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LA FERIA DE ASTE
NAGUSIA-2006 DE BILBAO, ESPAÑA: |
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INTRODUCCION
La Feria de Aste Nagusia o Semana Grande de Bilbao forma con las
primaverales de San Isidro de Madrid y
la de Abril de Sevilla la trilogía de las ferias taurinas españolas de más
prestigio. Por lo tanto, a pesar de que en agosto las ferias se celebran a
granel en la geografía española, esta feria vasca en la que se centra la
atención de los medios de comunicación y de los aficionados.
Antes de meternos a resumir lo sucedido en el ruedo de Vista Alegre,
que así se llama la plaza de toros de Bilbao, deseo anotar dos características
pertinentes al público bilbaíno y al
abono ferial de la Semana Grande. El aficionado de Bilbao es ecuánime en sus
juicios, no tiende a mostrar favoritismo hacia los diestros que, por ejemplo,
tienen los aficionados sevillanos o madrileños. Tampoco es dado a las
reacciones extremas, tanto de pitar o abroncar a los toreros o de premiarlos
con excesivos trofeos. Exige que en las corridas se lidie el toro con edad,
peso y trapío, y reconoce y aprecia los esfuerzos que los diestros hacen cuando
las condiciones de esos cornúpetas no son apropiadas para el triunfo. Por otro
lado, con respecto a la extensión del abono, resalta el hecho de que ni los
empresarios de la plaza, ni tampoco las autoridades de la ciudad han caído en
la trampa de aumentar innecesariamente la cantidad de festejos como sucede en
muchas otras ferias. El abono de la Semana Grande, haciendo honor al principio
de oferta y demanda, ha permanecido constante desde que hace una treintena de
años el abono sobrepasó en dos o tres festejos a la cantidad original, de donde
se deduce el nombre de la feria, Semana Grande.
Escribo este resumen con la intención de dar a conocer lo más
relevante sucedido en la Feria de Aste Nagusia-2006 para aquellos que no han tenido la ocasión de seguir paso a paso
los acontecimientos del abono ferial. Después de está introducción, primero he
incluido los carteles con los resultados numéricos de las actuaciones de los
toreros, anotando al mismo tiempo la entrada que hubo en cada festejo. Luego
concluyo el resumen haciendo unos
comentarios generales sobre el comportamiento de los toros y las actuaciones de
los diestros.
Aclaro que los datos de los
resultados están recopilados de las
reseñas que aparecen en la prensa y, también dejos saber que mis comentarios son basados en mi personal
interpretación de lo leído, oído y visto en los medios de comunicación, ya que
yo no he presenciado personalmente los festejos celebrados durante la feria en
la Plaza de Vista Alegre.
El abono del ciclo ferial 2006
se inició el sábado 19 de agosto con un festejo de rejoneo y se cerró el
domingo 27 mismo mes, y ha constado de una corrida de rejoneo, mas ocho de a
pié.
En las ocho corridas a pie veinte matadores de toros cubrieron los
veinticuatro puestos de los carteles.
Cuatro diestros, Enrique Ponce, Juan José Padilla, “El Juli “ y “El Cid”, torearon dos corridas cada uno, y una los
demás. A simple vista da la impresión de que Padilla, quien fue declarado el
máximo triunfador de la pasada feria, ha sido recompensado por su éxito con dos
corridas. Ahora bien, si consideramos que su recompensa ha sido el actuar con
dos encierros de los duros, Victorino Martín y Cebada Gago, mientras que otros
diestros con menor merecimiento entraron en carteles selectos, la recompensa
más bien huele a injusticia.
A continuación aparecen los carteles del festejo de rejones y de las
ocho corridas de toros mostrando los resultados de las actuaciones de los
diestros y la asistencia a la plaza en cada festejo. Luego sigue un resumen
cuantitativo del ciclo taurino bilbaino.
Estas son las equivalencias de los símbolos que apareceren en paréntesis detrás de los nombres de los diestros. Estos datos representan datos objetivos de las actuaciones tal cual se reportaron en las reseñas de la prensa:
3a=tres avisos; 2a=dos
avisos; b=bronca; pit=pitos; d=
división de opiniones; s=
silencio; ov=ovación, aplausos o salida
al tercio; v= vuelta al ruedo sin oreja; p= petición de oreja; o= una oreja; 2o
=dos orejas; r=rabo; pg= salida por la Puerta Grande; hc=herido continuando la lidia; y h= herido sin poder continuar
la lidia.
Observando los datos anotados en a los carteles de las ocho corridas
de toros, los números muestran que de 48 faenas,
También muestran:
Además, poniéndole nombre a algunos de estos datos cuantitativos se
deduce que fue “El Cid” el que oyó dos avisos en un toro y “Morante de la
Puebla” el recipiente de una bronca; y también que Castella cortó una oreja a
dos toros y que Enrique Ponce, “El Juli”, Salvador Cortés, Gallo, Dávila Miura,
Fernando Cruz y López Chaves fueron los espadas que obtuvieron un trofeo; y que
eran Ponce, “El Juli” y Padilla los maestros que dieron una vuelta al ruedo sin
obtener trofeos.
Con respecto a la asistencia a la plaza los datos muestran que el
público respondió a los carteles de la feria, incluyendo la corrida de rejones,
llenando o casi llenando la plaza en los festejos de los días 19, 22, 23, 24 y
25; cubriendo aproximadamente tres cuartos del aforo en las corridas de los
días 21, 22, 26 y 27; y llenando algo más de media plaza en la
corrida del día 20.
El sábado 19 de agosto se abrió el ciclo ferial con la corrida de
rejones con un interesante cartel, compuesto por Pablo Hermoso de
Mendoza y los Moura, padre e hijo, para torear a caballo toros de “Murube”. El
público, atraído por el original cartel, casi llenó el coso de Vista Alegre.
Los toros tenían presencia pero, en general, mostraron poseer escasa casta. Los
Maura se perdieron un triunfo por pinchar demasiado con los rejones. No
obstante Joao Maura hijo, mostró una gran dimensión en el dominio de sus
cabalgaduras y en su clásico y puro estilo de ejecutar las suertes, aunque como
el padre en tantas ocasiones, perdiera trofeos al fallar con el rejón de
muerte. Dio una aclamada vuelta al rematar a su primer toro, y fue ovacionado
en el que cerró plaza. El padre fue aplaudido en sus dos intervenciones. La
tarde llevó el sello del fenomenal Hermoso de Mendoza quien, como en tantas otras tardes durante ya
muchos años, dio un curso de maestría y buen rejoneo, ejecutado con el
entusiasmo de un principiante. Salió con el saldo de oreja por toro, pero sin
abrir la Puerta Grande, pues para ello en Bilbao hay que obtener tres orejas.
Así como en el festejo de rejones hubo un triunfador, Hermoso de
Mendoza, al día siguiente en la primera corrida de toros del ciclo hubo también
un diestro cuya actuación superó a las de sus compañeros de terna, Salvador Cortés. El cartel estuvo formado por el diestro sevillano ya
mencionado más los jóvenes diestros Matías Tejela y Miguel Angel Perera,
quienes se enfrentaron con un encierro del “Marqués de Domecq”,
remendado por un sobrero de Andoni Recagorri, un
toro deslucido que resultó un manso con peligro. Los cinco astados titulares
tenían la presencia que se exige en Bilbao y fueron manejables pero descastados, destacando con
mejores cualidades el tercero y cuarto. Esta combinación de toros y toreos congregó a
menos espectadores que el cartel de los caballeros del día anterior, pues el
público solo ocupó la mitad de las localidades del coso. Tejela estuvo voluntarioso en dos toros, los que fueron sosos y sin gran transmisión, y también
mostró destellos de su clásico y templado toreo y, aun así, no pudo mantener un
ritmo de ligazón y brillantez. El público reconoció sus esfuerzos ovacionándole
fuertemente al rematar a ambos toros de su lote. Perera pechó con el peor lote
del encierro y se mostró valiente y voluntarioso en la lidia de ambos toros,
especialmente con el sobrero, al que trató de templarle las ásperas y
peligrosas arrancadas. Ovación y silencio fueron los resultados finales de su
labor. Muy distintos fueron los resultados del sevillano Cortés, quien dio una
vuelta al ruedo en su primero y dejó sin un apéndice a su segundo. De su labor
destacaron la manera de templar, mandar y
llevar a los toros, especialmente en las series de naturales, y la
impresionante manera de ejecutar la suerte suprema al matar de un certero
volapié a su primer toro y de otra buena estocada al último cornúpeta. La buena
actuación del sevillano en Bilbao es una muestra más de la valía de este gran
torero, quien se está ganando a pulso un puesto regular en las ferias.
El lunes 21 de agosto pudiera haber sido una fecha histórica del coso
de Vista Alegre sí el presidente de la corrida no hubiese denegado una petición
de las tres orejas que los muchos espectadores, que cubrían tres tercios del
aforo de la plaza, pedían para Sebastián Castella. Pero no lo hizo y, por lo
tanto, la Puerta Grande del coso no pudo ser abierta para el gran torero
francés. Sin embargo, a pesar de no haber conseguido ese hito, la actuación de
Castella ha sido grandiosa
revalidándolo como figura del toreo. El diestro ha conseguido
ejecutar una primera faena que rayaba en la perfección. Toreó, además de con su
consabida total entrega y valor sin límites, con clase, temple y sentido de los
terrenos. La faena fue honda, compuesta por naturales y derechazos
interminables, y sazonada con precisos y oportunos pases de adornos, y la
estocada con que puntuó su gran hacer tuvo efecto fulminante. Se le concedió
una oreja y el público se quedó con las ganas de ver que en la vuelta al ruedo
el espada llevara otro trofeo más en las manos. En el quinto toro también cuajó
una buena faena que mereció otra oreja, a pesar de haber pinchado antes de
cobrar la estocada. La critica ha coincido con lo que Zabala de la Serna
escribió de su actuación en ABC:
Venía
buscando desde hacía tiempo Sebastián Castella el sitio para dar el salto, para
subir el escalón que te coloca en el cajón de las figuras, un podio para los
elegidos. Por donde quiera que pisase, Castella dejaba la huella de su valor
incontestable. Por Sevilla, Madrid, Pamplona. Y no pocas cornadas vaciaron de
sangre sus muslos para regar el camino. Pero faltaba la faena en que, además
del reconocimiento a su quietud de impasible ademán, se constatase el toreo
caro con el toro bueno. El día fue ayer, en Bilbao ni más de menos. Las cosas han
de ser en plazas de responsabilidad, las que impregnan al artista de un halo de
categoría...Sebastián Castella puso a todos de acuerdo, menos al presidente.
Don Matías se cerró en banda a conceder la segunda oreja...
Del resto de la corrida no hay mucho que anotar pues ni los restantes
toros de “Torrealta” ofrecieron un material apto para el
triunfo ni tampoco “El Fandi” o César Jiménez, quienes
completaban el cartel, pudieron aprovechar lo poco bueno que ofrecieron los
toros jerezanos. Jiménez, enfrentándose con el peor lote, estuvo voluntarioso
pero mal con la espada, fue silenciado en ambos toros, y “El Fandi”, quien,
como es su norma, se lució en banderillas, también oyó el silencio al rematar a
su primero y palmas por su voluntad al
matar a su segundo.
La lidia de un encierro de Victorino Martín en cualquier plaza de
toros tiene un aliciente especial, pero la tiene aún más en el
coso bilbaíno,
en donde el toro es rey. Además, la atracción aumenta más si en el cartel
aparece anunciado “El Cid”, quien se ha hecho figura triunfando con los
‘victorinos’. Pues bien, en la tarde del 22 de agosto, los astados del
controverso ganadero de Galapagar fueron tan infumables que ni el diestro
sevillano ni el colombiano Luis Bolívar pudieron sobreponerse a las muchas
dificultades del ganado. Los diestros estuvieron voluntariosos pero, en
general, sus actuaciones se basaron en un toreo movido y defensivo, aunque sin
estar exentas de algunos momentos lucidos. El público penalizó a los dos
espadas con pitos en un toro y silencio en el otro, y el presidente le envió
dos avisos a “El Cid” en su primero. El diestro sevillano no hizo honor a su
apodo, pues el héroe castellano del mismo nombre no se hubiera sentido
orgulloso de la manera que el sevillano manejó la tizona al rematar a sus
toros. En cambio, Juan José Padilla salió algo mejor parado del fiasco
taurino que sus compañeros, al
entretener a la concurrencia en los tercios de banderillas, en los que la
ejecución no fue tan lucida como en otras ocasiones, pero si tuvo su mérito
considerando las dificultades de sus enemigos. Con la muleta toreó
defensivamente sobre las piernas a su primer toro, siendo silenciado; y al
cuarto le completó una esforzada y valentona faena y, al matarlo rápidamente,
dio una vuelta al ruedo después de tener una minoritaria petición de trofeo.
Sin embargo, la labor de los diestros no fue el objeto de las críticas en los
medios de comunicaciones, sino la conducta de los toros, a los que han descrito
con términos negativos, tales como “descastados”, “faltos de fuerzas”,
“peligrosos”, que “embestían a media altura, gazapeando y quedándose cortos”.
Solamente se alababa la buena presencia y la seriedad de las reses. Titulares
de la prensa como estos lo dicen todo: “Naufragio
de una seria victorinada” en ABC, “Victorino suma un nuevo fracaso en
una plaza de primera” en El DIARIO SEVILLA y “Padilla vuelta al ruedo y
decepcionantes toros” en el DIARIO
DE CADIZ.
El miércoles se corrieron
cinco toros de “El Pilar” y uno de
“Charro de Llen”. Los toros
blandearon y estuvieron escasos de casta, excepto el segundo que tuvo más
movilidad y nobleza. El sexto fue el más manso de encierro y el de peor
condición. En general fue un encierro poco apto para el triunfo. En beneficio
del ganadero hay que anotar que se lidiaron pocos de los originales toros
reseñados para la corrida pues, al ser algunos desechados, el ganadero tuvo que
traer de prisa y corriendo substitutos para completar la corrida. El cartel
estuvo compuesto por “Morante de la Puebla”, “El Juli”, y Antonio Barrera, y de
los tres “El Juli’ triunfó, Barrera cumplió
y Morante fracasó.
"El Juli" estuvo en maestro al enfrentarse
con el mejor toro del encierro y con un segundo probón y de cortas embestidas,
y a ambos le dio su lidia. A su primero, después de una buena lidia con el
capote, en la que destacó un ajustado quite por chicuelinas, toreó con la
muleta con mucho relajo y aplomo, tomado de largo al animal para completarle
ligadas series de naturales y derechazos,
y al venirse el toro a menos, acortó las distancias para seguirlo toreando con
pases circulares que entusiasmaron al personal, poniendo el punto final con una
buena media estocada. En cambio, la
espada lo traicionó en el segundo de su lote, al matarlo de cuatro pinchazos y
dos descabellos. Lástima, pues su hacer en ese toro fue de gran mérito, al
sacarle, basándose en su técnica y valor, muy buenos y ceñidos muletazos a un
toro remolón que no parecía admitir ningún pase. El madrileño fue ovacionado.
Por el contrario la entrega y decisión no fueron los puntos fuertes del
sevillano Morante. El comienzo fue bueno al lancear con arte y hondura a su
primer toro, pero luego con la muleta no quiso o no pudo imponerse a su enemigo
y acortó la faena, y al matar de varios pinchazos y un descabello, el torero
escuchó una bronca fenomenal. Su segundo toro, que tenía buena condición pero
nulas fuerzas, le permitió al de la Puebla ofrecer algunos, pero no muchos,
buenos detalles de su buen toreo con capa y muleta, pero con la espada volvió a
las andadas, pinchando cuatro veces y repitiendo el descabello dos. Esta vez la
bronca se quedó en pitos, resultando en otra tarde más de Morante en la
que la brillantez de su toreo ha
sido opacada por su falta de voluntad y
entrega. Barrera poco brillante pudo hacer con capote y muleta con el
peor lote del encierro, su primero era un toro flojo y su segundo era manso y
soso, y ambos trasmitían poca emoción. Sin embargo, Antonio, a fuerza de valor
y machaconería, consiguió ejecutar
algunas tandas buenas de muletazos, las que carecieron de
continuidad para completar faenas
candentes. Mató prontamente a ambos astados, siendo aplaudido en uno y
silenciado en el otro.
Cuando se cree que al super maestro Enrique Ponce ya no le quedan más
hitos gloriosos que alcanzar en su larga y singular carrera, el valenciano
sorprendió de nuevo, tal como lo hizo este año en la Feria de
Abril sevillana,
realizando un excelentísimo faenón, con el que ha dejado a la critica
rebuscando por palabras laudatorias para apropiadamente describir el sublime
acontecimiento. En Sevilla fue su espada lo que le negó las orejas, y el jueves
24 de agosto en Bilbao
el capricho de un presidente le robó un segundo trofeo, el que el justo público
bilbaíno pedía con insistencia. El poco poder del primer toro del maestro se diluyó
con el castigo recibido en el primer puyazo, y con la sombra de toro que
quedaba Ponce muleteó al animal sin entusiasmar a nadie, y al matar de dos
pinchazos, estocada baja y tres descabellos, el silencio invadió el ruedo. Lo
grande acontecería en la lidia del buen toro de “Zalduendo” que salió en cuarto
lugar, en el que Enrique sublimizo el
toreo. Así, en parte, Zabala en ABC describía lo hecho por el maestro, a la vez
que se refería a la injusticia del presidente y la reacción del público en su
contra, pues este ya había hecho uso de
su supremo poderío al negarle otro trofeo a Castella y a “El Juli” en otros
festejos y al madrileño en la faena al segundo toro de esa tarde:
Enrique Ponce, que esparció su elegante toreo con un zalduendo
acucharado de azúcar y miel. Y Ponce, torerísimo en las dobladas preliminares,
profundísimo en las epilogales, fácil en el núcleo, suelto, vendiendo bien el
pescao con el cartucho de uno en uno al natural, en circulares y pases de pecho
enormes. Y la estocada por arriba, un mérito añadido dado su bajo momento con
el acero. Y el de la vía que se cierra en banda a la segunda oreja. Dos vueltas
al ruedo apoteósicas. Pitada y cabreo gigantesco de Ramón García [el
presidente].
Esa misma tarde “El Juli” también dejó constancia de su alta posición en el toreo al
sacarle buen partido al lote menos ameno de la tarde. Al segundo le construyó
una inteligente faena, que fue de menos a más, al que lo metió poco a poco en
su poderosa muleta para torearlo por ambos lados con series ligadas, para luego
terminar entregado en un toreo de cercanía. Terminó de un estoconazo algo
caído. Hubo una fuerte petición que el presidente ignoró. Sin embargo, el
público premió al madrileño con sus aplausos al dar el torero la vuelta al
ruedo. Con su segundo, un toro noble pero
parado, alargó las cortas arrancadas del animal con su muleta maestra
hasta lograr lucidas series de buenos muletazos. Al matar al segundo intento,
hubo una petición de oreja, no tan intensa como la primera. El premio quedó en
aplausos al salir al tercio a saludar.
Eduardo Gallo, quien completaba
el cartel con Ponce y “El Juli”, tuvo la suerte de encontrarse con “Errante”, un toro bravo de verdad con movilidad y codicia. Con este
astado el joven maestro estuvo valiente, construyéndole una faena en la que las
series de muletazos variaban entre unas con pases templados, largos y ligados
con otras en las que hubo enganchotes y un par de desarmes. La faena subió de tono con los pases circulares y el arrimón final.
Una buena estocada ayudó a la concepción de un trofeo. En el sexto, la voluntad
de Gallo en su quehacer fue lo más relevante, y al matar de una estocada caída
hubo una minoritaria petición, esta vez debidamente denegada por el criticado
presidente. Hubo aplausos para el joven espada. Los toros llevaban el hierro de
“Zalduendo” y estaban magníficamente presentados. Fueron nobles en general
tenían clase, aunque algunos estuvieron faltos de fuerzas. Hubo dos grandes
toros el tercero y el cuarto. Una nota curiosa, los tres diestros abandonaron
el ruedo entre aplausos, mientras que el presidente oyó una gran bronca al
dejar su palco.
En la resta final de la feria, en los dos festejos del fin de semana
se lidiaron los encierros “La Quinta” y Cebada
Gago, los menos deseados por las figuras y, por lo tanto, los carteles estaban
compuestos por maduros diestros especialistas en estas duras hazañas y de
jóvenes diestros en busca de oportunidades. Aun así en ambas corridas hubo tres
cuartos de plaza.
El sábado Eduardo Dávila Miura,
Fernando Cruz e Iván Fandiño fueron los
protagonistas de una tarde repleta de emociones. Los toros de “La Quinta” estuvieron muy bien presentados y, sin tener gran acometividad,
fueron, en general, toros listos que no permitían ni distracciones ni la más
simple duda, sin que el torero pagara un precio en sangre. Fernando Cruz
primero e Iván Fandiño más tarde lo pagaron, pues ambos fueron heridos y
solamente pudieron actuar en el toro que los hirió, dejando los otros dos para
Dávila Miura, quien esperaba despedirse de la afición vasca matando dos toros,
pero tuvo que enfrentarse con una doble ración bovina. El tercer toro, aunque
con dificultades, fue más toreable y el cuarto fue el único bueno. Cruz dio la nota más alta de la tarde al
torear al segundo astado, un toro que cambiaba de estilo como una veleta lo
hace con el viento. La faena de Cruz fue una de torero caro, y fue ejecutada
con buen estilo, valor y determinación. Llevó al toro embarcado en la muleta
alargando cada pase, para luego ligarlo con otros más ceñidos, hasta que el
astado se avispó y lo agarró feamente por la faja. Se levantó para seguir
toreando con la izquierda, y después de sacar unos pases jugándose el físico de
nuevo, mató de una estocada, siendo de nuevo cogido de una manera espectacular.
Se le concedió una oreja y, mientras que un miembro de su cuadrilla daba la
vuelta al ruedo con su oreja, el se retiraba caminando hacia la enfermería. Ojo
a este torero que quiere salir deprisa del anonimato. Fandiño se las entendió con un cornúpeta con más dificultes que el del
madrileño y, a pesar de que apenas torea, estuvo relajado, llevando la lidia
con más maestría que la esperada por su falta de práctica. Al completar la
ultima tanda de muletazos de su lucida faena, le perdió la cara al listo
astado, y este lo cogió de mala manera por el trasero. Herido tuvo la entereza
para cobrar la estocada para luego, entre aplausos, irse por sus pies a la
enfermería para ser asistido por el cirujano. Las heridas de Cruz y Fandiño
fueron diagnosticadas como menos grave y ambos fueron trasladados a una
clínica. Menos mal que tres de los cuatro problemáticos restantes toros se
encontraron con un maestro lidiador, quien se desquitó de estos los tres con
facilidad y suficiencia torera y, además, aun tuvo ocasión de completarle al
noble cuarto animal una faena, la que fue de menos a más, y en la que sobresalió el toreo izquierdista.
Mató de una buena estocada y se ganó una oreja. En las restantes intervenciones
fue ovacionado. Buena despedida del torero sevillano quien siempre ha gozado de
buen cartel en Vista Alegre.
El domingo 27 de agosto se cerró la Semana Grande con el festejo en el
que se lidiaron los temidos ‘cebadagagos’, una corrida en la cual los silencios
superaron a los aplausos y trofeos. Juan José Padilla y Luis Miguel Encabo
oyeron nada mas que silencios, y López Chaves, sin embargo, solamente lo oyó al
matar el último toro de la feria, mientras que al tercero le cortó una oreja.
La causa de no haber mejores resultados se debió a la mala calidad del encierro de Cebada
Gago, de cuyos pupilos solo el tercero fue noble y bravo. Padilla y Encabo no tuvieron opciones para el triunfo, pero tampoco se
distinguieron en el quehacer, que a menudo se diluyó en un toreo defensivo. La
voluntad, la habilidad lidiadora y la colocación de algunos buenos pares de
banderillas, especialmente los colocados por Encabo, fueron los puntos
sobresalientes de las actuaciones de ambos diestros. López Chaves, como sus compañeros, tampoco pudo lucirse en el toro sexto pero, a diferencia de ellos, él ya había triunfado en el tercero
de la tarde. Con estas palabras Juan Posada en su crónica en LA RAZON alababa
la actuación y la trayectoria del diestro salmantino:
Domingo López Chaves sorteó un
guapo y cárdeno toro que, a la postre, consiguió la mejor nota de la desigual
corrida de Cebada, quizá la más dura, en determinados picos, de lo que lleva de
temporada, y a la vez la más zurrada. No fue el caso de Chaves, que cuando uno
se encuentra seguro como él cuida la lidia. El guapo cárdeno, de principio,
aparentó justeza de fuerza, pero luego repitió en las manos del torero
salmantino, despatarrado, templado, ligado, agarrado al piso. Alternó los
pitones sin repetir series por el mismo lado -a lo mejor dos de derechazos al
final-. Y todas tuvieron ritmo y calado. De entre ellas, hubo naturales por
abajo para enmarcar, en su concepto, claro. No falló con la espada, que no es
su fuerte, y se ganó una oreja de las que valen.
Al arrastrarse el último
‘cebadagago’ ya las organizaciones que otorgan premios a lo que ellos considera ser lo más
relevante de la feria, según se han publicado en MUNDOTORO.COM los siguientes
son los resultados de algunas de las deliberaciones:
