó hasta una enfermedad síquica que por suerte pude superar arropado
por mi mujer y mis hijos.
M.C.: Bien que lo
comprendo, pues a mí también me fue muy difícil acoplarme a la ‘vida civil’. La
verdad es que nos retiramos demasiado jóvenes, y todavía con mucha afición. Que
yo sepa nunca reapareciste como profesional en los ruedos, pero te pregunto
¿has vuelto a torear en festivales o en el campo para matar o alimentar el
gusanillo de la afición?
V.P.: Muy poco a lo largo
de tantos años retirado, pero algún festival que otro sí he toreado y también
en el campo, tanto en Ecuador como en España, pero en muy pocas ocasiones,
desgraciadamente.
M.C.: Ahora ya con la
perspectiva del tiempo, ¿cómo definirías tu estilo para
torear?
V.P: He sido un torero netamente castellano, con ese estilo seco pero elegante y
dominador. Castilla ha dado toreros con mucha elegancia pero siempre carentes
de esa chispa de arte y gracia que tienen los andaluces.
M.C.: Bien que recuerdo con
la clase, hondura y el temple con que manejabas la muleta. Otra cosa sobre tu
perspectiva torera, ¿qué diferencias
notas sobre el toro que se lidia ahora y el que lidiábamos nosotros en
los años cincuenta?
V.P: Creo que sí
hay marcadas diferencias. Hoy los toros son más ‘prefabricados’, más dulzones
con menos peligro, al menos para las primeras figuras, pues sabemos que
los modestos sí tienen que pechar con las duras, y esos sí sacan guasa y
peligro. Pero, en términos generales, hoy salen más toros para hacerles largas
faenas y con las orejas cortadas desde pisan el ruedo. Al menos, ese es mi
parecer.
M.C.: Ahora bien desde el
tendido yo los veo muy grandes. Dime ¿cómo ves ahora la fiesta brava en el
Ecuador?.
V.P.: Yo diría al respecto
que tú y yo fuimos los fomentadores de la fiesta brava en Quito y los que
levantamos la afición para que un grupo de buenos aficionados animara el
cotarro taurino, haciendo que la feria se fuese para arriba como la espuma. Hoy
día la Feria de Quito es una de las más importantes de América.
M.C.: Y en España, ¿sigues
la temporada?
V.P.: La sigo por tus noticias
en tu página de Internet y tus enlaces en la misma. Además, asisto regularmente
a la feria de mi Salamanca.
M.C.: De los toreros
actuales, por favor menciona dos o tres de los que más te gustan?
V.P.: Enrique Ponce,
“Morante de la Puebla” y José Tomás.
M.C.: Tres de los que a mi
me gustan también...y de los diestros con quienes alternamos hace ya medio
siglo...
V.P.: De esos grandes con
los que actuamos, los diestros Antonio Bienvenida, Domingo Ortiga, “Antonete”,
Antonio Ordóñez y mi “ahijado” Mario Carrión están entre los que más recuerdo.
M.C.: Gracia “Padrino”,
solamente un amigo bromista como tú se atrevería a incluir mi nombre entre los
de esos fenómenos. Después de yo dejar
Ecuador en 1960, no nos vimos en persona hasta que en 1998 volví a Ecuador con
mi mujer y entonces descubrí que tanto tú como yo adorábamos el tenis y tuvimos
tanto allí como luego en los Estado Unidos varios reñidos paertidos en la cancha. También, observé que
tanto en las paredes de vuestra casa en Guayaquil como en las de vuestro
condominio que teníais en Miami colgaban bellos cuadros. Cuando te iba a
preguntar que donde los adquiriste, me di cuenta que llevaban tu firma.
Entonces, tuviste la gentileza de regalarnos a Sally y a mí tres de esos
cuadros, los que ahora adornan nuestra casa en Maryland. Dinos, por favor
¿cuándo descubriste tu habilidad con los pinceles y cuando empezaste a pintar?
V.P.: Siempre tuve afición
a la pintura, pero mi dedicación a tiempo completo fue cuando me retiré de los
negocios allá por los años 80. Desde ese entones no he dejado de pintar.
M.C.: Me llama la atención
que tus obras no se concentran solamente en motivos toreros ¿qué otros sujetos
te motivan para trasladarlos al lienzo?
V.P.: Me gusta pintar
paisajes, tanto marinos como de campo, en especial los encinares de mi tierra
con sus toros.
M.C.: Sé que el arte es innato, pero la técnica se aprende
¿cómo mejoraste lo que ya llevabas
dentro? ¿Algún maestro?
V.P.: Viendo pintar a mi
amigo el pintor José Antonio Blanco, al que tú conociste en Salamanca, y
siguiendo sus sabios consejos es de quien más he aprendido.
M.C.: ¿Cómo definirías
tu
estilo de pintar?
V.P.: Yo diría que soy
enteramente impresionista y algo de surrealista.
M.C.: Si estuvieras que
escoger solamente un maestro universal de la pintura ¿cuál sería y por qué?
V.P.: Escogería a Rembrandt por los claros y oscuros en sus pinturas.
Me fascinan sus obras.
M.C.: Sé que pintas por
pura afición, pero ¿has tenido la satisfacción de vender algunas de tus
cuadros?
Sí, es verdaderamente
satisfactorio que te paguen por hacer aquello que te gusta hacer. He vendido
muchos cuadros y aunque no hago exposiciones sigo vendiéndolos.
M.C.:
¿Has expuesto alguna
vez tus obras? ¿Cuándo lo harás próximamente?
V.P.: He participado en muy
pocas exposiciones y tengo pendiente una en Miami pero necesito tener unos 24
cuadros de un tema taurino al estilo surrealista pero, como he estado
vendiéndolos, hasta la fecha apenas tengo pintados unos diez.
M.C.: Bueno, maestro de los
pinceles, nos seas bohemio y pinta esos cuadros pronto. ¿Tienes algo más que
decirnos respecto de tu pasión por la
pintura?
V.P.: Pues eso, que es mi
pasión y me da muchas satisfacciones.
M.C.: Sin más por el
momento. “Padrino”, te deseo mucha suerte en tu exposición en Miami, y a ver si
cuando vayas por allí nos vemos y tenemos otros mano a manos en una cancha de tenis.